POBREZA Y MUJER

 

El 17% de las mujeres de la UE viven en la pobreza, así lo expresaba el Parlamento Europeo en un artículo publicado en WWW.europal.europa.eu “Combatiendo la pobreza femenina”. Es uno de tantos porcentajes que se transmiten a la población, aunque este no parece tener el impacto social  de otros como el desempleo.

Según la EPA, el índice de paro es de 28.05% en hombres y un 31.77% en mujeres. Estos datos si se nos transmiten con claridad y reiteradamente, no pasa una semana sin que algún medio de comunicación le dedique algún tiempo a la situación de desempleo vivida en nuestro país, sin caer en la correspondencia que   tiene o puede tener estos porcentajes en la representación de la pobreza.

Quizás para tomar la consciencia adecuada de lo que representa ese 17% de población femenina europea que soporta una situación de pobreza debamos antes definir dos conceptos: pobreza y feminización de la pobreza.

  • Pobreza:la RAE define el término como falta escasez. Wikipedia nos ofrece una definición más amplia: situación o forma de vida que surge como producto de la imposibilidad de acceso o carencia de los recursos para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas.

Dentro del mismo término podemos diferenciar entre: pobreza absoluta o relativa en función al grado.

  • Feminización de la pobreza: proceso que combina dos desigualdades sociales: pobreza y desigualdad basada en el género.

 

Actualmente hay más de mil millones de personas en todo el mundo viviendo en condiciones de pobreza absoluta; un 70% de ellas son mujeres. Representan también el grupo más numeroso de los denominados “trabajadores pobres”, personas que no cobran lo suficiente para salir de la pobreza extrema. Según las estimaciones realizadas por la Organización Internacionalde Trabajo, las mujeres constituyen el 60% de esa categoría de  trabajadores pobres del mundo. (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, UNIFEM).

            A diferencia de lo que pueda opinar mucha gente que observa la pobreza a su alrededor, especialmente la pobreza relativa, esta situación no es una opción personal, no se elige por las prioridades de cada uno/a. Tanto la pobreza relativa como la extrema es la consecuencia de una situación política y social que permite y mantiene las desigualdades, podemos observar un ejemplo claro de ello en el documental elaborado por la UNED: hacia una feminización del desarrollo. (http://www.documentales-online.com/hacia-una-feminizacion-del-desarrollo-uned/). Como su título indica que ante la feminización de la pobreza debemos afrontarla con una feminización del desarrollo. La pobreza se hereda, una situación que se transmite de madres a hijas ya que las circunstancias que la rodean no cambian.

             En nuestro país podemos observar cómo mujeres viudas, jubiladas que no cotizaron en el mercado laboral mal viven  con una pequeña pensión, las nuevas formaciones familiares monoparentales al frente, la mayoría de ellas, de mujeres, son otro ejemplo de supervivencia al límite que si bien no podemos calificar de pobreza, si se encuentran en una línea muy delicada.

Como decía antes, es una situación heredada, no está provocada por la crisis económica que sufrimos (puede que sí agravada) y por tanto no se solucionará a su término, las soluciones debemos buscarlas en acciones concretas para su erradicación que están relacionadas con el desarrollo de una ciudadanía completa a la cual debemos tener acceso libre y sin restricciones y no acceder a ella por nuestra renta. Los derechos básicos de toda persona deben de ser respetados y proporcionados sin selección, la idea dela Renta Básica de Ciudadanía presenta una solución en esa línea, supone un ingreso por el gobierno a cada miembro de pleno derecho de la sociedad. La renta básica  significaría un gran avance en la ciudadanía en general pero especialmente en las mujeres si tenemos en cuanta los porcentajes de desempleo y pobreza que les afectan.

Debemos por tanto relacionar conceptos para poder definir las situaciones de pobreza,  si en una misma situación nos encontramos con pobreza y mujer estamos definiendo una forma de vida muy diferente y por tanto una forma de ejercer la ciudadanía.

Nuestras sociedades están basadas en la jerarquización y esta se sustenta en la diferencia de reparto de los recursos, para poder deconstruir esa jerarquización debemos pasar por un adecuado reparto de los recursos y garantizar el acceso a ellos de toda la ciudadanía.

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tarea civilizadora ¿ tarea de mujer?

Tarea civilizadora: ¿tarea de la mujer?

 

Ir al trabajo, cuidar a la familia, hacer a la compra, llevar los/as niños/as al colegio, visitar a unos familiares, llamar al fontanero, comprar el regalo de cumpleaños, llevar a los/as niños/as al cumpleaños, cita con el/la dentista… y así mil tareas más que puede llegar a realizar una mujer de forma diaria. Las mujeres se han ido incorporando y demostrando su valía en el mercado laboral pero sin abandonar y casi sin compartir las responsabilidades domésticas que van más allá que la limpieza.

