Samanta Villar: «Me hubiera gustado llegar a la maternidad sabiendo que iba a ser un infierno»

La periodista reclama en su nuevo libro «La carga mental femenina», la necesidad de equipar en las parejas la organización del hogar y familia para que el hombre deje de ser un mero «ejecutor»

Me ha parecido muy interesante esta entrevista, a la periodista Samanta Villar, ya que, habla sin pelos en la lengua de un tema que teníamos tabú para hablarlo tan abiertamente y sobretodo como se siente tras esta experiencia de ser madre que normalmente nos la pintan como una de las mejores etapas de la vida, dejando de lado  la carga bestial que es el cuidado de los hijos sumado al estilo de vida que actualmente llevamos las mujeres.

La periodista madre de dos mellizos, publicó su primer libro “Madre hay más que una: Un relato en primera persona sobre la aventura de la maternidad” y ahora, con «La carga mental femenina», donde ha recogido todas las preocupaciones con la que conviven diariamente las mujeres en sus hogares para que todo esté organizado: recoger a los niños, hacer la compra y la comida, las citas médicas… Una retahíla de tareas de las que denuncia que las parejas solamente se convierten en meros «ejecutores» y reclama un cambio de roles por ambas partes.

 Hace un desglose de cuánto costaría al mes una persona que hiciera todas las actividades rutinarias que corresponderían al mantenimiento y cuidados de una casa e hijos: niñera, siete horas semanales, 224 euros; lavandería y planchado, cuatro horas semanales, 192 euros; etc. y que alcanzarían los 2.740 euros en total.

Villar tuvo un punto de inflexión en su vida al darse cuenta que no podía conciliar el trabajo que tenía de viajes para grabar su programa y el cuidado de sus hijos, sobre todo cuando uno de ellos fue ingresado en el hospital y ella no pudo estar con él. Entonces se le ocurrió un nuevo formato de “La vida con Samanta”, con el que podría hacer sus reportajes sin tener que moverse de su casa. Gracias a ello, se siente una privilegiada, ya que le ha permitido una flexibilidad que antes no la tenía. Sin embargo, ella habla que su caso es particular y anecdótico, ya que, en general, al no existir políticas de conciliación real, la realidad de muchas mujeres es muy distinta.

Hablamos de una corresponsabilidad no sólo de los poderes públicos, que es el eje central para que este sistema cambie en relación con la conciliación, sino que necesitamos que todos y todas nos impliquemos, parejas en el ámbito personal, empresas y legislación. Los hombres deben asumir otras competencias dentro del hogar, y ello supone que muchas mujeres  sean conscientes de que el criterio del hombre es igual de válido.

La periodista también hace hincapié en las nuevas generaciones, con una mentalidad muy diferente a la generación de ella, afirma que esta sí puede ejercer la corresponsabilidad, ya que construyen las relaciones personales, ligan, conciben el sexo y la pareja de otra forma que cuando ella era joven.

Sobre el ámbito del trabajo, menciona la desigualdad salarial que tanto afecta a mujeres, y no entiende como no está regulada por ley. Como también la reducción de la jornada laboral de un hombre, por cargas familiares, muchas veces castigado socialmente con comentarios machistas y retrógrados. El nuevo decreto ley de ampliar los permisos de paternidad a 8 semanas en 2019 y a 16 en 2021, le parecen poco tiempo para que la pareja tanto él como ella se “hagan” de esa nueva vida de cuidadores de sus hijos, aunque sí que es un buen comienzo, comenta. Y también apoya la compensación económica para aquellas personas mujeres u hombres que se queden en casa aplicando esos cuidados.

En definitiva, creo que es una entrevista que no tiene desperdicio al igual que tienen que ser sus dos libros, puesto que trata temas fundamentales para las mujeres como es la maternidad, la desigualdad salarial, la corresponsabilidad familiar entre otros no menos importantes, que desde siempre han concernido a las mujeres.

