Samanta Villar: «Me hubiera gustado llegar a la maternidad sabiendo que iba a ser un infierno»

La periodista reclama en su nuevo libro «La carga mental femenina», la necesidad de equipar en las parejas la organización del hogar y familia para que el hombre deje de ser un mero «ejecutor»

Me ha parecido muy interesante esta entrevista, a la periodista Samanta Villar, ya que, habla sin pelos en la lengua de un tema que teníamos tabú para hablarlo tan abiertamente y sobretodo como se siente tras esta experiencia de ser madre que normalmente nos la pintan como una de las mejores etapas de la vida, dejando de lado  la carga bestial que es el cuidado de los hijos sumado al estilo de vida que actualmente llevamos las mujeres.

La periodista madre de dos mellizos, publicó su primer libro “Madre hay más que una: Un relato en primera persona sobre la aventura de la maternidad” y ahora, con «La carga mental femenina», donde ha recogido todas las preocupaciones con la que conviven diariamente las mujeres en sus hogares para que todo esté organizado: recoger a los niños, hacer la compra y la comida, las citas médicas… Una retahíla de tareas de las que denuncia que las parejas solamente se convierten en meros «ejecutores» y reclama un cambio de roles por ambas partes.

 Hace un desglose de cuánto costaría al mes una persona que hiciera todas las actividades rutinarias que corresponderían al mantenimiento y cuidados de una casa e hijos: niñera, siete horas semanales, 224 euros; lavandería y planchado, cuatro horas semanales, 192 euros; etc. y que alcanzarían los 2.740 euros en total.

Villar tuvo un punto de inflexión en su vida al darse cuenta que no podía conciliar el trabajo que tenía de viajes para grabar su programa y el cuidado de sus hijos, sobre todo cuando uno de ellos fue ingresado en el hospital y ella no pudo estar con él. Entonces se le ocurrió un nuevo formato de “La vida con Samanta”, con el que podría hacer sus reportajes sin tener que moverse de su casa. Gracias a ello, se siente una privilegiada, ya que le ha permitido una flexibilidad que antes no la tenía. Sin embargo, ella habla que su caso es particular y anecdótico, ya que, en general, al no existir políticas de conciliación real, la realidad de muchas mujeres es muy distinta.

Hablamos de una corresponsabilidad no sólo de los poderes públicos, que es el eje central para que este sistema cambie en relación con la conciliación, sino que necesitamos que todos y todas nos impliquemos, parejas en el ámbito personal, empresas y legislación. Los hombres deben asumir otras competencias dentro del hogar, y ello supone que muchas mujeres  sean conscientes de que el criterio del hombre es igual de válido.

La periodista también hace hincapié en las nuevas generaciones, con una mentalidad muy diferente a la generación de ella, afirma que esta sí puede ejercer la corresponsabilidad, ya que construyen las relaciones personales, ligan, conciben el sexo y la pareja de otra forma que cuando ella era joven.

Sobre el ámbito del trabajo, menciona la desigualdad salarial que tanto afecta a mujeres, y no entiende como no está regulada por ley. Como también la reducción de la jornada laboral de un hombre, por cargas familiares, muchas veces castigado socialmente con comentarios machistas y retrógrados. El nuevo decreto ley de ampliar los permisos de paternidad a 8 semanas en 2019 y a 16 en 2021, le parecen poco tiempo para que la pareja tanto él como ella se “hagan” de esa nueva vida de cuidadores de sus hijos, aunque sí que es un buen comienzo, comenta. Y también apoya la compensación económica para aquellas personas mujeres u hombres que se queden en casa aplicando esos cuidados.

En definitiva, creo que es una entrevista que no tiene desperdicio al igual que tienen que ser sus dos libros, puesto que trata temas fundamentales para las mujeres como es la maternidad, la desigualdad salarial, la corresponsabilidad familiar entre otros no menos importantes, que desde siempre han concernido a las mujeres.

Enlace:

https://www.abc.es/familia/mujeres/abci-samanta-villar-hubiera-gustado-llegar-maternidad-sabiendo-infierno-201903240144_noticia.html

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Mujeres y medioambiente, una alianza por la protección del planeta

Actualmente estamos viviendo una crisis medioambiental tan grave que como no tomemos carta en el asunto será demasiado tarde no para parar el calentamiento global, la extinción de muchas especies o la contaminación a nivel global, sino para algo mucho peor, la “muerte” de nuestro planeta en todos los niveles.

Esta preocupación no comenzó hace tres días, llevamos ya 50 años desde la Conferencia de Estocolmo, 1972, alertando del deterioro medioambiental causado por los humanos, y aunque desde entonces se han elaborado, propuesto y firmado Tratados Internacionales y Acuerdos para minimizar esta contaminación, muchos países siguen sin tomárselo en serio, o simplemente no aceptando este hecho. Y es que, hacerle frente a esta problemática supone un cambio en las estructuras de la vida de muchas sociedades que se han desarrollado en un capitalismo consumista, apoyado por el apoderamiento de la fauna y flora no solo de sus territorios, sino también de los países subdesarrollados que son los más castigados por la globalización. 

