BINOMIO: Cuidado y Dependencia

Las necesidades de cuidados están íntimamente ligadas a la idea de dependencia. Satisfacer una necesidad requerida por una dependencia significa de hecho realizar cuidados. Ahora bien, detengámonos un momento en el concepto de dependencia. El concepto que habitualmente se utiliza guarda relación con niños y niñas o con personas ancianas o enfermas o con alguna minusvalía. Sin embargo, ésa es una versión muy restringida de dependencia, que se ha reducido a determinados grupos de población ya sea por razones de edad o de salud. No obstante, la dependencia humana –de mujeres y hombres– no es algo específico de determinados grupos de población, sino que es la representación de nuestra vulnerabilidad; es algo inherente a la condición humana, como el nacimiento y la muerte. Por tanto, es una característica intrínsecamente universal: todos y todas somos dependientes y necesitamos cuidados, aunque naturalmente con distintas características según el momento del ciclo vital. En algunas etapas de la vida, tenemos más dependencias biológicas; en otras, más emocionales; en otras, más económicas, etc. Así, incluso en períodos de la vida en que puede que no se requieran cuidados físicos o económicos, siempre se necesita la atención emocional, incluso en aquellos adultos sanos y felices y aparentemente autónomos (Kittay, 1999)

Como podemos observar, en el texto que he analizado de Kittay, no solo se habla de dependencia vinculada a colectivos a los que habitualmente se asocia, como la infancia, ancianidad,… sino que nos da una visión más allá de lo clásico, todos somos dependientes en algunos momentos de nuestra vida y todos necesitamos cuidados, por tanto, no nos podemos olvidar que como seres humanos somos vulnerables, antes estos dos conceptos: dependencia y cuidados.

En la sociedad patriarcal, donde el dominio era totalmente masculino, la mujer se ha dedicado a ejercer el papel de cuidadora, entre otros, invirtiendo su tiempo en cuidar a sus hijos, padres y maridos. Actualmente seguimos los mismos patrones de conducta, solo que ahora hay una mayor reincorporación de la mujer al mundo laboral y el papel de cuidadora sigue siendo intrínseco en ella. Debido a esta situación, el gobierno ha impuesto medidas para paliar la problemática que esto acarrea, como la falta de tiempo de las mujeres, que las obligan a elegir puestos de trabajo a media jornada, evitando así que adquieran un nivel laboral de mayor responsabilidad. Por tanto se han llevado a cabo una serie de ayudas y prestaciones sociales, que facilitan el trabajo de cuidadoras y trabajadoras a las mujeres que cumplen esos dos papeles.

En nuestra comunidad y otras comunidades, como consecuencia del aumento de la población anciana y a la situación social de la mujer, que he nombrado anteriormente, se crea una Ley con la finalidad de coordinar las políticas para el desarrollo en Andalucía, más concretamente la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de “Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia”, en la que está previsto que más de 200.000 personas, las más necesitadas (el 15% de los 1,3 millones de dependientes que hay), se beneficiarán de estas ayudas. Pretende ser universal y dará prioridad a la teleasistencia, la ayuda a domicilio y los centros de día, siendo excepcional el pago de un sueldo al cuidador familiar, una vez se haya dado de alta en la Seguridad Social, que en la mayoría de los casos este sueldo irá destinado a mujeres.

En mi opinión, hay que valorar el papel de la mujer ,en general, pero en este caso, como cuidadoras, algo que pertenece a ellas por definición, pero que con el paso del tiempo se ha convertido en una cuestión de todos, una cuestión social, pues todos vamos a ser dependientes y vamos a tener una serie de necesidades afectivas, de cuidado físico,… , por tanto hay que considerar este papel e invertir en él si queremos asegurarnos y tener una buena calidad de vida cuando lleguemos a esta etapa del ciclo vital.

¿Cuánto vale el trabajo de cuidados?

Cuando intentamos calcular en cifras, en euros cuánto vale el trabajo de cuidar a los hijos, a los padres o a cualquier otra persona dependiente o vulnerable que necesite apoyo, estamos incurriendo en un error.

