En dirección prohibida

El pasado jueves 15 de Abril oyendo la radio por la mañana antes de salir de casa, reaccioné con estupor a las declaraciones del presidente de la CEA. Es más, al principio, no di crédito a que se hubiera podido afirmar algo así por parte de una persona de su nivel, el máximo representante de los empresarios (¿y empresarias?) andaluces. Pensé: ¡Ah, otro chiste a cuenta de la igualdad!

Pues no. Vino a decir Santiago Herrero que, ante el reto que tienen las administraciones públicas de recortar gastos para dar cumplimiento al acuerdo del Plan Estabilidad mediante el que Estado y Comunidades Autónomas quieren ajustarse a la directriz europea de limitar el déficit a un 3% en 2013, existen muchísimas posibilidades de reducir gastos. Y apuntó generosamente incluso algún ejemplo para iluminar al resto de los mortales y al gobierno andaluz de dónde habría que acometer dichos recortes en los presupuestos de la Junta de Andalucía.

Desde su atalaya empresarial, entiende el Sr. Herrero que hay gastos si no superfluos, sí prescindibles en estos momentos. ¿Cuáles? Aquellos que se dedican a fomentar el flamenco (el primero, por orden de su intervención) y al Plan de Igualdad. Afirmaba el jefe de los empresarios en esta inestimable aportación, en la que incluso quiso abundar, que este Plan tiene una inversión de “millones de euros” cuando “a lo mejor en estos momentos hay que concentrar los esfuerzos en otros temas”.

Pues sí, aunque lo primero que te preguntes es ¿así estamos a estas alturas?, lo cierto es que las declaraciones son de Abril de 2010. La coordenada tiempo es hoy, la coordenada espacio es aquí.

Una de las lecciones de esta asignatura, y reproduzco textualmente, es: “Desde el momento en que la información sobre la participación de las mujeres en el mercado de trabajo no está bien representada, también se distorsiona la percepción de su importancia para la economía nacional”. Lástima que algunos no se matriculen aunque qué se puede esperar de quién ni si quiera repara en la desigualdad que aún hoy persiste.

La patronal no se ha distinguido nunca por incorporar a su agenda de prioridades la situación de la mujer. No sólo desde el punto de vista de la mujer como trabajadora y sus especiales condiciones en el mercado laboral: desempleo femenino, acosos, brecha salarial, etc.. (su agenda tampoco -aunque más- atiende la visión del trabajador hombre). Tampoco desde el punto de vista de la mujer empresaria, del fomento de la actividad emprendedora entre mujeres o de incorporar a mujeres en los puestos de dirección o en los consejos de administración de las empresas. Y ello, pese a los datos que avalan los exitosos resultados desde el punto de vista de la rentabilidad y la competitividad delas compañías con una presencia femenina destacada al frente de la responsabilidad de su gestión.

Dicho esto, las declaraciones del Sr. Herrero aquí trascienden de su ámbito como responsable de la organización empresarial andaluza, siendo éste, indudablemente un espacio de enorme relevancia social que afecta no sólo a quiénes forman parte de la CEA. Y ello porque, del mismo modo que los agentes económicos y sociales participan en los asuntos de gobierno y, precisamente por ello también, los ciudadanos demandamos un correcto desempeño de sus funciones y una adecuada actuación al frente de sus responsabilidades que tienen una relevancia social innegable. Pero es que además, con estas declaraciones se opinaba al objeto de influir en el diseño de las políticas y, por tanto, en la gestión de un gobierno y en la vida de los ciudadanos. De ahí que su gravedad nos ponga en alerta.

Resulta preocupante comprobar el grado de beligerancia que está despertando en sectores de la sociedad los avances que nuestro país viene experimentando en materia de igualdad. Me apuntaba la profesora Nieves Saldaña que el patriarcado se está defendiendo y que eso explica reacciones tan vehementes contra la igualdad. Reacciones que oscilan desde el menosprecio absoluto a la hostilidad, el escarnio y el ensañamiento hasta el punto de situarlas en el centro de la diana de la crítica social, política o, como vemos, económica.

Es difícilmente explicable que desde instancias económicas no se alcance a valorar la dimensión económica que ofrece la igualdad en términos de crecimiento, de riqueza, de valor. Pero es mucho menos tolerable que, a estas alturas, se cuestione la necesidad de seguir avanzando en niveles de igualdad entre hombres y mujeres. Si no se repara en sus beneficios desde le punto de vista económico, no caben excusas desde el punto de vista del ejercicio de Derechos Fundamentales como el derecho a la vida y a la integridad física.  Por si no fuera suficiente una perspectiva mercantil, la cifra de mujeres fallecidas víctimas de la violencia de género resulta inapelable a la hora de abordar con respeto las políticas de igualdad.

Resultan indignantes a la par que descorazonadoras este tipo de declaraciones que, me resisto a pensar lo contrario, responden a estereotipos antes que a convicciones. Lo cierto es que el modelo hombre ganador de pan-mujer ama de casa está en la base de estas posiciones y, como ponen de manifiesto hechos como éste, tan arraigados que llevanincluso a entender la ambición por la igualdad como un elemento prescindible, algo así como una moda o un lujo propio de épocas de bonanza económica. Casi puede una oír que es una frivolidad “propia de mujeres”. Casi le faltó añadir que mientras funcione la economía (de empresarios y trabajadores hombres) y las empresas sean rentables y den beneficios, todo lo demás (las mujeres en casa) puede esperar.

