INDICADORES LABORALES DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ

mujerestrabajo-400x300Las cifras relativas al mercado de trabajo a través de los indicadores laborales no hacen más que poner de manifiesto lo que la sociedad intuye que pasa. Normalmente, corroboran lo que una cree que sucede.

Es muy importante por lo tanto que estas cifras se faciliten desagregadas por sexos. De esta forma, se sacan a la luz las verdaderas situaciones de desventaja en las que nos encontramos las mujeres ante el mercado laboral. Es también fiel reflejo de los roles y estereotipos asignados en función al sexo. Además, proporcionan datos concretos que pueden facilitar a la sociedad en su conjunto la búsqueda de soluciones para atajarlos.

El mercado de trabajo puede tener ciertas similitudes en el contexto nacional, pero a su vez existen, por otro lado, una serie de divergencias que vienen marcadas por el entorno más cercano. Es evidente que el contexto laboral del País Vasco o Navarra no tiene nada que ver con el de Andalucía o Extremadura. Es más, incluso dentro de la propia Comunidad Autónoma pueden existir divergencias. Así, Cádiz desgraciadamente tiene un contexto laboral peculiar unido al desempleo tanto a nivel nacional como autónomo. Estas diferencias van a condicionar sin lugar a dudas la situación del mercado de trabajo en general y de la mujer en el mismo en particular.

Pero además, en Cádiz existen grandes diferencias entre dos grandes zonas como son la rural y la urbana. El mundo rural en general ha visto crecer la economía sumergida ante la falta de trabajo en la agricultura, beneficiándose de una mano de obra que en ocasiones no puede plantear grandes exigencias laborales. Ante esta situación la mujer ha sido una de las más perjudicadas.

 

Así, la incorporación de la mujer de la provincia de Cádiz al mercado de trabajo es considerablemente inferior a la de la Unión Europea, estando también por debajo de la de la mujer española e incluso andaluza. Concretamente, podemos decir que de todas las mujeres en edad de trabajar de la provincia, sólo el 41% busca activamente o posee un empleo. Si se procede a desagregar por zonas rurales y urbanas, se observa una mayor tasa de actividad en general en los municipios rurales. Cuando se diferencia entre la tasa de actividad masculina y femenina, se contempla cómo la primera está muy por encima de la segunda.

Desde un punto de vista más general, el desempleo en España es mayor que en la Unión Europea (y actualmente mucho más con la crisis), y aún mayor en Andalucía, registrándose la peor tasa en Cádiz. En cuanto al desempleo, la mujer también se ve más afectada por el mismo. Como fenómeno económico y social, en el caso de la mujer adquiere una trascendencia especial. Así, los datos de desempleo femenino son desalentadores, dado que tanto en España como en Andalucía como en Cádiz el desempleo femenino es mayor que el masculino, llegando a ser en algunos casos casi el doble. Dadas las grandes diferencias entre el desempleo en la provincia y la Unión Europea o España, la situación del desempleo femenino en la provincia se torna en un dato muy negativo, de forma que casi la cuarta parte de las mujeres que buscan activamente empleo en la a (23%) no lo encuentran.

Todos estos datos que aporto y muchísimos más los pueden encontrar en el Informe sobre  “El Mercado de Trabajo en la Provincia de Cádiz desde la Perpectiva de Género”, realizado por la Diputación de Cádiz.

Con esta realidad con la que las mujeres gaditanas nos encontramos a diario, no queda otra salida que seguir en la lucha, para reivindicar esas desigualdades laborales que aún nos limitan. Es necesario que tomemos conciencia como colectivo de estas diferencias que padecemos únicamente por pertenecer al género femenino, y que ejerzamos medidas de presión para que las políticas públicas vayan encaminadas a que se genere empleo de calidad para mujeres y hombres y se penalice de una vez por todas a las empresas que fomentan medidas discriminatorias, aunque lo hagan con sutilezas.

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III Jornadas UNIVERSEM – Universidad y Empleo de Mujeres

Voy a aprovechar este foro sobre Economía y Género para comentaros que la semana próxima tendrán lugar en la Universidad de Cádiz las III Jornadas UNIVERSEM – Universidad y Empleo de Mujeres. Pretendemos que estas Jornadas se conviertan en un espacio de reflexión para todas y todos, donde se debatan aspectos del ámbito laboral desde una perspectiva de género.

Dada la dispersión geográfica de la Universidad de Cádiz, las Jornadas se inaugurarán el 21 de mayo en el Salón de actos del Campus de la Asunción en Jerez de la Fra., y se cerrarán el día 22 de mayo en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias del Trabajo en Cádiz. No hace falta inscripción previa y se acreditará la asistencia a las mismas. Por supuesto que nos encantaría poder contar con vuestra presencia, sé que a las compañer@s de Huelva les pilla un poco regular…pero bueno, por si alguien se anima!!!

Os adjunto el programa. Esperamos sea de vuestro interés.

SUPER ABUELAS

abuelas_cuidan_nietosEn las últimas décadas la mujer española se ha incorporado de una manera importante al mercado laboral, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Esto ha supuesto un cambio en los roles asumidos por las mujeres, al incorporarse a la esfera pública, pero como contrapartida no ha generado el mismo cambio en el sector masculino de la población. Así, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidados de los familiares enfermos o dependientes.

