¿¿Expectativas sociales??

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

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ESTADISTICAS, INVISIBILIDADES Y OTROS JUEGOS PERVERSOS.

El articulo de Carrasco y Mayordomo “Los modelos y estadísticas de empleo como construcción social: la encuesta de población activa y el sesgo de género”, me ha permitido incorporar y reafirmar, en mi discurso vital, argumentos que hasta ahora no había podido respaldar con la rigurosidad científica que se nos exige a las mujeres, sobre todo cuando hablamos de “lo no oficial”. Las autoras reconsideran el concepto de trabajo, pues señalan que a partir del siglo XX, dicho concepto, para los hombres no coincide necesariamente con el de las mujeres; o como el trabajo doméstico, realizado fundamentalmente por las mujeres, pasa a la esfera de la invisibilidad económica y del modelo productivo.

Si tomamos la EPA (Encuesta de Población Activa) como referente no sólo para conocer el mercado laboral, personas ocupadas, desempleadas, activas, etc, hemos de tener en cuenta que esta herramienta es mucho más que una fotografía más o menos real, porque es a partir de ésta de donde los poderes públicos diseñan sus estrategias de creación de empleo. Pero si en la EPA aparece que en España hay 10´5 millones de mujeres que “no trabajan” y que de éstas 5,2 millones se dedican al no trabajo de las “labores del hogar”, no parece que esa fotografía nos muestre toda la realidad. Sin embargo, un hombre dedicado al “no trabajo” está desempleado… Curioso cuanto menos…

También las autoras son muy clarificadoras en su exposición sobre los términos Empleo y Desempleo, y de cómo se juega con los conceptos, para determinar, dependiendo del género, que dichos términos fueron pensados para un modelo económico en el que se eliminó la parte del soporte vital, afectivo y de cuidados que realizan las mujeres, y que por supuesto, no está presente, pues no está monetarizado.

Las propuestas que ponen sobre la mesa pasan por rehacer las estadísticas, para que sean inclusivas, para que de ellas podamos extraer información más completa, sin tanto sesgo de género, sobre todo porque, a partir de ahí, se podrían diseñar políticas que intervinieran en la población de forma más completa.

Para mi, ha sido uno de los mejores artículos que he leido en mucho tiempo, y os invito a su lectura…

P.D.: he intentado encontrar una imagen de mujeres invisibles, y todo lo que me sale en google son mujeres de comic con una estetica tan machista, que me abstengo de insertar  imagen alguna que reproduzca el estereotipo de las peliculas (escritas por hombres, para hombres, ya sea comic, ficción o cualquier otra irealidad). Las mujeres invisibles son muchas, son otras, y están en nuestras casas haciendo una labor impresionante y muy poco valorada socialmente.

Trabajo Doméstico … ¿Cosa de mujeres?

He estado investigando y leyendo cosas acerca del trabajo doméstico y su relación con la mujer; y me he encontrado un estudio muy interesante hecho por unos sociólogos de Madrid (Jorge Ruíz, Yolanda Sánchez Utazú y Josefa Valero Picazo).

Se presupone que los trabajos son actividades productivas, es decir, actividades destinadas a la consecuciónde bienes y servicios. Pero también existen otros trabajos que no son mercantiles, y éstos son desempeñados mayoritariamente por las mujeres: el trabajo “voluntario”, el trabajo doméstico.

Se dice que el trabajo doméstico no es productivo porque los beneficiarios son las propias personas de la familia y no el mercado en general, por lo cual, no es un trabajo productivo. A consecuencia de ello, las mujeres que lo desempeñan son inactivas e infravaloradas socialmente.

El trabajo doméstico está considerado por muchos como un trabajo sencillo que no necesita ningún nivel cultural específico ni mucho esfuero. Pero la realidad no se corresponde con ésto, porque la mujer que se dedica al trabajo doméstico, realiza al día muchísimas actividades: Fregar, lavar, cocinar, planchar, etc… ¿Si es un trabajo tan sencillo como dicen y que no necesita ninguna cualificación, porque no lo desempeñan los hombres en igual medida? Muchos dicen que “ellos no saben hacerlo” o que “ellas saben hacerlo mejor”. Para mi, estas son actitudes muy discriminatorias y machistas …

Pero no solo se ocupan las mujeres de las tareas del hogar, sino que aparte, son las primeras que se encargan de la educación de sus hijos. Ellas son las que acuden a las tutorías, a por las notas de sus hijos, las que los ayudan con sus tareas …. y todo ello porque supuestamente, ellas tienen más tiempo y sus padres “están trabajando”. ¿Acaso no trabajan también ellas durante todo el día?