Desde el punto de vista del autor de las declaraciones, no es un hecho en absoluto baladí que se contravenga incluso el lenguaje políticamente correcto. Desde el punto de vista del receptor, estas manifestaciones socavan gravemente la opción política de impulsar políticas de igualdad.

Desde la perspectiva económica es una opción torpe, supone desperdiciar la oportunidad que ofrece la mitad de la sociedad de sumar esfuerzos a nuestro crecimiento. Pero con ser esto muy grave, es más preocupante desde un punto de vista democrático porque son ilegítimas desde una valoración de nuestras aspiraciones como sociedad. Pero ahí están, reflejan una parte de ella que tiene sus ideas y sus resortes y que los utiliza.

Más allá de la valoración concreta -por cierto, ha rectificado, según he leído, básicamente en relación a la promoción del flamenco-, es preciso darle la vuelta a estas percepciones como a un calcetín. Vamos a tener que insistir, o mejor, que camuflar las exigencias de igualdad en un discurso puramente económico para avanzar porque algunos no se han dado cuenta que el futuro, incluso el que persiguen, avanza en la dirección contraria a la que llevan.

   

Segregación versus Economía del Conocimiento

La economía feminista se enfrenta con la misma dificultad que muchas disciplinas y áreas de conocimiento experimentan a la hora de incorporar el género como un eje transversal: la marginación académica, la consideración de pseudociencia de aquellas teorías que incorporan la realidad de la mujer, la acusación de falta de rigor científico, incluso la ridiculización. Al final aparece la vieja receta: el prejuicio que alimenta la ignorancia que perpetúa el prejuicio… en un círculo vicioso endiablado.

La falsa coartada de la supuesta neutralidad del conocimiento encierra además una trampa perversa que compromete nuestro crecimiento futuro. Un conocimiento incompleto y sexista es, sencillamente, un conocimiento inútil en la sociedad actual pero si esto ha sido así siempre, hoy el conocimiento es además el recurso más valioso por encima de cualquier otro, mucho más que cualquier elemento tangible, incluso el capital. Y la discriminación indirecta que sigue impidiendo a la mujer acceder también a este recurso en condiciones de igualdad no puede pasar desapercibida en un momento como el actual.

No es una novedad que estamos ante un cambio de ciclo, ante un nuevo paradigma económico que basa su crecimiento en factores diferentes a los que han determinado hasta ahora la productividad y la competitividad. El conocimiento es ya el principal activo de cualquier economía. La investigación, el desarrollo y la innovación marcan hoy el potencial de crecimiento de cualquier país. Una actividad intensiva en estos 3 pilares, sumada al desarrollo tecnológico protagonizan a nivel mundial los objetivos y prioridades de las políticas económicas que se marcan la mayoría de los países. Y es aquí donde cobra una especial relevancia la apuesta por el talento, la inteligencia, la capacidad y, donde la mujer y su aportación -la de la mitad de la población- adquiere un valor decisivo. Son ya muchos los informes que ponen de manifiesto que los países más igualitarios son también los más competitivos y eficientes desde el punto de vista económico.

Vamos a analizar el binomio conocimiento-mujer que guarda una estrecha relación con otro clave en la actualidad, el de universiad-igualdad.

Hace 100 años se producía en nuestro país un hecho trascendental para la mujer y para toda la sociedad: se permitía el acceso de la mujer española a los estudios superiores, a la Universidad. Se formalizaba así el acceso de la mujer al conocimiento. Cien años más tarde, constatamos que el 54% de las matrículas y el 60% de los títulos universitarios pertenecen a mujeres. La realidad es que la mujer muestra un mejor rendimiento académico, obtiene los mejores expedientes  y se ha incorporado masivamente a la Universidad, pero a las aulas no a los órganos de gobierno. Pero sobre todo, 100 años después cabe preguntarse:

1.- ¿A qué conocimiento estamos accediendo las mujeres? No sólo a un conocimiento muy escorado a determinadas materias, a un conocimiento restringuido que determina nuestra segregación profesional (Ciencias Sociales y Jurídicas, Humanidades, etc..) pero sobre todo y además a un conocimiento claramente androcéntrico que excluye a la mujer como objeto del mismo.

2.- ¿Qué papel juega la mujer no ya en el acceso sino en la producción de conocimiento?

Ambas cuestiones son clave en el actual contexto económico. Acceder a producir ciencia adquiere hoy un valor estratégico y no sólo de cara a marcar la posición que la mujer alcanzará en el nuevo contexto económico (si va o no a formar parte activa de los sectores que generan valor añadido) sino también para transformar cualitativamente un modelo económico que ha excluido a la mujer y a su realidad, que ha negado la dimensión económica de las ocupaciones de las mujeres.