La incorporación de la mujer al mercado laboral hace que en muchos casos la crianza de los niños recaiga en la “sufrida” abuela, ya que la precariedad laboral que rodea a muchas mujeres hace que no puedan asumir el coste de guarderías. Al fin y al cabo, se sigue perpetuando el estereotipo: la mujer (en este caso otra) sigue asumiendo los cuidados.

* Ver vídeo “Abuelas cuidadoras en Extremadura”.

Este fenómeno de abuelas cuidadoras está bastante extendido en nuestros días y la ayuda proporcionada por ellas es mayor en el caso de madres jóvenes o que carecen de pareja. Y es que actualmente existe una falta de disponibilidad real de tiempo de muchas mujeres (porque son las que siempre lo hacen) hacia el desarrollo de los cuidados principales de sus hijos, lo que hace que las abuelas cuidadoras sean los principales miembros de la familia que asumen la responsabilidad de la mayoría de las tareas de cuidados del nieto o nieta dependiente. Este supuesto poder de las abuelas no es tal, sino el resultado de un desequilibrio familiar originado por los vertiginosos cambios sociales en la familia paralelos a los que se producen en el ámbito social y laboral.

Hoy en día las mujeres viven más años que antes y en mejores condiciones, lo que les permite ofrecer apoyos familiares durante más tiempo en caso de necesidad. Pero a su vez, este aumento de la longevidad y la calidad de vida ha propiciado que nuestros abuel@s desarrollen más actividades sociales que antes y que tengan mayores accesos a recursos de ocio, viajes y actividades culturales. Por ello, cuando estas abuelas asumen los cuidados principales de sus nietas y nietos, entran en el conflicto entre el deseo de apoyar a su familia ante una necesidad y el deseo de desarrollar sus propias vidas en una edad madura o avanzada, cercana a la jubilación o ya pasada ésta. A veces incluso entran en conflicto con sus propios maridos, quienes en ocasiones al no sentirse identificados con el rol de cuidadores exigen esta etapa de descanso y ocio que a su edad les corresponde. También emergen problemas derivados de la propia relación de cuidados con los niet@s y los hij@s, cuando las decisiones de las abuelas cuidadoras son incompatibles con las del cuidador principal (madre y padre del niño o niña), en definitiva, cuando lo que la abuela cuidadora quiere no es lo que los demás piensan que sería mejor para el niño o la niña. En la mayoría de los casos se ha visto cómo la tarea de cuidar a un familiar dependiente genera una situación de estrés y deterioro de la salud física de la persona que lo lleva a cabo. Los impactos negativos de la acción de cuidar incluyen frecuentemente mayores niveles de depresión, ansiedad, poca salud física percibida, aumento del uso de los servicios de salud y conflictos entre cuidadores y otros miembros de la familia.040abuela_web

Muchas de estas “super abuelas” aseguran que dan sentido a sus vidas y se sienten útiles cuidando de sus niet@s y apoyando a sus hij@s en esta tarea cuando las circunstancias familiares lo requieran, hecho que influye positivamente en su autoestima pero no en su salud.

Ante este panorama no puedo dejar de reflexionar sobre varias cuestiones. En primer lugar, continuamos perpetuando el rol de cuidadora de la mujer: no cuida al niño o niña la madre, pero lo hace la “super abuela”, persona de edad avanzada que físicamente en la mayoría de los casos ya no está al 100% de sus posibilidades. Además, creo que la madurez en torno a los 60 años o la vejez son etapas de la vida en la que las personas deberían aprovechar para realizar todo aquello que les hubiese gustado y que por diversos motivos (laborales, de cuidado de sus hij@s,etc.) no pudieron hacer en su momento. El tener que cuidar de sus niet@s las vuelve a limitar y en muchos casos incluso a “esclavizar”.

En ocasiones me parece una situación de abuso total de hij@s hacia padres, porque es cierto que a veces la economía familiar no permite otra elección, pero también sé de casos en los que obviamente se convierte en una forma de ahorro considerable (pensemos lo que puede constar un niñ@ todo el día en un centro o guardería, o pagar a alguien para que lo cuide). Además, siempre se tiene la excusa perfecta: “no puedo dejarle en mejores manos, las de mi madre”. ¡Y tanto!, así nos vamos todos muy tranquilos al trabajo, eludiendo nuestras responsabilidades.

Por último, critico abiertamente esos talleres que las Administraciones dirigen a esas abuelas. Me parece perfecto que les hagan comprender que tienen que sacar tiempo para ellas, pero ojo, eso puede causarles situaciones de verdadero estrés porque en ocasiones es que no disponen ni siquiera de media hora. Además, creo que lo que deberían hacer realmente es invertir en servicios sociales para que pudieran dar una cobertura de cuidados gratuitos para la población, ante la realidad social en la que estamos. Y puestos a hacer talleres, que los hagan para los padres (hombres), para que sientan que el cuidado de sus hij@s también es cosa suya.

