Discriminación de la maternidad en el mundo laboral

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Nos interesa debatir sobre la discriminación de las mujeres en el mundo laboral ante un embarazo y la maternidad. Las mujeres que trabajan o intentan hacerlo, deben sobrellevar cargas familiares impuestas histórica y socialmente en función de los roles de género tradicionales, reproduciendo las desigualdades estructurales. Puntualmente, ser madre hoy supone una discriminación extra para las mujeres en el mercado laboral.

Esta situación se encuentra estrechamente ligada a los obstáculos para tener una conciliación real de la vida familiar y laboral, la corresponsabilidad de los hombres en la paternidad y las instancias públicas y privadas para facilitar que tanto mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades y posibilidades de distribuir sus tiempos de forma libre, autónoma e igualitaria.

La aplicación y la promoción de los marcos jurídicos que apelen hacia la redistribución más equitativa de las funciones de reproducción asumir papeles de cuidadores por parte de los hombres es un avance. Tal como la ampliación del permiso de paternidad de 15 días a 4 semanas a partir de enero de 2017 en España.

La equiparación de los permisos de maternidad y/o paternidad contribuiría a la desaparición de prejuicios empresariales sustentado en el principio de corresponsabilidad y la apropiación del rol de cuidadores por parte de los varones, desvinculando así los permisos por el cuidado de los hijxs de forma exclusiva a la maternidad. Sin embargo, es imprescindible el cambio cultural para generar nuevas formas de organización de las estructuras laborales. Y avanzar en las deudas pendientes de la ley.

Pese a que en los planes de igualdad contemplan la protección del embarazo y la maternidad (permisos para exámenes prenatales y técnicas de atención del parto, por lactancia, días de descanso por maternidad, reducción de jornada, etc.), a menudo las mujeres son penalizadas por el mercado de trabajo español antes, durante y después del nacimiento de sus niñxs poniendo en cuestión la dedicación, la eficiencia, el rendimiento, el ausentismo y hasta los posibles gastos en recursos humanos.

Se creó un estigma infundado de que una embarazada es una fuerte erogación para la empresa, desconociendo que el Estado incentiva la contratación de embarazadas con medidas de coste cero, asume los gastos de seguridad social durante la baja por maternidad y la persona sustituta.

Además, en el mismo momento de la contratación las mujeres son expuestas a la discriminación como futuras madres y es frecuente que en entrevistas laborales se pregunte ¿Tiene pareja? ¿Planea tener hijxs? o hasta el límite de solicitar un test de embarazo como parte del proceso de selección. Esto bajo la concepción hegemónica que la mujer es quien debe compatibilizar vida familiar y vida laboral mientras que los hombres no. Pero ¿este modelo de hombre, no discrimina también al hombre que no vive así su vida familiar, su paternidad, etc.?

El principal problema es que la sociedad sigue considerando que tener hijxs es una cuestión que atañe solo a la mujer, no a la familia. El desafío está en el cuestionamiento del sistema patriarcal, la transformación de las estructuras de género, las nuevas formas de organización de las estructuras laborales y las nuevas construcciones en torno a la maternidad para que la sociedad asuma su responsabilidad en la reproducción social.

Finalmente comparto la campaña “Pregnant Then Screwed” (Embarazada luego jodida) invita a mujeres discriminadas por maternidad o embarazo a contar sus experiencias –de manera confidencial- para abrir el debate público y reclamar leyes más efectivas que eviten este problema.

Su portavoz informó que al menos 60.000 mujeres al año pierden su empleo debido a la discriminación por embarazo, sin contar los casos de degradación, acoso o invalidez para promoción a cargos superiores debido a la maternidad. Pero las denuncias reales son muy pocas, pese a que el Tribunal Supremo español sostiene que cualquier perjuicio laboral por embarazo y la baja por maternidad constituyen una discriminación directa por razón de sexo.