Realmente, para la mujer que desempeña este trabajo es una obligación incluído en su día a día, que tiene un reconocimiento negativo. Y yo, personalmente, también lo veo así. Aunque también hay que destacar que cada día se va consiguiendo superar estos estereotipos y los hombres están realizando cada vez más las labores de la casa, compartidas con las mujeres.

Pero hay que seguir luchando en este aspecto, y hacer visible el trabajo de la mujer en el hogar. Pero por supuesto, lo que es necesario lograr, es el reconocimiento social, y tal y como dice este video que a continuaciós os dejo, que todos sean capaces de decir :¡Que viva las mujeres!:

Pareceser que los niños, al menos, si reconocen la labor de las mujeres. Aqui os dejo un texto que no tiene desperdicio:

Quién es tu mamá ?

-Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos,
un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia.

-Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que está
en todas partes al mismo tiempo

Mamá es esa malabarista que pone lavadoras con el abrigo puesto
mientras le abre la puerta al gato con la otra, sosteniendo el
correo con la barbilla y apartándome del cubo de basura con el pie.

-Mamá es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso

-Mamá es esa forzuda capaz de coger en un solo brazo mis 15 kilos
mientras con el otro entra el carro lleno de compra.

-Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas de
segundo de 0 a 100 para evitar que me descuerne por las escaleras

-Mamá es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una
caricia

-Mamá es esa señora con el pelo de dos colores, que dice que en
cuanto tenga otro huequito, sólo otro, va a la peluquería.

-Mamá es ese cuentacuentos que lee e inventa las historias más
divertidas sólo para mí

-Mamá es esa cheff que es capaz de hacerme una cena riquísima con
dos tonterías que quedaban en la nevera porque se le olvidó comprar,
aunque se quede ella sin cena

-Mamá es ese médico que sabe con sólo mirarme si tengo fiebre,
cuánta, y lo que tiene que hacer

-Mamá es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de
años para que yo vaya bien guapo.

-Mamá es esa cantante que todas las noches canta la canción más
dulce mientras me acuna un ratito

-Mamá es esa payasa que hace que me tronche de risa con solo mover
la cara

-Mamá es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las 4 de la
mañana, mirar si me he hecho pis, cambiarme el pañal, darme jarabe
para la tos, un poco de agua, ponerme el chupete, todo a oscuras y
sin despertarse

¿La ves? Es aquélla, la más guapa, la que sonríe.

Fuente: “Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Universidad Complutense de Madrid”.

Cuidados y dependencia

He leído el artículo de Cristina Carrasco “ Mujeres, sostenibilidad y deuda social” y estoy de acuerdo con su reflexión sobre el concepto de “sostenibilidad de la vida humana” .

 Es muy interesante, como trata una nueva perspectiva diferente a la habitual y nos habla ,en la crisis económica que actualmente estamos padeciendo, sobre “la crisis de los cuidados”. El tema de la dependencia y los cuidados es algo necesario y fundamental que por supuesto tiene que ser tratado como un tema social.

 Los conceptos de dependencia y cuidados nos afectan a todos y a todas. Todo el mundo somos dependientes y necesitamos cuidados. Pero si miramos hacia atrás, El concepto de ciudadanía, entendido como el disfrute de los derechos, no ha tenido las mismas connotaciones en todas las fases históricas. Siempre la “ciudadanía”  ha exigido requisitos, donde se ha excluido a las mujeres del discurso.

 A las mujeres se les asigna la esfera de lo privado. Se diferencia el espacio público (para hombres) y el espacio privado (para mujeres). En esa separación de espacios las mujeres quedaban adscritas en el orden de lo doméstico, dejando el tema de los cuidados y la dependencia en manos de las mujeres.

  Antes se fraguo el molde moral de lo que se llamo el ángel del hogar. Las mujeres tenían que ser ángeles, eso sí, ángeles recluidos en sus hogares. Todas debían ser obedientes, abnegadas, humildes y cariñosas. Todas debían estar siempre dispuestas y disponibles para las atenciones que requirieran el resto de los miembros de la familia y una virtud indiscutible era tener probada su honradez o castidad. Por desgracia , el cuidado estaba y aún sigue estando interiorizado en la mujer.

 Con la ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia creo que se ha dado un gran paso. Personalmente, pienso que es un reconocimiento del trabajo de miles de mujeres que han estado asumiendo el trabajo de los cuidados sin ningún tipo de reconocimiento económico ni social.