Por una parte resulta imposible de calcular este maravilloso y digno trabajo. Habría que calcular según el día y por minutos lo que ganaría un chófer, un cocinero profesional, un camarero, un enfermero a domicilio, un psicologo, un maestro, un cuentacuentos etc. Además  hemos interiorizado que todos estas tareas tan diferentes y que requieren experiencia y cariño no tienen un gran valor porque no producen capital por sí mismas. También nos enseñan que impartir estos cuidados es inherente a las mujeres.

Caemos en dos errores al  intentar realizar este cálculo en cifras. Por una parte seguimos hablando de números, de dinero y utilizando así términos de una estructura económica que nos induce  a pensar en capital y rendimiento, en lo que valen las cosas por lo que se paga por ellas y al mismo tiempo caemos en el error al pensar que la mujer está mejor capacitada que el hombre para realizar estas múltiples tareas,

¿No sería mejor si aceptáramos que estos cuidados tienen un valor que va mucho más allá de lo que expresamos a través de los números?

Lo importante es predicar esta ética de cuidados a los hombres para que ellos también comiencen o sigan implicándose. Este cambio no sólo nos va a beneficiar a las mujeres. Los hombres recibirán así otro estatus social y un prestigio incalculable.

Trabajo reproductivo y acumulación capitalista

Por lo general la masificación del desempleo, extensión de la jornada de trabajo más allá de la necesaria sin el reconocimiento salarial de la misma, las prácticas de flexibilización laboral y la tecnología son fuentes de incremento de la plusvalía y consecuentemente de la acumulación capitalista; no obstante, el trabajo reproductivo constituye un factor importante de acumulación y de sostenimiento de la economía a pesar de que en la producción capitalista es un trabajo que no existe en el sentido que no entra a la esfera mercantil.

El trabajo reproductivo entendido como el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de las relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia (Picchio, 2001) aparte de que es fundamental para el sostenimiento de la vida y la reproducción de la fuerza de trabajo, contribuye a incrementar la masa de plusvalía. Así como también la carga del mismo no es igual para hombres y mujeres, éste es un trabajo desarrollada principalmente por las mujeres; en España, el 45,2% de las mujeres en calidad de inactividad se encuentran realizando labores del hogar, mientras que un sólo el 4,3% de los hombres se dedican a dichas labores.

A fin de entender cómo el trabajo reproductivo genera mayor acumulación, es necesario exponer que ésta se produce con el incrementito de la plusvalía, la cual constituye el valor del trabajo no reconocido a la persona trabajadora creado por encima del de valor de su fuerza de trabajo y de la cual se apropia el capitalista. Karl Marx plantea que le generación de la plusvalía no se da en la circulación de las mercancías, ya que el mercado no crea valor; por lo tanto la plusvalía se crea en la producción, al momento en que se combinan los medios de producción con la fuerza de trabajo; los medios de producción son mercancías ya creadas por lo que no cambian su magnitud de valor el cual se transmite íntegro al valor de las nuevas mercancías, por lo que permanece constante, por lo tanto la única mercancía capaz de generar valor es la fuerza de trabajo.

Sí partimos de que la fuerza de trabajo es la única mercancía capaz de generar valor y un remanente del cual se apropia el capitalista, dicha fuerza no se reproduce por sí sola, su reproducción recae en el trabajo reproductivo, ya que para poder desempeñarse en las empresas la población trabajadora necesita de los bienes y servicios que se generan en la esfera domestica y/o reproductiva, cuya producción no es remunerada, pero si es fundamental para que las y los trabajadores puedan asistir saludablemente a sus puestos de trabajo y ser más productivos.

Así la invisibilización del trabajo reproductivo reduce el valor de la fuerza de trabajo y por lo tanto permite una mayor acumulación de capital, como indicaba, para el capitalista este trabajo no existe (al no tener valor de cambio) y por lo tanto no es sujeto de remuneración, pero si permite contar con una fuerza de trabajo saludable y productiva, por lo que indudablemente sí genera valor. Si incorporásemos en el valor de la fuerza de trabajo remunerada el valor del trabajo invertido en el plano doméstico o reproductivo, el salario a percibir de las personas ubicada en la esfera productiva debería ser mucho mayor al salario percibido, sin embargo, esto no es así. (Gil de San Vicente, 2000).