 

CÓMO AFECTA LA GLOBALIZACIÓN A LAS MUJERES

20070117103659-globalizacion-y-educacionLa globalización es la forma actual que ha tomado el capitalismo, después de la caída de las economías planificadas del Este y la conversión de China a una economía de mercado. Parece haberse convertido en el único sistema existente en nuestros días, extendido a escala mundial con contadas excepciones. Se trata de la extensión del capitalismo a escala global, por lo tanto, si ya el capitalismo ha sido parcial y discriminador para las mujeres y sus actividades, no se puede esperar de la globalización una mejora relativa. Al contrario, la globalización ha empeorado la condición de las mujeres en todo el planeta con las nuevas condiciones económicas y laborales.

La economía de la globalización niega el necesario protagonismo de las personas. Dominada por las grandes empresas transnacionales y los mercados financieros, el único objetivo de la globalización es el beneficio económico, invisibilizando todas aquellas actividades o tareas no mercantilizadas.

Así, se apoya en organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, etc., que establecen las reglas para “liberizar” el comercio y las ganancias y para privatizar los sectores públicos que antes quedaban al margen del mercado. Esta austeridad fiscal impuesta ha perjudicado enormemente a las mujeres, puesto que las ha conducido a la pérdida del empleo en los sectores en los que había una mayor presencia femenina: sanidad, educación, etc. Las que lo mantuvieron, al privatizarse éstos, lo hicieron empeorando las condiciones laborales, perdiendo protección y servicios sociales, lamentablemente indispensables hasta la fecha para una plena incorporación de la mujer en el mercado de trabajo cuando tiene responsabilidades familiares, favoreciendo la consagración de la doble jornada en la esfera pública y doméstica. Por lo tanto, el ideario político neoliberal que da apoyo al “Estado de mínimos”, recorta ocupación en el sector público, privatiza empresas y servicios, teniendo todas estas medidas restrictivas un impacto de género.

La globalización se construye también a través de los organismos regionales supranacionales, del tipo de la Unión Europea. Se supone que abogan por el libre comercio dentro de sus fronteras, pero no deja de ser una estrategia proteccionista e intervencionista encubierta. Estos organismos también apuestan por los recortes en el “estado del bienestar”; como se ha expuesto en el párrafo anterior, las mujeres son las mayores perjudicadas de estas medidas. Por poner un ejemplo, se vende el trabajo parcial como la panacea para las mujeres para conciliar vida laboral y familiar, pero este no sólo les resta posibilidades de promoción laboral, sino que además proporciona unos ingresos insuficientes para una vida autónoma, contribuyendo a la “feminización de la pobreza”. Además, el hecho de que la mujer acuda a trabajos parciales como complemento de la renta familiar subordina explícitamente el sueldo de la mujer, condiciona su trabajo fuera del hogar a “contingencias” económicas al margen de su propia libertad o voluntad y la condena a la dependencia económica, ya que la remuneración que percibe está por debajo de lo que es necesario para una vida independiente, y más si ha de cuidar uno o más hijos o hijas.

El verdadero motor de la globalización son las empresas transnacionales, que localizan la producción guiadas únicamente por la rentabilidad a corto plazo. No les importan los derechos individuales ni colectivos de sus trabajadores y trabajadoras, llevándose como siempre la peor parte estas últimas. Así, se favorecen condiciones laborales penosas en países hundidos por la deuda, sin normativas laborales ni derechos sindicales de ningún tipo. De esta manera, ha sobrevenido un hecho común: los salarios más bajos de cada país los cobran las mujeres de esos países, y los salarios más bajos del mundo los cobran las mujeres de los países más pobres.

¿Qué hacen los Estados ante la globalización? Pues se convierten en “sirvientes” de este capitalismo global y del capital transnacional. Adoptan políticas monetarias y fiscales para que la globalización sea posible, crean las infraestructuras básicas para la actividad económica global y asumen el rol de aparatos de control ante los subversivos al sistema. El Estado ya no es valga la redundancia un “Estado del bienestar”; aunque siempre se apoyó en la unidad familiar heterosexual en la que la mujer asumía todas las tareas de ámbito doméstico, el Estado contribuía a través de subvenciones o ayudas a esa labor. Sin embargo, estas ayudas cada vez sufren mayores recortes, y en contraposición, la mujer cada vez está más presente en el ámbito laboral, sin que esto se haya traducido en un intercambio de tareas ni en una integración de los varones en la esfera doméstica. Y es que el ámbito privado es diferente para mujeres y hombres; para ellos, supone el refugio para descansar de las obligaciones y actividades públicas. Para ellas, es sinónimo del ámbito doméstico, donde inician su doble e incluso triple jornada.

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Quedan mucho elementos por denunciar y cuantificar, como son: las características que ha tomado la emigración en los últimos años, con el aumento considerable de las mujeres; la prostitución, que también ha “globalizado” las mafias de trata de blancas; la pérdida de acceso a la propiedad en los países pobres, etc.

A modo de conclusión, creo que es importante resaltar que la globalización no afecta por igual a tod@s, sino que tiene un impacto específico sobre las mujeres, ya que al ser discriminatoria y marginadora empeora la situación relativa de las mujeres en todos los países del mundo, llegando a condiciones infrahumanas en los países más pobres.