Enlace:

https://www.abc.es/familia/mujeres/abci-samanta-villar-hubiera-gustado-llegar-maternidad-sabiendo-infierno-201903240144_noticia.html

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  1. Me parece fundamental dar visibilidad a modelos maternos alternativos a los hegemónicos, como Melania ha conseguido con esta publicación.
    La idealización y romantización de la maternidad ha contribuido a la creación de un modelo de madre entregada, que carece de vida propia y aspiraciones personales, lo que conlleva esta imagen idealizada de la madre es que cuando una mujer subvierte el rol es criticada y acusada de “mala madre”, como le ocurrió a la periodista Samanta Villar. Es cierto que las mujeres con popularidad, pueden verse cohibidas cuando desean realizar determinados actos siendo madres por miedo a sufrir todo tipo de críticas, razón por la cual es importante visibilizar la parte negativa de la maternidad y los obstáculos que puede plantear a las mujeres, como ha hecho Samanta Villar. Solo trascendiendo el modelo ideal de madre las mujeres podrán liberarse de las trabas que este les pone, porque no solo las mujeres populares se enfrentan a las críticas y a ser señaladas como “malas madres”, también las mujeres normales lo sufren por parte de su entorno social.
    Este mismo mes El Corte Inglés publicitaba sus productos para el Día de la Madre con un machista y polémico anuncio denunciado por FACUA, en el que definía a las madres como 97% estregadas, 3% egoístas y con 0% quejas, perpetuando el modelo de madre sumisa y sin aspiraciones personales que el sistema patriarcal desea mantener. Por campañas publicitarias como esta son necesarios referentes como Samanta Villar o Laura Baena, creadora del “Club de las Malas Madres”, que apropiándose del insulto, visibiliza y promueve en redes sociales un modelo de ser madre, que permite a las mujeres tener individualidad, vida privada y social, conciliar y quejarse, sin dar importancia a ser juzgada.

    FACUA.ORG. (03/05/19). “0% quejas”: FACUA denuncia a El Corte Inglés por su campaña machista del Día de la Madre. Facua.org. Recuperado de https://www.facua.org/es/noticia.php?Id=13931

  2. La maternidad y la paternidad, como todo en la vida, tiene cosas buenas y cosas malas. Cuando una mujer se queda embarazada todo es alegría y buenas palabras, pero en pocas ocasiones se hace referencia a los cambios que ello supone en la vida y para toda la vida. Ser padre/ madre supone reorganizar la propia vida y las de los que están alrededor, supone una carga y obligación a las muchas ya presentes, supone más responsabilidad, no dormir adecuadamente, no comer adecuadamente e incluso no tener tiempo ni para una ducha tranquila y relajada tras un día duro. La maternidad trae cosas buenas pero también cosas malas que se obvian, en la mayoría de las ocasiones por el temor a prejuicios.

    Bajo mi punto de vista Samanta Villar ha contado lo que muchas y muchos no se han atrevido a contar, rompiendo barreras y tirando una lanza a favor por las personas que pensaban lo mismo y temían ser catalogadas como “malas madres” o “malos padres”. Nada en la vida es color de rosa y la maternidad/paternidad tampoco. Quien quiera ser madre o padre que lo sea, pero siendo conscientes de los pros y los contras que ello conlleva.

  3. hace tiempo que conocí una web que se llama el club de las malas madres, que a traves del humor exponen todos los inconvenientes que nadie cuenta cuando te encuentras con la maternidad y que parece que se tienen que asumir, con agrado, por SER MADRE. Me parece que la crítica que hacen a través de artículos, videos, entrevistas, convierten el asunto que expone Samanta Villar no en un trauma, sino a través de la normalización y reivindicación de los derechos, el de exponer lo que sucede y el de exigir lo que falta.
    “Malasmadres con mucho sueño, poco tiempo libre, alergia a la ñoñería y ganas de cambiar el mundo. Yeah!”

