¿Qué precio tiene la maternidad?: Ser madre o la vida laboral.

Las mujeres españolas siguen soportando la sobrecarga de roles laborales y familiares, aunque trabajen a jornada completa y convivan en el mismo hogar con su pareja. La mayoría de ellas, además, sigue encontrando obstáculos en su trayectoria profesional por razones de sexo, que en muchos casos tienen que ver con la maternidad, a pesar de estar mejor preparadas. Son los datos recogidos en el estudio «Maternidad y trayectoria profesional», realizado por IESE Business School, en colaboración con Laboratorios Ordesa, que analiza los factores que limitan el pleno desarrollo laboral de las trabajadoras que son madres o pretenden serlo.

Patricia García. ABC.

En la actualidad, ser mujer implica, en muchas ocasiones, renunciar, sacrificarse…  nos educan para ello…

Los roles de género en la sociedad definen cómo se espera que actuemos, hablemos, nos vistamos, nos arreglemos y nos comportemos según nuestro sexo asignado. Por ejemplo, se espera que las mujeres y las niñas se vistan de forma femenina y que sean educadas, complacientes y maternales. A su vez, se espera que los hombres sean fuertes, agresivos e intrépidos.

Cada sociedad, grupo étnico y cultura tiene expectativas en relación con los roles de género, pero estos pueden variar mucho entre un grupo y otro, y también pueden cambiar con el tiempo dentro de la misma sociedad.

«La inserción de la mujer en el mundo laboral se ha producido en España más tarde que en el resto de Europa, pero de forma más intensa y en un periodo de tiempo menor –con un repunte mayor en la década de los noventa—. Y junto a este incremento en la tasa de actividad se está produciendo una fuerte caída de la natalidad.» En los países nórdicos, por el contrario, esta correlación cambia de sentido: hay más mujeres trabajando y además sus tasas de natalidad son mayores.

Hoy en día vivimos polémicas y movimientos sociales que envuelven este tema en una lucha donde la mujer lucha por no perder su identidad como mujer, a la par que lo hace también por seguir creciendo profesionalmente y desmitificar la maternidad.

Ejemplo de esto es la publicación del libro “Madre hay más que una, un relato en primera persona sobre a aventura de la maternidad” (Planeta) escrito por Samanta Villar y presentado el 24 de enero de 2017. Una visión muy alejada de los tópicos sobre lo que significa tener hijos hoy.

A través de este libro, Samanta Villar, periodista y presentadora de 42 años, así como a través de titulares generados de las entrevistas realizadas en torno a él, ha protagonizado un enorme revuelo social, especialmente en los diferentes medios de comunicación y redes sociales. El principal motivo, no es más que poner en entredicho aspectos relacionados con los roles de género de los padres, más concretamente de las mujeres, así como de los estereotipos que la maternidad les supone, a través de afirmaciones como “Tener hijos es perder calidad de vida” o “La maternidad está sobrevalorada”. Para entender un poco el impacto social que este libro y dichas afirmaciones han supuesto, debemos teorizar cómo se establece la identidad de género en nuestra sociedad, especialmente en el caso de las mujeres, y qué idealismos, estándares o estereotipos hay en torno a él.

En primer lugar, y como vamos a poder comprobar a través de este análisis, presentación y/o reflexión, actualmente, debemos decir que continuamos conviviendo en un sistema social sexista, que promueve la dominación del hombre y potencia la sumisión de la mujer, a través del aprendizaje de estereotipos y prejuicios impuestos a uno u otro género, provocando graves consecuencias para ambos sexos, pero con repercusiones más peligrosas para las mujeres, ya que las coloca en una posición de vulnerabilidad para su desarrollo vital.

Quizás Samanta habría tenido mayor aceptación social contando lo estupenda que es la maternidad y lo realizada que se siente en esta nueva etapa de su vida, pues seguramente habrían sido afirmaciones más toleradas, debido a que encajan mejor con el “adiestramiento” social y los valores y/o creencias que lo envuelven.