LOS JUGUETES TAMBIÉN PUEDEN COEDUCAR

jugutenosexista081Cuando pensamos en regalar juguetes a un niño o niña, solemos comprarles los que hemos visto en la campaña publicitaria de turno, con especial relevancia las que se hacen para televisión. En ocasiones (y sobre todo, ante fechas en las que existe una gran demanda de juguetes, como es el caso de la Navidad), estas campañas demuestran un altísimo grado de sexismo, presentando modelos no igualitarios y manteniendo identidades polarizadas. Además, muchos de ellos no reflejan el avance social ni la realidad tan diversa en la que actualmente vivimos.

Tradicionalmente los juguetes han sido clasificados “para niños” y “para niñas”; esto, que no es una condición ni natural ni espontánea, se ha convertido en una tradición aparentemente condicionada por el sexo que ha sido impuesta y aprendida durante muchas generaciones. Las niñas teníamos que adquirir los comportamientos, valores y actitudes para ser una “buena mujer”; así, nuestros juguetes tenían que potenciar nuestra obsesión por el cuerpo y la belleza (abalorios, maquillajes y peinados), para ser deseables y dependientes de ellos, como buena madre cuidadora de su bebé en un entorno suave y dulce. Los juguetes para ellos tenían que potenciar el rol clásico masculino, siempre desde planteamientos altamente competitivos, relacionados con el riesgo, la aventura, el poder y la fuerza. Desde modelos que luchaban contra el mal desde comportamientos violentos, a los que presentaban como ideal sublime masculino el ser autoritario, duro e insensible a toda clase de sentimientos.

El juego es una actividad fundamental en la infancia, además de convertirse en una excelente forma de educar. Facilita o dificulta el desarrollo de las emociones, los valores, los comportamientos y las actitudes. Se juega y se aprende a lo largo de toda la vida, pero en la niñez donde esta actividad ocupa una parte importantísima de tiempo y en la que todavía la educación familiar y escolar puede intervenir.

Como consecuencia de qué juguetes se elijan y cómo se juegue con ellos, podremos propiciar un desarrollo completo, o uno parcial e incompleto si se desarrollan valores y actitudes diferentes para niños y para niñas.

Como bien indica el Instituto Andaluz de la Mujer en su guía didáctica “La publicidad también juega”, los juegos intervienen en el desarrollo juguetes-no-sexistaspersonal, relacional y social de las personas en la niñez. Así, contribuyen en el desarrollo personal porque los juegos ayudan a definir la identidad, la imagen de sí misma que cada persona elabora a partir de diversos indicadores, entre ellos, su propia percepción de la realidad y las impresiones y comentarios que le devuelven desde el entorno, que influyen decisivamente en la autoestima. También contribuyen a determinar las expectativas de futuro de cada persona, y suponen una guía determinante de las sucesivas elecciones que se tomen a lo largo de la vida. A través del juego se refleja lo vivido, siendo un medio excepcional para canalizar las experiencias dolorosas o desagradables como las alegres y gratas.

Desde el punto de vista relacional, con el juego se va aprendiendo a interactuar con iguales, a establecer mecanismos, a descubrir potencialidades. Se aprende a actuar ante las limitaciones y los conflictos, a respetar la disponibilidad de los y las demás, a resolver nuevas situaciones que se presentan, a superar frustraciones y contrariedades.

A nivel social, con el juego se aprende a aceptar normas, reglas sujetas a pautas y a cumplirlas, así como las consecuencias que acarrea el no cumplirlas. Se forma en la importancia de la aceptación por parte del grupo y de la pertenencia o exclusión al mismo; con el juego se sufren o se disfrutan las consecuencias de todo ello.

Así, jugando se aprende a convivir dentro de las costumbres sociales y del entorno, de las circunstancias económicas y políticas, que aún no siendo conscientes de ello, determinan su socialización.

Desde mi opinión personal creo que se está fomentando mucho la lucha contra el juguete violento (que me parece genial por otro lado), pero creo que también se tendría que hacer más hincapié por parte de las Administraciones en la importancia de que las niñas y niños se diviertan con juguetes no sexistas. Desgraciadamente a esto aún no se le da mucha importancia, basta con echar un vistazo a las cifras de los juguetes más vendidos en 2008 en España que publica la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ).

Si desde la escuela y la familia se posibilita que niñas y niños jueguen a distintos juegos con distintos tipos de juguetes independientemente de su sexo, estaremos construyendo una sociedad más igualitaria, equitativa, solidaria, activa, cuidadora y libre de violencia.

TRABAJO FEMENINO EN LA ANDALUCÍA RURAL

100_2961En Andalucía, la mujer ha desempeñado siempre determinadas tareas en la agricultura concentradas en las actividades propias de la recolección de los cultivos tradicionales y en otras labores adicionales del ciclo agrícola. Otro sector también importante ha sido el relacionado con las actividades de transformación de productos agrícolas, el artesanado, y cómo no podía faltar, el trabajo doméstico.

La participación femenina en el mundo laboral ha sido siempre una realidad constante y tradicional, en directa relación con las necesidades económicas de subsistencia de sus grupos domésticos respectivos. Otra cosa ha sido la conceptualización de este trabajo femenino como “invisible” en la medida que, al estar concentrado en las diversas tareas de la pequeña explotación agrícola familiar, ha sido considerado como parte de sus tantos otros quehaceres domésticos, desprovisto por lo tanto de valor de cambio en el mercado, lo que conlleva a que no haya sido caracterizado como un trabajo en sí en muchos estudios sobre economía rural.