    https://clubdemalasmadres.com/

  4. Cuando hablo con amigas acerca de la corresponsabilidad tanto en las tareas domésticas como de los cuidados al resto de los miembros de la familia, tomo conciencia de la enorme resistencia que reside en muchas de nosotras a la hora de transgredir el mandato de género que tanto nos culpabiliza cuando no lo cumplimos, permitiendo que sean nuestras parejas las que se encarguen de tal o cual tarea que fue otorgada socialmente para nosotras. ¿Cómo voy a dejar que mi pareja se encargue de determinadas labores si no alcanza ni por asomo los estándares que me aplico yo a mí misma? En ocasiones nos engañamos “permitiéndoles” determinadas concesiones que en muchos casos acabamos supervisando y corrigiendo de forma clandestina. El dejar hacer, el respeto a la forma de proceder distinta a la nuestra, y sobre todo para mi, el romper con la necesidad de tenerlo todo bajo el control de nuestro prisma (bien arraigado desde el mandato de género), son elementos que a mi entender debemos deconstruir para con nosotras mismas, ya que son cadenas que aunque impuestas de forma social, se guardan personalmente, hecho este último que permite su modificación si tomamos conciencia de lo limitantes que son.

  5. Compatibilizar los horarios de tu vida personal, con aquellos que son laborales, a veces es una tarea imposible.
    Los hombres siguen desentendiéndose de las tareas domésticas y de los cuidados y las mujeres mientras tanto, hacen malabarismos con sus recursos más cercanos. Tirar de mujeres de otros países por ejemplo, conlleva a la precariedad del trabajo y entra en juego las cadenas globales de cuidados, es decir, una mujer migrante que transfiere cuidados a otras mujeres dejando sus propias responsabilidades de cuidados en sus países de origen, que, a su vez, será asumido por otra mujer. ¿Quién se beneficia de todo esto? Los hombres, el Estado y las empresas (Orozco, 2010).
    Está claro que la economía es androncentrista y que le conviene ocultar y explotar el trabajo que se realiza en los hogares, que históricamente han recaído en la mujer: excluyendo estas actividades domésticas y de cuidados del sistema de mercado (Carrasco, 2009).
    El trabajo no remunerado ni reconocido que sostiene la punta del iceberg, un trabajo precario y sin derechos laborales, y ni que decir de horarios. La maternidad hace cuestionarse muchos aspectos de la vida, de los cuales quizás no quieres renunciar, pero que de cierta manera es el sistema hegemónico el que nos guía a la maternidad, y no se convierte en una decisión propia.

    FUENTES

    Carrasco, C. (2009). Mujeres, sostenibilidad y deuda social. Revista de educación, (1), pags. 169-191.

    Orozco, A. (2010). Diagnóstico de la crisis y respuestas desde la economía feminista. Revista de Economía Crítica, 9(1), 131-144. ISSN: 2013-5254

  6. Estoy de acuerdo contigo Melania, en que es muy importante dar visibilización a los modelos maternos tradicionales, como se hace aquí. También coincido contigo, al igual que con el resto de compañeras es la importancia de hablar desde todos los puntos de vista cuando hablamos de maternidad y nacimientos, ya que por lo general, cuando hablan de estos temas solo se dicen cosas buenas y bonitas. Y hay que hacer visible que como todo, tiene sus cosas buenas y también las malas.
    Pero creo que hay que tener en cuenta que el caso de Samanta Villa es la excepción que confirma la regla, ya que no todas las mujeres tienen la opción ni la posibilidad de cambiar su trabajo o su manera de trabajar para poder compatibilizar el trabajo y el cuidado de sus hijos. Es cierto, como ya hemos comentado tantas veces, que para solucionar esto, lo más importante es conseguir una conciliación real y un mayor compromiso por parte de todos, gobierno, familias, hombres y sobre todo nuevas generaciones.

  7. Gracias por la entrada.

    De acuerdo con lo expuesto por Friedan (1965), las mujeres somos las que hemos de encargarnos del cuidado de las niñas y los niños. Y por supuesto, parece que nuestro único cometido en el mundo es el de ser madres. Así lo hemos visto reflejado a lo largo de toda la historia, ya que el fin de la mujer no era otro que el reproductivo mientras que el del hombre era el productivo. Así lo defiende Rubin (1996) que expone que son las mujeres quienes desempeñan el trabajo doméstico y las que se encargan de la reproducción.