 Como bien indica Martha Nussbaum en su libro Poverty and Human Functioning: Capabilities as Fundamental Entitlements:“Solo en sociedades donde los trabajos de cuidados no estén determinados por sexo, género, raza, o cualquier otra categoría social, entonces puede tener sentido el ideal de igualdad o justicia social. Toda sociedad ofrece y requiere cuidados y , por tanto, debe oranizarlos de tal manera de dar respuesta a las dependencias y necesidades humanas manteniendo el respeto por las personas que lo necesitan y sin explotar a las que están actuando”(p.70).El cuidado de la dependencia  es un asunto social y político que nos afecta a todos y a todas.

Cambiar el paradigma

Las discusiones económicas (sobre métodos, modelos, etc.), al igual que las discusiones sobre la categoría de la ciudadanía, han sido mayoritariamente dentro de las preocupaciones masculinas. En este sentido, teniendo en cuenta el concepto dominante de trabajo y empleo, no es sorprendente que la mujer siga estando en situaciones desfavorables, ya que no se ha podido salir del todo de lo productivo como eje central de la economía.

Hasta los discursos críticos con el sistema se han manejado dentro de estos límites, de lo productivo como lo importante (en tanto y en cuanto puede traducirse en un valor monetario o mercantil), como por ejemplo Louis Althusser explicando la reproducción de las condiciones de producción (las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes) para mantener los métodos de producción del sistema capitalista, fundamentalmente a través de los AIE (Aparatos Ideológicos del Estado).

Este es un trabajo que se enmarca también dentro del discurso masculino, ya que no tiene en cuenta el trabajo de reproducción social que las mujeres realizan dentro del hogar, cuestión que podría considerarse dentro de la reproducción de la fuerza productiva. Aunque el autor se refiere al AIE familiar, lo hace desde el punto de vista de cómo el núcleo familiar reproduce la ideología dominante para mantener precisamente el sistema. En este sentido, la mujer queda invisibilizada en todo momento, ya que su trabajo doméstico, de cuidado, en fin, de reproducción social no se menciona, ya que lo importante es la producción dentro del Mercado capitalista y su forma de reproducción. Igualmente el artículo al que hago referencia, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, es un trabajo muy valioso por las categorías analíticas que introduce.

Teniendo en cuenta que la producción social (entendida como la producción económica con valor asignado, con su consiguiente reproducción) se lleva todas las preocupaciones, y teniendo en cuanta además de las pocas soluciones que estas discusiones han aportado al bienestar general, podemos decir que es momento de cambiar el paradigma, cambiar la forma en cómo se mira la economía. En este sentido, desde varios sectores feministas apuntan a un concepto clave: el trabajo de la reproducción social que, como bien explica Antonella Picchio:

El contenido de dicho trabajo es el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia. Se trata de un trabajo que, en cuanto a su cantidad, medida en unidades físicas de tiempo, supera ligeramente al total del trabajo remunerado de los hombres y las mujeres, mientras que, en lo que respecta a su calidad, tiene unas características que son fundamentales para mantener las condiciones de sostenibilidad del sistema en su conjunto y que connotan al sistema en un sentido institucional. (Antonella Picchio, 2001)

Este tipo de trabajo no remunerado realizado por las mujeres, debe empezar a tenerse en cuenta en los análisis y propuestas que los gobiernos y los diferentes organismos internacionales realicen, para poder empezar a hablar de sistemas más inclusivos.

El ¿reconocimiento? del trabajo doméstico

En Argentina las mujeres pueden jubilarse a los 60 años aunque no hayan hecho aportes. Esto es así porque se ha reconocido el papel fundamental que juegan en el interior de los hogares. Entendiendo que una mujer que no ha realizado aportes a la Seguridad Social no significa que no haya trabajado nunca en su vida, solamente que no ha estado empleada. De esta forma, se reconoce de alguna manera el trabajo doméstico que las mujeres realizan.

Igualmente esto no es la panacea, ya que de las jubilaciones existentes, la de las amas de casa es la más baja. ¿Casualidad? De ninguna manera. Esto responde a que el trabajo que realizan las mujeres atendiendo al contrato social de género está considerado de forma inferior al trabajo (empleo) de los hombres, que es el que supuestamente genera riquezas, ya que es el remunerado.

En España sucede algo bastante similar con las pensiones de viudez, dentro del nivel contributivo, que es una pensión cobrada casi exclusivamente por mujeres, ya que son el 94,7%. Aunque en esta misma categoría cobran más que los hombres, son las pensiones más bajas del nivel contributivo, casi el 50% con respecto a las otras categorías, y la explicación creo que estaría dada en que acá directamente ni se reconoce que la mujer ha trabajado en su hogar mientras su esposo lo hacia fuera, lo que se reconoce es la dependencia que tenía la mujer frente a su marido, empleado, sustentador económico del hogar.

