Iguales e Intransferibles

Plataforma por Permisos iguales e intransferibles de Nacimiento y Adopción – PPiiNA- 

          La Plataforma por Permisos iguales e intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA), nace en el año 2005 con el propósito de alcanzar un cambio legislativo que traiga una sociedad más justa e igualitaria. Una sociedad en la que se compartan de forma más equitativa los espacios laborales y los espacios del cuidado, de forma que las mujeres puedan crecer en condiciones de igualdad en el mercado laboral y los varones puedan hacerlo en el mundo de los cuidados, ambos a través del juego necesario de la corresponsabilidad.
descargaConstituida como una plataforma independiente de los partidos políticos, se integra por más de un centenar de asociaciones, organizaciones y personas provenientes de diferentes ópticas profesionales e individuales. A lo largo de su existencia, más de una década, ha ido sumando los apoyos del mundo académico, del mundo del periodismo y de otros sectores, así como de movimientos asociativos y sociales y por supuesto del movimiento feminista.

Historia de su proposición
Desde hace seis años la PPiiNA mantiene contactos con todos los grupos parlamentarios para que asuman su planteamiento como parte de los trabajos legislativos. Finalmente el grupo Unidos Podemos-En Común Podem-En Marea saca a debate público la propuesta de la Plataforma, primero como proposición no de ley en octubre de 2016 , que obtuvo el apoyo de 173 escaños y después, en enero de este año, como proposición de ley (PL 122/56). Por su parte, el Gobierno, bajo el argumento tan repetido del sobrecoste económico, se abstuvo en la primera votación y el pasado ocho de marzo, el día de la mujer,  emite informe de no conformidad en la tramitación de la iniciativa.
A pesar del revés, el trece de marzo, se registra por el mismo grupo un nuevo texto (PL 122/000087), otra proposición de ley que en la actualidad se encuentra a la espera de la contestación del ejecutivo. Y en eso estamos.

Otras propuestas
Advierte la PPiiNA de la letra pequeña de ciertas posturas, como la de Ciudadanos desde la voz del Congreso o la de FEDEA, desde la voz y el valor social que otorgan los estudios científicos. Ambos son partidarios de permisos mixtos, con una “equiparación de permisos” intransferibles de ocho semanas para cada progenitor por una parte, y por otra, con una “distribución dentro de la pareja” de diez semanas transferibles.
FEDEA, en una crítica a la propuesta de la PPiiNA por considerarla ideal o utópica, se alinea con Ciudadanos, añadiendo incentivos para que los varones soliciten la parte del permiso transferible. Sin embargo, la experiencia nos dice que en la mayoría de los casos la carga de ese cuidado transferible tiene  nombre de mujer.

La trampa del permiso transferible
Detrás de esa falsa igualdad se esconden mentalidades neosexistas, que no son sino nuevas estrategias patriarcales maquilladas de igualitarias. Por eso la PPiiNA, consciente de estas trampas para la liberación de las mujeres, no renuncia a seguir reclamando permisos iguales e intransferibles y pagados al 100%, con un calendario de implantación gradual que se acomode a las cuentas públicas. Subraya que con esta medida, propia de una democracia avanzada, no sólo sumamos igualdad, tanto en lo laboral como en los cuidados, sino que se trabaja en la erosión de los estereotipos y los roles de género.

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¿Mujeres inactivas?

   El pasado ocho de febrero aparece en el Diario Público una noticia con el siguiente titular: “El machismo oculto tras los datos de la EPA”. Resulta que las estudiantes del máster de Género de la Universidad Complutense de Madrid han elaborado un documento dirigido al INE en el que se denuncia el sesgo de género de la EPA y se propone una clasificación alternativa, la de profesora de Teoría Sociológica de la Universitat Autónoma de Barcelona y doctora en Economía María Jesús Izquierdo: "El poder de los hombres es generado por el trabajo de las mujeres" . María Jesús Izquierdo, socióloga feminista, habla sobre la división sexual del trabajo y reivindica que recae sobre las mujeres el peso de romper con el modelo.  João França | El Diario, 2016-02-07 http://www.eldiario.es/catalunya/poder-hombres-generado-trabajo-mujeres_0_492051644.htmlMaría Jesús Izquierdo.

    Las críticas lanzadas a los datos estadísticos hacen referencia al lenguaje, a las categorías y al marco teórico. No hay que olvidar que son instrumentos culturales construidos desde una determinada visión del mundo y no herramientas objetivas de medir y transmitir una única realidad. Detrás de las estadísticas y del lenguaje opera una selección subjetiva de lo que existe. Subrayar la falta de neutralidad en la configuración de la EPA es importante para aclarar que los datos que incorpora reflejan sólo la realidad que algunos pretenden perpetuar, una realidad que favorece a los varones y perjudica a las mujeres en sus trayectorias profesionales y vitales.

   En primer lugar no se entiende cómo se sigue hablando en lenguaje sexista, con términos como “activos”, “ocupados”, “parados” e “inactivos”,  cuando  la  ley orgánica de igualdad  recoge, en el artículo 14 como uno de los criterios generales de actuación de los poderes públicos “la implantación de un lenguaje no sexista en el ámbito administrativo”.

   En segundo lugar, en cuanto a la clasificación social en relación con la actividad económica y en cuanto al esquema teórico que la ampara, se sigue manteniendo como única medida la del trabajo productivo, de forma que la población inactiva se configura como un cajón residual, en el que caben los no ocupados y los no parados, personas que no participan ni buscan participar en la lógica del mercado. Un grupo heterogéneo que aglutina a estudiantes, personas jubiladas o dedicadas al trabajo doméstico.