    Aunque pueda parecer increíble, actualmente sigue ocurriendo lo mismo pero de un modo más perverso, ya que, de acuerdo con lo que defiende Miranda (2019) el sistema patriarcal en el que nos encontramos insertas hace creer a la sociedad y a nosotras que las mujeres elegimos libremente dejar el mundo laboral para dedicarnos al cuidado de nuestros hijos, lo cual nos ha sido históricamente impuesto y sigue ocurriendo así pero ahora sin que nos demos cuenta de ello.

    Así pues, los estereotipos y roles de género siguen perpetuando que nosotras seamos denominadas “malas madres” si no podemos dedicarnos al cuidado familiar al 100%, lo cual, de acuerdo con los comentarios de las compañeras, es prácticamente imposible hoy en día teniendo en cuenta la falta de medidas que inviten a la corresponsabilidad labora y familiar.

    Fuentes:

    Friedan, B. (1965). La mística de la feminidad. (C. Dampierre, Trad.) Barcelona, España: Sagitario, S.A. (Trabajo original publicado en 1963)

    Miranda, C. (2019, enero). No es nada personal. Recuperado el 20 de mayo de 2019, del sitio web de Facebook: https://www.facebook.com/notelotomescomoalgopersonal/?ref=br_rs

    Rubin, G., (1996). El tráfico de mujeres: Notas sobre la “economía política” del sexo. En: Lamas Marta Compiladora. El género: la construcción cultural de la diferencia sexual, México: PUEG, 35-96.

  8. El problema que nos acarrea a todos los que somos hispanoparlantes, es la idea del matrimonio perfecto, con la maternidad perfecta, que incluye que la mujer debe “abandonar” todos sus sueños y metas profesionales, mientras que él, es quién debe llevar con la carga social y económica de la familia, algo que las películas nos han inculcado desde que somos pequeñas, es por eso, que el día en que los hombres vean que estar con sus hijos no es “apoyar a la madre” si no ejercer, realmente la paternidad, algo que muchos no hacen y creen que pueden llegar a sustituir el cariño y el amor, con el juguete de moda o el último móvil de moda. La crianza es de dos y los dos se deben comprometer en el ejercicio como tal, por el bienestar de esa pequeña criatura, ya que las bases de una buena educación, empiezan en casa y los niños, ven que su padre, realiza las mismas tareas que su madre, empezarán a cambiar las cosas.

    Los casos como el que traes citado es bastante interesante, pero, lastimosamente, las mujeres que logran cambiar su estructura laboral, el poder llegar a trabajar en casa, terminan “encarceladas”, entre los niños y el trabajo que deben realizar, más el plus, de que ahora su compañero o compañera, les pedirán que sean ellas quienes mantengan el hogar, lo cual, evitara de cierto modo, que siga desarrollándose de manera personal y laboral.

  9. Atendiendo a esta entrada, comparto un artículo de la psicoterapeuta Jadra Sanz, que bien refleja y resumen las opiniones y reflexiones que todas hemos manifestado.
    Sanz, nos muestra al igual que Samanta ese lado oscuro del que nadie habla en referencia a la maternidad. El embarazo socialmente está concebido como la mejor etapa de la vida de una mujer. Y cuidado, que puede serlo, en mi experiencia fue una bonita e ilusionante etapa, pero no obvio el “sacrificio” a determinadas cuestiones que tenía que rechazar por mi estado. Y todo esto se agrava aún más pasadas las 40 semanas, es aquí cuando verdaderamente empieza ese gran reto y es aquí cuando vuelves a revivir esas mañanas de Reyes con tu muñeco, a diferencia que ese muñeco ha cobrado vida, y claro está es que a tu pareja nunca le regalaron un muñeco, pero tranquila a él le regalaron un coche y así te da la armonía para transportaros a tu bebe y a ti, por lo que a partir de ahora ocuparas el asiento de atrás como si de un taxi se tratara.
    No me extiendo mucho más, para no ser más repetitiva y dejaros este artículo que me ha resultado bastante interesante.