Lo que en definitiva está en juego es lo que desde la economía feminista se critica, esto es, un modelo económico sustentado y dirigido por y para los hombres, donde lo valorable es el empleo masculino en el ámbito público frente al trabajo femenino en el ámbito privado del hogar. Solamente de esta forma es explicable la situación de las mujeres en Argentina que cobran su jubilación mínima, aunque en cantidad de horas hayan trabajado más, como se ha demostrado en la gran mayoría de los estudios que analizan el uso del tiempo de las personas. Igualmente en el caso de las mujeres españolas que cobran la pensión de viudez, que cobran en relación a que el productivo era el esposo, ya que poseía un empleo en el que aportaba a la Seguridad Social.

La mujer africana, verdadero impulso de la economía

En África, el continente más desamparado del planeta, la exorbitante pobreza repercute directamente y  a gran escala  en la vida y en el trabajo de las mujeres que son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse, mujeres increíblemente resistentes y dinámicas que luchan a diario por la supervivencia de sus hijos, mujeres que no tienen acceso a los recursos fundamentales que permiten la vida, ni un sistema legal ni social que las ampare.  Las mujeres son además las víctimas que más sufren la extrema violencia masculina no sólo en el ámbito doméstico sino también en los numerosos conflictos armados de este continente. Su esperanza de vida ronda los 50 años, la mortalidad infantil es muy alta. Pensemos en los partos no asistidos en las que 0,5% de las mujeres muere.

La mujer africana es el motor económico de su familia y de la sociedad en la que vive, pero nos encontramos a años luz de que se le reconozca este papel. Es responsable del sustento de la familia, realiza las numerosísimas y durísimas labores domésticas, es responsable de la educación de sus numerosos hijos y además contribuye económicamente al núcleo familiar con trabajos mal remunerados como la venta ambulante, la producción de artesanía o la agricultura. Paradójicamente  es la responsable de producir los alimentos a los que apenas tiene acceso, es mano de obra barata como jornalera que sirve los propósitos de la mano feroz de la explotación más conservadora. Hablamos aquí de empleo no formal, es decir de empleos desprotegidos en los que el trabajador no tiene derechos ni representación ni protección social. El cuerpo de un ser humano pasa así a ser una argolla más del entramado industrial de explotación.

Pero la mujer africana que produce en términos capitalistas  la mayor parte del trabajo para sustentar a su familia ni tiene derechos legales ni puede poseer la tierra que trabaja tan duramente. En un país como Sudáfrica, la mujer produce el 80% de los alimentos, consume el 48„8% y tan sólo el 1% de la tierra es propiedad de la mujer, ya que no puede ni comprarla ni heredarla. Es ella, como si de un bien se tratara, la que es heredada si enviuda y pasa a ser así propiedad del hermano o mejor amigo de su esposo. Son datos que hablan por si mismos.

Desgraciadamente ni la colonización occidental ni la descolonización de muchos de los países de este continente hambriento han contribuido a mejorar la vida de las mujeres africanas. El punto de vista del colonizador implantó un sistema de vida  que las relegó a ser ciudadanas de tercera clase, como mujeres del hombre negro de segunda clase, anecdótico aquí el uso de la palabra ciudadana, y tras la descolonización muchos africanos pasaron a ser inmigrantes de los bajos salarios como jornaleros en las ciudades y perdieron un mundo de vida tradicional.  La migración masculina a las ciudades en búsqueda de una vida mejor desde el punto de vista económico ha dejado a la mujer en una situación más vulnerable aún, ya que tiene que trabajar aún más para asegurar la supervivencia de su familia prácticamente monoparental. En las décadas de los 80 y 90 el mundo “desarrollado” invirtió en África a través de Programas de Ajuste Estructural (PAEs) diseñados por el FMI para intentar paliar los efectos de una economía pobre y estancada en la que el paro hacía sus estragos entre la población más desfavorecida. Desgraciadamente, estas políticas del FMI no parecen haber tenido gran repercusión, ¿pero cómo van a tenerla si no incorporan una perspectiva de género que ayude a paliar estas grandes discriminaciones?

Claro está, que dentro de este ámbito tan desfavorecedor para la mujer africana parece evidente que el trabajo impide que exista tiempo material para la educación propia, la reivindicación de los derechos de la mujer o las mejoras laborales necesarias, la reivindicación por una remuneración salarial igual al del hombre. Estos son problemas de las mujeres occidentales que por suerte no tenemos que recorrer 5 kilómetros diarios a pie para conseguir agua.

Qué paradoja que la mujer africana, mujer madre por excelencia que da a luz una media de más de 6 hijos , mujer “productora” y vigilante de la vida, el cuerpo humano, el bien más codiciado para el capitalismo, no pueda solicitar créditos ni tenga voz política.