La agricultura en Andalucía ha representado un sector muy importante en cuanto a presencia femenina se refiere. Ha dado lugar a una gran variedad de situaciones, no sólo por la diferenciación que los distintos cultivos imponen en los procesos de trabajo y tareas en las que las mujeres desarrollan su labor, sino porque además es un sector que en los últimos años ha evolucionado muchísimo con la tecnificación de la agricultura, lo que ha supuesto una retirada masiva de la mujer en las tareas que realizaba en la “agricultura tradicional”, , y por otro lado, ha incrementado la incorporación de la mano de obra femenina en la “nueva agricultura”.

Las tareas femeninas tradicionales en la agricultura andaluza han estado asociadas en general a aquellos trabajos considerados como “menos necesarios de fuerza” y más de “destreza manual”, carentes por tanto de conocimientos técnicos, como siempre, asociados a los hombres. La desaparición actualmente de muchas de estas tareas ha propiciado la paulatina retirada de las mujeres de esa clase de trabajo agrícola, manteniéndose únicamente su presencia en los tradicionales periodos de recolección de algunos de estos cultivos, piénsese en el verdeo de la aceituna y en menor medida en la vendimia o recolección de algodón.

Otro sector tradicional del trabajo femenino en el mundo rural han sido las industrias agroalimentarias. Como quiera que se trata también de actividades temporales (por ejemplo, el ciclo agrícola del olivo), han constituido trabajos complementarios del ciclo anual de muchas de las mujeres de las poblaciones rurales.

A esta industria agroalimentaria tradicional se han venido a sumar las derivadas de los productos de los cultivos de la nueva agricultura: trabajos de manipulación y envasado de fresas, conservas de hortalizas, espárragos, de flores, etc. Constituyen actualmente uno de los sectores de mayor expansión dentro del ámbito rural.100_2965

 Los trabajos a domicilio, bien determinadas actividades artesanales, bien en relación a la costura, junto al servicio doméstico han constituido otra de las tantas actividades laborales de la mujer en el mundo rural andaluz.

A modo de conclusión, el TRABAJO FEMENINO EN LA ANDALUCÍA RURAL es una actividad caracterizada valga la redundancia por la pluriactividad, por la participación de distintos sectores productivos a lo largo del ciclo anual, y marcada a su vez por el ciclo vital femenino: su posición dentro del grupo doméstico como soltera, esposa o madre, lo que determina inexorablemente su presencia de forma continuada o intermitente dentro del mercado de trabajo.

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“EL TRABAJO DIGNIFICA”

trabajo-domestico_previewRecuerdo que cuando era pequeña mis padres, con el fin de que estudiara y me esforzara en todo lo que hacía, siempre me decían: “El trabajo dignifica”. Desde luego que estoy muy de acuerdo con esa idea, porque creo que el trabajo es algo inherente al ser humano, que potencia su dignidad y le hace sentirse mejor como persona, pero es evidente que en los tiempos que corren hay trabajos que dignifican más que otros.

Así, el trabajo doméstico y/o reproductivo no remunerado, como bien sabemos, desarrollado básicamente por las mujeres, no genera ingresos ni permite la subsistencia económica si no se hace dentro de una estructura familiar que obtenga ingresos de la esfera pública. Es un trabajo no productivo, pues sólo se definen así aquellas actividades que están orientadas a la producción de bienes o servicios para el mercado. No es contemplada, por tanto, aquella producción que no está estructurada a través de las relaciones mercantiles. Ahora bien, las tareas o labores que se realizan dentro del hogar, cuyos “beneficiarios” son los que componen la familia, ¿no inciden de manera indirecta (o directa, según se mire) en el sistema económico? Creo que bastante, pues cubren todas las necesidades íntimas, personales y domésticas de los “recursos humanos” que hacen funcionar el sistema.

El trabajo doméstico está tan subestimado que se piensa que no requiere de una cualificación especial para su realización: es un trabajo que se aprende con la práctica y sin requerir una inversión de tiempo y esfuerzo, ni un nivel cultural alto. Cuando oigo esto, no puedo dejar de pensar en las primeras veces que cocinaba y se me quemaba la mayor parte de la comida o en cuánta ropa he estropeado con la plancha. Unido a esto, hay mujeres que son verdaderas “economistas” a la hora de acoplar sus ingresos a las diferentes necesidades domésticas que hay que cubrir. Y es que este trabajo consiste en la realización y organización de multitud de tareas especializadas muy distintas entre sí. Además, resulta curioso que la excusa más generalizada que pone el hombre para no realizarlo sea el no saber hacerlo, estrategia que no sólo muestra una tendencia clara a la comodidad, sino también una incapacidad técnica adquirida. Si no es difícil y todo se reduce a ponerse a hacerlo, no se entiende la torpeza en su realización que muestran los hombres que no están habituados a hacerlo.