Llegados a este punto, es la generación de los Millenials la que está tomando carta en el asunto, una generación que ha nacido con unos modos de vida insostenibles para el planeta, y que ve cómo sus políticos no hacen nada por detenerlo. Tenemos el ejemplo de Greta Thunberg que, a sus 16 años, se ha convertido en icono juvenil en pro del medioambiente desde que en agosto de 2018 comenzara su campaña particular de protesta cada viernes frente al Riksdag (Parlamento de Suecia) para exigir a su Gobierno el cumplimiento del Acuerdo de París.

En cuanto a los referentes femeninos para esta causa, nos encontramos a Christiana Figueres -una de las artífices del Acuerdo de París para frenar el incremento de emisiones contaminantes- quien ha insistido en que enfrentar los desafíos climáticos “requiere la colaboración de ambos géneros”.  Rachel Carson (bióloga marina y conservacionista estadounidense), cuya obra ‘Primavera silenciosa’ publicada en 1962 inspiró según algunos analistas la creación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Wangari Maathai, la primera mujer africana en recibir el Nobel de la Paz en 2004 por “su contribución al desarrollo sostenible”, además de la democracia y la paz. La primatóloga y antropóloga británica Jane Goodall -la mayor experta mundial en chimpancés-, la emprendedora e investigadora australiana Fabian Dattner -impulsora del recorrido por la Antártida de decenas de mujeres en el proyecto Homeward Bound- o la filósofa y escritora india Vandana Shiva -adalid del ecofeminismo–. En España contamos con la antropóloga y ex directora de la Fundación Fuhem, Yayo Herrero, la directora ejecutiva de SEO BirdLife, Asunción Ruiz, o la directora de BioCultura y presidenta de la Asociación Vida Sana, Ángeles Parra, entre muchas otras. Efeverde. Son algunas de estas figuras que alientan a miles de jóvenes en todo el mundo a tomar el relevo del compromiso ambiental

Sin embargo, los intereses económicos de muchos países y/o empresas intentan frenar esta causa y lo hacen de la manera más “sucia”, llegan al punto de asesinar a personas que lideran este activismo medioambiental. No sólo mujeres han pagado este precio, muchos hombres también, el último informe de la ong Global Witness cifra en más de 200 el número de personas asesinadas en una veintena de países durante 2017 por luchar en favor del planeta.

La más conocida de estas víctimas fue la hondureña Berta Cáceres, líder de los índigenas de la etnia lenca, asesinada en marzo de 2016.

Mucho antes de que el cambio climático se convirtiera en un punto relevante de la agenda política mundial, el papel de la mujer en defensa del medioambiente ha resultado clave para concienciar sobre la protección de la naturaleza e inspirar a las nuevas generaciones en su preservación

Enlace:

https://www.efeverde.com/noticias/mujeres-medioambiente-alianza-planeta/

A la población onubense no nos gusta trabajar

He encontrado un artículo del periódico ABC sobre la campaña de la fresa en Huelva, y como conclusión he sacado que a la población onubense no nos gusta trabajar.

El artículo comienza con un gran titular: “Solo 970 personas se presentan a los 23.000 empleos para recoger fresa en Huelva”.

Desde el inicio sitúa a la población onubense en el más absoluto sedentarismo en cuanto a trabajo se refiere, ya que se ha demandado un gran número de trabajadores en total 23.000, y la oferta ha sido solo de 970 personas, es decir, un 4,2% de la demanda. Pero es que a lo largo lo desarrolla aún más, haciendo una serie de aclaraciones que no deja en muy buen lugar a la población de Huelva.

Citando textualmente el artículo, “hay que destacar que Huelva tiene la tercera tasa más alta de paro en nuestro país, con el 22,79%, solo por detrás de Badajoz (24,10%) y Cádiz (27,35%).

Así lo han indicado a Efe fuentes sindicales, que han concretado que, a pesar de la necesidad de empleo que se trasluce en distintos sectores de la sociedad, la respuesta ha vuelto a ser muy escasa, incluso teniendo en cuenta que la campaña supone el mayor acicate laboral del año en varias comarcas de la provincia onubense. Las fuentes han lamentado una respuesta tan escasa en una provincia que roza el 23% de desempleo”.

No deja lugar a dudas, los onubenses, a pesar de reivindicar las necesidades que tienen de empleo en la zona, cuando se les ofrece trabajar no dan una respuesta. Si una persona ajena al entorno onubense lee el artículo podría establecer una respuesta clara: “los onubenses se quejan por trabajo pero cuando hay no quieren trabajar”.

Este artículo ayuda a que el estereotipo del andaluz vago se perpetúe entre la población del resto de España, ya que no realiza un análisis de la verdadera situación que sufren las personas que se dedican a la recolecta de fresas y frutos rojos.

Durante el artículo no se explica que las condiciones laborales de las personas que trabajan en la recogida de la fresa son degradantes en cuanto a salario y a condiciones del trabajo. Los casos más graves son los que se hicieron visibles el año paso tras un reportaje emitido por medios de comunicación extranjeros tras los que se denunciaron casos de acoso laboral, acoso sexual y violaciones. Muchos de estos casos ya han sido archivados por los juzgados, en cambio, sí se ha llegado a un acuerdo entre empresarios y sindicatos para mejorar las condiciones salariales y las jornadas de trabajo.

