Un paso en el camino hacia la igualdad. Políticas de igualdad.

Con el paso de los años la presencia femenina se fue incorporando progresivamente al mercado laboral, en el cual se sufren gravemente los síntomas de una desigualdad entre mujeres y hombres.

La figura femenina ante los ojos de la sociedad es invisible y está muy desvalorada en todos los ámbitos de la vida. Si nos centramos en el mundo laboral la mujer es una simple pieza en las empresas, no está valorado su trabajo ni la capacidad que le permite desarrollarlo adecuadamente.

Las mujeres soportan muchas calamidades para superarse en un mundo de “hombres”, un mundo en el cual tienen que estar al 100% y renunciar a muchas cosas personales para poder ir avanzando en su carrera profesional y poder ser reconocidas por su esfuerzo.

Por tanto, se necesita la aplicación de medidas legales para paliar el gran problema de la desigualdad existentes entre mujeres y hombres, unas medidas que muestren al mundo una visión equitativa de las aportaciones, los esfuerzos y las demandas de las mujeres ante una desigualdad que se hace visible día a día y que cada vez más personas son consciente de la situación.

Con una igualdad real entre mujeres y hombres  conseguiríamos romper  con el sistema sexo/género, puesto que es el primer motivo que provoca duchas diferencias. La ruptura de este sistema   nos llevaría a una serie de aportaciones significativas para nuestras vidas cotidianas, además de ser un gratificante para la economía.

Es cierto que las mujeres han estado presentes de alguna manera en las estrategias y políticas de desarrollo, aun cuando hasta hace muy poco tiempo esa presencia era apenas apreciable, muy opaca y hasta irreal. Esta invisibilidad femenina ha acarreado muchas dificultades para la mujer tanto personal como profesionalmente, por ello es necesario crear  políticas de igualdad.

En España contamos con la Ley Orgánica 3/2007, de 22 marzo, en ella se trabaja a través de acciones positivas incorporando la transversalidad de género. Para hacer referencia a alguno de sus artículos, podemos hablar, por ejemplo del art. 45 nos dice que para una igualdad efectiva entre mujeres y hombres se establece que las empresas están obligadas a respetar la igualdad de trato y de oportunidades en el ámbito laboral.

En el art. 46 de dicha ley establece un plan de igualdad que busque como objetivo la ejecución de la medida establecida en el art. 45 de la ley anteriormente mencionada.

Gracias a la elaboración de políticas de igualdad, siempre y cuando se lleven a la práctica, se podrá combatir  las desigualdades de género en el mercado laboral. Son y serán un pequeño pasen el gran camino que se lleva recorrido y que todavía, por desgracia, queda por recorrer con el objetivo de llegar a una igualdad real entre mujeres y hombres.

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Desigualdades de género en el mercado laboral

Con el paso del tiempo las mujeres han cambiado su percepción de sus propios roles como madres y como trabajadoras y se han incorporado al trabajo asalariado en busca de una valoración social y una independencia económica. Sin embargo, en el conjunto de la sociedad no se ha producido una transformación similar, puesto que el mercado laboral sigue estructurado de acuerdo a la pauta masculina de trabajo.

En estudios realizados sobre desigualdades de género en el mercado laboral podemos ver, a simple vista, algunos indicadores de discriminación por género, como por ejemplo son: el reparto del trabajo y responsabilidades: trabajo productivo – trabajo reproductivo, tasas de paro: el desempleo femenino sigue siendo superior al masculino, la segregación del mercado de trabajo: se observa una fuerte segregación tanto vertical como horizontal, las diferencias salariales, etc. Las consecuencias de estas diferencias laborales se manifiestan a todos los niveles, quedando siempre las mujeres en una situación de desventaja.

Se pueden diferenciar tres factores como muestra de las diferencias de género en el trabajo: la asignación de tareas basada en el sexo de los trabajadores, devaluación de la mujer y de su trabajo que desencadena un diferencial de salarios y la construcción del género en el trabajo por parte de empresarios y trabajadores.