Además, pasa inadvertido e invisible para aquellas personas que no lo realizan, aunque se beneficien directamente de él. Es fundamentalmente un trabajo descalificado socialmente, no sólo porque sea desarrollado mayoritariamente por el colectivo femenino, sino porque además al no ser remunerado ni ejercerse en el ámbito público, propicia que la exclusión laboral de las mujeres provoque su exclusión social. Esta escasa valoración y consideración social incide directamente en la forma como la mujer percibe su propio trabajo, y así lo considera como un trabajo “desagradecido”, y es que realmente lo es.

Sólo les otorga un sentido de identidad vinculado al imaginario social tradicional sobre la división sexual del trabajo. Pero esta identidad que adquieren las mujeres que se dedican exclusivamente al trabajo doméstico posibilita un modelo de inserción social muy débil, vulnerable y dependiente, pues el capitalismo excluye directamente a las personas que no generan “beneficios” económicos.

Finalmente, y no quiero resultar excesivamente utópica, creo que deberíamos replantearnos cómo se estructuran jerárquicamente las relaciones sociales, a qué le otorgamos importancia en las personas, si a sus cualidades personales o a la posición que ocupan en el estatus social. Un estatus, que además fue creado por los varones sin tener en cuenta en ningún momento a las mujeres, que conformó una pirámide en la que la cúspide de privilegios explota a la base vulnerable. Tal vez existan otros modelos sociales. Tal vez un día se valore el trabajo de estos millones de mujeres, con las que sin su aportación el sistema no hubiese funcionado, aunque nadie se lo reconozca. Y le agradezco enormemente a mi madre, porque gracias a su dedicación y esfuerzo yo tengo el lujo de poder estar aquí hoy escribiendo estas líneas.

CÓMO SE PODRÍA MEJORAR LA ACTUAL SITUACIÓN LABORAL FEMENINA

El primer aspecto que se debería tomar en consideración es el acceso al empleo. Aunque constituyen una infracción grave al ordenamiento jurídico, aún seguimos encontrándonos con ofertas de empleo absolutamente sexistas, del tipo de cajeras, reponedores, camareras de piso, etc. La selección de los trabajadores de una empresa siempre debería producirse a través de pruebas absolutamente objetivas. Además, la aplicación del principio de transversalidad de género en la negociación obliga a la realización de informes de impacto de género, en los que se puede analizar si las mujeres están representadas de manera mayoritaria o no en la empresa, y en qué departamentos o sectores de la misma, es decir, poner de manifiesto la segmentación horizontal, pudiendo poner en marcha medidas de acción positiva para intentar paliar los desequilibrios cuantitativos en cuestión de género.

Otra aspecto a considerar es la promoción dentro de la empresa. Normalmente, los criterios que se suelen seguir para la misma son los establecidos en el Art.24 ET de formación, méritos, facultades organizativas del empleador y antigüedad del trabajador. Es importante que este último criterio pierda cierta relevancia, pues como bien sabemos las mujeres se han incorporado al mercado laboral en las últimas décadas, y por consiguiente nada tienen que hacer en este sentido contra la mayoría de los varones con los que compiten por estos puestos. Además, muchos de los cargos de poder suelen elegirse por designación personal, lo que flaco favor suele hacerle también al colectivo femenino, puesto que en la mayoría de los casos los que eligen son hombres. Sería relevante también en este caso como se ha descrito en el párrafo anterior la realización de informes de impacto de género, que sacaran a la luz las cifras de mujeres ocupando puestos de responsabilidad, en resumen, que mostraran la segmentación vertical en la empresa.

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Fundamental es también tener en cuenta la formación, como necesidad imperiosa frente al mercado de trabajo en el que nos encontramos, con una gran flexibilidad y movilidad, de forma que se produzca de forma continua, específica y profesional frente a los rápidos cambios que se producen en tecnología fundamentalmente pero también en otras materias, que facilite a las mujeres conservar su puesto de trabajo o sentirse lo suficientemente preparadas para enfrentarse a uno nuevo. Es muy importante apostar por la participación femenina en la formación, para así intentar acabar con la desigualdad ante el empleo por razón de sexo. Dado que muchas mujeres asumen las responsabilidades domésticas y familiares casi en exclusiva y como consecuencia de los roles asignados por las distintas sociedades patriarcales a lo largo de la Historia, la formación debe producirse dentro de la jornada de trabajo favoreciendo de esta forma la participación de ellas. Además, hay que dedicar especial atención a la formación a las mujeres que se ausentan durante largos periodos de tiempo de su puesto de trabajo, por situaciones de suspensión, excedencia por cuidado de hilos o personas dependientes, etc. En estos casos, la formación se convierte en un aspecto crucial en la integración plena en el entorno de trabajo. No hay que dejar atrás el fomentar la formación en aquellas materias en las que las mujeres estén escasamente representadas, de forma que se les incentive a formarse en especialidades típicamente masculinizadas para que poco a poco todas las personas podamos acceder a cualquier puesto de trabajo independientemente de nuestro sexo.