Nuestras Universidades se han feminizado pero no han respondido aún a un modelo igualitario o feminista. Sólo el 14% de las cátedras en nuestro sistema universitario están en manos de mujeres y esto representa una brecha gravísima. La autoridad académica y científica de las mujeres no se puede seguir cuestionando.

Para terminar quiero mencionar el informe Académicas en cifras 2007 que refleja esta realidad pero del que cabe extraer muchas reflexiones, sobre todo, a partir de algún dato para mí -lo confieso- inesperado: en todo el sistema universitario español no existe ni una sóla catedrática, atención, no ya en Ingeniería Aeroespacial, sino en Obstetricia y Ginecología, en Pediatría o en Trabajo Social y Servicios Sociales, por citar algunos ejemplos.

Es decir, ni siquiera en aquellas disciplinas que se orresponden con los roles tradicionalmente asignados a las mujeres, o las que tienen que ver exclusivamente con nuestro cuerpo, adquirimos la autoridad científica. En tareas feminizadas son los hombres los que acceden a este mayor status.

Margaret Maruani cuando define empleo como el conjunto de las modalidades de acceso y salida del mercado de trabajo, así como la traducción de la actividad en status sociales incluye en este último concepto cuestiones como el salario, entre otras. Offe también afirma que el acceso al empleo nos proporciona renta, estatus y participación en el sistema de protección social. Y Marshall incluso otorga una dimensión triple (civil, político y social) a ese estatus que proporciona el trabajo a la persona. Siendo esto irrefutable, a la luz de estos datos cabría preguntarse por qué da la sensación de que, en estos casos -ginecólogos, pediatras- es la condición masculina la que otorga estatus, entendido aquí como prestigio, a estas profesiones. La cocina, labor histórica e intrínsecamente vinculada a la mujer es Alta Cocina cuando la practican los hombres.

Desde el punto de vista del mercado, las mujeres deberíamos contribuir a revertir estos desequilibrios de muchas formas y una de ellas es utilizando nuestra posición de consumidoras de bienes y servicios condicionando la oferta al concentrar o dirigir nuestra demanda a profesionales en estas ramas. Yo prefiero a una ginecóloga que a un ginecólogo pero no es más fácilque te recomienden a un hombre.

Volviendo a la primera parte de mi reflexión, está claro que no podremos maximiza las posibilidades de una economía del conocimiento sin contar con la mitad del talento y que además en esta encrucijada tenemos la oportunidad de transformar un modelo no sólo ineficiente desde el punto de vista económico, como ha demostrado la crisis actual, sino además injusto desde el punto de vista de la igualdad.

Iniciativas legislativas como la nueva Ley de la Ciencia o la Ley de Economía Sostenible incorporan la perspectiva de género pero siguen siendo necesarios muchos esfuerzos en esta dirección. Y desde aquí señalo al de las Universidades que, pese a tener mandatos legales claros, a veces, dan pasos en la dirección contraria.

 

 

Trabajo reproductivo y acumulación capitalista

Por lo general la masificación del desempleo, extensión de la jornada de trabajo más allá de la necesaria sin el reconocimiento salarial de la misma, las prácticas de flexibilización laboral y la tecnología son fuentes de incremento de la plusvalía y consecuentemente de la acumulación capitalista; no obstante, el trabajo reproductivo constituye un factor importante de acumulación y de sostenimiento de la economía a pesar de que en la producción capitalista es un trabajo que no existe en el sentido que no entra a la esfera mercantil.

El trabajo reproductivo entendido como el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de las relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia (Picchio, 2001) aparte de que es fundamental para el sostenimiento de la vida y la reproducción de la fuerza de trabajo, contribuye a incrementar la masa de plusvalía. Así como también la carga del mismo no es igual para hombres y mujeres, éste es un trabajo desarrollada principalmente por las mujeres; en España, el 45,2% de las mujeres en calidad de inactividad se encuentran realizando labores del hogar, mientras que un sólo el 4,3% de los hombres se dedican a dichas labores.

A fin de entender cómo el trabajo reproductivo genera mayor acumulación, es necesario exponer que ésta se produce con el incrementito de la plusvalía, la cual constituye el valor del trabajo no reconocido a la persona trabajadora creado por encima del de valor de su fuerza de trabajo y de la cual se apropia el capitalista. Karl Marx plantea que le generación de la plusvalía no se da en la circulación de las mercancías, ya que el mercado no crea valor; por lo tanto la plusvalía se crea en la producción, al momento en que se combinan los medios de producción con la fuerza de trabajo; los medios de producción son mercancías ya creadas por lo que no cambian su magnitud de valor el cual se transmite íntegro al valor de las nuevas mercancías, por lo que permanece constante, por lo tanto la única mercancía capaz de generar valor es la fuerza de trabajo.

Sí partimos de que la fuerza de trabajo es la única mercancía capaz de generar valor y un remanente del cual se apropia el capitalista, dicha fuerza no se reproduce por sí sola, su reproducción recae en el trabajo reproductivo, ya que para poder desempeñarse en las empresas la población trabajadora necesita de los bienes y servicios que se generan en la esfera domestica y/o reproductiva, cuya producción no es remunerada, pero si es fundamental para que las y los trabajadores puedan asistir saludablemente a sus puestos de trabajo y ser más productivos.