A pesar de que las mujeres representan la mitad de la población mundial y realizan dos tercios del trabajo, reciben solamente una décima parte del total del salario.

Actualmente se sigue observando que la segregación jerárquica todavía es muy fuerte y que las mujeres ocupan generalmente los puestos de trabajo de los niveles inferiores y los trabajos peor remunerados en la mayoría de las organizaciones. Sin embargo, si hablamos a nivel organizacional, hombres y mujeres pueden trabajar en ocupaciones muy segregadas, aunque si pueden trabajar juntos en lugares de trabajo integrados.

Por tanto, las mujeres tienen que defender su derecho al trabajo remunerado en los sectores privado y público, su derecho a mejores condiciones de trabajo remunerado y su derecho a modos más equitativos de compartir y apoyar el trabajo de cuidado no remunerado.

La mujer, un papel diferente en la economía.

El papel de la mujer en la economía es muy débil, ya que no se valoran las funciones de la mujer respecto al  trabajo remunerado o al trabajo no remunerado.

Si hablamos de trabajo no remunerado las mujeres aportan grandes cantidades de este tipo de  trabajo, puesto que dedica mucho tiempo a las tareas del hogar, cuidado de los/las hijos/as, otros familiares, etc. las mujeres se dedican a trabajar dentro y fuera de la casa y ellas solas han organizado todo su tiempo para poder cumplir todas las funciones que se le han otorgado por el simple hacho de ser mujer,  de esta forma también aportan a la economía, aunque sea de una manera in-visibilizada y no contabilizada.

Para este caso, mencionar la metáfora del icerberg, la parte que aparece sobre el agua,  representa el capital y el trabajo asalariado, y, otra parte, bajo el nivel del agua, invisible, representa el trabajo doméstico gratuito de las mujeres. Esta metáfora explica perfectamente la visión del papel femenino en la economía, porque respecto a la mujer el trabajo de reproducción de la capacidad de trabajo como madre o esposa no esta valorado, directamente, ante los ojos de las personas, no se considera como trabajo.

Por otro lado,  la imagen de la mujer en el trabajo remunerado lucha ante mil dificultades para que se valore su capacidad ante dicho trabajo, sea la profesión que sea. Su gran impedimento es el conocido como techo de cristal, este termino explica muy bien como la mujer tiene una gran limitación para avanzar en sus carreras profesionales, puesto que siguen habiendo diferencias notables en cuanto a las horas de trabajo remuneradas, las condiciones de trabajo y en la participación a tiempo parcial, etc. a las mujeres no se nos valora el esfuerzo tanto como a los hombres y tampoco se nos deja acceder a los cargos de alta responsabilidad, nos ponen una gran dificultad para alcanzar por ejemplo la gerencia o presidencia.  Por tanto, es difícil de sobrepasar este obstáculo pero no imposible, para ello se lucha día tras día, con el objetivo de  que se reconozcan las mismas oportunidades para hombres y mujeres en el ámbito laboral y muchos más campos de la vida.

Para lograr la igualdad de oportunidades entre  mujeres y  hombres, la cual tendría una gran repercusión en la economía, se requieren un conjunto integrado de políticas que promuevan y apoyen el empleo femenino para que las mujeres puedan desarrollar plenamente su potencial en el mercado de trabajo, y puedan optar a los mismos puestos y cargos que los hombres.

Una frase de Sandra Quintela dice así ” A partir del análisis, sabemos que todo recae en la vida cotidiana, Es en la vida cotidiana que las cosas cambian. Hoy y ahora.” Con ella me gustaría visibilizar que los cambios se hacen día a día, paso a paso y desde el terreno de la vida diaria, teniendo de base una educación no sexista e inculcando los valores de la igualdad entre mujeres y hombres.