Hay que analizar también la precariedad en el empleo, que la sufre en mayoría el colectivo femenino, pues son las mujeres las que desempeñan la mayoría de empleos a tiempo parcial con la finalidad de poder conciliar vida laboral, personal y familiar, y también son ellas las que ostentan un mayor número de contratos temporales. Por lo tanto, la conversión de estos contratos en fijos favorecería enormemente a las mujeres. Actualmente, es relativamente frecuente que los convenios colectivos no contengan regulación al respecto, y si lo hacen, es a través de preceptos que no tienen mucho que ver con el resto del convenio y que en ocasiones no son compatibles con la normativa vigente.

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En relación a la jornada de trabajo, vacaciones, turnos, etc., es decir, lo que podemos agrupar como condiciones de empleo relacionadas con el tiempo de trabajo, deben establecerse de forma que permitan conciliar vida profesional y familiar. Estadísticamente está demostrado que las mujeres priorizan una jornada laboral flexible a una mejora en las condiciones económicas, teniendo en cuenta que este colectivo sufre una fuerte discriminación salarial. Por ello, es importante que los representantes de personal apuesten por este tipo de jornadas. Es cierto que en los últimos años se están acordando una serie de convenios que recogen jornadas con una diversidad de fórmulas de cómputo y distribución de las horas cada vez mayor. Una modalidad cada vez más frecuente es la de establecer un bloque horario central de la jornada con presencia obligatoria, y fracciones de tiempo móviles a la entrada y salida del trabajo, previo aviso a la empresa y distribución con el resto de trabajadores. Este sistema facilita la conciliación a aquellas personas con hijos en edad escolar, por ejemplo. Además, cada vez es más frecuente el acuerdo de jornadas intensivas, sobre todo en determinadas épocas del año como en verano, lo que favorece enormemente la conciliación. Desgraciadamente, la mayoría de convenios colectivos que estipulan este tipo de jornadas pertenecen a empresas del sector de la industria, en el que la presencia de mujeres es bastante escasa.

Por último, la movilidad geográfica, si no se regula correctamente en el convenio colectivo de aplicación, puede dar lugar a una herramienta para las empresas con la que justificar una actuación discriminatoria por razón de sexo tal y como se encuentra actualmente regulada en el ET. Es obvio que si las mujeres siguen llevando el peso de las responsabilidades familiares, y a esto le sumamos que nuestro país carece de un sector público (e incluso privado) de servicios dedicado al cuidado de personas en general (ancianos, discapacitados, etc.), es bastante difícil para ellas que puedan cambiar de ciudad por las necesidades de su empresa, la que además, puede aprovechar la movilidad funcional o la modificación de las condiciones de trabajo para forzar a un empleado que no le es “rentable” porque tenga una carga familiar importante a abandonar la empresa.

EL SISTEMA EDUCATIVO DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO

educacionLas cifras estadísticas corroboran que la mujer española está tan integrada como el hombre en el sistema educativo de nuestro país en la actualidad. Sin embargo, esta lectura superficial nos oculta algunos déficits de nuestro sistema, como el que siguen persistiendo estudios y especializaciones en los que permanece la división tradicional por roles y sexos.

Por otro lado, no se han incorporado los cambios cualitativos necesarios que son imprescindibles para integrar la experiencia y los conocimientos de las mujeres, educando desde el marco de la igualdad, la corresponsabilidad y el desarrollo integral del alumnado.

Así por ejemplo, cuando estudiaba en el colegio o en el instituto grandes personalidades a lo largo de la Historia, casi nunca me sentía identificada, pues normalmente casi todas eran varones; por poner un ejemplo, si tocaba estudiar literatura, hablábamos de Gustavo Adolfo Bécquer o Miguel de Cervantes, pero jamás de Christine de Pisan o María de Zayas, y si por algún casual se trataba en clase a alguna mujer, casi siempre se intentaba resaltar sus supuestas “cualidades femeninas” sobre su producción u obra; siguiendo con los ejemplos, cuando tratábamos a Teresa de Jesús, se nos inculcaba su bondad y mística por encima de su obra literaria. Y lo que ocurría en literatura podía extrapolarse a cualquier otra disciplina. Esta experiencia personal de finales de la década de los 80 y comienzos de los 90 es una clara consecuencia en mi propia vivencia referida a la educación que se impartía desde una óptica absolutamente machista. Es cierto que las cosas han cambiado, pero no lo que debieran; basta con hojear algún libro de primaria o secundaria para comprobar cuán invisibilizadas seguimos estando las mujeres en las distintas materias que componen el sistema educativo de hoy.

Para construir relaciones entre los sexos basadas en el respeto y la corresponsabilidad e impulsar la participación de hombres y mujeres en todos los espacios de la sociedad es fundamental la coeducación, uno de los pilares básicos para conseguir la igualdad real y efectiva entre ambos sexos en todos los ámbitos de la vida. Debe contribuir a la ruptura de los roles socio culturales y los estereotipos, así como promover el acceso a las mismas oportunidades para mujeres y para hombres.

La mejora del nivel educativo de las mujeres no se corresponde con el papel les toca jugar en la sociedad (apenas tienen acceso a puestos de responsabilidad) ni con sus condiciones laborales. A su vez, tienen más posibilidades que los hombres de verse atrapadas en situaciones de exclusión social (pobreza, ruptura familiar, etc.), que afectan al pleno ejercicio de sus derechos de ciudadanía.