Al no existir un mecanismo de reconocimiento del trabajo reproductivo, el valor que éste genera es expropiado por el capitalista; así para el sistema capitalista es favorable mantener silenciado la labor reproductiva desarrollada mayoritariamente por la mujeres, ya que al visibilizarla o remunerarla la tasa de ganancia y de acumulación del capital caería.

Adicionalmente, Gil de San Vicente plantea que las mujeres no solamente son oprimidas, explotadas por el capitalista (y los hombres) vía el no reconocimiento del trabajo reproductivo; también, existe opresión y/o violencia contra las mujeres cuando los procesos de acumulación capitalista conducen a eliminar muchos de los derechos y beneficios que la población trabajadora han ganado a través de la lucha sindical y organizada.

Pero el procesos de acumulación no sólo se beneficia de la invisibilización del trabajo reproductivo; también, la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina que se traduce en menores salarios en trabajos de igual valor contribuye significativamente a una mayor acumulación del capital. Así podría decirse que hombres y mujeres sufren de manera muy distinta la explotación capitalista, es más, las mujeres sufren de una doble explotación: la de la esfera reproductiva al no reconocerse el valor que ahí genera y en la esfera productiva al percibir menores salarios con respecto a los hombres por trabajos de igual valor.

Bibliografía
Gil de San Vicente, Iñaki (2000) Capitalismo y emancipación nacional y social de género. 1a edición electrónica en Internet por la Red Vasca Roja el 4/01/2001.
Picchio, Antonella (2001) Un enfoque macroeconómico ampliados de las condiciones de vida. Conferencia Inaugural de las Jornadas “Tiempos, trabajos y géneros”, febrero 2001. Universidad de Barcelona.

¿¿Expectativas sociales??

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

ESTADISTICAS, INVISIBILIDADES Y OTROS JUEGOS PERVERSOS.

El articulo de Carrasco y Mayordomo “Los modelos y estadísticas de empleo como construcción social: la encuesta de población activa y el sesgo de género”, me ha permitido incorporar y reafirmar, en mi discurso vital, argumentos que hasta ahora no había podido respaldar con la rigurosidad científica que se nos exige a las mujeres, sobre todo cuando hablamos de “lo no oficial”. Las autoras reconsideran el concepto de trabajo, pues señalan que a partir del siglo XX, dicho concepto, para los hombres no coincide necesariamente con el de las mujeres; o como el trabajo doméstico, realizado fundamentalmente por las mujeres, pasa a la esfera de la invisibilidad económica y del modelo productivo.

Si tomamos la EPA (Encuesta de Población Activa) como referente no sólo para conocer el mercado laboral, personas ocupadas, desempleadas, activas, etc, hemos de tener en cuenta que esta herramienta es mucho más que una fotografía más o menos real, porque es a partir de ésta de donde los poderes públicos diseñan sus estrategias de creación de empleo. Pero si en la EPA aparece que en España hay 10´5 millones de mujeres que “no trabajan” y que de éstas 5,2 millones se dedican al no trabajo de las “labores del hogar”, no parece que esa fotografía nos muestre toda la realidad. Sin embargo, un hombre dedicado al “no trabajo” está desempleado… Curioso cuanto menos…

También las autoras son muy clarificadoras en su exposición sobre los términos Empleo y Desempleo, y de cómo se juega con los conceptos, para determinar, dependiendo del género, que dichos términos fueron pensados para un modelo económico en el que se eliminó la parte del soporte vital, afectivo y de cuidados que realizan las mujeres, y que por supuesto, no está presente, pues no está monetarizado.

Las propuestas que ponen sobre la mesa pasan por rehacer las estadísticas, para que sean inclusivas, para que de ellas podamos extraer información más completa, sin tanto sesgo de género, sobre todo porque, a partir de ahí, se podrían diseñar políticas que intervinieran en la población de forma más completa.

Para mi, ha sido uno de los mejores artículos que he leido en mucho tiempo, y os invito a su lectura…

P.D.: he intentado encontrar una imagen de mujeres invisibles, y todo lo que me sale en google son mujeres de comic con una estetica tan machista, que me abstengo de insertar  imagen alguna que reproduzca el estereotipo de las peliculas (escritas por hombres, para hombres, ya sea comic, ficción o cualquier otra irealidad). Las mujeres invisibles son muchas, son otras, y están en nuestras casas haciendo una labor impresionante y muy poco valorada socialmente.

