El engaño de la conciliación

En la actualidad, las mujeres y hombres que han elegido asumir la responsabilidad de alternar la vida familiar con la laboral no lo están teniendo fácil. Las jornadas interminables de trabajo, los turnos y horarios de las empresas, los servicios deficientes para el cuidado de las personas dependientes, entre otros, son motivos importantes para que esa realidad laboral entre en grave conflicto con la conciliación.

Los datos revelan, a pesar de todo, que las mujeres siguen siendo quienes mayoritariamente asumen las tareas domésticas y de cuidado de los hijos/as y personas dependientes del entorno familiar.

Según datos del Instituto de la Mujer, en 2014 de las 31.435 excedencias cogidas por hijos/as ese año, 29.554 fueron pedidas por las mujeres, y sólo 1.881 fueron solicitadas por los hombres.

Actualmente, el permiso de maternidad en España es de 16 semanas (cuatro meses) y el de paternidad de 15 días (2 semanas). La baja maternal se encuentra entre las menores de Europa, además de estar muy alejada del permiso medio de la UE27 (algo más de seis meses). Habría también que destacar aquí, que debido a la falta de facilidades que en España las familias encuentran para conciliar la vida laboral con la familiar, está afectándose la cantidad de hijos/as que se desean tener.

Los estudios arrojan más datos. Según la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010, las mujeres dedican una media de 4 horas y 7 minutos a las tareas vinculadas con el hogar y los cuidados, mientras que los hombres destinan 1 hora y 54 minutos. Con el tiempo se han ido estrechando tales diferencias, pero como podemos comprobar, aún existe un desajuste significativo. Las mujeres son también las que menos tiempo tienen para las actividades de tiempo libre como es de esperar.

Estos resultados pudieran explicar los motivos por los que muchas mujeres deciden no buscar trabajo y quedarse en el hogar. Al finalizar el año 2013, 1.744.000 mujeres tomaron esta decisión, frente a 96.000 varones.

Por otro lado, la poca flexibilidad horaria de los trabajos, para poderlos conciliar con la vida familiar y personal, es aún insuficiente en Europa, algo que caracteriza a España,

uno de los países de la UE donde más difícil resulta esta conciliación, según el Informe de la Evolución de la Familia Europea en 2014.

Las políticas europeas que se han afanado en promover iniciativas que posibiliten la conciliación parecen ser también escasas, ejemplos como la Recomendación del Consejo Europeo (92/271/CEE) o la Cumbre de Barcelona, fijan objetivos específicos relativos al cuidado de los hijos/as.

O, como la normativa nacional para facilitar la Conciliación-Corresponsabilidad, fundamentada a partir de dos leyes, la Ley 39/1999 de 5 de noviembre para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras; y la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres.

De todo esto, se desprende, como hemos podido comprobar a través de las estadísticas, que seguimos necesitando nuevas medidas y políticas más eficientes y eficaces para el fomento de la Conciliación y Corresponsabilidad, dado que el escenario sigue reflejando desigualdades importantes con respecto al uso del tiempo familiar y laboral entre hombres y mujeres. No necesitamos más parches bienintencionados, que al fin y al cabo van dirigidos a darle algo de oxígeno a las mujeres para no terminarlas de ahogar, y después de este panorama, no es de extrañar que, volviendo al titular de la presentación, la conciliación sea un engaño para todos/as.

Anuncios

Desigualdades de Género: Brecha salarial

La diferencia salarial entre hombres y mujeres, también conocida como brecha salarial de género, es un reflejo de la discriminación y las desigualdades en el mercado laboral que afectan principalmente a las mujeres. Sus causas son complejas y están relacionadas entre sí. La Encuesta de Estructura Nacional que ha publicado el INE en junio del 2016 cifra en 13,3% la brecha salarial entre mujeres y hombres, eso sí, teniendo en cuenta la ganancia por hora, sin tener en cuenta otros pluses y remuneraciones extra que aumentaría sensiblemente la desigualdad.

Podríamos destacar entre esas causas:

Diferencias en el mercado laboral: segregación sexual

Los sectores que, tradicionalmente, han estado ocupados por mujeres suelen ser los que ofrecen salarios más bajos, condiciones más precarias y más problemas de conciliación laboral que aquellos donde predominan los hombres. Por ejemplo, como el sector sanitario, servicios y educación.

El hecho de que las mujeres soporten el peso del trabajo no remunerado del hogar y cuidado de los hijos/as hace que se vean obligadas, muchas de ellas, a escoger trabajos a tiempo parcial y de pocas horas, repercutiendo en sus bases de cotización y pensiones de manera negativa.

La escasa presencia de mujeres en puestos de responsabilidad y toma de decisiones

En 2013, las mujeres constituyeron solo el 17,8% de los miembros de las juntas directivas de las mayores empresas que cotizan en bolsa en el territorio de la UE, ocupando únicamente el 4,8% de los puestos de dirección de dichas juntas. Esta baja representación se repite en los ámbitos de la política y la economía.

Tradiciones y roles de género

Los estereotipos y roles de género han marcado durante siglos el papel que las mujeres y hombres ocupan y deben representar en nuestra sociedad. Y siguen haciéndolo en la actualidad en la forma de, por ejemplo, elegir la carrera profesional o los procesos de selección de algunas empresas. Los valores tradicionales siguen influyendo en las tareas que se creen propias de una mujer o de un hombre. Por lo que podemos encontrarnos todavía con sectores o carreras feminizadas o predominantemente masculinas.