Quizás, la escasa demanda de empleo en la campaña de la fresa se deba a estas razones y no a un desinterés por parte de la población onubense.

Por otro lado, y siguiendo con el artículo, nos cuentan el remedio que han buscado para sobreponer la falta de personal: esta situación “hará que, de nuevo, haya que recurrir a un alto porcentaje de mano de obra inmigrante para cubrir la demanda… las distintas asociaciones y organizaciones agrarias se han desplazado a Marruecos para ultimar la selección de 7.500 temporeras”.

La solución siempre es la misma, aprovecharse de la mano inmigrante más vulnerable que sí acepte las condiciones que quieren implantar, llevando a las temporeras a condiciones de explotación.

S.E. (s.f.). (2019, febrero 16). Solo 970 personas se presentan a los 23.000 empleos para recoger fresa en Huelva. ABC. Recuperado 25 abril 2019, de https://www.abc.es/economia/abci-solo-970-personas-presentan-23000-empleos-para-recoger-fresa-huelva-201902161645_noticia.html

Kohan, Marisa. (2018, mayo 22). Sombras y silencio sobre la situación de las mujeres trabajadoras de la fresa en Huelva. Público. Recuperado 25 abril 2019, de https://www.publico.es/sociedad/mujeres-fresa-sombras-silencio-situacion-mujeres-trabajadoras-fresa-huelva.html

“Igual trabajo, igual salario”

“Igual trabajo, igual salario” este ha sido el lema con el que hoy, día de los trabajadores, ha salido el CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios) a la calle.

El CSIF es un sindicato español que afilia principalmente a trabajadores y trabajadoras del empleado público español. Es la segunda fuerza sindical en la administración pública y cuenta con una presencia cada vez mayor en el sector privado, siendo la cuarta fuerza sindical de ámbito nacional.

CSIF se autodefine como sindicato “profesional e independiente”, en oposición a los sindicatos de clase. Su fin social se limita a la representación y defensa de los intereses profesionales de los empleados y empleadas del sector público y privado sin defender una ideología política concreta.

El objetivo de la reivindicación, y que llega en un momento muy oportuno ya que hace pocos días de las votaciones al Congreso y al Senado, es llegar a las organizaciones políticas. Es bochornoso que en la actualidad, inmersos en un estado de derechos, libertades y bienestar, los ciudadanos aún tengamos que luchar por “soluciones para avanzar hacia la recuperación económica real, un reparto justo de los esfuerzos y devolver a la ciudadanía a la posición que les corresponde en bienestar, igualdad entre hombres y mujeres, justicia social y empleo, tras años de sacrificios”.

En 2008 España entró en una crisis económica de tal envergadura que acarreó a su vez una crisis política y social. La situación de la población activa llegó a unos límites tal, que muchos pasaron a ser desempleados y otros empeoraron considerablemente sus condiciones laborales, teniendo que pluriemplearse para lograr un salario para subsistir.

A pesar que con los años la situación ha ido mejorando, las condiciones de la población activa siguen siendo precaria ya que continúan abiertas grandes brechas que la crisis dejó en el país pasando a ser estructurales de nuestro sistema económico. Entre ella podemos señalar: condiciones laborales desiguales, empobrecimiento, deterioro de los servicios públicos…

Todo ello se acentúa en el caso de las mujeres que además de enfrentarse a ese desastroso mercado de trabajo, también tienen que luchar por desterrar todas las situaciones de desigualdad, discriminación en el empleo y la brecha salarial.

España es el tercer país del mundo con mayor tasa de desempleo en 2019 con un 14%, estando solo con unos peores datos Grecia (18,5%) y Sudáfrica (27,1%).

Si el panorama general lo analizamos por sexo, la situación no es otra que la esperable viendo la realidad que viven nuestras mujeres, y es un 12,3% de población masculina y un 16% de población femenina los que se encuentran en situación de desempleo.

La realidad es aún peor si vemos el desempleo juvenil, ya que a pesar de ser la generación más preparada, el 33,5% de nuestros jóvenes se encuentran en situación de desempleo a pesar tener deseos de trabajar. Existiendo y haciéndose visible también las diferencias por sexo siendo el dato para hombre 31,3% y para mujeres 36,5%.

La conciliación de la vida laboral y familiar continúa siendo un mero anhelo, en un país con unos horarios completamente incompatibles y con una mentalidad en cuanto a los cuidados que deja mucho que desear en aquellas personas poderosas que, siendo políticamente correctas, levantan la bandera de la igualdad.

Referencias:

Huelva Información. (s.f.). (2019, marzo 30). “Igualdad+Dignidad Laboral”, lema de CSIF para el 1º de Mayo. Huelva Información. Recuperado 1 mayo 2019, de https://www.huelvainformacion.es/huelva/IgualdadDignidad-Laboral-lema-CSIF-Mayo_0_1350465228.html

Desempleo. (s.f.). Recuperado 1 mayo 2019, de https://datosmacro.expansion.com/paro

Directiva y lesbiana: así rompieron ellas el doble techo de cristal

He querido compartir esta noticia por la poca visibilidad que tiene el colectivo LGTBI y el doble techo de cristal que tanto afecta a mujeres lesbianas en altos cargos.