El proyecto nace en Reino Unido para exponer el problema global, concienciar a empresarios y poderes públicos de los indeseados efectos que la discriminación laboral de la mujer  en la sociedad y en el desarrollo económico general.  Aquí encontraran el sitio: http://espana.pregnantthenscrewed.com

Paro Internacional de Mujeres: Un grito ante la desigualdad de género en el mercado laboral

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El 8 de marzo de 2017 mujeres de todo el mundo convocaron por primera vez a un Paro Internacional de Mujeres, la propuesta fue iniciada desde el movimiento argentino “Ni Una Menos” con motivo del Día Internacional de la Mujer, convocatoria que adhirieron más de 30 países. La modalidad elegida, dota de dimensión simbólica al reclamo frente a la desigualdad de género en el mercado laboral, pues la huelga es la forma de protesta por excelencia para conseguir mejoras laborales, esta vez movilizada por el feminismo. “Nos apropiamos de la herramienta del paro porque nuestras demandas son urgentes. Hacemos del paro de mujeres una medida amplia y actualizada, capaz de cobijar a las ocupadas y desocupadas, a las asalariadas y a las que cobran subsidios, a las cuentapropistas y a las estudiantes, porque todas somos trabajadoras. Nosotras paramos”, dice el comunicado oficial.

Las mujeres trabajadoras demandaron por la igualdad laboral, la igualdad de oportunidades y un reparto equitativo de las tareas domésticas. Bajo el lema “Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras” las trabajadoras visibilizaron las desigualdades de género en el mundo laboral que no conoce límites de fronteras, culturas y/o status de países. Aunque no dejaron de gritar que paren los femicidios. Desde el colectivo “Ni una menos” sostienen que los femicidios tienen también una base económica, puesto que las violencias económicas aumentan el grado de vulnerabilidad frente a la violencia machista, cuya expresión más extrema son los asesinatos.

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En Argentina, la manifestación se realizó ante numerosos edificios públicos y puntualmente ante el Ministerio de Trabajo para reclamar por la violencia que sufren diariamente las mujeres que trabajan de forma remunerada y también aquellas que realizan un trabajo, informal o casi invisible y sostienen la economía familiar. Más del 60% de las jóvenes estigmatizadas con la categoría “Ni-Ni” (ni trabajan ni estudian) son chicas que si trabajan, pero su trabajo es naturalizado porque es realizado en su casa como niñeras, cuidadoras, cocinando, etc. Esto es una exigencia que no tienen los varones de la misma edad.

Paralelamente, pese al incremento en la participación de las mujeres en los ámbitos laborales “formales”, las desigualdades están increíblemente presentes. Para aportar algunos datos, en Argentina las mujeres ganan un 27% menos que los hombres por el mismo trabajo, la brecha llega al 40% para trabajadoras precarizadas y tienen 19 veces menos posibilidades de llegar a la dirección de las empresas (aunque tengan mejor formación) pues sólo el 7% de los altos cargos ejecutivos son ocupados por mujeres.

Sin embargo, el peso de los cuidados y de las tareas domésticas sigue recayendo mayoritariamente sobre la órbita de las mujeres. La tendencia mundial dice que las mujeres dedican en promedio 6,4 horas diarias a tareas del hogar: el doble del que dedican los varones. En consecuencia, las trabajadoras condicionan su carrera profesional por compatibilizar la vida del hogar con vida laboral y los estudios. Las desigualdades salariales, las deficiencias en la asistencia social, la división sexual del trabajo, la presión social y la falta de corresponsabilidad real en la familia son algunas de las causas de la deserción o parcialidad laboral.

Más datos, una mujer ocupada full time dedica más tiempo al trabajo doméstico (5,5 horas) que un hombre desempleado (4,1 horas). Casi 9 de cada 10 mujeres (88,9%) participan en el trabajo no remunerado en la Argentina y el 57,9 % de los varones usa parte de su tiempo en tareas domésticas (aunque 3 horas menos que las mujeres). Entonces, 4 de cada 10 varones no cocinan, ni limpian, ni lavan la ropa, ni hacen compras en su día.

En suma, las desigualdades de género en el mundo laboral son grandes, muchas personas desprestigian el reclamo, miran para otro lado, evitan tomar en serio una demanda laboral o hasta no miden con la misma vara el trabajo remunerado que las tareas domésticas y de cuidados. Por ello, la igualdad laboral debe exigirse ante los Estados y empresas pero requiere de la lucha en los núcleos socio-familiares.

Fuentes periodísticas:

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/08/argentina/1488997429_912127.html

http://economiafeminita.com/el-paro-de-mujeres-es-economico-y-politico-resistir-para-avanzar/

http://www.infonews.com/nota/306332/desigualdad-laboral-en-argentina-las-mujeres

http://noticias.perfil.com/2017/03/08/como-sera-el-8m-el-paro-mundial-de-mujeres-que-nace-de-argentina/

http://www.ambito.com/874777-las-argentinas-van-al-primer-paro-internacional-de-mujeres-en-reclamo-de-sus-derechos

http://www.huffingtonpost.es/2017/02/21/paro-mujeres-8-marzo_n_14899388.html

 

Economía y género: La invisibilización del trabajo doméstico

trabajo doméstico, el trabajo que permite otros trabajos

Para empezar es necesario exponer que las mujeres a lo largo de la historia tuvieron una fuerte batalla respecto al reconocimiento del trabajo que siempre realizaron pero que no fue reconocido como tal ni remunerado. La revolución industrial y la implantación de un sistema capitalista en el ordenamiento económico mundial impone la identificación de las esferas monetizadas de la producción, la distribución y el consumo, dejando de lado lo todas aquellas economías no monetarias.