Trabajo Doméstico … ¿Cosa de mujeres?

He estado investigando y leyendo cosas acerca del trabajo doméstico y su relación con la mujer; y me he encontrado un estudio muy interesante hecho por unos sociólogos de Madrid (Jorge Ruíz, Yolanda Sánchez Utazú y Josefa Valero Picazo).

Se presupone que los trabajos son actividades productivas, es decir, actividades destinadas a la consecuciónde bienes y servicios. Pero también existen otros trabajos que no son mercantiles, y éstos son desempeñados mayoritariamente por las mujeres: el trabajo “voluntario”, el trabajo doméstico.

Se dice que el trabajo doméstico no es productivo porque los beneficiarios son las propias personas de la familia y no el mercado en general, por lo cual, no es un trabajo productivo. A consecuencia de ello, las mujeres que lo desempeñan son inactivas e infravaloradas socialmente.

El trabajo doméstico está considerado por muchos como un trabajo sencillo que no necesita ningún nivel cultural específico ni mucho esfuero. Pero la realidad no se corresponde con ésto, porque la mujer que se dedica al trabajo doméstico, realiza al día muchísimas actividades: Fregar, lavar, cocinar, planchar, etc… ¿Si es un trabajo tan sencillo como dicen y que no necesita ninguna cualificación, porque no lo desempeñan los hombres en igual medida? Muchos dicen que “ellos no saben hacerlo” o que “ellas saben hacerlo mejor”. Para mi, estas son actitudes muy discriminatorias y machistas …

Pero no solo se ocupan las mujeres de las tareas del hogar, sino que aparte, son las primeras que se encargan de la educación de sus hijos. Ellas son las que acuden a las tutorías, a por las notas de sus hijos, las que los ayudan con sus tareas …. y todo ello porque supuestamente, ellas tienen más tiempo y sus padres “están trabajando”. ¿Acaso no trabajan también ellas durante todo el día?

Realmente, para la mujer que desempeña este trabajo es una obligación incluído en su día a día, que tiene un reconocimiento negativo. Y yo, personalmente, también lo veo así. Aunque también hay que destacar que cada día se va consiguiendo superar estos estereotipos y los hombres están realizando cada vez más las labores de la casa, compartidas con las mujeres.

Pero hay que seguir luchando en este aspecto, y hacer visible el trabajo de la mujer en el hogar. Pero por supuesto, lo que es necesario lograr, es el reconocimiento social, y tal y como dice este video que a continuaciós os dejo, que todos sean capaces de decir :¡Que viva las mujeres!:

Pareceser que los niños, al menos, si reconocen la labor de las mujeres. Aqui os dejo un texto que no tiene desperdicio:

Quién es tu mamá ?

-Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos,
un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia.

-Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que está
en todas partes al mismo tiempo

Mamá es esa malabarista que pone lavadoras con el abrigo puesto
mientras le abre la puerta al gato con la otra, sosteniendo el
correo con la barbilla y apartándome del cubo de basura con el pie.

-Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso

-Mamá es esa forzuda capaz de coger en un solo brazo mis 15 kilos
mientras con el otro entra el carro lleno de compra.

-Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas de
segundo de 0 a 100 para evitar que me descuerne por las escaleras

-Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una
caricia

-Mamá es esa señora con el pelo de dos colores, que dice que en
cuanto tenga otro huequito, sólo otro, va a la peluquería.

-Mamá es ese cuentacuentos que lee e inventa las historias más
divertidas sólo para mí

-Mamá es esa cheff que es capaz de hacerme una cena riquísima con
dos tonterías que quedaban en la nevera porque se le olvidó comprar,
aunque se quede ella sin cena

-Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre,
cuánta, y lo que tiene que hacer

-Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de
años para que yo vaya bien guapo.

-Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más
dulce mientras me acuna un ratito

-Mamá es esa payasa que hace que me tronche de risa con solo mover
la cara

-Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la
mañana, mirar si me he hecho pis, cambiarme el pañal, darme jarabe
para la tos, un poco de agua, ponerme el chupete, todo a oscuras y
sin despertarse

¿La ves? Es aquélla, la más guapa, la que sonríe.