Que casi ninguna mujer lesbiana sepa que el 26 de abril es el Día de la visibilidad lésbica es la muestra de que, aunque menos, en España también queda camino por recorrer.

Se da la paradoja de que en España, que tiene una de las legislaciones más avanzadas en cuanto a derechos LGBTI del mundo, las multinacionales extranjeras cuentan con menos políticas de integración. Marta Fernández, cuenta cómo las empresas españolas trabajan mucho el tema fuera, pero en España dejan mucho que desear. Por eso, en 2014 fundó la red profesional LesWorking, que facilita la salida del armario de las mujeres en el entorno laboral. Esta mujer también es codirectora general de la Red Empresarial por la Diversidad y la Inclusión LGBTI (REDI).

Tras escuchar el testimonio de esta empresaria, por no llamarla “guerrera”, te das cuenta que España es un país de buenas intenciones pero, se queda sólo en eso y en el “vacile” de su legislación, dejando de lado en la práctica a las personas que pertenecen a este colectivo.

En esta amplia investigación se preguntó, además, a los trabajadores LGBTI estadounidenses por su situación y la respuesta fue abrumadora: El 41% de los empleados y el 72% de los directivos siguen dentro del armario. Estos datos, suponen, que un/a trabajador/a esconda su orientación sexual, un 10% menos productivo/a para la empresa.

Muchas mujeres viven hoy día presionadas por las exigencias del trabajo, y ello juega un papel crucial a la hora de si salir del armario o no, ya que temen que hacerlo público pueda afectar a su cargo, al rechazo por homofobia de clientes o compañeros/as o simplemente perder su puesto de trabajo. Muchas mujeres lesbianas, cuando cambian de empresa suelen esconder su orientación sexual por lo mencionado anteriormente y así sucesivamente por cada nuevo puesto de trabajo.  Otro aspecto muy común es no abrirse del todo con los compañeros/as, escondiendo su orientación sexual con palabras neutrales cómo pareja.

Asegura la fundadora de LesWorking que las mujeres lesbianas están “como los gays hace 20 años”. “En la oficina encuentras hombres homosexuales que lo viven abiertamente, pero una lesbiana genera comentarios, chistes, cotilleos que están socialmente aceptados”, afirma, “no hay más que buscar ‘lesbiana’ en Google: los primeros resultados son siempre de porno para hombres heterosexuales”.

En este sentido, se crea el doble techo de cristal, mujer y lesbiana, suponiendo un freno añadido a su desarrollo profesional sumado con la maternidad. Según la experiencia de Eva Pérez Nanclares, CEO de S&P Legal, mientras las mujeres reaccionan con serenidad al saber que una compañera -o una jefa- es lesbiana, los hombres se ponen en guardia: “Nos ven como una amenaza”. “Hay una parte, supongo, que tiene que ver con el hecho de que por tu orientación sexual se sienten excluidos de ese sentimiento iniciático de que entre un hombre y una mujer tiene que haber atracción sexual”, explica, “y además en el entorno profesional muchos hombres te clasifican en esos términos. La lesbiana se sale de sus cánones y se produce un desajuste”.

Tenemos una gran meta, no nos podemos olvidar que unidas/os podemos cambiar el mundo, cambiar las formas tradicionales de socialización tanto en el trabajo como en la vida íntima, cambiar hacia una sociedad más justa, diversa, luchando contra los miedos infundados de sociedades patriarcales donde sus ideas están más que obsoletas.

Enlace:

https://www.elmundo.es/nosotras/2019/04/26/5cc18f7b21efa0b50e8b45c8.html

Objetivos de Desarrollo Sostenible. Objetivo 8: Trabajo decente y Crecimiento económico.

¿Qué son los objetivos de desarrollo sostenible?

Tal y como quedan definidos en la página web de Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) “son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad”. Se componen de 17 objetivos que se pusieron en marcha en enero de 2016, orientando las políticas y la financiación del Plan para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) durante los próximos 15 años.

Dichos objetivos conllevan un espíritu de colaboración y pragmatismo para elegir las mejores opciones con el fin de mejorar la vida, de manera sostenible, para las generaciones futuras. Proporcionan orientaciones y metas claras para su adopción por todos los países en conformidad con sus propias prioridades y los desafíos ambientales del mundo en general.

Objetivo 8: Trabajo decente y crecimiento económico

En esta publicación, centraremos nuestro análisis sobre el Objetivo 8 de los ODS, referente al “Trabajo Decente y el Crecimiento Económico”. Para ello, además de conocer en qué consiste el mismo, llevaremos a cabo un estudio con perspectiva de género, destacando aquellos aspectos en los que se tienen en cuenta las preocupaciones y desigualdades existentes por esta razón.

Así, el objetivo que nos ocupa tiene como finalidad “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.

En materia de género, podemos señalar algunos datos bastante relevantes:

  • Los hombres ganan un 12,5% más que las mujeres en 40 de los 45 países de los que se tienen datos.
  • La brecha salarial de género en todo el mundo se sitúa en el 23% y, si no se toman medidas, se necesitarán otros 68 años para lograr la igualdad salarial. La tasa de participación de la mujer en la población activa es del 63%, mientras que la de los hombres es del 94%.
  • A pesar de su creciente presencia en la vida pública, las mujeres se siguen haciendo cargo 2,6 veces más del cuidado de personas no remunerado y del trabajo doméstico que los hombres.
  • Según un estudio reciente de Harvard, la igualdad de género en la fuerza de trabajo podría agregar 28 billones de dólares a la economía global para 2025.