Necesitamos analizar en detalle la situación de la mujer en África y aplicar políticas de desarrollo económico con una perspectiva de género para erradicar la pobreza. Es la mujer el ser humano más dinámico y que mejor se adapta a los cambios,  capaz de producir bienes económicos dentro y fuera del hogar, la que más aporta a la economía de sus países. El desarrollo de este continente no es posible sin que dirijamos primero nuestra atención a la mujer africana para que esta tenga acceso a los recursos con los que trabaja (agua, tierra, alimentos), un sistema legal y social (sanidad, educación) que la proteja y una voz política que le permita avanzar y contribuir activamente en el enriquecimiento y mejora de vida de sus países.

Cuánta esperanza hay que tener para pensar que esto sea posible porque para que nosotros seamos “ricos”, otros tienen que ser “pobres”. Si no, ¿quién nos iba a recoger las cosechas, a trabajar en la cadenas de producción textil, quién se ofrecería como mano de obra barata para sustentar nuestras economías?

¿CUÁNTO VALEN LAS AMAS DE CASA?

A lo largo de la historia los economistas clásicos han centrado sus análisis económicos en la producción de mercado sin tener en cuenta los procesos de reproducción social.

Adam Smith teorizará la actividad de los hombres y mujeres de forma totalmente distinta, siendo la de los primeros el trabajo y la industria y la de las últimas, las tareas del hogar. A la actividad realizada sin remuneración, Smith le otorga relevancia como actividad necesaria para atender las necesidades de los miembros del hogar, en particular a aquella relacionada con la crianza y educación de los hijos, puesto que la considera indispensable para que estos se conviertan en trabajadores productivos y contribuyan a la riqueza de las naciones. (Smith, 1988).

 Así, desde los tiempos más remotos las mujeres han sido relegadas al espacio privado (exento de poder), mientras que el hombre ha sido el protagonista del espacio público (con poder y reconocimiento social).

Actualmente, según las encuestas elaboradas por el Instituto de la Mujer sobre el tiempo que se dedica a las tareas domésticas, las mujeres emplean 5 horas y 59 minutos frente a las 2 horas y 20 minutos que los hombres destinan a dichas tareas; es decir, las mujeres dedican más tiempo a las actividades relacionadas con el hogar que los hombres, por lo tanto; debemos comenzar a plantearnos que el trabajo doméstico es un asunto político y social, y no un asunto exclusivamente de las mujeres.

No obstante, como resultado de la incorporación de la mujer al mercado laboral, ésta además de soportar una discriminación salarial y laboral; debe encargarse como otro trabajo más de las tareas domésticas y del cuidado de los distintos miembros del núcleo familiar. Por lo tanto, la mujer está doblemente empleada (fuera y dentro de la casa). Así, como consecuencia de todos estos planteamientos podríamos cuestionarnos las siguientes preguntas: ¿Cuánto vale el trabajo doméstico? ¿Debería estar remunerado?

En definitiva, que este trabajo realizado mayormente por las mujeres se ha mantenido oculto en la economía, pues hacerlo visible supone un problema para los gobiernos y tendrían que abordarlo con el objetivo de plantear una equidad y una responsabilidad por parte de toda la sociedad; ya que actualmente los sesgos de género en las oportunidades laborales se hacen más notorios en estos tiempos de crisis económicas, recayendo toda la responsabilidad sobre las mujeres.

La mejora de los derechos de las personas dedicadas al trabajo doméstico, refiriéndonos a este como el que se realiza dentro del propio hogar; debe contribuir al reconocimiento de éste como un trabajo productivo de la economía.

El trabajo del ama de casa valorado en 87.865 euros anuales

Os dejo un artículo encontrado hoy, creo que interesante. “no es obra mia, solo el cortar y pegar”

Amas de casa: la controvertida lucha por conseguir una cotización social Un informe elaborado en EEUU fija el valor del trabajo del hogar en 87.865 euros anuales. El ministerio español de Trabajo, en 8.400. No quieren sueldo, sólo reconocimiento y derechos. 28-05-2009 –

Son psicólogas a tiempo completo. Limpiadoras, zurcidoras y educadoras reducidas a un simple género en la mayor parte de las ocasiones. Y así hasta más de 40 ocupaciones reconocidas por la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu). Estas mujeres, y algunos hombres valientes, son los auténticos pilares de nuestra sociedad y, a cambio, “no tienen ningún tipo de remuneración, salvo el amor”, indica Isabel Ávila, presidenta de la citada organización. No es poco, pero como el cariño —en el caso de que la afortunada lo reciba— es bastante complicado de cuantificar, el colectivo de amas de casa tiene un serio problema económico. Derechos por dinero

“Nadie se va a poner nunca de acuerdo sobre un sueldo base”, señala Ávila.El limbo salarial en que se encuentran las amas de casa comprende un abanico de reivindicaciones que va desde los 8.400 euros anuales hasta los 87.865. La cifra más modesta corresponde, evidentemente, a los gestores del fisco. Gemma, una ecuatoriana a las puertas del Inem, se conformaría: “No está mal, sobre todo porque ahora no hay nada”.