Cuando alguien rompe los estándares que tenemos establecidos, en este caso el papel de mujer en nuestra sociedad (“madre estupenda, feliz y que puede con todo”), se nos mueven los cimientos de nuestro patriarcado, de nuestro aprendizaje. Miles de usuarios/as en las redes se han sentido ofendidos por las afirmaciones de Samanta e incluso, muchos de ellos han respondido y criticado las mismas, cuestionando el juicio, sentimientos o, incluso, su valía como madre. A través de una búsqueda sencilla por internet en redes como Instagram, Facebook… podemos ver comentarios que protagonizan este linchamiento a la periodista, aclamando: “¿qué tipo de madre es Samanta si dice que ahora no es más feliz por ser madre?”, “¿qué pensarán sus hijos al crecer y leer estas palabras?” o ¿cómo no ha pensado en sus hijos cuando estaba hablando así?

Estas personas no es que estén preocupadas por los hijos de Samanta, sino que actúan de este modo porque están sintiendo como se destruyen o tambalean los relatos que siempre nos han contado sobre la maternidad. Como bien veníamos explicando, durante toda nuestra vida, como niñas, nos cuentan toda una serie de historias y ficciones sobre qué significa ser mujer y cómo hay que serlo, siendo uno de los objetivos finales, ser madre.

Ya desde muy pequeñas, en muchas ocasiones sin haber cumplido el primer año de edad y sin apenas saber hablar, es común, especialmente en esta sociedad de consumismo en la que nos movemos, que en Navidad encontremos bajo nuestro árbol un bebé rosa de juguete con su chupete y complementos. Con tan solo unos meses en el mundo, por el solo hecho de haber nacido con genitales femeninos, quien sabe si por ello, en un futuro, nos identifiquemos con el género femenino al crecer, ya tenemos como primer regalo de Navidad, la carga de la maternidad.

¿Nos habrían regalado el mismo muñeco si hubiésemos nacido con genitales masculinos? Un niño de meses habría tenido bajo el árbol un coche, algo que hiciera música, animales, cosas de acción… porque al final, a los niños se les educa para la acción y a las niñas para el cuidado.

Con todo esto, nos reafirmamos en decir que, desde muy pequeñas, nos educan para asumir que, si somos niñas, seremos también madres en un futuro.  La familia, como institución intencional, nos lo dice regalándonos bebés cuando aún seguimos siendo bebés, o nos lo transmiten a través de los cuentos y películas tradicionales, de princesas, donde además de ser madres, nos inculcan que debemos ser heterosexuales, estar muy enamoradas y ser sumisas. De forma intencional, también nos lo dicen las instituciones escolares, donde se estudia los órganos femeninos con un único objetivo reproductivo, aunque no nos hablen de las limitaciones fisiológicas que, a medida que pasan los años, las mujeres vamos generando en relación con este tema. Los medios de comunicación, también influyen en nuestro enfoque de la maternidad dentro de la construcción del género. Si eres mujer, ves Youtube y tienes entre 25 y 30 años, habrás notado un aumento significativo de anuncios publicitarios relacionados con pruebas de embarazo o fecundación. E indudablemente, los temas de conversación que aparece en el grupo de iguales, comienzan a guardar una estrecha relación: deseos de un trabajo bien remunerado y estable, un domicilio cómodo y familiar, búsqueda de la pareja ideal, “sentar la cabeza”, la educación que reciben los menores, los errores que cometieron nuestros propios padres o, directamente, que el tiempo apremia si se desea ser madre. Sin olvidar, la pregunta de “¿tienes pensado ser madre?” que se vuelve un factor común en entrevistas de trabajo.

Para finalizar el análisis de cómo el libro de Samanta ha resultado un choque social para los estereotipos de género, partiremos en cómo dio comienzo su nuevo programa en la cadena cuatro “Samanta y…”: «Basura, que ascazo das, es una injusticia que mujeres cómo tú sean madres, no te mereces tener hijos, puerca, egocéntrica»…

Con estos insultos arrancaba la presentación de Samanta Villar, en la que recordaba que había tenido que aguantar desde el momento en el que dijo que al ser madre se pierde calidad de vida. «Hace año y medio que soy madre y adoro a mis hijos, pero sigo pensando lo mismo y no me pienso callar», añadía la periodista. Programa con muchas críticas pero a la par enriquecedor para muchas mujeres, donde se inició con un primer capítulo dedicado a la maternidad y contó con numerosos testimonios, a través de los cuales se contempló las dificultades de conciliación de las familias, los sacrificios de muchas mujeres o las críticas que reciben por sus conductas “desnaturalizadas”, la posibilidad de elección en cuanto al hecho de ser madre o los diferentes métodos y vías para lograrlo.