Para hacer frente a estas problemáticas, el Objetivo 8 se concreta en 12 metas que determinan los pasos a seguir, con idea de alcanzar la situación deseada. De todas ellas, las siguientes hacen referencia a la igualdad de género:

8.5. De aquí a 2030, lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todas las mujeres y los hombres, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidad, así como la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor.

8.8. Proteger los derechos laborales y promover un entorno de trabajo seguro y sin riesgos para todos los trabajadores, incluidos los trabajadores migrantes, en particular las mujeres migrantes y las personas con empleos precarios.

Casos concretos en los que el objetivo se ve materializado

Para finalizar, se considera oportuno mostrar algunos casos concretos en los que se ha alcanzado este objetivo. Dichos casos adquieren un importante matiz didáctico, sirviéndonos de ejemplo sobre cómo pueden materializarse las metas anteriormente comentadas.

  • Construyendo igualdad en alturas

El pueblo de Siksa está ubicado en lo alto de la cordillera del Karakórum, en Pakistán. Aquí mayoría de las familias se dedica a la agricultura y la ganadería, actividades que dependen de las variaciones en el agua del deshielo proveniente de las montañas. Del mismo modo, el agua dulce más cercana está alejada, por lo que construir canales para llevarla hasta el pueblo es demasiado costoso.

Esta escasez de agua afecta profundamente a la vida de las mujeres, pues eran ellas quienes debían ir en su búsqueda. Todas las mañanas se levantaban temprano y salían de sus casas para buscar agua, tarea que les ocupaba toda la jornada. Por ello, además de la fatiga y el tiempo perdido, estas mujeres veían como les era imposible participar en la vida cultural del pueblo (protagonizada por los hombres).

En la actualidad, tras la intervención del PNUD (junto con otras organizaciones y empresas), hay suficiente agua para irrigar las plantaciones y llenar un tanque que puede llevar agua a tierras antes no cultivadas. Hoy cada hogar tiene un área más grande de tierra cultivable y, después de satisfacer sus propias necesidades, puede vender productos en el mercado. Las mujeres no tienen que caminar kilómetros para recolectar agua, y los niños y niñas pueden regresar a la escuela con el agua fresca y limpia que se les proporciona en la puerta de su casa.

  • Mujeres que emprenden entre amigas

La panadería Dost es un pequeño negocio que se abrió en la región del Kurdistán de Iraq en otoño de 2015. “Dost” significa “amigo” en kurdo, y se le dio este nombre porque la empresa es administrada por 10 amigas. Todas ellas son mujeres desplazadas por el Estado Islámico de Iraq y el ISIS, y ahora viven alrededor del campo de la Sharia, cerca de la ciudad de Dohuk.

Después de una ayuda inicial y la capacitación impartida por el PNUD, este grupo de amigas ahora dirigen la panadería solas, y ofrece sus productos a las personas de las comunidades desplazadas. Desde entonces, la empresa ha crecido y está generando oportunidades a otras mujeres para aprender valiosas habilidades y hacer trabajos importantes. Más de 126 familias se benefician directamente del proyecto.

Proyectos como estos ayudan a proporcionar empleo y trabajo decente, así como un sentido de dignidad a las personas que huyen de la guerra y la persecución. También ayudan a aliviar la presión sobre las comunidades locales causadas por la gran afluencia de personas desplazadas.

Muchas de las panaderas de Dost llevan las cicatrices físicas y mentales de la violencia que en algún momento amenazó sus vidas. Para ellas, volver a la normalidad requiere reconstruirse a través del trabajo y un sentido de propósito.

Enlaces:

View at Medium.com

https://stories.undp.org/independencia-economica-para-las-mujeres-yazidi

Crecimiento económico

Objetivos y metas de desarrollo sostenible

https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals/goal-8-decent-work-and-economic-growth.html

https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals.html

Inequidad de género desde la Psicología Ambiental

La “psicología ambiental” inicialmente estudiaba la interrelación entre las personas y los ambientes físicos reales que éstas ocupan. Sin embargo, conforme se avanzaba en el estudio de los ambientes desde un enfoque psicológico, se comenzó a entender la dificultad de aislar los ambientes físicos de los sociales, determinando como objeto de análisis el ambiente o entorno sociofísico. Estudiaba también la degradación del medio ambiente y la preocupación por la conservación de los recursos y del medio natural. Pero ya sean los ambientes naturales o construidos, lo cierto es que la psicología ambiental estudia “algo que la mayoría de las veces no se hace presente a la persona, a pesar de saber dónde se encuentra, tener la destreza de poder describirlo y deambular por el lugar” (Aragonés, 2000). Los psicólogos ambientales han comprobado que el ambiente afecta al comportamiento de las personas, aunque éstas no son conscientes de su influencia. 

La lucha por los ambientes naturales y la conservación de recursos plantea serios problemas. Uno de los problemas sociales que complica la resolución de conflictos ambientales son las inequidades sociales y de género, es decir, la inequidad en el disfrute de recursos naturales y el trato discriminatorio a mujeres, niños, personas sin recursos y miembros de minorías étnicas.

