A la población onubense no nos gusta trabajar

He encontrado un artículo del periódico ABC sobre la campaña de la fresa en Huelva, y como conclusión he sacado que a la población onubense no nos gusta trabajar.

El artículo comienza con un gran titular: “Solo 970 personas se presentan a los 23.000 empleos para recoger fresa en Huelva”.

Desde el inicio sitúa a la población onubense en el más absoluto sedentarismo en cuanto a trabajo se refiere, ya que se ha demandado un gran número de trabajadores en total 23.000, y la oferta ha sido solo de 970 personas, es decir, un 4,2% de la demanda. Pero es que a lo largo lo desarrolla aún más, haciendo una serie de aclaraciones que no deja en muy buen lugar a la población de Huelva.

Citando textualmente el artículo, “hay que destacar que Huelva tiene la tercera tasa más alta de paro en nuestro país, con el 22,79%, solo por detrás de Badajoz (24,10%) y Cádiz (27,35%).

Así lo han indicado a Efe fuentes sindicales, que han concretado que, a pesar de la necesidad de empleo que se trasluce en distintos sectores de la sociedad, la respuesta ha vuelto a ser muy escasa, incluso teniendo en cuenta que la campaña supone el mayor acicate laboral del año en varias comarcas de la provincia onubense. Las fuentes han lamentado una respuesta tan escasa en una provincia que roza el 23% de desempleo”.

No deja lugar a dudas, los onubenses, a pesar de reivindicar las necesidades que tienen de empleo en la zona, cuando se les ofrece trabajar no dan una respuesta. Si una persona ajena al entorno onubense lee el artículo podría establecer una respuesta clara: “los onubenses se quejan por trabajo pero cuando hay no quieren trabajar”.

Este artículo ayuda a que el estereotipo del andaluz vago se perpetúe entre la población del resto de España, ya que no realiza un análisis de la verdadera situación que sufren las personas que se dedican a la recolecta de fresas y frutos rojos.

Durante el artículo no se explica que las condiciones laborales de las personas que trabajan en la recogida de la fresa son degradantes en cuanto a salario y a condiciones del trabajo. Los casos más graves son los que se hicieron visibles el año paso tras un reportaje emitido por medios de comunicación extranjeros tras los que se denunciaron casos de acoso laboral, acoso sexual y violaciones. Muchos de estos casos ya han sido archivados por los juzgados, en cambio, sí se ha llegado a un acuerdo entre empresarios y sindicatos para mejorar las condiciones salariales y las jornadas de trabajo.

Quizás, la escasa demanda de empleo en la campaña de la fresa se deba a estas razones y no a un desinterés por parte de la población onubense.

Por otro lado, y siguiendo con el artículo, nos cuentan el remedio que han buscado para sobreponer la falta de personal: esta situación “hará que, de nuevo, haya que recurrir a un alto porcentaje de mano de obra inmigrante para cubrir la demanda… las distintas asociaciones y organizaciones agrarias se han desplazado a Marruecos para ultimar la selección de 7.500 temporeras”.

La solución siempre es la misma, aprovecharse de la mano inmigrante más vulnerable que sí acepte las condiciones que quieren implantar, llevando a las temporeras a condiciones de explotación.

S.E. (s.f.). (2019, febrero 16). Solo 970 personas se presentan a los 23.000 empleos para recoger fresa en Huelva. ABC. Recuperado 25 abril 2019, de https://www.abc.es/economia/abci-solo-970-personas-presentan-23000-empleos-para-recoger-fresa-huelva-201902161645_noticia.html

Kohan, Marisa. (2018, mayo 22). Sombras y silencio sobre la situación de las mujeres trabajadoras de la fresa en Huelva. Público. Recuperado 25 abril 2019, de https://www.publico.es/sociedad/mujeres-fresa-sombras-silencio-situacion-mujeres-trabajadoras-fresa-huelva.html