Samanta Villar no es la única que ha recibido críticas a través de las redes, Soraya Arnelas, cantante, también fue víctima de comentarios que juzgaban su papel como madre tras una publicación en Instagram, pocos días después de dar a luz, donde se la veía en una imagen saliendo con su pareja a cenar ellos dos solos. Lo cual desató un sinfín de comentarios y críticas. «Mala madre» fue lo más bonito que le llamaron en su propio post simplemente por decidir “separarse”, aunque fuese por unas horas, tan pronto de su hija recién nacida. Soraya intentó tomarse a broma los comentarios.

El origen de todos estos insultos puede estar en la creencia o principio de que la mujer debiera quedarse en casa criando hijos, para no desequilibrar un proceso de la naturaleza, el cual puede estar en riesgo con mujeres empoderadas, que deciden por ellas mismas si quieren o no ser madres, y de qué forma. La realidad es que hoy en día hay muchas mujeres que tienen que decidir entre la maternidad o su carrera profesional, encontrándose verdaderas barreras para compatibilizar ambas. Parece ser que, poco a poco, nos vamos socializando en la idea de que, para sentirte realizada como mujer, tienes que ser madre y, una vez que lo seas, tienes que llevar toda la carga y responsabilidad de la crianza porque, al fin y al cabo, llevas siendo toda tu vida entrenada para ello. Y, precisamente, por estas mentiras que nos han venido contando, Samanta se siente engañada y, como ella, muchas otras mujeres que, aunque con mucha menos repercusión en los medios y sin poder escribir libros sobre ello, afirman que ser madre es muy bonito, pero también muy duro, muy difícil y muy sacrificado.

Con esta actuación, Samanta o Soraya están rompiendo con lo que está preestablecido, con los roles históricamente asumidos y asociados por y para las mujeres y con el mito de que la maternidad es sinónimo de felicidad y realización. Está claro que, para muchas mujeres lo es y que, a pesar de los esfuerzos y sacrificios, para muchas madres todo merece la pena, pero también es necesario hablar de aquellas para las que no, las que ven reducida su calidad de vida y las comodidades de una vida sin grandes responsabilidades, o se ven abrumadas durante la maternidad por diferentes sensaciones que nunca les habían contado. De hecho, el silencio sobre este tema provoca que muchas madres se sientan culpables de lo que sienten.

La única solución ante esto es contar las dos caras de la moneda, sin silenciar ésta, que menos encaja con nuestros estándares históricos o roles preestablecidos. Con ello, conseguiremos que las mujeres puedan tomar decisiones con toda la información encima de la mesa, sin engaños, sin adornos y sin culpas, entendiendo y respetando que la diversidad de vivencias entorno a la maternidad pueden ser enriquecedoras y sin acusar ni machacar a aquellas que no lo viven de la forma que siempre nos lo han contado.

Cierro la reflexión respondiendo a aquellos que se preguntan por el qué se llevarán los hijos de Samanta si el día de mañana leen su libro o las entrevistas que ha realizado. Decirles, que posiblemente verán la realidad que ha vivido su madre, que los quiere, pero que también se atrevió a contar una verdad al mundo que incomoda porque no es aceptada. Lo que se llevarán posiblemente sus hijos, es una imagen de su madre luchando para que las mujeres tengan toda la información que les permitan tomar decisiones conscientes, empoderadas, seguras y sin condicionantes sociales, así como para poder sentir y expresarse libremente, sin miedo ni culpas.