Las tareas de cuidado, físico y mental, de la familia suponen una obligación, tenemos que asegurar que nuestros hijos/as sean la ciudadanía del mañana. Si a los nuevos seres no se cuidaran, la especie humana se extinguiría, no somos capaces de sobrevivir sin ayuda hasta pasados bastantes años, a diferencia de otras especies animales es necesario que se nos alimente, se nos socialice, se vele por nuestro bienestar. Todo ello ha sido realizado tradicionalmente por la mujer sin que por ello haya recibido ningún reconocimiento, el trabajo que la sociedad ha valorado es que relacionamos con  las actividades mercantiles, aquellos que están dentro del mercado laboral y tienen una remuneración. El trabajo doméstico es muy diferente al mercantil, su objetivo es el cuidado y bienestar no los beneficios, pero las actividades mercantiles no podrían existir sin este trabajo que crea las condiciones necesarias para adquirir, entre otras cosas, el capital humano. (Malabaristas de la vida, varias autoras. Icaria 2003)

Esta situación ha sido posible durante largos períodos de tiempo por varias razones:

–          ideología patriarcal, que defendía la naturaleza humana de las mujeres para trabajo reproductivo y ensalzaba las capacidades intelectuales de los hombres para el trabajo público.

–          Económica, para que el hombre realice su trabajo fuera del hogar es necesario que alguien permanezca en el asegurando así sus necesidades para la supervivencia y perpetuación de la especie.

La problemática  aparece cuando la mujer conquista el mercado laboral y se comienza a debatir sobre la conciliación familia- empleo. No es posible que las mujeres adopten el modelo de uso de tiempo masculino, en el cual no hay conciliación, hay tiempo dedicado al trabajo y tiempo de disfrute de la familia, no se contempla tiempo para las tareas domésticas y tampoco es posible abandonar las funciones de cuidado básicas para la subsistencia, surge entonces la pregunta: ¿ cómo lo conseguimos?

No sólo seria necesario que el sector masculino asumiera sus responsabilidades con respecto a la familia, las organizaciones e instituciones sociales deben considerar que el cuidado de la vida es una responsabilidad social y política. Ello pasaría porque el objetivo de la sociedad fuera la vida humana y no el capital, los valores otorgados a aspectos inertes rivalizan con el valor otorgado a la vida de los seres humanos, gastamos más en defensa (6.868.197,31 millones de euros) que en educación y sanidad juntas (2.843.428,35 y 4.255.135,32 millones de euros respectivamente).                 (Ley 39/2010, de22 de diciembre ,de presupuestos del estadohttp://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-2010-19703,)

Otro paso obligatorio a dar es conceder a las tareas domésticas su valor real como funciones imprescindibles, es necesario realizar una adecuada conceptualización del término, no podemos definirla en comparación con el trabajo mercantil, como de decía antes, no persiguen el mismo objetivo, al no tener la misma naturaleza no son comparables. En el libro “Malabaristas de la vida”  se dedica todo un capítulo a este aspecto, resaltando la importancia que tiene nombrar la tarea de la mujer, describirla, valorarla. En su descripción observan que no sólo son tareas dedicadas al cuerpo y sus necesidades básicas físicas, incluye también crear relaciones afectivas y sociales y proteger a las personas, preparan las futuras generaciones para la sociedad, es por tanto, una tarea civilizadora.

Todo esto no es una utopía, Veronika Bennhold- Thomsen (1997) y su equipo de investigación demuestran, en el estudio sobre Juchitan, que es posible una sociedad con alto nivel de calidad de vida, al mismo tiempo que se respeta la naturaleza, se valora la maternidad y el trabajo encaminado a la satisfacción de las necesidades vitales.

Nosotros/as estamos muy lejos de conseguir todo eso (aspecto que no debe desmotivarnos), ejemplos como las sentencias  que se publicaron a principios de 1999 en el Tribunal superior de justicia del País vasco que revocaba la invalidez para el desempeño de la profesión de una empleada del hogar alegando que el trabajo desempeñado no requiere esfuerzos físicos y que las tareas que precisan de esfuerzo son de carácter leve y cuenta con ayuda de medios mecánicos. O la del juzgado de lo Social Nº 5 de Sevilla que denegó la invalidez de una trabajadora del hogar que, según el informe médico “está incapacitada para grandes sobrecargas y esfuerzos importantes con la mano derecha” alegando que hoy existen aparatos técnicos que simplifican las tareas. (Malabaristas de la vida, pp. 67).

 Podemos observar un menosprecio claro y explícito al trabajo realizado tradicionalmente por la mujer, invisibilizando los esfuerzos que suponen.

Tenemos mucho trabajo por delante y una pesada carga ideológica a las espaldas de la que debemos desprendernos, la adecuada valoración del trabajo doméstico debe pasar por hacer visible esa “mano invisible”  que hace posible la civilización de las generaciones nacientes y  tomar consciencia, desde diferentes ámbitos sociales, que si son varias las manos que realizan las tareas civilizadoras los resultados mejoran y las responsabilidades se comparten, estaríamos hablando entonces de una verdadera conciliación.

Luz Mª Cordeo Beas.

Bibliografía:

Malabaristas de la vida. Varias autoras. Editorial: Icaria, 2003.

Ley 39/2010, de22 de diciembre , de presupuestos del estado.