¿Cuánto vale el trabajo de cuidados?

Cuando intentamos calcular en cifras, en euros cuánto vale el trabajo de cuidar a los hijos, a los padres o a cualquier otra persona dependiente o vulnerable que necesite apoyo, estamos incurriendo en un error.

Por una parte resulta imposible de calcular este maravilloso y digno trabajo. Habría que calcular según el día y por minutos lo que ganaría un chófer, un cocinero profesional, un camarero, un enfermero a domicilio, un psicologo, un maestro, un cuentacuentos etc. Además  hemos interiorizado que todos estas tareas tan diferentes y que requieren experiencia y cariño no tienen un gran valor porque no producen capital por sí mismas. También nos enseñan que impartir estos cuidados es inherente a las mujeres.

Caemos en dos errores al  intentar realizar este cálculo en cifras. Por una parte seguimos hablando de números, de dinero y utilizando así términos de una estructura económica que nos induce  a pensar en capital y rendimiento, en lo que valen las cosas por lo que se paga por ellas y al mismo tiempo caemos en el error al pensar que la mujer está mejor capacitada que el hombre para realizar estas múltiples tareas,

¿No sería mejor si aceptáramos que estos cuidados tienen un valor que va mucho más allá de lo que expresamos a través de los números?

Lo importante es predicar esta ética de cuidados a los hombres para que ellos también comiencen o sigan implicándose. Este cambio no sólo nos va a beneficiar a las mujeres. Los hombres recibirán así otro estatus social y un prestigio incalculable.

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La mujer lleva toda la historia de la humanidad trabajando

Hoy he leído en El País un artículo de Angeles Caso que constata que hacia 1670 se realizó un censo de población en Florencia en el que destaca que el 76% de las mujeres de más de 12 años trabajaba, pero quizás no sea este dato el más sorprendente. Afirma que en el París de finales del siglo XIII las mujeres trabajaban en la mayoría de los oficios que hoy son desarrollados por hombres y que en el Würzburg del siglo XV la construcción era un trabajo mayoritariamente de mujeres, ya que había 2500 jornaleras de albañilería y carpintería frente a 700 jornaleros.  ¿No nos resulta esto sorprendente?

Así que se ha borrado esta parte de la historia que es tan cierta como la que nos contaron, pero al sistema patriarcal le interesó más contar que la mujer llevaba siglos dedicada por una parte a las tareas del hogar no retribuidas y por otra a tareas más “adecuadas” para las mujeres como la costura, la cocina, la educación, el cuidado de niños y personas mayores. La historia que tergiversó la realidad al contarnos que Colón descubrió América, la historia que nos repite que la mujer no podía realizar las tareas eminentemente masculinas por falta de fuerza, sacrificio o perseverancia. Todo esto como si estuviéramos hablando de la “naturaleza” de la mujer.

Pero de las jornaleras de Würzburg me quedo con otro dato. Ganaban de media 7,7 peniques mientras que los jornaleros se embolsaban unos 11,6 peniques diarios. Así sabemos que la brecha salarial no empezó hace pocos años con la incorporación de la mujer a ciertos trabajos reservados hasta entonces a los hombres. Si comparamos la estructura salarial de las y los jornaleros, la brecha salarial existía ya en la Alemania del  siglo XV.

Debemos recuperar la voz de estas mujeres en las páginas de nuestra historia para que nuestros hijos puedan mirar más allá de la visión patriarcal y hegemónica y para que reciban una educación realmente más igualitaria en la que no se les encasille contándoles la historia que han escrito los hombres blancos, los ganadores de las guerras, los pueblos ricos.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Toda/vida/trabajando/elpepiopi/20100308elpepiopi_5/Tes

La economía humanista de una mujer

El año pasado recibió por primera vez una mujer el Premio Nobel de Economía. Se trata de la estadounidense Elinor Ostrom y el premio le reconoce su trabajo en el que la economía adquiere un sentido práctico y humano.