Por todo ello, es necesario avanzar en la transformación del propio sistema educativo promoviendo una mayor participación de las mujeres en los ámbitos de la investigación y en la toma de decisiones educativas y culturales, junto con una revisión profunda de este sistema, así como es fundamental la formación del profesorado desde una perspectiva de género, pues al fin y al cabo, gran parte de la transmisión de valores y aprendizajes que se da a los adultos del mañana la realiza este colectivo.

Queda un largo camino por recorrer, pues en nuestra sociedad las mujeres aún estamos en una posición de desventaja con respecto a los hombres, con la desigualdad a la hora de ejercer nuestros derechos que eso conlleva. No obstante, quiero creer que algún día alcanzaremos la tan ansiada igualdad, gracias a la lucha de millones de mujeres que se dejan la piel por lograr esa justicia social que también contemple a la otra mitad de la población.

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PLANES DE IGUALDAD DE LAS EMPRESAS

pioRefiriéndonos a los Planes de Igualdad, la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres trata este tema en su Título IV, El Derecho al Trabajo en Igualdad de Oportunidades, en su Capítulo III, Los planes de igualdad de las empresas y otras medidas de promoción de la igualdad. Así, en el Art. 45.2 de dicha Ley se recoge:

“En el caso de las empresas de más de doscientos cincuenta trabajadores, las medidas de igualdad a que se refiere el apartado anterior deberán dirigirse a la elaboración y aplicación de un plan de igualdad, con el alcance y contenido establecidos en este capítulo, que deberá ser asimismo objeto de negociación en la forma que se determine en la legislación laboral.”

Como se deduce de este artículo, la LOEIMH actualmente sólo obliga a negociar un Plan de Igualdad a las empresas con más de doscientos cincuenta trabajadores, pero no a acordarlo. Esto también ocurre según el Apartado 3 del mismo Artículo con aquellas empresas en los que lo establezca el convenio colectivo aplicable y también como se indica en Art. 45.4 cuando la autoridad laboral lo hubiese establecido como sanción a la empresa. Esta Ley también apunta en su Art. 46.1:

“Los planes de igualdad de las empresas son un conjunto ordenado de medidas, adoptadas después de realizar un diagnóstico de situación, tendentes a alcanzar en la empresa la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres y a eliminar la discriminación por razón de sexo.”

Como se indica en el artículo mencionado, las empresas deben elaborar un diagnóstico previo de la situación actual. Esto demora en ocasiones los procesos de negociación de empresas interesadas en ponerlos en práctica. Por otro lado, no todas las empresas se comprometen a realizarlo de una forma seria y analítica en profundidad de la situación real. Es más, incluso a veces hacen uso de la contratación de empresas externas para la elaboración del Plan de Igualdad de la empresa, lo que en la mayoría de los casos repercute negativamente en la redacción del mismo, puesto que nunca llega a conocer en toda su extensión lo que sucede dentro de la empresa que le solicita la creación del Plan y además no debemos perder de vista que la empresa solicitante se convierte en “cliente” de la empresa que elabora el Plan de Igualdad, con las consecuencias que esto conlleva.

Así, la mayoría de los Planes de Igualdad firmados hasta el momento recogen declaraciones de principios, regulación de los derechos laborales de las trabajadoras víctimas de violencia de género, medidas de conciliación y, sobre todo medidas de información, comunicación y/o sensibilización. Sin embargo, se caracterizan por la ausencia de objetivos concretos que permitan medir y evaluar determinados indicadores para enfrentar la discriminación por razón de género en el empleo, y así mismo, las medidas pactadas tampoco suelen estar planificadas en el tiempo. No obstante, sin querer perder una visión optimista de cara al futuro, la LOEIMH ha supuesto el punto de partida a lo que se espera se regulará normativamente en materia de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en los años venideros.

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Nuestra comunidad autónoma, en el empeño de fomentar el empleo estable y de calidad mediante la implantación de Planes de Igualdad por parte de las empresas que favorezcan las condiciones laborales de las mujeres, y la igualdad ante el empleo en definitiva, ha puesto en marcha el programa IGUALEM – Igualdad en las Empresas, desarrollado con la cofinanciación del Fondo Social Europeo, en el marco del Programa Operativo del FSE, integrado en Marco Estratégico Regional de Andalucía (MER-AN) 2007-2013. De forma breve, entre las actuaciones que se desarrollan en este programa destacan el asesoramiento para la elaboración de Planes de Igualdad en las empresas que favorezcan la mejora del empleo de las mujeres, la sensibilización en las empresas mediante acciones formativas y el desarrollo de estrategias que incrementen la igualdad de oportunidades en las mismas y el seguimiento y evaluación de la gestión de los Planes de Igualdad, así como realización de actividades que favorezcan el conocimiento de las condiciones laborales de las mujeres, con la finalidad de que se pueda plantear la mejora continuada de su situación.

No obstante, en Andalucía aún queda camino por andar, puesto que aunque se han producido mejoras en materia de negociación colectiva, siguen estando en vigor convenios que incluyen discriminaciones directas abiertas, siguen ignorando la presencia de mujeres en sus ámbitos de aplicación, sus prioridades y reivindicaciones específicas, sin aplicar el principio de transversalidad de género al que están obligados por imperativo legal.