    El lado oscuro de la maternidad, la verdad que nadie te cuenta
    Nuestra experiencia nos dice que una mujer comienza a ser madre cuando coge a su bebé por primera vez en brazos y no cuando ve las dos rayas que marcan el positivo en el test de embarazo. A partir de ahí comienza toda una aventura que, seamos sinceros, no tiene por qué ser positiva ni agradable, y esa es la verdad sobre ser madre. Pero eso no lo lees en ningún sitio, nadie te lo avisa.
    Vas a hacerte el primer análisis y la enfermera te dice al salir “Disfruta del embarazo”. Tú te vas tan contenta pensando “Oh, sí, claro que lo haré”, pero cuando te encuentras abrazada a la taza del váter vomitando, con fuertes dolores de cabeza, cambios de ánimo bruscos, insomnio, ardor, estreñimiento, dolor de pechos, fuertes mareos y todo te da asco, no piensas en lo bonito que está por venir. Realmente te sientes enferma y mal, muy mal. La pregunta es ¿con quién lo compartes?
    Las mujeres que ya han tenido hijos te dirán que no pasa nada, que pasa, eso en el mejor de los casos, porque sentirás que todo el mundo lleva un mejor embarazo y creerás que eres un bicho raro incomprendido. A veces te tocará oír que eres una floja o una exagerada. Lo más grave es que las peores críticas vendrán realizadas de mujeres. Mujeres atacando a mujeres. Una especie de lucha por ver quién es la más sufridora.
    Comienzan 40 semanas en las que la evolución humana te irá preparando para ser madre. Es decir, te irás volviendo un ser cada vez más sensible a los actos de amor, pero también a las preocupaciones del mundo y al cuidado de tu retoño. Querrás hacerlo lo mejor posible para que el bebé no sufra, para que se críe en libertad y feliz, pero poco a poco te irás dando cuenta de que eso no depende exclusivamente de ti, por lo que empezará otro proceso paralelo de frustración y culpabilidad.