 

REFERENTES

 

Anuncios

  1. Esta es una de las entradas que más me ha gustado, porqué no sólo habla de cómo la sociedad es sexista sino de cómo la perpetúan las personas que vivimos en ella. Además añadir el concepto de maternidad me pareció relevante debido a que en cada cultura esta definición y práctica es diferente, puesto que no se puede separar del contexto, como la referencia que hacía de mayor natalidad y empleo de mujeres en países nórdicos. Asimismo, opino que ha obviado señalar que a los hombres no se les instruye en el cuidado ni en la paternidad, porque están ocupados enseñándolos a ser fuertes y exitosos, propiciando en muchas ocasiones una masculinidad toxica y a ellas la carga que para algunas es bendición de la maternidad. Asimismo, el control que se hace sobre las mujeres para propiciar la maternidad me hace recordar a la novela Margaret Atwood, en una realidad utópica donde no hay natalidad regular y obligan a mujeres fértiles a tener descendencia para gente rica que le ha quitado todos sus derechos. Asimismo, igual que creo que dicha novela y ahora serie (“El cuento de la criada”) es un arma de visibilización de una realidad que no suele ser debatida, también considero que Samantha y Soraya son unas buenas representantes de mujeres invisibilizadas en una lucha por poder decidir sobre si mismas y su futuro.

  2. Recuerdo perfectamente la polémica que se produjo con éste tema. Las redes sociales ardían y los comentarios que se vertían sobre ella eran una verdadera locura. Realmente Samanta lo expresó maravillosamente bien, ser madre no es alcanzar la plenitud como mujer ni la verdadera felicidad, ella ya era feliz antes de ser madre ¿y por qué no…? Sin embargo lo que más me llamó la atención en esa vorágine, no fue precisamente los comentarios de hombres, sino los comentarios de mujeres que la tachaban de “mala madre” o tipos de comentarios como los que aparecen en el artículo, reacciones que dan mucho que pensar y que sin duda dejan latente, que aun queda mucho por hacer en general, pero también entre nosotras de manera particular.

  3. Buenas tardes compañera, felicitarte en primer lugar por esta entrada tan interesante. Los puntos que has abordado me han hecho reflexionar bastante sobre esta temática.

    Hace poco leía en una noticia del periódico el País: España es, con Italia, el país de la Unión Europea donde más se retrasa la maternidad ya que el/la primer/a hijo/a llega, de media, casi con 31 años. Es también donde más mujeres son madres por primera vez pasados los 40, según datos de Eurostat. Creo que muchos de los porqués de esta cuestión ya los comentas en tu post.

    Aprovechando que mencionas a Samanta y Soraya como mujeres que rompen con lo preestablecido y con el mito de la maternidad como felicidad y realización, añadir en este momento la figura de Laura Baena.

    Una malagueña de 36 años, su vida cambió cuando decidió dejar su puesto como creativa publicitaria para pasar más tiempo con su hija. Convencida de que no podía ser la única madre en España que dejaba su vida laboral para dedicarse a la familiar, ideó sus @malasmadres. Un proyecto que surgió en 2013, intentaba buscar a otras mujeres que sufrieran esa falta de conciliación y compartieran su rabia, pero también sus ganas de reírse de todos esos intentos fallidos por ser la madre perfecta que no sería nunca y su deseo de vivir la maternidad con libertad, alejada de prejuicios y etiquetas. Empezaron compartiendo tuits hasta acumular más de mil tips diarios con todas las cosas que dicen las madres, con la realidad del día a día de unas mujeres que no llegan a más y para quienes la maternidad no es su única profesión. Se desarrollaron hasta formar una “comunidad emocional” sirviendo de apoyo a muchas madres que empezaron a no sentirse tan solas.

    Actualmente este proyecto por la conciliación laboral y familiar, aglutina a más de 300.000 seguidores en Facebook y casi 45.000 en Twitter, además de un canal propio en Youtube. Puedo decir que es una reivindicación colectiva para visibilizar la conciliación entre la vida personal, laboral y familiar y la penalización de la mujer en el mercado laboral. Pues en la lucha de la conciliación deben de ir juntos empresas, Estado y familia. Si en España se concilia hoy en día es gracias a los abuelos y la red familiar.

    En palabras de esta malagueña, ¿Qué es ser una malamadre?: “Una malamadre es una madre con poco sueño, poco tiempo libre, alergia a la ñoñería y con ganas de cambiar el mundo. La que se hace la sorda por la noche para que se despierte el buenpadre, a la que se le queman las croquetas y la que queda con las amigas aunque por ello la miren de reojo, o la que se planta a la puerta del colegio y reconoce que se le ha olvidado algo. Es vivir una maternidad real alejada de los roles tradicionales de género, porque es inviable continuar con ellos y a la vez trabajar”.