El ministerio de Trabajo calcula en una cifra no inferior a 600 euros mensuales una jornada laboral próxima a las 14 horas. Precisamente, un informe recogido en la Encuesta de Hábitos Americanos (ATUS por sus siglas en inglés) y disponible en la web especializada Salary.comaplica una tarifa de 16 euros a cada una de las 5.475 horas trabajadas cada año, obteniendo una remuneración total de 87.865 euros, 5.000 menos que en el caso de un hombre ante idéntica jornada.

Pese a la evidente necesidad de un sueldo justo, la batalla de las amas de casa se libra en otros páramos, conscientes de la inferioridad (no moral) de su posición. “A finales de los 80, un estudio de Ceaccu daba al trabajo en el hogar un valor de entre 150.000 y 210.000 pesetas de entonces”, recuerda Ávila, quien reconoce que “ahora no pedimos un salario, sólo pedimos que se modifique la ley para que las amas de casa coticen por una jornada interminable, sin fines de semana ni vacaciones”.

En la actualidad, hay unos cuatro millones de mujeres dedicadas en exclusiva a las faenas domésticas, una cifra que, sorprendentemente, no se ha reducido en los últimos años, los del cambio social y del modelo familiar. Aunque una cantidad importante de las llamadas mujeres todoterreno fallecen cada año tras un servicio fiel que no admite jubilaciones, el colectivo se nutre notablemente de sus compañeras trabajadoras. “Todos los años, muchas mujeres se ven obligadas a dejar su profesión para cuidar de sus hijos, padres… “, indica Ávila.

Así las cosas, las asociaciones de amas de casa se quejan de que nadie se ha dirigido a ellas para nada. Rechazan por igual las políticas relacionadas de PP y PSOE. La última protesta tiene como objetivo la ayuda de 100 euros que el Gobierno otorga por cada recién nacido. El insignificante e inofensivo billete ha devenido en un machete capaz de herir orgullos, ya que el Estado sólo paga por parto a las mujeres fiscalmente apreciables.

Tampoco hay que olvidar que la consolidada pensión de viudedad está justificada en la supervivencia de un colectivo marginado. Así lo considera Pablo, un albañil de 51 años que se ha visto obligado a ejercer de señor del hogar por el paro. “Es muy duro, te lo digo yo que he currado en el andamio. El problema es la falta de tiempo, que no te puedes poner con tu cerveza a ver la televisión porque tienes que hacer la cena”, señala. Bibiana al horizonte

El futuro no se presenta más soleado. Ni siquiera con la particular representación de la mujer que ejerce Bibiana Aído. “Igualdad no se ha dirigido a nosotras, parece que hablar de ama de casa es hablar de una figura demodé, es políticamente incorrecto, la gente se avergüenza al decir que es ama de casa. Pues hacemos un trabajo, y si éste no está retribuido, estamos hablando de esclavitud”, sentencia Ávila. No obstante, si la moral es la mayor de las fuerzas, ¿por qué no se hace nada? ¿Es imposible? El profesor del IESE Antonio Argandoña, duda poco: “¡Claro que se puede hacer! Pero, ¿de dónde sacamos el dinero? Quien va a pagar el sueldo del ama de casa es su marido, a quien van a subir los impuestos. Y mientras sea esa la redistribución de la renta… Imagine el soltero que paga y aún así tiene que plancharse la ropa. No se crea un euro nuevo, las mujeres no van a producir más por ganar un sueldo”, señala. “Además, no se incita al trabajo, porque es comprensible que estén en casa con el hijo pequeño, pero con 20 años… Tendría un coste administrativo brutal, porque tendrían que demostrar que no hacen ningún trabajo fuera de casa”, concluye. Testimonios Cecilia, ama de casa: “Lo merecemos: somos personas y trabajamos”

Cecilia es ama de casa y emigrante paraguaya. Dedica buena parte de su tiempo a pasear en el carrito a su pequeño Íñigo. “Es imprescindible que las amas de casa tengamos un sueldo ya”, afirma, “porque también nos merecemos, como seres humanos que somos y trabajamos, tener un sueldito aunque sea pequeño”. En lo referente al establecimiento de una cantidad no vacila demasiado: “¿Qué con cuánto dinero me conformaría? Pues con un mínimo de 900 euros al mes, ¡qué menos!”. Asegura conocer el informe de la ATUS, que cifra el valor del trabajo del hogar en 87.865 euros al año, y ríe sólo de pensarlo: “Es imposible. Pero, aunque a mí me ayudan con las faenas de la casa, no nos vendría nada mal un sueldo extra o una ayuda, que trabajamos mucho”.

