POLITICAS PÚBLICAS DE EQUIDAD, OTRA GEOGRAFÍA

POLITICAS PÚBLICAS DE EQUIDAD, OTRA GEOGRAFÍA1

 En Bogotá, capital de Colombia, en el 2003 se aprobó en Plan de Igualdad de Oportunidades para la Equidad de Género en el Distrito Capital (2004-2016). Esa política pública se basó a partir de la necesidad de garantizar seis derechos básicos a las mujeres de la ciudad. Antes de adentrarme en una explicación más detallada de dicho plan, me gustaría señalar que su publicación estuvo fuertemente respaldada por el alcalde de la capital, en ese entonces, Luis Eduardo Garzón, candidato del Polo Democrático, el cual, a grandes rasgos, es el partido de la izquierda en Colombia. Con esto no quiero invisibilizar el trabajo de muchas mujeres de la administración pública,mujeres académicas y mujeres de las organizaciones de base quienes trabajaron arduamente en la formulación de éste.

Los seis derechos que se querían garantizar en este plan de igualdad consistían en:

  • Derecho a una vida libre de violencias.

  • Derecho a la participación y la representación de las mujeres.

  • Derecho al trabajo en condiciones de igualdad y dignidad.

  • Derecho a la salud plena.

  • Derecho a la educación con equidad

  • Derecho a una cultura libre de sexismos.

En el 2007, después de un ejercicio colectivo, muchas mujeres de varias organizaciones de base, demandaron un derecho más:

  • Derecho a un hábitat digno y seguro para las mujeres.

cada derecho, a su vez, estuvo respaldado por varios objetivos, que se concretarían a través de un conjunto de acciones. La estrategia de funcionamiento del PIO, como se le comenzó a llamar, fue la priorización de un conjunto de sus acciones, asignadas a cada uno de los sectores en los que se divide la Administración Pública2, trece en total. Estas acciones tendrían un periodo de cuatro años para ser desarrolladas (2004-2008, 2008-2012, 2012-2016), de modo que al final de cada periodo se cambian las acciones a priorizar.

 La propuesta fue recibida por algunos sectores con entusiasmo y por otros con mucha resistencia como era de esperarse, para garantizar el carácter transversal de la política, se creó una oficina denominada la “oficina de género” en algunos de los sectores. La función de estas oficinas, en algunos casos era muy confusa, pero se aseguraban de que existiera, se pudiera mostrar, y por supuesto,fuera una mujer su encargada.

 Lejos de descalificar esta dinámica, lo que me interesa señalar es que esta exigencia resultaba para muchos y muchas, confusa, carente de sentido y sin ningún fundamento. Lo cierto, es que muchas mujeres y muchas personas comenzaron a ponerle sentido a cada una de las acciones y a concretar realidades alrededor de éstas. Se crearon diez espacios llamados Casas de Igualdad de Oportunidades, dentro de las cuales se presta asesoría jurídica a las mujeres, asesoría psicológica y se socializan todas las leyes, muchas veces “muertas”, que conforman el conjunto de las leyes de igualdad en el país.

 Este Plan de Igualdad además se aseguró, de que al menos en el discurso, se contemplara la diversidad constitutiva de las mujeres habitantes del Distrito Capital. Por ello, el objetivo general del Plan consiste en: “Avanzar en el reconocimiento, garantía y restitución de los derechos humanos de las mujeres, de todas las edades, culturas, orientaciones sexuales, condiciones étnico-raciales, situaciones socioeconómicas vulnerables o de desplazamiento y capacidades motoras, visuales, auditivas, psicológicas o cognitivas diferentes, para alcanzar la igualdad de oportunidades y la equidad de género, a través de la incorporación de acciones afirmativas en las políticas, planes,

programas y proyectos del Distrito Capital”.

 Lejana, en este momento, de la realidad de Bogotá, quise comentar  el nacimiento de una de las primeras acciones reales y de reconocimiento por lo menos a nivel distrital, del compromiso que se adquirió frente a una sociedad, que hasta entonces se había constituido sin conciencia de las múltiples desigualdades, entre ellas, la desigualdad de género.