De esta manera, el trabajo informal, no remunerado y vinculado a la esfera privada ha sido tradicionalmente asumido por las mujeres y  denominado trabajo doméstico. El mismo ha sido invisibilizado por el pensamiento económico androcéntrico además de esconder la riqueza económica proveniente del trabajo reproductivo y de los cuidados sociales como así también, el importante ahorro en gasto social que facilita en los Estados. En fin, invisibiliza que el trabajo no remunerado permite la sobrevivencia en sociedad y hace posible el trabajo “formal” y remunerado que históricamente fue realizado por hombres.El sistema capitalista vive fundamentalmente de economías no monetarias… por tanto tiene sus beneficios de la naturaleza y del trabajo no remunerado de las mujeres, entre otros…” (Cristina Carrasco, 2009).

El sistema capitalista entonces impone un discurso económico androcéntrico que evita la visibilidad de las mujeres en las distintas esferas (pública, privada, e incluso, comunitaria) limitando su accionar dentro de la esfera doméstica. El sistema económico está sostenido por un sistema sociocultural que al mismo tiempo impone una fuerte separación entre la vida pública monopolizada por el hombre y vida doméstica como responsabilidad única de la mujer.

Diferentes corrientes feministas desde los años ´60 y hasta nuestros días, vienen debatiendo sobre el trabajo doméstico, sobre las actividades de las mujeres, los espacios donde se articulan las prácticas económicas y el valor económico no reconocido. Pues, las tareas, los deberes, roles, y responsabilidades consideradas como femeninas resultan infravaloradas, generando la subordinación de la mujer y la desigualdad entre géneros. Esta forma de discriminación se refleja en lo que hoy conceptualizamos como violencia económica.

La reproducción de roles de género, impuso que el trabajo doméstico sea una obligación, una actividad “natural” de las mujeres por el hecho de ser mujeres y así el sistema evita (se salva) pagar el valor real de las actividades consideradas femeninas. Vendría a funcionar como el trabajo esclavo en la sociedad capitalista. No es casual que, cuando las mujeres trabajan formal y remuneradamente, siguen siendo en su mayoría las  encargadas de buscar soluciones para organizar el hogar y equilibrar el cuidado de niñxs y ancianxs. Porque social y económicamente sigue pareciendo una responsabilidad de las mujeres.

Es importante destacar que el trabajo doméstico no sólo se trata de lavar vajillas, sino del cuidado de enfermos e inválidos en un mundo donde disminuye la seguridad social como así también aumenta la inestabilidad y la explotación laboral. En este sentido, no sólo se invisibiliza el trabajo de las mujeres, sino que además se evaden responsabilidades en materia de seguridad social desde las esferas estatales. La economía de mercado no podría sostenerse sin el trabajo doméstico, pero se niega a promover políticas públicas como guarderías, comedores escolares y laborales, hospitales públicos, etc. que apelen a la conciliación laboral. Además de perpetuar una desigualdad entre las clases privilegiadas y no privilegiadas.

En tanto, debemos valorar que en la actualidad todavía falta debatir sobre el trabajo doméstico; revalorizar y reconocer las actividades no monetaristas desarrolladas por las mujeres que sostienen a las actividades monetaristas; como así también discutir sobre el trabajo productivo y trabajo no reproductivo dentro del sistema capitalista dominante. Para contribuir a visibilizar la contribución de las mujeres en la economía, las desigualdades y desventajas de las mujeres en el mundo laboral y la necesidad de redistribuir socialmente de los cuidados que se naturalizan como una responsabilidad femenina.

Para complementar el planteo apunto el documental ¡Cuidado, resbala!, el cual pone el foco en la invisibilidad del trabajo doméstico y el rol de cuidadoras de las mujeres en España. Este es proyecto desarrollado por la Asociación Círculo de Mujeres de Málaga.  Trailer: https://vimeo.com/64084574  Web: http://cuidadoresbala.com/