  1. Con respecto al trabajo en la campaña de la fresa, les recomiendo que lean el informe de María Hernández Morán, Doctoranda del Máster de EGIC y de la UHU. Tengo el enorme gusto de conocerla ya que soy voluntaria de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y ella forma parte de la misma de su sede en Huelva. El capítulo de su autoría se titula “Patriarcado y racismo a la sombra de los frutos rojos” y es parte de la publicación que la organización dio a conocer con el nombre “Derechos Humanos en la Frontera Sur 2019”. En el trabajo, la autora explica cómo la mano de obra extranjera fue fundamental en el desarrollo del nuevo modelo productivo de agricultura en la provincia de Huelva, cuáles fueron los períodos de los flujos migratorios y las distintas nacionalidades de las personas que venían y cómo fue feminizándose la mano de obra siendo Marruecos el país que la aportara. Además, hay un detalle de cuáles son los requisitos exigidos y el proceso de selección de la contratación en origen por contingente con Marruecos y las negociaciones más recientes entre ese país y el Gobierno español, de alguna manera forzadas por las denuncias divulgadas por ONG, sindicatos y diversos medios de comunicación durante el 2018, sobre abusos sufridos por las temporeras por parte de sus superiores. El informe finaliza con las conclusiones que titula “patriarcado y racismo” donde hace hincapié en que es importante que se continúe con la lucha para de eliminar las expresiones que rodean esta temática y que son racistas, xenófobas y machistas y que se tomen medidas al respecto.
    Las invito a que lo lean, que reflexionen sobre estos temas y que se acerquen a la sede de APDH Huelva que actualmente se encuentra en la Avda Andalucía 11, Bajos, a compartir una reunión para conocer a María y al resto de voluntarias y voluntarios que día a día trabajamos para que la Declaración de los Derechos Humanos que lleva 70 años desde su suscripción, deje de ser solo una manifestación de principios entre muchos países y se convierta en realidad.

    Derechos Humanos en la Frontera Sur (2019). Recuperado de https://www.apdha.org/wp-content/uploads/2019/02/informe-frontera-sur-2019-web.pdf

  2. Cuando leemos noticias de esta índole lo más fácil y rápido es pensar que la población onubense no quiere trabajar, apoyándonos, como bien se menciona en el texto, en el estereotipo del/ la andaluz/a vago/a que ponernos a investigar las causas del problema. Cuando llega la época de la campaña, desde hace muchos años, comienzan a divagar este tipo de noticias por periódicos, medios de comunicación y redes sociales, dejando entrever que quien no trabaja es porque no quiere, pero pocos/as son capaces de dar una contrarespuesta a estos absurdos. Tiro una lanza a favor por toda aquella población que se ha negado a trabajar según en que condiciones, debemos imponernos y luchar por nuestros derechos, por un trabajo y una vida digna. No es que la población onubense no quiera trabajar, es que a qué precio lo tiene que hacer.

  3. Siempre he vivido en el entorno de los pueblos productores de frutos rojos de la provincia, y llegado el tiempo de la recogida desde niña he escuchado la misma frase: “En Huelva quien no trabaja es porque no quiere, porque ahí está el campo”. Como un mantra que resonara en mi cabeza y como un axioma incuestionable de la zona, hasta no hace mucho no he sido capaz de escucharlo con un filtro crítico. Ahora de adulta, soy testigo de mujeres que me cuentan como el día que llueve ni trabajan ni cobran, como si son llamadas a una hora determinada para comenzar a manipular en un cooperativa y no ha llegado la fruta de los campos el tiempo de espera corre por su cuenta sin que contabilicen esas horas como trabajo efectivo (ya que ellas estaban allí a su hora), como deben estar disponibles sin percibir nada por esa disponibilidad, como se enteran en ocasiones hasta pocas horas antes si van o no a trabajar esa jornada, como para poder llegar a su lugar de trabajo (imaginad plantaciones enormes que se encuentran alejadas de los núcleos urbanos) deben buscarse la vida porque no hay transporte público con el que puedan contar… “Pero en Huelva quien no trabaja es porque no quiere, que ahí está el campo”.

  4. La estrategia del capitalismo siempre ha sido enfrentar a unas obreras con otras, especialmente, a las obreras nacionales con las obreras extranjeras.