Desafortunadamente, la implementación de la Política Pública en la ciudad se acerca a territorios comunes: reducción del presupuesto, fragmentación de los equipos de trabajo, menor socialización y formación con respecto a las legislaciones de igualdad en el país. Sin embargo, el esfuerzo tuvo eco en otras ciudades de Colombia, donde se trata de asegurar espacios que se acerquen a las demandas de las mujeres, aunque también exista la sospecha y el descontento de varios sectores oficiales de esos lugares.

Sabemos que no es suficiente la implementación de leyes para avanzar hacia la equidad de género en la sociedad, también sabemos que siempre que se avanza en algún ámbito, las brechas se abren en otros y que, a veces, se vuelven más sutiles.

Lo cierto, es que esta experiencia en una ciudad que está conformada por aproximadamente ocho millones de personas, avanza y retrocede, pero trata de mantenerse por el compromiso de muchas mujeres que han apostado por la construcción de una sociedad sensible a las diferencias y a las desigualdades que se derivan de ésta. Las personas que trabajan con el plan de igualdad tienen la firme convicción de posicionarse hasta el 2016, para que no responda sólo al empujón de una voluntad política en singular.

1Este texto, no prentende hacer un recorrido por la historia de las pplíticas de Igualdad en Colombia. Sólo intenta describir una experiencia puntual, en la ciudad más importante del país, por ser la capital. El plan de igualdad de oportunidades para las mujeres se puede consultar en su totalidad en http://www.bogota.gov.co/portel/libreria/pdf/plandeigualdaddeoportunidades.pdf

2Los sectores que conforman la Administración Pública en Bogotá son: salud, educación, integración social, cultura, gobierno, hacienda, movilidad, ambiente, tránsito y transporte , hábitat, planeación.

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MUJERES DE LA ABUNDANCIA.

En el 2007 mi querida amiga y colega Juana Valentina Nieto Moreno, escribió su tesis para optar por el grado de Máster en Estudios amazónicos, bajo el mismo nombre que encabeza este escrito.

 Ella, como el grupo de nuestras amigas antropólogas con quienes compartíamos la “angustia existencial” por entender un poco más sobre la experiencia de ser mujeres, el género y otras formas de desigualdad, quiso documentar la experiencia de mujeres en otra sociedad, sociedades, que desde nuestra formación académica, se habían catalogado como no occidentales.

Así, optando por un período de prácticas en la Universidad Nacional de Colombia, sede Leticia, viajó en el 2005 a la Amazonía colombiana y comenzó su trabajo de campo.

 No puedo detenerme a ubicar con todas las exactitudes geográficas e históricas el grupo de mujeres con quienes trabajó, ello excedería mi propósito. Rápidamente, puedo señalar que lo hizo con un grupo de mujeres y cuatros familias extensas que compartían algún grado de consaguineidad y por lo tanto emparentadas entre sí, quienes en ese entonces vivían en un lugar llamado Kilómetro 11, cerca a Leticia y que hacen parte de la comunidad indígena uitoto. En el cuadro de parentesco que aparece en el documento, se registran alrededor de 65 personas.

Poco a poco, a través de sus correos electrónicos y los encuentros virtuales que manteníamos Valen empezó a exponer sus ideas y el conocimiento que iba interiorizando frente a la gran pregunta. Una de sus primeras afirmaciones fue: “estoy cansada de trabajar, creo que nunca antes había trabajado tanto”. Claro ella se dedicó a acompañar la labor de la mujeres por  excelencia en la comunidad: su trabajo de campo se centró en las labores de la chagra, espacio donde las mujeres cultivan los productos que hacen parte de la dieta básica de ellas y sus familias.

De las primeras precisiones conceptuales que debo hacer, es que la manutención de la chagra es un trabajo casi en su totalidad femenino, son ellas quienes limpian y montan en la zona la siembra y quienes ademas se encargan de recoger, esto con la ayuda de la descendencia y algunos hombres. En este lugar, se siembran algunas plantas aromáticas, tubérculos, como la yuca o mandioca y árboles frutales. La tierra para la chagra, puede ser heredada vía materno o paterno filial, por las alianzas o por medio de préstamos de parientes amigas o uno que otro hombre soltero sin descendencia que tiene terrenos, pero no quien las trabaje.