Elinor ha retomado problemas de negociación en situaciones de explotación de los recursos naturales, necesarios para la vida, pero a punto de extinguirse.

En 1989 escribió El Gobierno de los Comunes, donde explica cómo los seres humanos tienden a comportarse de forma egoísta al ir desapareciendo los recursos y tener que luchar por ellos para la supervivencia. Es así también y de forma paralela cómo estos valiosos recursos comienzan a escasear a pasos agigantados.

Elinor plantea cómo tenemos que encontrar soluciones a corto plazo a esta escasez de recursos. No nos basta con las soluciones propuestas por los estados o las instituciones, debemos organizarnos nosotros mismos a través de un contrato social en el que cooperemos y nos apoyemos para conseguir el éxito. Su economía es una enorme apuesta por el ser humano.

La Real Academia Sueca consideró que sus trabajos demostraron cómo grupos de usuarios que se asocian de forma voluntaria pueden gestionar con éxito propiedad pública. Su trabajo me hace pensar en el ecofeminismo o quizás en el “ecohumanismo”. Pretende que la economía se apoye en el ser humano y al mismo tiempo pretende salvar nuestros indispensables recursos. Su teoría se pone en práctica en numerosos países en vías de desarrollo donde por ejemplo mujeres se han asociado para poder ser propietarias y trabajar la tierra en cooperativas donde todas y cada una de ellas ponen su granito de arena hacia el progreso. Lo curioso es que al asociarse de forma voluntaria, todos sus miembros velan por su funcionamiento. Es nada más y nada menos que una forma de autogobernarse para salir delante de situaciones difíciles. Y para ello esta laureada demuestra una gran esperanza en el individuo.

Cuando la mujer pasa a ser un bien subastable

La trata de seres humanos, en su mayoría mujeres, para fines sexuales es una forma de esclavitud de género con propósitos económicos muy claros, que según la ONU afecta a 4 millones de personas en el mundo.  Acaba con la identidad de la mujer que se ve sometida a la prostitución y a vejaciones constantes que merman su autoestima y acaban con su dignidad. Este negocio ilegal obtiene unos beneficios económicos incalculables y se basa, al igual que la esclavitud, en cosificar al ser humano para que produzca capital. Es en mi opinión, uno de los peores crímenes posibles.

La trata se nutre del engaño para que la mujer acepte a emigrar a otro país en busca de lo que parece será una vida mejor. Al emigrar, la mujer se convierte en un ser aún más vulnerable y está completamente desprotegida, ya que en muchos casos ni siquiera habla la lengua del país y al no tener una red social que pueda ayudarla, le es prácticamente imposible salir de la trata a la que se ve obligada. El impacto en las sociedades es enorme, pero difícil de percibir ya que ni siquiera las víctimas llegan a comprender la explotación que sufren y se sienten tan avergonzadas que no siempre piden ayuda. De esta forma la mujer es apropiada por un maltratador como si de un recurso natural se tratara ya que su único propósito es el de producir beneficios y llega incluso a ser revendida a un mejor tratante.

¿Cómo es posible que aquello que nosotros llamamos seres humanos sean capaces de subastar a una mujer para que sea sometida sexualmente? ¿Cómo es posible que se aprovechen de conflictos armados, desastres naturales, situaciones de extrema desesperación y vulnerabilidad como es el caso del terremoto de Haiti para “secuestrar” a niños con estos fines? La trata de seres humanos es un crimen contra toda la humanidad.

España cuenta desde 2008 con un Plan Integral contra la Trata que asegura asistencia y protección a la víctima y lucha contra las organizaciones de trata de seres humanos apostando  fuertemente por el estrangulamiento económico de las redes de traficantes como medio para su erradicación. También pretende combatir sus causas y sensibilizar a la sociedad hacia una tolerancia cero. Desgraciadamente y como siempre ocurre en estos casos, por una parte la ley se centra en una mayoría y deja sin embargo desprotegidas a mujeres que  son explotadas por ejemplo a través de matrimonios forzosos. Por otra parte, las leyes son propuestas magníficas, pero su puesta en escena no parece tan eficaz. Según la ONU la trata de blancas sigue aumentando a nivel mundial.

