SER MUJER: CONCÍLIATE CONTIGO

SER MUJER: CONCILIATE CONTIGO

 NIEVES VERDUGO ALVEZ

“Corresponsabilidad, Las labores domésticas, el cuidado de las personas dependientes, la organización del hogar,… esto es una cuestión que afecta a todas las personas que conviven en la misma casa. Haced un reparto de estas tareas teniendo en cuenta los tiempos y responsabilidades de cada persona. Si en esta distribución participa todo el equipo familiar, conseguiremos una mayor implicación y responsabilidad en su realización[1]”.

 

Hablar de conciliación y corresponsabilidad es un tema de profunda actualidad. No vamos, por tanto, a entrar en cuestiones conceptuales, aunque sí exponer algunas cuestiones.

Podemos decir que la incorporación de las mujeres  al mercado laboral y la necesidad de repartir  las tareas y responsabilidades, convierte la conciliación entre la  vida personal, familiar y laboral en uno de los cimientos para el funcionamiento y la sostenibilidad  tanto de nuestras sociedades como de las  empresas. Para estas últimas, la no conciliación de las mujeres, supondría una pérdida de un porcentaje importante de  talento y por tanto que el mejor perfil no sea siempre  el criterio en base al cual efectuar la selección de  trabajadoras y trabajadores.

Y es lo que sigue pasando en las empresas, según estos datos que nos aporta la EPA[2]:

Según datos del Instituto de la Mujer, de las  personas que no buscan empleo por razones  familiares en el primer trimestre de 2012 el  95,32% son mujeres.  Según datos del tercer trimestre de la EPA hay 1.997.800 mujeres que no tienen empleo ni lo  buscan por razones familiares frente a tan sólo  130.800 hombres. A pesar de que cada vez hay más mujeres que  optan por desarrollarse en el mercado laboral,  su tasa de actividad sigue siendo muy inferior  a la de los hombres: 53,41% en el caso de las mujeres, 67,18% en el caso de los hombres (EPA III Trimestre 2012). El 74% de los contratos a jornada parcial (EPA III  Trimestre 2012) se realizan con mujeres.

Ni que decir tiene que estos datos ponen de manifiesto la desigualdad existente con respecto al tema que tratamos, y, que tiene repercusiones en las mujeres. A saber:

 No disponer de un empleo remunerado, así como estar obligadas a posponer su maternidad o renunciar a ella;  abandonar el mercado de trabajo en caso de no poder conciliarse, estancar su carrera profesional en pos de la vida familiar,  elegir contratos a tiempo parcial para compaginar el empleo con la familia, con la falta de promoción y de prestaciones sociales que eso conlleva; a todo esto, añadir la falta de  tiempo libre y la carga psicológica que supone  la culpabilidad por no poder ser la mejor madre, la mejor esposa, la mejor trabajadora, la mejor compañera, la mejor hija, que muchas mujeres padecen al haber sido educadas para ello.

 

Por todo ello, creemos que el desarrollo de políticas de conciliación es una responsabilidad no solo de las empresas, (en estas son necesarios también cambios organizativos destinados a conseguir la igualdad) sino que se necesita un cambio de mentalidad, amén de una implicación de los diferentes agentes sociales y de la ciudadanía.

BIBLIOGRAFÍA

Cordón Cañero, Mª Carmen. (2010). La igualdad, un trabajo en equipo. La  corresponsabilidad en el ámbito familiar. Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer  (IAM).

 

 

 

[1] I.A.M  (2007-2013).

[2] Datos relativos a 2012

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LAS MUJERES COMO NUEVOS BIENES COMUNES Y COMO SUSTITUTO DE LAS TIERRAS PERDIDAS

LAS MUJERES COMO NUEVOS BIENES COMUNES Y COMO SUSTITUTO DE LAS TIERRAS PERDIDAS

 

                                                                                  NIEVES VERDUGO ALVEZ

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A partir del análisis de este capítulo de la obra  Calibán y la bruja (Federici, 2004), queremos poner de manifiesto la relación existente entre las desigualdades entre mujeres y hombres -laborales, sociales- y el surgimiento del capitalismo.