Así la invisibilización del trabajo reproductivo reduce el valor de la fuerza de trabajo y por lo tanto permite una mayor acumulación de capital, como indicaba, para el capitalista este trabajo no existe (al no tener valor de cambio) y por lo tanto no es sujeto de remuneración, pero si permite contar con una fuerza de trabajo saludable y productiva, por lo que indudablemente sí genera valor. Si incorporásemos en el valor de la fuerza de trabajo remunerada el valor del trabajo invertido en el plano doméstico o reproductivo, el salario a percibir de las personas ubicada en la esfera productiva debería ser mucho mayor al salario percibido, sin embargo, esto no es así. (Gil de San Vicente, 2000).

Al no existir un mecanismo de reconocimiento del trabajo reproductivo, el valor que éste genera es expropiado por el capitalista; así para el sistema capitalista es favorable mantener silenciado la labor reproductiva desarrollada mayoritariamente por la mujeres, ya que al visibilizarla o remunerarla la tasa de ganancia y de acumulación del capital caería.

Adicionalmente, Gil de San Vicente plantea que las mujeres no solamente son oprimidas, explotadas por el capitalista (y los hombres) vía el no reconocimiento del trabajo reproductivo; también, existe opresión y/o violencia contra las mujeres cuando los procesos de acumulación capitalista conducen a eliminar muchos de los derechos y beneficios que la población trabajadora han ganado a través de la lucha sindical y organizada.

Pero el procesos de acumulación no sólo se beneficia de la invisibilización del trabajo reproductivo; también, la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina que se traduce en menores salarios en trabajos de igual valor contribuye significativamente a una mayor acumulación del capital. Así podría decirse que hombres y mujeres sufren de manera muy distinta la explotación capitalista, es más, las mujeres sufren de una doble explotación: la de la esfera reproductiva al no reconocerse el valor que ahí genera y en la esfera productiva al percibir menores salarios con respecto a los hombres por trabajos de igual valor.

Bibliografía
Gil de San Vicente, Iñaki (2000) Capitalismo y emancipación nacional y social de género. 1a edición electrónica en Internet por la Red Vasca Roja el 4/01/2001.
Picchio, Antonella (2001) Un enfoque macroeconómico ampliados de las condiciones de vida. Conferencia Inaugural de las Jornadas “Tiempos, trabajos y géneros”, febrero 2001. Universidad de Barcelona.

LA SEGREGACIÓN OCUPACIONAL. LA TRAMPA CONSTANTE.

Desde hace algunos años, la incorporación mayoritaria de las mujeres a los estudios superiores no sólo es una realidad, sino que además, se ha convertido en un indicador de progreso y avance de nuestra sociedad en general, y de las mujeres en particular. Y así es, en una primera lectura.

En un análisis más profundo, y enlazándolo con el mercado de trabajo, podemos observar que las mujeres, formadas o no, ocupan puestos en los mismos sectores (feminizados, y de menor valor social y económico), o en un sector lo hacen en los puestos más bajos. Es la segregación ocupacional de nuestro mercado de trabajo, que sigue una tendencia común a todos los países del área occidental, siguiendo el artículo de Maté García, Nava Antolín y Rodríguez Caballero, y que por resumir drásticamente podemos destacar varias conclusiones:

  1. Las ocupaciones calificadas como femeninas lo son cada vez en mayor grado, y con las masculinas ocurre otro tanto.
  2. Los contratos a tiempo parcial son ocupados en su mayoría por mujeres.
  3. Esta segregación también se da con mayor fuerza en empleos no cualificados, cualificados en los servicios y cualificados en la industria y construcción.

La realidad se apoya en diversas teorías. La Neoclásica se apoya en su análisis tanto en la oferta como en la demanda. Desde el punto de vista de la oferta, la división del trabajo en la familia determina que la mujer dedique más tiempo a la familia; en su formación, ésta tendrá menos incentivos, pues los costes de retirarse del mercado serán menores. Desde el punto de vista de la demanda, los empresarios tienen prejuicios que discriminan a las mujeres, pues la dedicación a la familia hace que éstos las perciban como menos productivas.

La Teoría de la Segmentación de los Mercados, señala un Mercado de Trabajo Dual, en el que se distingue entre Mercado Primario y Secundario. En el Primario, los empleos son estables, bien pagados, en buenas condiciones, con promociones profesionales adecuadas. En el Secundario, los empleos son inestables, mal pagados, en peores condiciones de trabajo, con escasas posibilidades de promoción. Como los varones ocuparán los empleos del mercado primario, porque no interrumpen su carrera, se ven favorecidos, mientras que las mujeres son excluidas del primario y van a parar al secundario dividiendo el mercado en ocupaciones masculinas y femeninas.

La Teoría Feminista estable esta segregación en factores ajenos al mercado de trabajo, pues traslada la subordinación de que tiene en la sociedad y en la familia a la ocupación. Los estereotipos sobre las mujeres y sus “habilidades” explican esta división en ocupaciones masculinas y femeninas.