Es un hecho que en la mayoría de sociedades del mundo los hombres gozan de más privilegios, poder y prestigio que las mujeres. La inequidad entre sexos también repercute en una de las causas fundamentales del dilema ambiental, por ejemplo, en ciertos países el hecho de recaer en los hombres la decisión del número de hijos ha llevado al crecimiento exponencial en la población que ahora experimentamos. Según Engelman (2008), en los países en donde se permite que las mujeres participen en las decisiones sobre planificación familiar, éstas deciden tener dos hijos o menos, ya que, al intervenir más en la crianza, son conscientes de sus necesidades (y capacidades) personales y las de sus hijos. Con lo anterior generan lo que pocos gobiernos logran: un control poblacional en balance con los recursos naturales.

Otra implicación ecológica de la equidad de género es disminuir la brecha salarial de hombres y mujeres, ya que este factor constituye un poderoso incentivo para limitar el número de hijos que una familia decide tener. Las mujeres conforme aumentan su ingreso, deciden procrear menos hijos y esto se ve complementado por el hecho de que un incremento en el nivel de escolaridad de las mujeres se relaciona con un decremento en el número de hijos que deciden tener. En definitiva, facilitar las oportunidades educativas a las mujeres es la mejor política de planificación familiar y el mejor antídoto contra la sobrepoblación, que resulta una de las causas preeminentes del dilema ambiental y que, seguramente, la equidad de género contribuiría a abatirla.

Otro aspecto a destacar en materia de inequidad es la violencia y la explotación sexual, que empobrecen seriamente las expectativas de supervivencia de mujeres y de niñas. A nivel mundial las mujeres producen entre el sesenta y ochenta por ciento de la comida, sin embargo, sólo son dueñas del quince por ciento de la tierra. Por lo tanto, la inequidad de género contribuye a la inequidad económica: hay más mujeres pobres que hombres en esa condición y tal como lo plantean los expertos, una causa fundamental del deterioro ecológico es la inequidad en la distribución de recursos según el género.

Todo lo anterior nos lleva al ecofeminismo, esa corriente feminista que establece que existe una relación entre la opresión a las mujeres y la explotación irracional del ambiente, a las cuales subyace una visión patriarcal dominante: el hombre ha sido opresor tanto de la mujer como de la naturaleza. Se propone que el sistema no es homogéneo, sino que afecta de manera particular a las mujeres y se atribuyen responsabilidades a los grupos que monopolizan los recursos naturales y al auge de la economía capitalista. Por lo tanto, dado que existe una correlación entre inequidad social y de género y la degradación ecológica, de acuerdo con los postulados ecofeministas, resolver el dilema ambiental exige la eliminación de las desigualdades de género.

Fuentes:

Verdugo, V. C. (2010). Psicología de la sustentabilidad. Editorial Trillas Sa De C.

Roth, Eric. (2000). Psicología ambiental: interfase entre conducta y naturaleza. Revista Ciencia y Cultura, (8), 63-78. Recuperado de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-33232000000200007&lng=es&tlng=es.

https://psicologiaymente.com/social/ecofeminismo

“No pienses en un elefante”: la sostenibilidad de la vida y la economía feminista

Cuando pensamos en la palabra “economía” nos remitimos, de manera general, a determinados conceptos, como, por ejemplo, mercado financiero; capital; valor de cambio; juego de poder. En la gran mayoría de las veces, la connotación que le damos a la economía es negativa. Pero, al final, ¿es la economía “mala”? ¿Para combatir el capitalismo y la iniquidad que ese regenera tenemos que ser, precisamente, anti-capitalistas radicales? Quizá una posibilidad alternativa sea hablar de la sostenibilidad de la vida, rompiendo, así, con los binarismos a los cuales usualmente basamos nuestros argumentos. La economía feminista surge, pues, en esa búsqueda de una nueva perspectiva, la economía de género, proponiendo dos corrientes de revisión del modelo androcéntrico que se refleja en la economía tradicional, cuáles sean, la economía feminista de la conciliación y la economía feminista de la ruptura.

Cabe aquí señalar que la distinción entre lo económico/ lo no económico y la definición de lo que es (o no) considerado trabajo está lejos de ser neutral ante el género. Las dimensiones que se han erigido en económicas se han masculinizado, mientras que las no-económicas se conformaran mediante la identificación con los roles, espacios, intereses y características históricamente adscritos a las mujeres (Pérez Orozco, 2005, p.46).  

La economía feminista de la conciliación busca la diferenciación entre nosotras, las mujeres, y los hombres en el mercado y las tareas, no teniendo como enfoque el cuestionamiento del modelo ortodoxo. Tiene como objetivo discutir el trabajo doméstico no como una simple mejora “técnica” del análisis, sino una mejora de las posiciones de las mujeres, identificando la desigual adscripción del trabajo de mercado y doméstico entre los dos sexos (Pérez Orozco, 2005, p. 51). Puede, pues, ser relacionada al feminismo de la diferencia.