Fuente: “Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Universidad Complutense de Madrid”.

Cuidados y dependencia

He leído el artículo de Cristina Carrasco “ Mujeres, sostenibilidad y deuda social” y estoy de acuerdo con su reflexión sobre el concepto de “sostenibilidad de la vida humana” .

 Es muy interesante, como trata una nueva perspectiva diferente a la habitual y nos habla ,en la crisis económica que actualmente estamos padeciendo, sobre “la crisis de los cuidados”. El tema de la dependencia y los cuidados es algo necesario y fundamental que por supuesto tiene que ser tratado como un tema social.

 Los conceptos de dependencia y cuidados nos afectan a todos y a todas. Todo el mundo somos dependientes y necesitamos cuidados. Pero si miramos hacia atrás, El concepto de ciudadanía, entendido como el disfrute de los derechos, no ha tenido las mismas connotaciones en todas las fases históricas. Siempre la “ciudadanía”  ha exigido requisitos, donde se ha excluido a las mujeres del discurso.

 A las mujeres se les asigna la esfera de lo privado. Se diferencia el espacio público (para hombres) y el espacio privado (para mujeres). En esa separación de espacios las mujeres quedaban adscritas en el orden de lo doméstico, dejando el tema de los cuidados y la dependencia en manos de las mujeres.

  Antes se fraguo el molde moral de lo que se llamo el ángel del hogar. Las mujeres tenían que ser ángeles, eso sí, ángeles recluidos en sus hogares. Todas debían ser obedientes, abnegadas, humildes y cariñosas. Todas debían estar siempre dispuestas y disponibles para las atenciones que requirieran el resto de los miembros de la familia y una virtud indiscutible era tener probada su honradez o castidad. Por desgracia , el cuidado estaba y aún sigue estando interiorizado en la mujer.

 Con la ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia creo que se ha dado un gran paso. Personalmente, pienso que es un reconocimiento del trabajo de miles de mujeres que han estado asumiendo el trabajo de los cuidados sin ningún tipo de reconocimiento económico ni social.

 Como bien indica Martha Nussbaum en su libro Poverty and Human Functioning: Capabilities as Fundamental Entitlements:“Solo en sociedades donde los trabajos de cuidados no estén determinados por sexo, género, raza, o cualquier otra categoría social, entonces puede tener sentido el ideal de igualdad o justicia social. Toda sociedad ofrece y requiere cuidados y , por tanto, debe oranizarlos de tal manera de dar respuesta a las dependencias y necesidades humanas manteniendo el respeto por las personas que lo necesitan y sin explotar a las que están actuando”(p.70).El cuidado de la dependencia  es un asunto social y político que nos afecta a todos y a todas.

Cambiar el paradigma

Las discusiones económicas (sobre métodos, modelos, etc.), al igual que las discusiones sobre la categoría de la ciudadanía, han sido mayoritariamente dentro de las preocupaciones masculinas. En este sentido, teniendo en cuenta el concepto dominante de trabajo y empleo, no es sorprendente que la mujer siga estando en situaciones desfavorables, ya que no se ha podido salir del todo de lo productivo como eje central de la economía.

Hasta los discursos críticos con el sistema se han manejado dentro de estos límites, de lo productivo como lo importante (en tanto y en cuanto puede traducirse en un valor monetario o mercantil), como por ejemplo Louis Althusser explicando la reproducción de las condiciones de producción (las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes) para mantener los métodos de producción del sistema capitalista, fundamentalmente a través de los AIE (Aparatos Ideológicos del Estado).

Este es un trabajo que se enmarca también dentro del discurso masculino, ya que no tiene en cuenta el trabajo de reproducción social que las mujeres realizan dentro del hogar, cuestión que podría considerarse dentro de la reproducción de la fuerza productiva. Aunque el autor se refiere al AIE familiar, lo hace desde el punto de vista de cómo el núcleo familiar reproduce la ideología dominante para mantener precisamente el sistema. En este sentido, la mujer queda invisibilizada en todo momento, ya que su trabajo doméstico, de cuidado, en fin, de reproducción social no se menciona, ya que lo importante es la producción dentro del Mercado capitalista y su forma de reproducción. Igualmente el artículo al que hago referencia, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, es un trabajo muy valioso por las categorías analíticas que introduce.