    El embarazo es un proceso fisiológico y mental muy solitario. Los cambios corporales son visibles y evidentes, pero los silenciosos e incontrolables cambios hormonales pueden resultar verdaderamente tediosos y agotadores. Es algo que te domina y no puedes poner mucho de tu parte para que pase pronto. Tu cuerpo se ha convertido en una increíble y potentísima máquina que da todo de sí para crear una o varias vidas. Se dice pronto, pero si te paras a pensarlo, siempre tiene un punto de irrealidad importante debido a su magnitud. Te preguntarás “¿de verdad esto está pasando dentro de mí?”. Como ves, el reto psicológico al que una se enfrenta no es nada desdeñable. Es mágico y duro a partes iguales.
    Leído así puede parecer que todas las mujeres llevan un mal embarazo. Y afortunadamente no es así. Este artículo no versa sobre el magnánimo proceso de gestar, sino de lo que viene detrás.
    Clases de preparación al parto
    Cuando vas a las clases de preparación al parto, ahora llamadas clases de maternidad, lo que más se echa en falta es que la matrona se detenga en lo que viene después de parir. Si lo piensas, no tiene mucho sentido acudir de 28-30 semanas a estos encuentros y que te expliquen los cambios físicos que vas a experimentar, cuando estás de 7 meses y tienes una buena barriguita, porque ya has pasado un buen trecho del embarazo. Hacen unas breves reseñas acerca de los distintos tipos de respiración que existen y cómo harás cuando vayas a entrar en paritorio que, tampoco tienen demasiada utilidad, pues aún queda la recta final y seguro que se te va a olvidar, no solo por el tiempo pasado, sino porque cuando una vez estás metida en la vorágine del parto, tendrás en exclusiva una matrona para ti que te acompañará en el proceso. Te irá guiando paso por paso y ello hará que puedas dar a luz de manera natural si todo va bien.
    Sentirás que todo el mundo lleva un mejor embarazo y creerás que eres un bicho raro incomprendido.
    Lo que verdaderamente se echa de menos en esas clases son temas prácticos que todas las mamás primerizas van a sufrir: cómo se cambia un pañal, cómo se baña al bebé, qué voy a hacer cuando llego a casa. También el abordaje del cambio que sufrirás en tu mismidad y en la relación con tu pareja. Pero no que se limiten a contar que es un cambio importante, sino que expliquen exactamente qué es lo que te vas a encontrar. El impacto se torna tan bravío por el hecho de que pierdes tu independencia en menos de 24 horas. Ahora ya no vas a salir de casa cuando quieres y tampoco cogerás el bolso y ya está. No te podrás dedicar tan fácilmente a darte esos cuidados que en el día a día no apreciabas como pintarte sin prisas, ducharte, echarte una mascarilla, incluso ir al lavabo cuando te apetece. Hablar por teléfono es toda una proeza y también lo será descansar adecuadamente.
    Los bebés tienen sus propios ritmos que determinados profesionales nos dicen que hay que acompasar a los de los adultos, pero eso no es lo natural. Lo natural es que haya despertares nocturnos, a veces para comer, hacer de vientre, por la caída del chupete, porque no está a gusto en la cuna y prefiere los brazos, puede tener gases, calor, y a veces nada. Cuesta hacerte a tu hijo. Es un ser al que aprendes a querer con toda tu alma a base de que pase el tiempo, pero como todo, eso requiere un periodo de ajuste que suele ser agotador. No solo por la implicación física, por no poder parar de hacer cosas, sino también porque no se puede compartir. Y aquí es, donde para mí, empieza y surge el lado oscuro de la maternidad.
    Recordemos que, si el cerebro no desconecta y se repone, si sufre falta de reposo, se erosiona. Ser mamá es tener un estado de hiper alerta constante y eso supone un desgaste potente. Otro punto importante se dirige hacia el torrente hormonal que genera el cerebro, pudiendo provocar una depresión postparto. Si la depresión es un mal muy escasamente comprendido en cualquier persona, imaginaos en una madre recién estrenada. Con la mitad de energía, el doble de emociones y un cuarto de descanso, ha de hacer frente a un nuevo torbellino.
    Una mamá en la sociedad actual de una ciudad es difícil que se encuentre con un grupo que la apoye y recoja. El concepto de tribu se ha perdido. Ese conjunto de personas que van todos a una, con los mismos intereses y con un ideal común. Una mamá en este siglo, en este entorno, lo que se va a encontrar es mucha soledad. No va a poder verbalizar sus ideales, preocupaciones, temores y anhelos con claridad porque seguramente sea juzgada de forma peyorativa o se infravaloren sus emociones. El desahogo no se va a producir, por lo que todo lo acontecido anidará en la mente y en el cuerpo. Cuando se junta un grupo de mamás parece más una competición a las Olimpiadas a Súper Mamá que a la ayuda desinteresada, al relajo, al apoyo y al compartir.