Parece que la Teoría neoclásica se impone cuando vamos al mundo real, aunque combinado con la Teoría de la Segmentación. Sin embargo, el remedio está en las Teorías Feministas, que hablan de costes en la pérdida del talento femenino, de apuesta por las capacidades y no por el sexo…

Y si esto lo empezamos a aplicar desde la infancia y juventud, tenemos los buenos propósitos que alientan, como este video…

La economía humanista de una mujer

El año pasado recibió por primera vez una mujer el Premio Nobel de Economía. Se trata de la estadounidense Elinor Ostrom y el premio le reconoce su trabajo en el que la economía adquiere un sentido práctico y humano.

Elinor ha retomado problemas de negociación en situaciones de explotación de los recursos naturales, necesarios para la vida, pero a punto de extinguirse.

En 1989 escribió El Gobierno de los Comunes, donde explica cómo los seres humanos tienden a comportarse de forma egoísta al ir desapareciendo los recursos y tener que luchar por ellos para la supervivencia. Es así también y de forma paralela cómo estos valiosos recursos comienzan a escasear a pasos agigantados.

Elinor plantea cómo tenemos que encontrar soluciones a corto plazo a esta escasez de recursos. No nos basta con las soluciones propuestas por los estados o las instituciones, debemos organizarnos nosotros mismos a través de un contrato social en el que cooperemos y nos apoyemos para conseguir el éxito. Su economía es una enorme apuesta por el ser humano.

La Real Academia Sueca consideró que sus trabajos demostraron cómo grupos de usuarios que se asocian de forma voluntaria pueden gestionar con éxito propiedad pública. Su trabajo me hace pensar en el ecofeminismo o quizás en el “ecohumanismo”. Pretende que la economía se apoye en el ser humano y al mismo tiempo pretende salvar nuestros indispensables recursos. Su teoría se pone en práctica en numerosos países en vías de desarrollo donde por ejemplo mujeres se han asociado para poder ser propietarias y trabajar la tierra en cooperativas donde todas y cada una de ellas ponen su granito de arena hacia el progreso. Lo curioso es que al asociarse de forma voluntaria, todos sus miembros velan por su funcionamiento. Es nada más y nada menos que una forma de autogobernarse para salir delante de situaciones difíciles. Y para ello esta laureada demuestra una gran esperanza en el individuo.

Cuando la mujer pasa a ser un bien subastable

La trata de seres humanos, en su mayoría mujeres, para fines sexuales es una forma de esclavitud de género con propósitos económicos muy claros, que según la ONU afecta a 4 millones de personas en el mundo.  Acaba con la identidad de la mujer que se ve sometida a la prostitución y a vejaciones constantes que merman su autoestima y acaban con su dignidad. Este negocio ilegal obtiene unos beneficios económicos incalculables y se basa, al igual que la esclavitud, en cosificar al ser humano para que produzca capital. Es en mi opinión, uno de los peores crímenes posibles.

La trata se nutre del engaño para que la mujer acepte a emigrar a otro país en busca de lo que parece será una vida mejor. Al emigrar, la mujer se convierte en un ser aún más vulnerable y está completamente desprotegida, ya que en muchos casos ni siquiera habla la lengua del país y al no tener una red social que pueda ayudarla, le es prácticamente imposible salir de la trata a la que se ve obligada. El impacto en las sociedades es enorme, pero difícil de percibir ya que ni siquiera las víctimas llegan a comprender la explotación que sufren y se sienten tan avergonzadas que no siempre piden ayuda. De esta forma la mujer es apropiada por un maltratador como si de un recurso natural se tratara ya que su único propósito es el de producir beneficios y llega incluso a ser revendida a un mejor tratante.

¿Cómo es posible que aquello que nosotros llamamos seres humanos sean capaces de subastar a una mujer para que sea sometida sexualmente? ¿Cómo es posible que se aprovechen de conflictos armados, desastres naturales, situaciones de extrema desesperación y vulnerabilidad como es el caso del terremoto de Haiti para “secuestrar” a niños con estos fines? La trata de seres humanos es un crimen contra toda la humanidad.

España cuenta desde 2008 con un Plan Integral contra la Trata que asegura asistencia y protección a la víctima y lucha contra las organizaciones de trata de seres humanos apostando  fuertemente por el estrangulamiento económico de las redes de traficantes como medio para su erradicación. También pretende combatir sus causas y sensibilizar a la sociedad hacia una tolerancia cero. Desgraciadamente y como siempre ocurre en estos casos, por una parte la ley se centra en una mayoría y deja sin embargo desprotegidas a mujeres que  son explotadas por ejemplo a través de matrimonios forzosos. Por otra parte, las leyes son propuestas magníficas, pero su puesta en escena no parece tan eficaz. Según la ONU la trata de blancas sigue aumentando a nivel mundial.

Cambiar el paradigma

Las discusiones económicas (sobre métodos, modelos, etc.), al igual que las discusiones sobre la categoría de la ciudadanía, han sido mayoritariamente dentro de las preocupaciones masculinas. En este sentido, teniendo en cuenta el concepto dominante de trabajo y empleo, no es sorprendente que la mujer siga estando en situaciones desfavorables, ya que no se ha podido salir del todo de lo productivo como eje central de la economía.