Teniendo en cuenta que la producción social (entendida como la producción económica con valor asignado, con su consiguiente reproducción) se lleva todas las preocupaciones, y teniendo en cuanta además de las pocas soluciones que estas discusiones han aportado al bienestar general, podemos decir que es momento de cambiar el paradigma, cambiar la forma en cómo se mira la economía. En este sentido, desde varios sectores feministas apuntan a un concepto clave: el trabajo de la reproducción social que, como bien explica Antonella Picchio:

El contenido de dicho trabajo es el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia. Se trata de un trabajo que, en cuanto a su cantidad, medida en unidades físicas de tiempo, supera ligeramente al total del trabajo remunerado de los hombres y las mujeres, mientras que, en lo que respecta a su calidad, tiene unas características que son fundamentales para mantener las condiciones de sostenibilidad del sistema en su conjunto y que connotan al sistema en un sentido institucional. (Antonella Picchio, 2001)

Este tipo de trabajo no remunerado realizado por las mujeres, debe empezar a tenerse en cuenta en los análisis y propuestas que los gobiernos y los diferentes organismos internacionales realicen, para poder empezar a hablar de sistemas más inclusivos.

El ¿reconocimiento? del trabajo doméstico

En Argentina las mujeres pueden jubilarse a los 60 años aunque no hayan hecho aportes. Esto es así porque se ha reconocido el papel fundamental que juegan en el interior de los hogares. Entendiendo que una mujer que no ha realizado aportes a la Seguridad Social no significa que no haya trabajado nunca en su vida, solamente que no ha estado empleada. De esta forma, se reconoce de alguna manera el trabajo doméstico que las mujeres realizan.

Igualmente esto no es la panacea, ya que de las jubilaciones existentes, la de las amas de casa es la más baja. ¿Casualidad? De ninguna manera. Esto responde a que el trabajo que realizan las mujeres atendiendo al contrato social de género está considerado de forma inferior al trabajo (empleo) de los hombres, que es el que supuestamente genera riquezas, ya que es el remunerado.

En España sucede algo bastante similar con las pensiones de viudez, dentro del nivel contributivo, que es una pensión cobrada casi exclusivamente por mujeres, ya que son el 94,7%. Aunque en esta misma categoría cobran más que los hombres, son las pensiones más bajas del nivel contributivo, casi el 50% con respecto a las otras categorías, y la explicación creo que estaría dada en que acá directamente ni se reconoce que la mujer ha trabajado en su hogar mientras su esposo lo hacia fuera, lo que se reconoce es la dependencia que tenía la mujer frente a su marido, empleado, sustentador económico del hogar.

Lo que en definitiva está en juego es lo que desde la economía feminista se critica, esto es, un modelo económico sustentado y dirigido por y para los hombres, donde lo valorable es el empleo masculino en el ámbito público frente al trabajo femenino en el ámbito privado del hogar. Solamente de esta forma es explicable la situación de las mujeres en Argentina que cobran su jubilación mínima, aunque en cantidad de horas hayan trabajado más, como se ha demostrado en la gran mayoría de los estudios que analizan el uso del tiempo de las personas. Igualmente en el caso de las mujeres españolas que cobran la pensión de viudez, que cobran en relación a que el productivo era el esposo, ya que poseía un empleo en el que aportaba a la Seguridad Social.

La mujer africana, verdadero impulso de la economía

En África, el continente más desamparado del planeta, la exorbitante pobreza repercute directamente y  a gran escala  en la vida y en el trabajo de las mujeres que son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse, mujeres increíblemente resistentes y dinámicas que luchan a diario por la supervivencia de sus hijos, mujeres que no tienen acceso a los recursos fundamentales que permiten la vida, ni un sistema legal ni social que las ampare.  Las mujeres son además las víctimas que más sufren la extrema violencia masculina no sólo en el ámbito doméstico sino también en los numerosos conflictos armados de este continente. Su esperanza de vida ronda los 50 años, la mortalidad infantil es muy alta. Pensemos en los partos no asistidos en las que 0,5% de las mujeres muere.