Palmira, ama de casa: “Me ayudan poco, pero soy feliz con mi familia” Palmira tiene 50 años y ha sido ama de casa toda su vida. En su día, tuvo que abandonar sus estudios para formar una familia, “la ilusión de mi vida”, reconoce. Sin embargo, tanto sus dos hijos como su marido se acostumbraron pronto a su rol de mujer todoterreno. “Me ayudan muy poco, la verdad”, indica, “aunque yo soy feliz siendo de ayuda a mi familia”, concluye. En cuanto a la idea de establecer un salario para las trabajadoras del hogar, Palmira opina: “Me parece perfecto que alguien piense en reconocer el inmenso trabajo que tenemos, de sol a sol, sin horarios, sin fines de semana, sin vacaciones…” Incluso, va más allá: “87.865 euros al año para lo que hacemos las amas de casa me parece poco, porque estamos siempre dispuestas para todo”. Gemma, ama de casa: “Yo me conformaría con unos 800 euros al mes”

Gemma nació en Ecuador y desde que tiene uso de razón recuerda ser ama de casa. “Es un trabajo muy importante para la sociedad, porque alguien tiene que hacer las tareas del hogar”, señala. En lo referente a la posibilidad de establecer un salario para las trabajadoras del hogar, lo tiene claro: “Por supuesto que es necesario que alguien valore un trabajo que se hace en las casas y que en el caso de que tengas que contratar, cuesta un dinero importante”. Sin embargo, al ser preguntada sobre la estimación del ATUS (valoración de las tareas del hogar en unos 87.865 euros anuales), señala que “es demasiado” y que ella se conformaría “con unos 600 euros”, así que no se ve tan alejada de la valoración que hace el ministerio español de Trabajo. “Será porque ahora mismo no hay nada”, concluye.

Luis, kioskero: “El dinero del paro, para los amos y amas de casa” Luis ve en la posibilidad de remunerar a las empleadas del hogar una oportunidad única para reducir drásticamente los datos del paro. “Habría que pagar un sueldo a las amas de casa, pero también a los amos de casa”, puntualiza, “porque yo hago unas lentejas, unas judías, unos garbanzos… Todo. Lo que sea”, para continuar con la exposición de su teoría: “Como digo yo, el paro lo quitamos en dos días. No sé si sería o no una buena solución. Pero lo que tendríamos que hacer es cortar el paro, de forma que la gente que está cobrando el paro se queda sin cobrarlo y ese dinero se lo damos a las personas que están cuidando todo el día de sus hijos. Es una buena solución”. Y finaliza alarmado: “¿87.865 euros? Yo dejo el kiosco y me voy de empleado del hogar por ese dinero. Es algo excesivo”.

Carmen, gerente: “Aunque el marido ayude en casa, no es lo mismo” Carmen, de 45 años, es gerente de una asociación juvenil y, como tantas otras, tiene que enfrentarse a sus labores al finalizar el trabajo. “Cuando llegas después de tu jornada te esperan las faenas, y hay gente que se puede permitir el lujo de contratar a alguien, pero otra no podemos. Y luego el marido, pues sí, echa una mano, pero no es lo mismo”. También se muestra sincera y solidaria con las amas de casa: “Yo pienso que deberían cobrar, porque es un trabajo muy importante para que la familia salga adelante”, un apoyo con cabeza: “Tendría que pensarlo, pero lo de los 87.865 euros no me parece muy justo. Aunque el ama de casa no tiene horario, desde que se levanta hasta que se acuesta está trabajando, y si el niño llora, también hay que levantarse, son 24 horas”. Ruth, mujer trabajadora. “Como mujer, creo que deberían dar más ayudas”

Ruth es mujer trabajadora. Lleva, junto a su padre, el negocio familiar. Pese a ser compañeros, reconoce que su progenitor —y jefe— “no hace mucho en la casa cuando vuelve del trabajo. Todo el peso lo lleva mi madre”. En lo referente a la posibilidad de establecer un salario para las amas de casa, también lo tiene claro, al igual que casi todos los encuestados: “Sí, claro que estoy de acuerdo”. Y, sin embargo bromea cuando la cifra mágica, la de los 87.865 euros anuales por empleada del hogar, llega hasta sus oídos: “Con esas cantidades qué voy a decir, que como mujer me parece bastante bien y que deberían ofrecer más ayudas”. Sonríe y muestra toda su solidaridad con su madre, aunque confía en que su padre se aplique un poco más en las tareas caseras al llegar del trabajo. Eduardo, comercial: “Se trata de un trabajo que no tiene que ser pagado”