La economía feminista de la ruptura, a su vez, propugna cambios mucho más profundos, por medio del cuestionamiento de las bases mismas de los discursos androcéntricos, tanto en lo relativo a la epistemología, como a los conceptos y los métodos (Pérez Orozco, 2005, p. 45), pudiendo ser comparada al feminismo radical. Esa corriente considera que la estrategia, de la economía feminista de la conciliación, de integrar los cuidados del hogar y la reproducción en cuanto una nueva esfera de actividad económica implica problemas insuperables, puesto que el centro del análisis sigue siendo lo mercantil y que las esferas feminizadas no dejan de tener una importancia secundaria (Himmelweit, 1995, citado en Pérez Orozco, 2005, p. 54). Centra sus argumentos en el ya mencionado concepto de sostenibilidad de la vida, es decir, en los procesos de satisfacción de las necesidades (Carrasco, 2001, citado en Pérez Orosco, 2005, p. 54). Pero ¿cómo se miden, a final, esas necesidades? La reflexión sobre tal cuestión me hizo acordar de la pirámide de las necesidades de Maslow, que las define como: fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y de autorrealización.

Dicho eso, planteo algunas preguntas: ¿Todas(os) tenemos, mujeres y hombres, las mismas necesidades propuestas por la teoría de Maslow? ¿Todas(os) las valoramos de igual manera? Siendo multidimensionales, ¿son las necesidades siempre jerárquicas o pueden presentarse de otro modo? Una vez que son opuestos los conceptos de sostenibilidad de la vida/satisfacción de necesidades y lo de acumulación de capital/mercado, porque, paradójicamente, ¿la lógica de la sociedad sigue siendo “el tener” para “ser”?

Referencia

Pérez Orozco, Amaya. (2005). Economía del género y economía feminista ¿conciliación o ruptura?Revista venezolana de estudios de la mujer, vol. 10, nº 24, p 43- 64. Obtenido dehttps://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5855457


Si el día tiene 24 horas y necesito 25, ¿Qué tiempo puedo conciliar?

¿Es el contexto social un facilitador o un obstaculizador de la conciliación? La difícil coyuntura socioeconómica, por un lado,  y el aumento de las desigualdades de género en el mercado laboral, por otro, sitúan a la conciliación como el imposible de los mortales. Sin descartar que en un punto intermedio de este abanico de dificultades, colocaríamos la precariedad e inestabilidad en el mercado laboral (Borrás, Torns, Moreno, 2007)

Como hizo Borrás, Torns y Moreno en su artículo “Las políticas de conciliación: políticas laborales versus políticas de tiempo” en 2007, podríamos distinguir tres perspectivas si vamos a considerar que el verbo conciliar se convierte en una problemática social, individual o laboral.

En una dimensión social hay que tener en cuenta las transformaciones que han acaecido en los últimos años: mayor envejecimiento poblacional e incorporación de la mujer al mercado de trabajo, entre las más significativas. Habría que tener en cuenta el tipo de contrato que nos ofrecen, claro.

En el terreno individual juega un papel fundamental la gestión que le damos a nuestro tiempo, como si no supiésemos gestionarlo, y viniera el capitalismo patriarcal a decirnos como hacerlo.

Y en lo laboral, habría que negociar qué tipo de convenios estamos dispuestas a negociar, salario a cobrar y horarios. Porque somos las reinas de la jornada parcial. Sí, sí. En comparación con el sexo masculino, estamos dispuestas a aceptar contratos parciales, por lo que nos limita nuestra presencia en el ámbito productivo. ¿Y dónde empleamos ese tiempo? ¿En el ocio? ERROR. Lo invertimos en el ámbito reproductor, en ese donde cuidamos a nuestras/os hijas/os y/o personas mayores, hacemos la compra, vamos a pagar los recibos de luz, agua y gas; limpiamos nuestro amoroso hogar, ponemos lavadoras y las tendemos, hacemos la comida para la familia donde también se apunta el “cuñao”… y un sinfín de tareas que como dice mi madre “en esta casa nunca se termina”. Pero es que las mujeres españolas no aceptamos voluntariamente la jornada parcial, si nos comparamos con las europeas (Torns, 2005), entonces… ¿Si no la aceptamos voluntariamente quién nos la impone? Pues sí, el sistema heteropatriarcal, que nos enseña desde niñas que debemos ocupar nuestro espacio privado y que calladitas estamos más guapas. Y sí cobramos una media de 6000 euros menos que los hombres (INE, 2019), pues te callas también. Y si tenemos contratos más precarios y con peores posibilidades de desarrollo a nivel profesional (Torns, 2004), pues calladita y bien sentada.

Después nos preguntarán, como de costumbre pasa cuando se va acercando nuestros 30 años, por qué no somos madre. Según la Encuesta Nacional de Fecundidad del Instituto Nacional de Estadística, que no se realizaba en España desde hace 20 años, casi el 80% de mujeres de 25 a 29 años no tienen hijas/os. Además, entre ser madre o estudiar, nos decantamos por esta última, retrasando nuestra edad a la maternidad conforme mayor nivel educativo tenemos. Aquellas mujeres que deciden no ser madres, ocupan mayores tasas de actividad en el mercado laboral.

Conciliación de la vida familiar, laboral y de ocio, razones económicas y/o laborales, no tener pareja y no querer simplemente ser madres, son los principales motivos para no pretender tener hijas/os en un futuro próximo.