La mujer africana es el motor económico de su familia y de la sociedad en la que vive, pero nos encontramos a años luz de que se le reconozca este papel. Es responsable del sustento de la familia, realiza las numerosísimas y durísimas labores domésticas, es responsable de la educación de sus numerosos hijos y además contribuye económicamente al núcleo familiar con trabajos mal remunerados como la venta ambulante, la producción de artesanía o la agricultura. Paradójicamente  es la responsable de producir los alimentos a los que apenas tiene acceso, es mano de obra barata como jornalera que sirve los propósitos de la mano feroz de la explotación más conservadora. Hablamos aquí de empleo no formal, es decir de empleos desprotegidos en los que el trabajador no tiene derechos ni representación ni protección social. El cuerpo de un ser humano pasa así a ser una argolla más del entramado industrial de explotación.

Pero la mujer africana que produce en términos capitalistas  la mayor parte del trabajo para sustentar a su familia ni tiene derechos legales ni puede poseer la tierra que trabaja tan duramente. En un país como Sudáfrica, la mujer produce el 80% de los alimentos, consume el 48„8% y tan sólo el 1% de la tierra es propiedad de la mujer, ya que no puede ni comprarla ni heredarla. Es ella, como si de un bien se tratara, la que es heredada si enviuda y pasa a ser así propiedad del hermano o mejor amigo de su esposo. Son datos que hablan por si mismos.

Desgraciadamente ni la colonización occidental ni la descolonización de muchos de los países de este continente hambriento han contribuido a mejorar la vida de las mujeres africanas. El punto de vista del colonizador implantó un sistema de vida  que las relegó a ser ciudadanas de tercera clase, como mujeres del hombre negro de segunda clase, anecdótico aquí el uso de la palabra ciudadana, y tras la descolonización muchos africanos pasaron a ser inmigrantes de los bajos salarios como jornaleros en las ciudades y perdieron un mundo de vida tradicional.  La migración masculina a las ciudades en búsqueda de una vida mejor desde el punto de vista económico ha dejado a la mujer en una situación más vulnerable aún, ya que tiene que trabajar aún más para asegurar la supervivencia de su familia prácticamente monoparental. En las décadas de los 80 y 90 el mundo “desarrollado” invirtió en África a través de Programas de Ajuste Estructural (PAEs) diseñados por el FMI para intentar paliar los efectos de una economía pobre y estancada en la que el paro hacía sus estragos entre la población más desfavorecida. Desgraciadamente, estas políticas del FMI no parecen haber tenido gran repercusión, ¿pero cómo van a tenerla si no incorporan una perspectiva de género que ayude a paliar estas grandes discriminaciones?

Claro está, que dentro de este ámbito tan desfavorecedor para la mujer africana parece evidente que el trabajo impide que exista tiempo material para la educación propia, la reivindicación de los derechos de la mujer o las mejoras laborales necesarias, la reivindicación por una remuneración salarial igual al del hombre. Estos son problemas de las mujeres occidentales que por suerte no tenemos que recorrer 5 kilómetros diarios a pie para conseguir agua.

Qué paradoja que la mujer africana, mujer madre por excelencia que da a luz una media de más de 6 hijos , mujer “productora” y vigilante de la vida, el cuerpo humano, el bien más codiciado para el capitalismo, no pueda solicitar créditos ni tenga voz política.

Necesitamos analizar en detalle la situación de la mujer en África y aplicar políticas de desarrollo económico con una perspectiva de género para erradicar la pobreza. Es la mujer el ser humano más dinámico y que mejor se adapta a los cambios,  capaz de producir bienes económicos dentro y fuera del hogar, la que más aporta a la economía de sus países. El desarrollo de este continente no es posible sin que dirijamos primero nuestra atención a la mujer africana para que esta tenga acceso a los recursos con los que trabaja (agua, tierra, alimentos), un sistema legal y social (sanidad, educación) que la proteja y una voz política que le permita avanzar y contribuir activamente en el enriquecimiento y mejora de vida de sus países.

Cuánta esperanza hay que tener para pensar que esto sea posible porque para que nosotros seamos “ricos”, otros tienen que ser “pobres”. Si no, ¿quién nos iba a recoger las cosechas, a trabajar en la cadenas de producción textil, quién se ofrecería como mano de obra barata para sustentar nuestras economías?