Hasta los discursos críticos con el sistema se han manejado dentro de estos límites, de lo productivo como lo importante (en tanto y en cuanto puede traducirse en un valor monetario o mercantil), como por ejemplo Louis Althusser explicando la reproducción de las condiciones de producción (las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes) para mantener los métodos de producción del sistema capitalista, fundamentalmente a través de los AIE (Aparatos Ideológicos del Estado).

Este es un trabajo que se enmarca también dentro del discurso masculino, ya que no tiene en cuenta el trabajo de reproducción social que las mujeres realizan dentro del hogar, cuestión que podría considerarse dentro de la reproducción de la fuerza productiva. Aunque el autor se refiere al AIE familiar, lo hace desde el punto de vista de cómo el núcleo familiar reproduce la ideología dominante para mantener precisamente el sistema. En este sentido, la mujer queda invisibilizada en todo momento, ya que su trabajo doméstico, de cuidado, en fin, de reproducción social no se menciona, ya que lo importante es la producción dentro del Mercado capitalista y su forma de reproducción. Igualmente el artículo al que hago referencia, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, es un trabajo muy valioso por las categorías analíticas que introduce.

Teniendo en cuenta que la producción social (entendida como la producción económica con valor asignado, con su consiguiente reproducción) se lleva todas las preocupaciones, y teniendo en cuanta además de las pocas soluciones que estas discusiones han aportado al bienestar general, podemos decir que es momento de cambiar el paradigma, cambiar la forma en cómo se mira la economía. En este sentido, desde varios sectores feministas apuntan a un concepto clave: el trabajo de la reproducción social que, como bien explica Antonella Picchio:

El contenido de dicho trabajo es el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia. Se trata de un trabajo que, en cuanto a su cantidad, medida en unidades físicas de tiempo, supera ligeramente al total del trabajo remunerado de los hombres y las mujeres, mientras que, en lo que respecta a su calidad, tiene unas características que son fundamentales para mantener las condiciones de sostenibilidad del sistema en su conjunto y que connotan al sistema en un sentido institucional. (Antonella Picchio, 2001)

Este tipo de trabajo no remunerado realizado por las mujeres, debe empezar a tenerse en cuenta en los análisis y propuestas que los gobiernos y los diferentes organismos internacionales realicen, para poder empezar a hablar de sistemas más inclusivos.

LA PARTE OCULTA DEL ICEBERG

Las mujeres siempre hemos estado situadas  en los márgenes de la economía, y con ello excluidas del sistema económico y de su discurso.

Ante esta realidad la economía feminista asume como tarea propia la propuesta de soluciones. ¿Qué es lo qué propone la economía feminista?

  • En primer lugar, dando una definición más amplia de lo económico que, de forma clave, atienda a las actividades invisibilizadas históricamente realizadas por las mujeres.
  • En segundo lugar, una recuperación de las mujeres como  agentes económicos.
  • En tercer lugar, es necesario mostrar las relaciones de poder de género que son el fundamento de la división entre el ámbito público y el privado.
  • Por último, frente a una disciplina masculinizada exclusivamente teórica al margen de su posible aplicación. la económica feminista aboga la comprensión y la solución de los problemas concretos de las personas.

La economía feminista ha hecho uso de dos corrientes distintas que presentan distintas soluciones:

  • La economía feminista de la conciliación pretende redefinir los conceptos fundacionales de economía y trabajo recuperación del trabajo doméstico de las mujeres, recuperando el conjunto de actividades femeninas invisibilizadas  condensadas en el trabajo doméstico– y conjugar esta recuperación con el sistema previamente establecido.

No logra cuestionar la estructura binaria, aunque aporta ideas fundamentales.

  •  La economía feminista de la ruptura : Esta corriente considera que la estrategia de la economía feminista de la conciliación de integrar una nueva esfera de actividad económica  al análisis previo implica problemas insuperables. Entre ellos: que el centro del análisis sigue siendo lo mercantil y que las esferas feminizadas no dejan de tener una importancia secundaria.

 La alternativa que plantea esta corriente y , según mi opinión lo fundamental, es que en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida.

Así pues, esta perspectiva propone una estrategia alternativa: centrar el análisis en los procesos de satisfacción de las necesidades humanas.

 Esto supone introducir elementos tales como el afecto, el cuidado, el establecimiento de vínculos sociales, la libertad… que han sido históricamente asociados a la feminidad Supone también revalorizar y reconocer la especificidad de los trabajos femeninos.

unidad No podemos olvidar que las necesidades humanas son de bienes y servicios pero también de afectos y relaciones. Necesitamos alimentarnos y vestirnos, protegernos del frío y de las enfermedades, estudiar y educarnos, pero también necesitamos cariño y cuidado, aprender a establecer redes y vivir en comunidad.

Sin embargo todas estas actividades asignadas a la esfera privada, se le niega valoración social. Actividades que son las que están directamente comprometidas con el sostenimiento de la vida humana.

La posición del sistema capitalista ha sido ignorar el cuidado de la vida humana. Pero eso sí, utiliza a las personas que realizan estas tareas como un medio para sus fines: la obtención de beneficio. Están al servicio de la producción.