Muchas de las tierras para las chagras quedan en lugares distante de las casas o malocas. Valentina relata que hay terrenos de 1 a 2 horas de camino que por quedar tan lejos no se han convertido en chagras. Esta precisón es importante ya que el ser dueña de un terreno no necesariamente hace que la mujer tenga una chagra y que una mujer que tenga chagra sea la dueña de un territorio.

En este punto me detengo, pues es este uno de los fenómenos que dinamiza las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres utitotos. En ese sentido, aunque como ya señalé, no todas las mujeres sean las dueñas de las tierras, son las dueñas del poder que les da el conocimiento y el trabajo en una o más chagras. Ya que es por este que se garantiza la alimentación básica para sus descendientes, cónyugues e incluso las madres y los padres de ellas.

¿…. y el género y la economía ?

En Colombia, como en la mayoría de lugares donde se hicieron trabajos de corte etnográfico, tal cual lo señalara Henrieta Moore, la producción documental, hecha por hombres en su mayoría, ignoró el papel de las mujeres. Una de las explicaciones para que así fuera tuvo que ver con que esas sociedades no occidentales estaban organizadas por grupos de parentesco y/o clanes, casi siempre liderados o encabezados por hombres. Por ello, no resulta extraño, las mujeres aparecían invisibilizadas, “relegadas” a los ámbitos domésticos y del cuidado.

Sin embargo, lo que entendimos con la tesis de Valen, es que más allá de los grupos de parentesco y clánicos que serían los que vendrían a organizar la vida social en esta comunidad, los grupos que son más funcionales son los de esas mujeres, y aunque se vieran como más informales también organizan la vida social, económica y productiva, del grupo.

 Si bien, todas las mujeres de la comunidad son parientes en algún grado, generalmente se organizan entre las que más cercanas no sólo para el trabajo en la chagra, sino también para otro tipo e trabajos que generan ingresos económicos. Aquí, aparecen actividades que son también lideradas por las mujeres, que aprovechan otro tipo de capacidades y de su gusto por otros quehaceres que van desde la fabricación de artesanías, tejidos y algunas vinculadas al trabajo asalariado, como ayudantes en las escuelas y trabajadoras del servicio doméstico en ciudades como Bogotá y Medellín, por citar algunas.

Las actividades que se realizan en la zona, la artesanía y el tejido, también son una práctica que convoca a un grupo de mujeres y es un espacio que se constituye como de intercambio de saberes generacionales y una socialización para las mas pequeñas que van aprendiendo sobre sus posibles labores futuras. Hay una división del trabajo entre ellas mismas ya que las competencias de cada una son diferentes, el asunto central es que todas salen ganando.

Quiero señalar que mi idea no es hacer una apología de las mujeres del once, pues como en todo grupo humano hay tensiones y rivalidades. Lo que me interesa es mostrar, cómo esta idea de ser mujer se narra a través de la fuerza, del aguante, del trabajo en sí que genera abundancia como constitutivo de su ser, así crecen, así viven, así crían a sus hijas. El hecho de que no falten los alimentos no sólo para su casa sino para sus parientes, que se pueda compartir en otros eventos de la comunidad como las mingas, es la verdadera prueba de autoridad. Para ellas la distribución es la que genera la autoridad, de ahí que las uitoto se las ingenian para obtener ingresos de todas sus actividades.

Tal como lo afirma el marido de una de las mujeres que entrevistó Valentina y que registró en su diario de campo:

Estamos conversando Walter, Kasia y yo, cuando llega a la puerta una señora a vender miel. Mientras Kasia se va a atender a la señora Walter me dice en voz baja:-Ella [Kasia] es mi banca, a mí de vez en cuando que me sale trabajo, pero ella con sus mochilas…A ella es que me toca pedirle prestado plata”.

Con esta reflexion me gustaría haber mostrado, una de las miles de experiencias de la experiencia de ser mujeres, en cierto contexto geográfico, en cierto momento histórico, no por ello quiero idealizar ni generalizar dentro de ellas mismas este hecho. Sólo señalar que no se puede establecer un único modelo posible e ideal de serlo, ni para ellas, ni para nosotras. De ahí la importancia de abordar esta diversidad, estudiarla, comprenderla, compartirla, visibilizarla con la plena convicción, de que otros mundos son posibles…

 Monica sembrando fuego