    Los niños de las otras siempre hacen la noche del tirón, se comen todo, se duermen solitos en la cuna, les encanta la bañera, se entretienen de maravilla con el sonajero, te dejan limpiar la casa mientras se mecen tranquilos en su hamaquita, y tú te preguntas por qué no vales, qué estás haciendo mal. Algunas, incluso, se despojan del traje de la vergüenza y piden ayuda, pero nadie le cuenta ni sus trucos ni sus verdades. Es pura naturaleza, a los demás les sale todo rodado sin invertir nada de esfuerzo. ¿Es suerte, entonces?
    Viendo a mamás hablando de sus bebés me he percatado de un eje en común: las madres toman los hitos del desarrollo como logros personales. Es decir, no se cuenta lo que no va bien o cómo te gustaría que X tema fuese, porque se vive como que estás exponiendo tu parte débil y no te gusta. Es ahí donde empieza la absurda competición. Si tu bebé toma un biberón de 120 con 3 meses y el mío con la misma edad toma 150 es porque este último es más grande, más fuerte, está creciendo mejor. Y me apunto un tanto. Si duerme la noche entera (aclaremos lo poco frecuente de este acto durante los primeros meses de vida) sin rechistar, es porque yo lo he conseguido (y muchas veces lo hacen simplemente porque son así), así que otro punto para mí. Y voy sumando tantos para mi marca de buena madre. Que, dicho sea de paso, no sirve de nada más que para fardar con el resto.
    Te encontrarás, además, verbalizaciones tales como “Es un tragón, come fenomenal, se toma todo el bibi del tirón y luego vomita la mitad”. Entonces no es tan buen comedor como dice, ¿verdad? Y no es que pase nada con eso. Cada niño come lo que quiere y necesita, es solo que si te crees esa afirmación a pies juntillas, lo más probable es que te sientas mal contigo misma porque a veces tienes que luchar con el bebé para que termine su toma. Así que igual te tildas de mala madre.
    Te preguntarás “¿de verdad esto está pasando dentro de mí?”. Como ves, el reto psicológico al que una se enfrenta no es nada desdeñable.
    Realmente con lo que tendríamos que estar comprometidos es con la conexión emocional que existe entre madre e hijo para formar un apego seguro y dejarnos de percentiles y otras medidas que solo consiguen restringir nuestra libertad.
    Te invito a que, si ves una mamá primeriza:
    • Te acerques a preguntarle qué tal está. A escucharla de verdad. No a cargarla de más consejos que la llenarán de hartazgo y la harán dudar de sí misma. Simplemente que te cuente, que comparta.
    • Déjala llorar si lo necesita, no le digas “Pero si con el bebé tan bonito que tienes…”‘ o “Mujer, no es para tanto”. Permite que diga aquello que desea y después ofrécete a echarle una mano, para que se cuide y pueda ser ella. Seguro que te lo agradece.
    Ser madre merece mucho la pena, no hay ningún sentimiento comparable a oler a tu hijo, tenerlo en brazos dormido y en paz, ver cómo te sonríe cuando se despierta y cómo se calma cuando llegas. Esa es la mejor recompensa a todo, estaría fenomenal poder compartirlo entre mujeres.
    Si tienes a alguna mamá gestante cerca o recién estrenada, acércate a darle tu apoyo.
    Jadra A. Sanz
    Psicoterapeuta

    https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/lado-oscuro-verdad-maternidad/

  10. Creo que Samantha Villar visibiliza los inconvenientes de la maternidad y rompe con la idealización que se tiene de la misma cuando se habla de ésta. Rompe con la idea de madre entregada que conlleva el sentimiento de culpa por no poder llegar a todo, que hace a muchas mujeres sentirse inferiores o cuestionar su valía como madres. Creo que su trabajo ha supuesto un espacio de reflexión sobre aspectos que siempre van asociados a las mujeres, ser buenas madres. Y podemos ver la carga desigualitaria que conlleva si le damos la vuelta. ¿Se cuestionan los hombres si llegan o no a todo?, ¿sí están cuidando bien o no a sus pequeños? ¿están pendientes de llevar mentalmente todo lo correspondiente al hogar y a la crianza de los niños en el día a día? Evidentemente no es algo que habitualmente se asocie a la paternidad. Por eso creo que es una perspectiva interesante que pone sobre la mesa, y desmitifica la idea de maternidad sobre la que los mandatos patriarcales han trabajado para instaurarlos en la sociedad y que las mujeres tienen muy interiorizados. La carga mental sigue asfixiando a las mujeres. En este sentido hay un cómic muy divertido de Emma Clit, que trata este tema con mucho humor, se llama “No me lo has pedido”. Os dejo el link donde podéis echarle un vistazo, refleja muy bien el concepto y las implicaciones que tiene para las mujeres: https://www.eldiario.es/micromachismos/Deberias-haberlo-pedido-comic-mental_6_661843823.html


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