Porque entre la sostenibilidad de la vida humana y el beneficio económico, nuestras sociedades patriarcalesel-capitalismo capitalistas han optado por éste último. Esto significa que las personas no son el objetivo social prioritario, no son un fin en sí mismas. Por supuesto este sistema  niega la responsabilidad social del mantenimiento de la vida.En este sentido, la economía en este sistema capitalista patriarcal puede representarse con la imagen de un iceberg. Metáfora que capta la idea básica de que, para mantener la parte privilegiada –la mercantil– a flote, se precisa la existencia de toda una serie de actividades invisibles desde las que se garantice la vida. Esas esferas invisibles son las relacionadas con la esfera de lo privado, lo doméstico, los trabajos no remunerados protagonizados por las mujeres.

Una parte aparece sobre el agua que representa únicamente el capital y el trabajo asalariado y por otra parte bajo el nivel del agua, invisible, el trabajo doméstico gratuito de las mujeres. Se puede decir que todas las teorías tradicionales sobre economía solo tienen en cuenta la cumbre, limitándose a al fuerza de trabajo del adulto, generalmente masculino, por un salario

Por tanto, la invisibilidad de estos trabajos realizado por las mujeres era requisito para que siguiera, sin ser cuestionado, un sistema que relegaba las necesidades humanas a un segundo plano.

 La economía feminista lo que pretende conseguir es sacar a la luz esa parte oculta del iceberg, validar y visibilizar la contribución de las mujeres a la economía.

 Vista la esencia del conflicto: la contradicción básica entre la lógica del cuidado y la lógica del beneficio, ¿qué posibles alternativas se pueden vislumbrar?.

 Según establece Cristina Carrasco, las distintas alternativas pueden resumirse en tres que serían las siguientes:

  • La primera, sería la adaptación al modelo actual. El sistema se mantendría en la obtención de beneficios, los hombres mantienen como actividad fundamental su participación en el mercado y las mujeres realizan ambos trabajos ( la llamada doble jornada) Las mujeres en este sistema realizan su trabajo remunerado a costa de otras mujeres , en muchos casos, inmigrantes de países más pobres, con lo cual perpetuaríamos el problema
  • La segunda alternativa es igual que la anterior pero con el añadido de políticas que colaboren en determinadas tareas doméstico familiares, lo cual atenuaría el trabajo de las mujeres. Mayor número de servicios públicos de cuidado, políticas de empleo específicas, las llamadas políticas de conciliación. La situación socio-laboral-familiar de las mujeres dependería de los recursos destinados a este tipo de políticas.
  • Finalmente, la alternativa más optimista plantea un cambio de paradigma que signifique mirar, entender e interpretar el mundo desde la perspectiva de la reproducción y la sostenibilidad de la vida. Aceptar que el interés debe situarse en el cuidado de las personas, significa desplazar el centro de atención desde lo público mercantil hacia la vida humana, reconociendo en este proceso la actividad de cuidados realizada fundamentalmente por las mujeres.

 En consecuencia, la propuesta implica considerar la complejidad de la vida diaria, los distintos tiempos que la configuran, las relaciones entre unos y otros, las tensiones que se generan, para intentar gestionarla en su globalidad teniendo como objetivo fundamental la vida humana.

Significa un cambio de nuestra concepción del mundo, un cambio donde la parte que sostiene el iceberg sea reconocida y valorada como tal.

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 Bibliografia utilizada:

Carrasco, Cristina. “La sostenibilidad de la vida humana: ¿un asunto de mujeres?

Pérez Orozco, Amaia. “Economia del Género y Economia Feminista. ¿Conciliación o Ruptura?

MEDIDAS PARA UN ABORTO MÁS LIBRE

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Desde una perspectiva económica convencional el trabajo doméstico no existía. Tampoco el trabajo de cuidados. Tampoco se habla desde esta mirada del sexo, de la reproducción y de los trabajos sexuales, desde la prostitución hasta las madres de alquiler. Temas como el aborto o la planificación familiar también quedan al margen de las ideas dominantes en economía.

Creo que es importante reivindicar todos estos aspectos asociados al género, para dignificar la vida de las mujeres y para ir cambiando esa idea patriarcal de lo que se mete en ese cajón llamado economía.

Hoy es noticia en los periódicos que parece que el aborto va a ser una elección más libre para las mujeres. La ley que viene en camino necesitará de muchas manos que, día a día, vayan deconstruyendo tantos tabúes y tantos condicionantes que hay alrededor de la mujer que se encuentra ante un embarazo no deseado.

La sexualidad, la planificación familiar y todo lo que las rodea son parte de las reivindicaciones feministas desde hace mucho. Y es hora de que tengan el espacio que se merecen dentro de la economía feminista.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/PSOE/tiene/apoyos/politicos/aprobar/reforma/aborto/elpepusoc/20090515elpepisoc_3/Tes

Hacia la incorporación de las mujeres en la economía dominante

economia mundial

Las mujeres están sobrerepresentadas a nivel mundial entre los grupos más desposeídos, los pobres y los de menor incidencia política, además, son objeto de exclusión social y violencia en razón de su género, cuyas formas e intensidades varían en cada sociedad. La desigual distribución del trabajo doméstico entre hombres y mujeres, así como las relaciones de dominación ejercidas por los hombres, tanto en el ámbito público como en el privado, contribuyen a perpetuar la situación de pobreza y exclusión que experimentan las mujeres, dificultando aun más el logro de vías transformadoras de las relaciones económicas dominantes.