 Silvia Federici, es escritora, profesora  y activista feminista estadounidense situada en el movimiento autónomo o autonomismo dentro de la tradición marxista. Es autora del conocido libro de 2004 Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, cuyo capítulo”Las mujeres como nuevos bienes comunes y como sustituto de las tierras perdidas”  pasamos a reseñar.

La autora, a lo largo de la obra, hace un estudio en el tiempo sobre la situación socio-laboral de la mujer, desde la Edad Media hasta el advenimiento del capitalismo, en el que pone de manifiesto, que, a pesar de la misoginia existente en todas las épocas, fue en los inicios del capitalismo cuando la mujer pasa a ser un “bien económico” mas, para uso del hombre.

Argumenta que tras la expulsión de la mujer de los talleres artesanos, y la constante privatización de las tierras, tras los cercamientos de tierras comunales (enclosure) a favor de los terratenientes, se for­jó una nueva división sexual del trabajo o, mejor dicho, un nuevo “contrato sexual” que “definía a las mujeres -madres, esposas, hijas, viudas- en términos que ocul­taban su condición de trabajadoras, mientras que daba a los hombres libre acceso a los cuerpos de las mujeres, a su trabajo y a los cuerpos y el trabajo de sus hijos”.(2004:147).

Por tanto, y al amparo de estas cuestiones, para los hombres de este período, las mujeres se convirtieron en el sustituto perfecto de las tierras que perdieron con los cercamientos, su medio de reproducción más básico y un bien comunal del que cualquiera podía apropiarse y usar según su voluntad, por lo que las actividades de las mujeres quedaron relegadas al concepto “no- trabajo”. Así que, el trabajo femenino pasó a ser un recurso mas, para bien y disfrute de las necesidades del hombre.

Es en esta cuestión, donde la autora recalca el fracaso histórico de la mujer, apostillando que en la devaluación del trabajo reproductivo, “la pobreza fue feminizada” y nace un nuevo orden patriarcal, que elimina a la mujer y la hace dependiente, ya que, a pesar del sometimiento ancestral femenino, antes del capitalismo las mujeres sí tenían acceso a las tierras comunales y demás bienes y en esta nueva situación “las mujeres mismas se convirtieron en bienes comunes, ya que su trabajo fue definido como un recurso natural, que quedaba fuera de la esfera de las relaciones de mercado.”

En definitiva, la autora quiere poner de relieve, desde una perspectiva marxista, -aunque crítica- la relación existente entre las desigualdades sociales y los condicionantes económicos que en diferentes etapas de la historia han marcado las pautas de las distintas formas de organización de las sociedades. Y que en estos condicionantes, la mujer siempre se ha llevado la peor parte, porque entre otras cosas, siempre ha sido un “bien a explotar”, por ello se la ha infravalorado en todas las etapas históricas.

BIBLIOGRAFÍA

Federici, Silvia (2004). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación    originaria (Caliban and the Witch: Women, the Body and Primitive Accumulation). Brooklyn, NY: Autonomedia. (edición española en la      editorial Traficantes de Sueños).

 

 

 

 

 

DESIGUALDAD LABORAL & DESIGUALDAD SOCIAL

DESIGUALDAD LABORAL & DESIGUALDAD SOCIAL

                                                                                  NIEVES VERDUGO ALVEZ

 

 Este escrito no pretende llevar a cabo un análisis profundo del tema que tratamos, obviamente por falta de espacio, por lo que nos vamos a limitar a aclarar el concepto de desigualdad laboral, en base a los estudios de las investigadoras especialistas en ello. Comenzamos, pues, este artículo definiendo previamente qué entendemos Por igualdad laboral.  No es una labor fácil precisar este concepto,  por lo que  nos restringiremos a aportar la tesis de las autoras de la investigación sobre Las desigualdades salariales entre hombres y mujeres: Sallé y Molpeceres, (2010) y que ellas aplican exclusivamente a la desigualdad salarial:

“El concepto de desigualdad (laboral) entre mujeres y hombres (…) alude a la distancia que separa a unos y otros en los diversos aspectos que caracterizan al mercado de trabajo. La discriminación (laboral) entre hombres y mujeres sería la parte de esa diferencia que no se puede justificar por una distinta aportación de valor en el desempeño de un trabajo y que solo puede ser explicada en función del sexo de la persona que lo realiza. (…) La discriminación laboral indirecta se refiere a la desigualdad laboral que no es efecto de un factor de discriminación en sí mismo, pero sí consecuencia de las diferencias en el empleo entre hombres y mujeres” (Sallé y Molpeceres, 2010: 20).