    Es intolerable que un jornal se pague a 30 €, que una no sepa si tendrá descanso o trabajará todos los días de la semana, o si podrá ir al centro de salud si se pone enferma. Lo mismo pasa en la hostelería: horas extras no pagadas, bajos salarios, trabajos sin contrato, o a jornada completa estando asegurada a media, etc. Hacen que nos sintamos culpables para acabar aceptando condiciones cada vez más precarias que no permiten vivir una vida digna.

    Muchas veces, cuando veía a mis compañeras más mayores en el bar, o a mi madre limpiando habitaciones en el hotel por 3€ la hora, me preguntaba y me pregunto como sus cuerpos pueden tirar hacia delante con toda la explotación que han soportado (y soportan ahora, con mayor medida y menos seguridad [vital, sindical, laboral]) en sus vidas.

    Es lógico que digamos basta, que nos plantemos y que reclamemos mejores salarios y mejores condiciones laborales. Estas personas que mandan notas de prensa a los medios de comunicación (y que estos publican deprisa y corriendo, todo hay que decirlo), son las mismas que nos llaman ilusas por querer que nuestras nóminas con salarios mínimos suban a 1.200€, porque no se generarían beneficios suficientes. Las mismas que no han pasado fatiguitas en su vida, que no han ido nunca al supermercado con la calculadora en la mano para no pasarse del presupuesto, o a las que jamás le temblaron las piernas al abrir la carta de la factura de la luz. La culpa es de estas, no de las compañeras de clase (trabajadora) que vienen de otros países porque en los suyos la explotación y las contradicciones del sistema capitalista son aún mayores que aquí.

    Pedimos una vida digna, unos salarios dignos, unos trabajos compatibles con nuestras vidas; que no es nada del otro mundo, aunque nos tachen de utópicas, de ilusas, de cuenta-cuentos y de vagas.
    Nativa o extranjera, somos la misma clase obrera y tenemos el mismo enemigo común.

    Un abrazo sororo.

    (*) Uso del femenino genérico del sujeto .

  5. En mi experiencia como extranjera en Huelva, es que sí se escuchan esos comentarios en los bares o restaurantes, de que los habitantes de Huelva, no les gusta trabajar recogiendo fresas y es el trabajo “exclusivo” de inmigrantes. Teniendo en cuenta el costo de vida en Andalucía con el salario mínimo, a la paga que ofrecen en estos sitios, ya que, es el único sitio donde puedes trabajar sin estar de alta en la seguridad social o si quiera tener un permiso de trabajo, se nota la desigualdad salarial, pero no es solo aquí en España, en mi país, una de las cosas que más se cosecha son las papas, cebolla, mazorca, etc. y los precios que les pagan a los agricultores, en comparación a como se vende el producto en las tiendas o en los supermercados es abrumadora.

    El día en que notemos cuanto necesitamos la agricultura más que la industria, las condiciones laborales de quienes se dedican a esto mejoraran, tanto aquí como allá, la mejora de las condiciones de trabajo y eliminar a los terceros que se quedan con parte del dinero ganado por aquellos que cultivan y recoge, podría ser un buen primer paso.

    https://noticias.canalrcn.com/nacional-pais/cuanto-invierte-y-cuanto-pierde-un-papero-colombia

  6. Esta noticia y la reflexión crítica que ha provocado me lleva a los conceptos de sociología del trabajo y sociología del empleo que hacía Margaret Maruani en su artículo “De la sociología del trabajo a la sociología del empleo”. Hay trabajos que desde luego llevan a reconsiderar el concepto del empleo por que conllevan determinadas condiciones de trabajo que son precarias, y que a priori nadie querría realizar si pudiera elegir. El trabajo dignifica, dicen, te coloca en un estatus social, te inserta en la sociedad, te crea como individuo , pero en muchas ocasiones ¿a qué precio? Existen trabajos como los que se plantean en esta noticia en los campos de Huelva que desde un punto de vista sociológico pueden suponer marginalidad y precariedad, explotación, y sin embargo la sociedad no realiza ese análisis, se centra en el rechazo de empleos, tener un empleo es lo importante, lo que te hace ser un individuo integrado en la sociedad, y no se cuestionan seriamente cuáles son las condiciones de trabajo, que en muchas ocasiones puede acercarse a lo que creemos que ya no tenemos y que sin embargo se parece mucho a la esclavitud.


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