Mujeres, el instinto maternal es una construcción social que se ha inventado el patriarcado para hacernos creer que si no llegamos a ser madres, somos unas fracasadas.

Estudien, trabajen y coloquen su vida en el centro de todo.

Referencias bibliográficas

Borrás, V., Torns, T. & Moreno, S. (2007). Las políticas de conciliación: políticas laborales versus políticas de tiempo. Papers 83, págs. 83-96.

INE (2019). Encuesta de Fecundidad 2018. Madrid: Instituto Nacional de Estadística.

TORNS, Teresa. (2005) «De la imposible conciliación a los permanentes malos arreglos». Cuadernos de Relaciones Laborales, 23, núm. 1. Págs. 15-33.

El origen de la desigualdad radica en la economía de los cuidados

Las mejores condiciones de vida, los avances en investigación y medicina o la mayor cobertura  sanitaria han contribuido a un aumento de la esperanza de vida, en nuestra sociedad. Esta mayor longevidad supone, inevitablemente, un incremento del gasto en servicios sociales, pero también un crecimiento de los cuidados informales, es decir, aquellos que son prestados a las personas dependientes por familiares y no profesionales.

Cuantificando el trabajo de los cuidados, podemos observar que los remunerados constituyen un pequeño apéndice en el sistema público. Esto se debe a que la sociedad sigue apoyándose, mayoritariamente, en los cuidados informales (protagonizados por la mujer). Así, según el estudio “An estimation of the value of informal care to dependent people in Spain” el número total de horas dedicadas por personas cuidadoras no profesionales asciende a 4.193 millones, con un valor estimado de entre 23.065 y 50.160 millones de euros. Estas cantidades suponen entre el 2,1% y el 4,6% del PIB nacional; muy por encima de los recursos que invierte España en su sistema de atención a la dependencia (por debajo del 1% del PIB).

Como decimos, histórica y culturalmente, estos cuidados informales han sido atribuidos al espacio de lo privado y, concretamente, a la mujer: de hecho el perfil predominante de las personas cuidadoras es el de la mujer casada, de entre 40 y 59 años. De este modo, se trata de una labor oculta e invisible hasta hace poco, pero imprescindible para el desarrollo de la economía y la sociedad.

En el momento en que la mujer sale al mercado laboral y comienza a ocupar espacios profesionales, se observa que también debe seguir ocupándose de criar a los hijos y atender a los mayores. Aparece, por tanto, una clara desigualdad en la que se ha acomodado el sistema. En definitiva, podemos decir que el origen de la desigualdad radica en la economía de los cuidados.

Igualmente, cuando la mujer no puede ocuparse de las tareas de cuidados, al trabajar fuera de casa, se contrata a otra persona para desempeñar esta función. En la mayoría de los casos esta persona también es mujer, de mediana edad e inmigrante, con lo que nos encontramos ante un triple factor de desigualdad. De ahí la brecha salarial y que el trabajo de cuidadora esté muy precarizado.

Por otro lado, debemos poner también el foco en los problemas y cargas que sufren las personas cuidadoras como, por ejemplo, el tiempo o la complejidad de tareas. En concreto, 2 de cada 3 apuntan a problemas de salud por esta causa, 6 de cada 10 indican problemas en el ámbito laboral y 4 de cada 5 refieren problemas en el entorno sociofamiliar.

Ante esta situación, el hecho de que organizaciones internacionales como la OIT aporten datos a nivel mundial es muy importante. Así podemos comprender por qué las mujeres trabajan dos y tres veces más a tiempo parcial, ya que el resto del tiempo se dedican a los cuidados. Y todo esto está relacionado con la brecha salarial y las pensiones, pues se trata de un desfase que se va acumulando a lo largo de la vida.

Hay que romper este sistema acomodaticio, de modo que los cuidados no recaigan sobre el ámbito de las familias y que los gobiernos asuman esta situación como un problema de carácter social. Ahí entra el Estado del bienestar y la ley de la dependencia, pero claro, ¿hasta dónde llegan, cuáles son los recursos y cómo se puede hacer efectivo? Este es el gran desafío para que las familias, y sobre todo las mujeres, no sigan teniendo que sostener esta economía de los cuidados.

Enlaces:

https://byzness.elperiodico.com/es/noticias/economicos/20190425/cuidados-personas-dependientes-7423923

https://www.20minutos.es/noticia/3622018/0/comun-unidas-podemos-apuesta-por-economia-basada-cuidados-para-alcanzar-igualdad-trabajo/

https://www.diaridetarragona.com/economia/Dolors-Comas-Es-un-trabajo-invisible-que-economiza-y-ahorra-el-gasto-publico-20190429-0037.html

https://www.diaridetarragona.com/economia/Los-cuidados-informales-a-personas-dependientes-suponen-mas-del-2-del-PIB-20190429-0033.html

https://www.heraldo.es/noticias/economia/2019/04/21/el-corazon-de-la-desigualdad-radica-en-la-economia-de-los-cuidados-que-sigue-oculta-1310518.html

https://www.huffingtonpost.es/entry/podemos-propone-crear-una-vicepresidencia-de-feminismo-y-economia-de-los-cuidados_es_5ca74d65e4b047edf959020f