Eduardo lo tiene muy claro y su respuesta es tan segura como secante: “No se debe pagar el trabajo de las amas de casa. Rotundamente, no”. Conforme avanza la conversación, elabora una teoría muy interesante: “Las tareas del hogar no pueden ser remuneradas porque deben ser compartidas entre los miembros de la casa. No se puede cargar a una persona con todo el trabajo”. Sin embargo, en su pensamiento deja fuera a los cuatro millones de personas que se dedican exclusividad a las faenas de la casa. “Es imposible que haya gente que se dedique en exclusiva a ser ama de casa teniendo una hipoteca. Hoy en día, con los tiempos que corren, si tienes una hipoteca, los dos miembros de la pareja tienen que trabajar fuera de casa. Si no, no hay manera”, concluye totalmente convencido. Coral, auxiliar de vuelo: “87.865 euros al año es una cantidad exagerada”

Coral es auxiliar de vuelo, trabaja en el aire. Sin embargo, muestra su completa solidaridad con aquéllas que tienen su oficio entre cuatro paredes: “Claro que estoy de acuerdo en que las amas de casa tengan un salario por su trabajo”. En cuanto al informe hecho público por la ATUS, considera el supuesto salario del informe, de 87.865 euros, “un poquito exagerado. Será por la cantidad interminable de horas que se dedican a ello, o tal vez es que se han tenido en cuenta algunos trabajos cualificados, como profesionales”, se responde a su asombro. “Ahora, que se tenga que reconocer económicamente el trabajo que realizan, y que al menos tengan derecho a una pensión y a una baja, por supuesto que sí, pero esa cantidad que comentas está muy abultada”, finaliza.

Luis Rivas

La Gaceta

DOBLE O TRIPLE JORNADA

Las mujeres figuran como las principales en proporcionar cuidado y atención a hijas e hijos menores de 14 años fuera de su horario laboral, lo cual representa una doble o hasta triple jornada para la población femenina en España. Son ellas también quienes continúan al frente del cuidado de la familia mientras sus parejas trabajan fuera del hogar, reveló la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo
 

Aunque siete de cada diez trabajadoras y trabajadores reveló estar satisfecho o muy satisfecho con su trabajo, la conciliación de la vida laboral y familiar continua siendo un reto a vencer en el país. Pues las mujeres siguen siendo las primeras en atender a la familia cuando su pareja trabaja.
 
Esto lo dijeron el 33,1% de hombres encuestados, siendo el tamaño de la muestra en la cuesta de 8.974 ocupadas y ocupados, que reconocieron a su pareja como la encargada de hijas e hijos cuando ellos trabajan. Los hombres que cuidan a la familia mientras sus esposas trabajan representan sólo el 12,8% de la muestra total.
 
Las entrevistas para obtener estos datos se llevaron a cabo de forma personal y telefónica durante el cuarto trimestre de 2007. El cuidado de hijas e hijos de una pareja en la cual los dos trabajan recae principalmente en las guarderías (41,4%) o por familiares, vecinos y entorno de amistades cercanas a la madre y padre (27,2%), en este segundo caso quienes cuidan a las hijas e hijos no reciben remuneración alguna.
 
La encuesta reveló que sólo en un 22,9% el cuidado de hijas e hijos recae en personas ajenas a la familia y con remuneración.
 
Conciliación cuando hijas e hijos enferman
 
Los datos revelaron que cuando hijas e hijos menores de 14 años enferman y padre y madre trabajan ambos se turnan casi por igual para cuidar de su familia. En este caso no existe una diferenciación por sexo, pues el 30% de hombres y mujeres cuidan solos de la familia, y en torno al 38% de las parejas comparten el cuidado.
 
De igual forma la población femenina en el país continúa destacando entre los resultados de las encuestas como las primeras en cuidar a hijas e hijos menores de 14 años fuera del horario laboral.
 
El 33,5% así lo afirma al constatar que son ellas quienes asumen estas tareas, mientras sólo el 6% de varones realiza estas tares fuera de su horario laboral.
 
La ECVT-2007 es una investigación por muestreo, dirigida a la población ocupada de 16 y más años de ambos sexos, que residen en viviendas familiares, en todo el territorio nacional, excluyendo Ceuta y Melilla. No contiene una perspectiva de género, ni realizó diferenciación por sexo en el momento de realizar la encuesta.
Contempló en uno de sus apartados la conciliación de la vida laboral y familiar, situación en la que las mujeres siguen desarrollando el rol de las principales cuidadoras de hijas e hijos.