¿Qué nos demanda la crisis mundial a gritos?

La crisis económica nos solicita a  gritos no sólo una trasformación de nuestra economía de mercado sino también de nuestros modelos sociales. Nuestros sistemas económicos han buscado el mayor beneficio de la forma más rápida posible y sin una estrategia responsable. Se han basado en una competencia feroz como arma indispensable para la subsistencia y han creado bienes que necesariamente hay que vender a cualquier precio abaratando no sólo los salarios sino las condiciones del empleo a gran escala. Sólo así es posible ofrecer productos “baratos” que estén al alcance de una gran mayoría y que sigan haciendo rodar la maquinaria del consumismo.

Pero es en el mercado de trabajo, para muchos de nosotros, donde a través de nuestro esfuerzo conseguimos una protección social y sanitaria y colaboramos a que los demás puedan también disfrutar de ella y más tarde accedemos gracias a haber participado en él al sistema de pensiones. Es a través de nuestro trabajo también que adquirimos valores intangibles pero tan importantes en nuestras sociedades como la autoestima (pensemos en cómo nos afecta no tener empleo), establecemos contactos que nos permiten encontrar nuevos empleos, quizá mejores o más adecuados a nuestras expectativas,  o incluso hacemos amistades, es en el trabajo también donde podemos realizarnos profesionalmente si nos va bien y adquirimos también una mejor clase social.

Desgraciadamente somos testigos hoy de sufrir una crisis de irresponsabilidad social, de un sistema que nos permitía vender y comprar bienes inmuebles por un valor 5 veces superior al que tenían, el que permite el fraude,  la especulación sin control y fomenta el empleo sin contrato. Y el castillo de naipes tenía que caer tarde o temprano porque no se puede pretender ganar a largo plazo sin invertir en valores seguros.

Por eso es ahora cuando las empresas deben implementar o reconsiderar cuáles son sus objetivos sociales. Necesitamos empresas que crean que la responsabilidad social no es sólo una estrategia de marketing, que sean responsables con sus trabajadores y los traten de una forma justa (salarios adecuados, horario flexible, conciliación familiar, formación etc.),  que estén comprometidas socialmente para la mejora de la sociedad desde una búsqueda de la igualdad a todos los niveles (género, raza, nacionalidad etc.), que inviertan en innovación y que sean respetuosas con el medioambiente.

Soy optimista y estoy convencida de que serán estas empresas las que sortearán la crisis y contribuirán a que alcancemos un desarrollo económico y social sostenible a largo plazo.

La mujer africana, verdadero impulso de la economía

En África, el continente más desamparado del planeta, la exorbitante pobreza repercute directamente y  a gran escala  en la vida y en el trabajo de las mujeres que son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse, mujeres increíblemente resistentes y dinámicas que luchan a diario por la supervivencia de sus hijos, mujeres que no tienen acceso a los recursos fundamentales que permiten la vida, ni un sistema legal ni social que las ampare.  Las mujeres son además las víctimas que más sufren la extrema violencia masculina no sólo en el ámbito doméstico sino también en los numerosos conflictos armados de este continente. Su esperanza de vida ronda los 50 años, la mortalidad infantil es muy alta. Pensemos en los partos no asistidos en las que 0,5% de las mujeres muere.