Tal como apuntan Cécile Sabourin y Josée Belleau en el Cuaderno de Propuestas para el Siglo XXI, el cual fue el resultado del Taller Mujeres y Economía en el año 2001, en todas partes las mujeres se enfrentan con la economía “dominante” donde los actos de producir, consumir e intercambiar están sometidos a los imperativos de la rentabilidad “financiera” y de la globalización “corporativa”. A pesar de que las mujeres son esenciales para las actividades de la economía dominante, sólo es tomada en cuenta una parte de las actividades económicas que éstas realizan, mientras que el resto de su aporte o es invisibilizado, y por lo tanto no retribuido, o es devaluado a través de una escasa remuneración. Además, el hecho de que sean los hombres quienes controlan los recursos y los medios de producción e intercambio hace que a las mujeres se les dificulte la realización de actividades económicas, inclusive fuera del  campo de la economía dominante.

En el Taller Mujeres y Economía, organizado por la Fondation Charles Léopold Mayer pour le Progrès de l’Homme, se concluyó que en todas partes las mujeres se ven confrontadas con el mismo discurso hegemónico –acerca de la inevitable globalización y la ineludible competencia-, que lleva a la explotación creciente de los grupos menos ricos, específicamente, de las mujeres. Frente a esta situación, se desarrolla un discurso unánime entre los y las participantes –que en su mayoría eran mujeres- para poner en adelante la autonomía, la creatividad, la responsabilidad colectiva y la satisfacción de las necesidades humanas esenciales y fundamentales; promoviendo así la construcción de un nuevo paradigma económico que reconozca la igualdad entre mujeres y hombres, así como las dimensiones espiritual, mental, física y social de la persona, y un desarrollo armonioso y equilibrado entre el centro y la periferia, entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste.

Del taller surgieron ocho principios que constituyen pistas valiosas para establecer y profundizar como fundamentos de un nuevo paradigma económico, los cuales se enuncian a continuación:

  • Multifuncionalidad de las actividades productivas y del trabajo femenino: esto requiere el reconocimiento de que en una actividad económica juegan un papel importante la creación de vínculos interpersonales, la expresión de convivencia, la oportunidad de encuentros interculturales entre personas de edad y origen distintos.
  • Decompartimentación y distribución del trabajo y las responsabilidades: las relaciones de trabajo en el seno de proyectos, iniciativas, asociaciones o empresas, llevadas a cabo por mujeres, se caracterizan por la búsqueda de relaciones de igualdad donde los miembros o participantes en el proyecto tienen la posibilidad de adquirir capacitación y experiencia y asumir por turno las responsabilidades de gestión y producción.
  • Reconocimiento de la conciliación de roles y actividades, así como distribución equitativa del tiempo y las tareas: es absolutamente necesario lograr una distribución equitativa entre hombres y mujeres de las tareas que permanecen invisibles (trabajo doméstico) a pesar de ser esenciales para el funcionamiento de la economía y el conjunto de la vida cotidiana, así como el reconocimiento efectivo del tiempo que requieren estos actos.
  • Reconocimiento de los saberes tradicionales y saberes de experiencias adquiridos fuera de la esfera dominante: los saberes (saber-hacer, saber-ser) que las mujeres han desarrollado fuera del mercado del trabajo contribuyen al bienestar de las personas y colectividades, por lo cual es fundamental valorizarlos y reconocer tanto su rentabilidad económica como su rentabilidad social.
  • Organización de espacios de producción y de vida sobre la base del tiempo y las necesidades de las personas y las comunidades: dado que los espacios de producción son cada vez más incompatibles con las distintas responsabilidades familiares y sociales, asumidas por mucha gente, y en particular por las mujeres, la vida en familia y la vida comunitaria exigen una cierta proximidad entre los lugares de trabajo y de residencia. La organización espacial de áreas de vida debe también favorecer una interacción armoniosa entre las necesidades individuales y colectivas.
  • Una Jerarquización de las prioridades que tome en consideración la vida y la persona humana: las necesidades fundamentales de las personas deben incluir tanto la seguridad alimentaria como todas las otras formas de seguridad, entre ellas el acceso a la salud, a un entorno sano y a la educación, a la preservación y enriquecimiento de los vínculos sociales entre las personas, etc.
  • Transparencia en las prácticas a todos los niveles: ésta debe consistir en la expresión franca y la distribución de la información relativa a las dimensiones fundamentales de la vida socioeconómica, es decir, estado y distribución de los ingresos y procesos de toma de decisión a todos los niveles, tanto en el seno de la familia, como en las organizaciones y a nivel del Estado.

Como puede observarse, estos principios representan un buen punto de partida para el establecimiento de nuevos paradigmas económicos que incluyan una perspectiva de género, es decir, que permitan la incorporación de las mujeres en el mundo de la economía para que esta última deje de ser un espacio exclusivo para los hombres.