Así pues, detrás de la propia definición del concepto se encuentra una referencia a la construcción de un orden ecuánime de relaciones entre los sexos, y, por tanto,  La igualdad entre hombres mujeres aparece como un componente fundamental de la justicia.

Estas autoras intentan poner de manifiesto que   La “razón de ser” de las desigualdades laborales de género no se hallarían, en las reglas de funcionamiento independiente del mercado de trabajo ni serían el resultado del comportamiento racional y calculador de las empresas y/o de los demandantes de empleo sino en la articulación entre las diferentes posiciones que hombres y mujeres ocupan en el mundo del trabajo de mercado y las que ocupan o ejercen, en condiciones desiguales, en el ámbito de las relaciones domésticas.

TABLA 3.    Porcentaje de participación en el trabajo profesional o doméstico según situaciones contractuales y duración media diaria (DMD) dedicada a ambos por parte de mujeres y varones

SITUACIONESLABORALES

CONTRACTUALE                                                 TRABAJOREMUNERADO                      TRABAJODOMÉSTICO

 

                                                               Varones                   Mujeres                   Varones                   Mujeres

 

 

%

DMD

%

DMD

%

DMD

%

DMD

Ocupados (asalar.)

68,5

8:13

67,7

6:54

77,1

2:25

93,5

3:45

OcupadosaTC

70,9

8:26

68,7

7:36

74,8

2:21

92,1

3:32

OcupadosaTP

69,4

5:52

71,1

4:47

69,2

2:34

97,2

4:31

Contratosindef.

68,7

8:14

65,4

6:58

79,2

2:26

94,6

3:49

Contratostemp.

68,0

8:8

73,3

6:45

69,7

2:22

90,9

3:34

%:porcentajedeparticipación,queserefierealaparticipaciónenlarealizacióndeunouotrotipodetrabajoporpartedequienes sehallanencadaunadelasdiversassituacioneslaborales.«Trabajodoméstico»:tiempodelasactividadesqueenlosresultadospublicadosporelINEseincluyenenelepígrafe«Hogaryfamilia».DMD:tiempodededicacióndiariomedidoenhorasyminutoseneltranscursodeldíaenqueserealizanlasactividades.

Fuente:INE.EncuestadeEmpleodelTiempo2009/2010.(PRIETO y PÉREZ de GUZMÁN, 2013).

 

Así que, en definitiva, las desigualdades serían el resultado de la unión del capitalismo de las empresas, que exigen disponibilidad máxima a los trabajadores, y las relaciones asimétricas de género, implantadas en el orden social, y cuyo máximo ejemplo lo tenemos en el ámbito doméstico, en el que queda patente la desigualdad del tiempo ocupado entre hombres y mujeres al trabajo doméstico y al profesional, donde la menor dedicación temporal de las mujeres al trabajo profesional en comparación con la de los varones aparece relacionada con su mayor dedicación al trabajo doméstico.

 

BIBLIOGRAFÍA

Prieto, Carlos y Pérez de Guzmán, Sofía. (2013). “Desigualdades laborales de género,    disponibilidad temporal y normatividad social”. Reis. Rev.Esp.Investig.Sociol.            Madrid: Centro de Investigaciones sociológicas.

Sallé, Mª Ángeles y Laura Molpeceres (coords.) (2010): La brecha salarial: realidades    y desafíos. Las desigualdades salariales entre mujeres y hombres. España 2009,   Madrid: Ministerio de Igualdad, Col. Economía, Mujer, Empresa.