   Este esquema conlleva, por una parte la invisibilización del trabajo reproductivo, y por tanto de las mujeres, como factor esencial de la realidad económica, sin cuya aportación, la maquinaria del mercado laboral tendría necesariamente otras dimensiones y otros ritmos. Y por otra parte, la categorización de la EPA, mantiene a la baja el número de mujeres paradas a costa de encerrarlas en la casilla de inactivas.

   Lo que propone María Jesús Izquierdo es introducir la nueva categoría de “personas potencialmente activas”, de manera que incluya, no a las que buscan activamente empleo, sino a las que pueden trabajar. Así, la tasa de desempleo femenino se dispararía y la brecha de género en el mercado laboral podría tener un hueco en la agenda política.

   Aquella reivindicación del primer feminismo de la visibilización de las mujeres en la sociedad se lleva a la Economía y a la EPA. Está claro que sólo existe lo que se muestra, por eso es imprescindible hablar de personas ocupadas o paradas, incorporar a las personas cuidadoras entre las que son potencialmente activas y mostrar que el trabajo reproductivo es sostén del mercado y algo valioso en el engranaje de la vida.

Las mujeres y los deberes de la ciudadanía

El poder de los hombres es generado por el trabajo de las mujeres

 

El origen de la opresión de las mujeres según Simone de Beauvoir

 

     En El Segundo Sexo Simone de Beauvoir expone cómo Engels ofrece sólo una explicación superficial del origen de la opresión de las mujeres. En su libro El origen de la familia, éste describe la historia de la mujer desde la historia de los instrumentos, de forma que su posición social empeoró, en la Edad prehistórica de los Metales, con la creación de herramientas más pesadas que requerían mayor fuerza física. En la Edad de Piedra, a pesar de la existencia de una división sexual primitiva del trabajo, la mujer podía conciliar maternidad y crianza con el trabajo productivo del telar, la alfarería o el cuidado del huerto. Pero el descubrimiento del cobre, el estaño, el bronce y el hierro, sumó a la extensión de los dominios y la intensificación del trabajo sobre la tierra, la propiedad privada. Y con ella, la esclavitud y la opresión de la mujer. “Es la gran derrota histórica del sexo femenino”. Engels acepta la existencia de un matriarcado primitivo, anterior a la división sexual del trabajo y al advenimiento de la propiedad privada, en el que el trabajo doméstico garantiza la autoridad de la mujer en su casa. Pero con la separación radical entre trabajo productivo y trabajo doméstico, llega la familia patriarcal y la mujer, recluida en el hogar, realiza un trabajo insignificante frente al que realizan esclavos y varones. La opresión social de la mujer es consecuencia de su opresión económica. Y su liberación, así como la igualdad entre los dos sexos, llegará con la participación de las mujeres en “la industria pública”. Engels reduce por tanto el problema de la opresión de la mujer al de su capacidad de trabajo productivo, de forma que en las primeras sociedades sedentarias, era agente económico junto al varón, con una técnica compatible con su cuerpo y con la maternidad. Hecho que cambió con la aparición de los metales, que la expulsó de la economía y la recluyó en la “esclavitud doméstica”. Pero el maquinismo del mundo moderno y la ruptura de las resistencias del “antiguo paternalismo capitalista” la liberará y ya sólo habrá trabajadores iguales, pensaba Engels.

     Simone de Beauvoir rechaza la idea de que la propiedad privada haya traído de forma inevitable el sometimiento de la mujer. Ella lo explica por la concurrencia de tres factores: biológico, ontológico y cultural. Coincide con Engels en que la Era de los Metales fue una etapa crucial de la prehistoria para este fenómeno, pero no en el sentido apuntado por él. Olvida la tensión originaria en todo ser humano al dominio de lo otro. Y olvida el escenario del homo faber, que ya no teme la madre-naturaleza, sino que siente el poder de controlarla, y en el que la mujer acaba formando parte de esa alteridad, junto a la posesión y a la riqueza. El varón supo trascender su animalidad e imponer como valor arriesgar la vida. La mujer, que no participó en las expediciones guerreras, quedó atada a la inmanencia de la especie, condenada a repetir el trabajo reproductivo y doméstico y acabó por aceptar como superiores los valores del guerrero y su proyecto vital. “En la humanidad la superioridad no la tiene el sexo que engendra sino el que mata”.

Para la filósofa, el patriarcado se estableció definitivamente cuando los varones escribieron los Códigos: leyes y libros sagrados elevan a verdad universal la inferioridad de la mujer y el carácter natural y necesario de su opresión. Ni agente productivo, ni reproductivo, la mujer se convierte en objeto de cambio como esclava doméstica o receptáculo de semillas. Despojada también del poder de la procreación, propio del varón, se anuló cualquier papel activo en el relato de nuestra historia, un relato escrito por varones desde el enclave de la dominación patriarcal.

Con Simone de Beauvoir el factor cultural es crucial en la explicación del sometimiento de las mujeres. No es un hecho que derive del dato biológico, ni del ontológico, porque esa tendencia originaria a captarse en lo otro y al dominio está presente en ambos sexos. Se hace imprescindible una interpretación dentro del marco cultural. Y es importante este posicionamiento porque el pasado pudo haber sido de otra manera: la división del trabajo pudo haber sido amistosa, la mujer pudo ser vista como semejante y no como algo externo y el trabajo reproductivo pudo valorarse tanto o más que el productivo.

     La lectura de El Segundo Sexo, sigue siendo una fuente inagotable para desarrollos futuros, también para los trabajos de la economía feminista que pretende redefinir la disciplina y sacar a la luz esa parte de la realidad económica tan degradada e invisible como es el trabajo de los cuidados y con ella a la mujer, agente y hacedora.