    Para Laura, el sentimiento central en Malasmadres es la culpa por no poder ser esa madre perfecta. Culpa por no estar haciéndolo lo suficientemente bien, nos han vendido la moto. Y además hay unas normas no escritas de maternidad que hacen que parezcas una mala madre si las rompes. Algo tan básico como querer mantener tus aficiones y tus intereses personales más allá de la maternidad. Pero no solo culpa; también subyace un sentimiento de rabia por sentirse engañada a todos los niveles: por una sociedad en la que no existe la conciliación, por una educación de igualdad que luego es inexistente…

    En la raíz de esa falta de conciliación, observamos que las mujeres no están accediendo a puestos de responsabilidad, está la falta de corresponsabilidad. Es muy difícil impulsar el cambio social y la conciliación si en el hogar no se está haciendo, si en casa no se rompe con esta sociedad patriarcal, es imposible romperlo fuera, en el mercado laboral. Otro de los problemas que se pueden detectar es que el hombre no siente que el problema de la conciliación vaya con él y tenemos que hacerle partícipe.

    Espero que esta aportación a su entrada le sea de interés y aprendizaje. Un saludo

  4. Desde luego es un sobrecoste que tenemos que pagar, la mujer trabajadora y a la vez madre, no solo tiene mas dificultades para acceder al empleo, para trabajar jornada completa y partida, para ascender profesionalmente, etc… sino también una vez que acceden al puesto de trabajo, sorprendentemente las propias compañeras y jefas (mujeres) ponen en duda que puedan desarrollar las funciones del puesto teniendo hijos pequeños por ejemplo, porque sobreentienden que van a faltar porque los niños se ponen enfermos, van a dormir poco por la noche y no van a rendir en el trabajo, o no van a tomarse el trabajo con seriedad por tener la cabeza en otro sitio,… Desde este punto quiero denunciar la falta de SORORIDAD desgraciadamente que existe en general, pero sobre todo en el mercado de trabajo.

  5. Tus cuestiones son mui oportunas compañera
    Hoy en día la mujer tiene que pensar mucho antes de decidir su vida, optar por la carrera profesional o la maternidad. Nosotras que hemos tomado la decisión de ser mujeres madres y seguir una carrera laboral hemos y seguimos viviendo en la piel las trampas de estas decisiones tan complexas pero, que nos llena de satisfacciones por conseguirla. Sería un error de mi parte afirmar que es fácil ser mujer, ser madre y tener propensión de ascender profesionalmente. Pero, con maestría y mui fuerza de voluntad se consigue. La falta de sororidad mencionada por la otra compañera es una realidad que no tiene límites en el mercado laboral. Muchas veces son las propias mujeres jefas que han conseguido avanzar en su carrera la que más obstáculos ponen a sus compañeras mujeres. Aunque las consecuencias sean sociales, esté es una decisión muy personal no cabe duda.

  6. Me parece una aportación muy interesante compañera, ¿Hasta cuándo seguiremos cuestionando el papel de la mujer?
    Vivimos en una sociedad que cuestiona todo, si la mujer trabaja es criticada porque pasa mucho tiempo sin su hijo, si decide renunciar a su carrera profesional es criticada también porque todo puede compaginarse. En el caso que expones de Samanta y Soraya queda muy claro, todo lo que rompa el esquema que la sociedad tiene en mente en cuanto a la funciones que deben desempeñar las madres será criticado. Pero no sólo por el género opuesto, sino por las mismas mujeres. A veces, con acusaciones más graves que éstos. ¿Dónde está la solidaridad entre mujeres?, si no nos apoyamos entre nosotras mismas, ¿Quién lo va hacer por nosotras? . Introduzco aquí el concepto de Sororidad, de Marcela Lagarde, la cual lo define como la experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión. Asumir que cada una es un eslabón de encuentro con muchas otras y así de manera sin fin. Pues como dice Marcela, las mujeres debemos permanecer unidas, eso no significa que tengamos que pensar lo mismo, sería imposible, pero sí respetarnos y plantearnos unos objetivos comunes.
    Os presento a continuación un documental titulado “madres”, en el que podemos ver como varias mujeres cuentan su experiencia sobre la maternidad y la vida laboral. Espero que os resulte de interés.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s