Acabar con la brecha salarial es una meta que se ha propuesto la UE desde hace mucho tiempo. Su compromiso parte de la firma del Tratado de Roma en 1957, y a día de hoy es uno de los objetivos prioritarios para la Estrategia Europa 2020, la estrategia de crecimiento de la UE para esta década. A pesar de los esfuerzo que ésta pueda llevar a cabo, posiblemente la solución a la brecha salarial entre hombres y mujeres se encuentre fundamentalmente en manos de los gobiernos nacionales y de los interlocutores sociales, en su compromiso y adopción de medidas para erradicarla. Aunque en España se ha recorrido un pequeño camino en este sentido, fruto de la aprobación de distintos planes de gobierno y medidas, como el I y II Plan de Igualdad entre mujeres  hombres para la AGE y sus organismos públicos; o el Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades 2014-16, en donde incluyen como uno de los objetivos a conseguir para alcanzar la Igualdad efectiva entre hombres y mujeres, combatir las diferencias salariales de género, todavía aparecen en las estadísticas datos que se quedan lejos de alcanzar esa realidad a corto plazo.

Crisis del Estado de Bienestar con perspectiva de género

…el Estado de bienestar quizás ha sido la mayor aportación de la civilización europea al mundo y sería muy triste si la misma Europa lo perdiera

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998

“El modelo de Estado que realiza una redistribución de la renta con el objeto de garantizar la Igualdad de oportunidades y la extensión de los derechos sociales a toda la población, desarrollando políticas asistenciales reconocidas como derechos (…)”

Definición de: García Cotarelo, Mishra y Rodríguez Cabrero, 1989

A lo largo de estos años de la crisis económica mundial hemos sido protagonistas de un sin fin de medidas económicas austeras y recortes en los presupuestos públicos derivados de la misma, los cuáles han tenido consecuencias sangrantes en las bases de nuestros Estados de Bienestar Social. En nuestro país, el envejecimiento de la población, las altas tasas de desempleo, la reducción del gasto público en educación, salud y políticas para fomentar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres (conciliación y corresponsabilidad laboral y familiar, ayudas a la dependencia, guarderías, centros e infraestructuras para las personas dependientes, permisos de maternidad y paternidad, jornadas laborales flexibles…). Recortes en derechos sociales, en general, que han provocado que muchas de las familias españolas, hoy en día, se encuentren en situación de riesgo de exclusión social.

Desde hace décadas los economistas vienen advirtiendo de la dificultad de sostener un sistema socioeconómico tan caro, cuando otras voces se están alzando, en la actualidad, proclamando un cambio indispensable para garantizar las prestaciones sociales de una población que se está viendo muy afectada por la crisis.

Como en todo, dependerá del punto de visto con el que se mire. Aunque no creo que quepa la menor duda de que, es fundamental mantener el Estado de Bienestar Social y adaptarlo a los nuevos cambios que las nuevas circunstancias nos están requiriendo, sobre todo cuando se están dando pasos atrás en políticas que fomenten la Igualdad de Oportunidades, y las mujeres, como siempre, son de las principales afectadas en esta crisis.

Ya desde sus orígenes, el Estado de Bienestar, se construiría a partir de un modelo de ciudadanía basado en el concepto de trabajador- proveedor varón, siendo éste su máximo destinatario, con responsabilidades como “cabeza de familia” y con una esposa económicamente dependiente, encargada de las necesidades cotidianas y cuidadora de su hogar y prole. Con lo que para la construcción y mantenimiento de dicho Estado se configura esencial esa división sexual del trabajo (la mujer ocupará el espacio privado-reproductivo mientras que el varón el público-productivo) y la opresión de género (por etnia y clase) dada la posición de desventaja social en la que la mujer ha estado tradicionalmente. Todas ellas características del Estado de Bienestar Patriarcal, según Pateman, 2000.

Según dicho autor, “las políticas del estado de bienestar han asegurado, de diversos modos, que las esposas/mujeres provean de los servicios de bienestar en forma gratuita, disfrazados como parte de su responsabilidad en la esfera privada”. De esta idea se desprende, que el estado utilice y se aproveche del papel que ejercen muchas mujeres de trabajo reproductivo no remunerado, haciéndolas responsables aún de dicho papel.

Sí es cierto que, las mujeres han sido las principales beneficiarias del Estado de Bienestar, pero en la medida que por las desigualdades sociolaborales y situaciones de discriminación, que aún se producen en muchos ámbitos de la sociedad y que se han agravado con la crisis económica, las han situado siempre en situaciones desfavorecedoras y de precariedad, hasta situaciones extremas de riesgo de exclusión social. Además se están reforzando, con esto, los roles y responsabilidades familiares tradicionales asignados a las mujeres.

Desde luego, la vida humana y la actividad económica como parte de ella, no serían posibles sin el trabajo reproductivo no remunerado. Sin embargo, la dirección que está tomando la sociedad occidental es la de una sociedad más preocupada por mantener como epicentro los mercados que esta actividad vital humana. Mientras que la responsabilidad del bienestar social recae en manos del trabajo gratuito, invisible y no productivo en esos mercados.

En cualquier caso, esta situación será cada vez más insostenible con los cambios que se están dando en la sociedad, los recursos se agotan, las personas se cansan de vivir así. Por lo que quizás, y antes de que sea demasiado tarde, haya que replantearse la propia idea que se tiene del Estado de Bienestar, y dado que la mujer ocupa un papel tan importante para el sostenimiento del mismo, incorporar su visión en la economía y en la idea de sociedad. Darle un puesto más activo en la toma de decisiones, e incorporar en los presupuestos y políticas fiscales la perspectiva de género, para con todo ello, dar pasitos hacia delante y no hacia atrás en nuestros Estados de Bienestar.