¿Tienen género los cuidados?

Cuidar no es más natural para las mujeres, lo hacen por el privilegio de los hombres” Joan Tronto, politóloga feminista, aboga por erradicar el rol exclusivo del cuidado a las mujeres.

A lo largo de su vida, toda mujer escucha innumerables veces que la capacidad para el cuidado es una virtud del género femenino y el estigma de esta constante llega a sobrepasar hasta el punto de que las personas acaban creyéndoselo. Esta diatriba, a priori, puede permanecer en la estereotipación de la mujer en una parte sumamente importante de la vida: la atención a otras personas. 

La privación y la vulneración de los hombres respecto al deber y el derecho de participar en los cuidados, los lleva, en muchas ocasiones, a desaparecer dentro del ámbito de la asistencia humana, algo que conlleva también una fuerte e inevitable despersonalización de la misma, ligando su vida a la dicotomía empleo-salario y olvidando partes tan importantes de la condición humana como son el disfrute de la crianza de hijas e hijos, la atención a familiares o amigos en situación de dependencia, así como la pérdida de una relación cercana con las personas mayores de su entorno.

El quid de la cuestión obtiene respuesta en las teorías feministas sobre la economía y su relación con los cuidados y el trabajo femenino, añadiendo una perspectiva feminista y poniendo en la palestra social, política y económica. Se ha de partir de la base de la existencia de una desigualdad primitiva que contamina todas las estructuras de poder y que atañe a la totalidad de las esferas vitales, haciendo aún más mella en el ámbito sociolaboral.

Es por todo lo anterior por lo que se cae en el error de adjudicar a principios biológicos en lugar de a constructos culturales la capacidad o incapacidad femenina y masculina para poder ejercer de la mejor manera los cuidados a lo largo de la vida y son las estructuras creadas por el sistema patriarcal la que atribuye cada uno de los roles. Evidentemente es la cultura la que perfila y crea estos arquetipos y, por tanto, como la cultura está construida por cada rama que la compone (prejuicios, aprendizajes, modos de vida…) ésta viene a representar y condicionar las aspiraciones y discursos de una parte de la sociedad.

El patriarcado, el que construye la sociedad y por ende la cultura ha articulado un sistema de valores que generación tras generación ha ido transmitiendo tanto a través de un sistema verbal como no verbal que divide de forma binaria a la sociedad, atribuyendo una serie de labores, valores y atribuciones propias de hombres y de mujeres y son éstas las que condicionan la vida, el empleo y las capacidades de cada género. Dentro de esta dicotomía se incluye la idea de que los cuidados forman parte de la naturaleza de las mujeres, pero como se ha advertido con anterioridad, las mujeres no dedican más tiempo a los cuidados porque sea algo intrínseco a su naturaleza sino porque la cultural patriarcal le ha atribuido este rol.

Es importante destacar que uno de los problemas fundamentales estriba en el ideal de mujer que se ha elaborado desde el patriarcado y que, además, hace de la excepción a aquellas mujeres que han llegado a desempeñar labores, trabajos o posiciones que tradicionalmente estaban preestablecidos a ser ejercidos por el género masculino, pero esta situación dista mucho de alcanzar la igualdad en ningún sentido, menos en el aspecto laboral o económico.

Para cerrar todo este círculo, es sumamente importante recalcar la necesidad de la emancipación económica femenina si lo que se busca es realmente una sociedad igualitaria y feminista. Aspectos como la renta básica universal, el subsidio por cuidados o la dignificación y profesionalización de profesiones tales como las personas Técnicas en Atención a Personas en Situación de Dependencia o las Técnicas de Educación Infantil forman parte de contribuir al desarrollo de la labor de cuidados que, por una parte, mejore la situación sociolaboral de tantas mujeres y equiparen y hagan atractivos los cuidados para el sector masculino. Por otra parte es totalmente necesario combinar lo anterior con medidas que ayuden a la conciliación y la corresponsabilidad real, así como a un uso y disfrute paritario del tiempo de ocio, de ocupación y de trabajo.

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  1. Considero que lo más difícil de visibilizar es lo “no verbal” que determina los mandatos que hombres y mujeres recibimos en torno a lo femenino y masculino y los lugares diferenciados que por ende se deben ocupar, la identificación de los “aprendizajes vicarios”, señalaba Bandura, son los que determinan procesos de aprendizaje más complejos, así mismo considero que existen otros más profundos porque se instalan en lo simbólico y tienen relación con las figuras significativas de socialización, de quienes se aprende a ocupar un lugar social.

  2. Muy de acuerdo con lo planteado en la entrada, desde luego que los cuidados tienen el género que marca la cultura patriarcal en la que estamos y que las mujeres llevan viviendo históricamente desde su existencia. El género femenino es el que representa y lleva a cabo esta labor mayoritariamente, menospreciada y ninguneada, cuando sin embargo desde un punto de vista de la economía feminista, supone la base del bienestar de una sociedad y lo que sostiene la vida. El componente cultural y educativo es el que el marca sin duda que esto haya sido así durante tanto tiempo y que aún hoy siga siendo así por desgracia, reproduciéndose modelos erróneos que cargan a las mujeres con esta responsabilidad y función, amparados por la vieja idea y argumento patriarcal de que es lo natural. Me resulta especialmente interesante lo que comentas sobre el problema que supone y que refuerza este hecho y que es el ideal de mujer que se elabora desde el patriarcado, y creo incluso que hay que ir un paso más allá y darle la vuelta a lo que significa cuidar, revalorizarlo en la sociedad, creo que ahí es donde habría que incidir más, no es algo de mujeres u hombres, forma parte de la vida, y empezar a darle el valor y la estima que debe tener es el primer paso para enseñar y promover nuevos modelos en las nuevas generaciones basados en la corresponsabilidad, el cuidado de uno mismo/a, el uso eficaz del tiempo de ocio, del trabajo,…etc.


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