La mujer africana es el motor económico de su familia y de la sociedad en la que vive, pero nos encontramos a años luz de que se le reconozca este papel. Es responsable del sustento de la familia, realiza las numerosísimas y durísimas labores domésticas, es responsable de la educación de sus numerosos hijos y además contribuye económicamente al núcleo familiar con trabajos mal remunerados como la venta ambulante, la producción de artesanía o la agricultura. Paradójicamente  es la responsable de producir los alimentos a los que apenas tiene acceso, es mano de obra barata como jornalera que sirve los propósitos de la mano feroz de la explotación más conservadora. Hablamos aquí de empleo no formal, es decir de empleos desprotegidos en los que el trabajador no tiene derechos ni representación ni protección social. El cuerpo de un ser humano pasa así a ser una argolla más del entramado industrial de explotación.

Pero la mujer africana que produce en términos capitalistas  la mayor parte del trabajo para sustentar a su familia ni tiene derechos legales ni puede poseer la tierra que trabaja tan duramente. En un país como Sudáfrica, la mujer produce el 80% de los alimentos, consume el 48„8% y tan sólo el 1% de la tierra es propiedad de la mujer, ya que no puede ni comprarla ni heredarla. Es ella, como si de un bien se tratara, la que es heredada si enviuda y pasa a ser así propiedad del hermano o mejor amigo de su esposo. Son datos que hablan por si mismos.

Desgraciadamente ni la colonización occidental ni la descolonización de muchos de los países de este continente hambriento han contribuido a mejorar la vida de las mujeres africanas. El punto de vista del colonizador implantó un sistema de vida  que las relegó a ser ciudadanas de tercera clase, como mujeres del hombre negro de segunda clase, anecdótico aquí el uso de la palabra ciudadana, y tras la descolonización muchos africanos pasaron a ser inmigrantes de los bajos salarios como jornaleros en las ciudades y perdieron un mundo de vida tradicional.  La migración masculina a las ciudades en búsqueda de una vida mejor desde el punto de vista económico ha dejado a la mujer en una situación más vulnerable aún, ya que tiene que trabajar aún más para asegurar la supervivencia de su familia prácticamente monoparental. En las décadas de los 80 y 90 el mundo “desarrollado” invirtió en África a través de Programas de Ajuste Estructural (PAEs) diseñados por el FMI para intentar paliar los efectos de una economía pobre y estancada en la que el paro hacía sus estragos entre la población más desfavorecida. Desgraciadamente, estas políticas del FMI no parecen haber tenido gran repercusión, ¿pero cómo van a tenerla si no incorporan una perspectiva de género que ayude a paliar estas grandes discriminaciones?

Claro está, que dentro de este ámbito tan desfavorecedor para la mujer africana parece evidente que el trabajo impide que exista tiempo material para la educación propia, la reivindicación de los derechos de la mujer o las mejoras laborales necesarias, la reivindicación por una remuneración salarial igual al del hombre. Estos son problemas de las mujeres occidentales que por suerte no tenemos que recorrer 5 kilómetros diarios a pie para conseguir agua.

Qué paradoja que la mujer africana, mujer madre por excelencia que da a luz una media de más de 6 hijos , mujer “productora” y vigilante de la vida, el cuerpo humano, el bien más codiciado para el capitalismo, no pueda solicitar créditos ni tenga voz política.

Necesitamos analizar en detalle la situación de la mujer en África y aplicar políticas de desarrollo económico con una perspectiva de género para erradicar la pobreza. Es la mujer el ser humano más dinámico y que mejor se adapta a los cambios,  capaz de producir bienes económicos dentro y fuera del hogar, la que más aporta a la economía de sus países. El desarrollo de este continente no es posible sin que dirijamos primero nuestra atención a la mujer africana para que esta tenga acceso a los recursos con los que trabaja (agua, tierra, alimentos), un sistema legal y social (sanidad, educación) que la proteja y una voz política que le permita avanzar y contribuir activamente en el enriquecimiento y mejora de vida de sus países.

Cuánta esperanza hay que tener para pensar que esto sea posible porque para que nosotros seamos “ricos”, otros tienen que ser “pobres”. Si no, ¿quién nos iba a recoger las cosechas, a trabajar en la cadenas de producción textil, quién se ofrecería como mano de obra barata para sustentar nuestras economías?