“Igual trabajo, igual salario”

“Igual trabajo, igual salario” este ha sido el lema con el que hoy, día de los trabajadores, ha salido el CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios) a la calle.

El CSIF es un sindicato español que afilia principalmente a trabajadores y trabajadoras del empleado público español. Es la segunda fuerza sindical en la administración pública y cuenta con una presencia cada vez mayor en el sector privado, siendo la cuarta fuerza sindical de ámbito nacional.

CSIF se autodefine como sindicato “profesional e independiente”, en oposición a los sindicatos de clase. Su fin social se limita a la representación y defensa de los intereses profesionales de los empleados y empleadas del sector público y privado sin defender una ideología política concreta.

El objetivo de la reivindicación, y que llega en un momento muy oportuno ya que hace pocos días de las votaciones al Congreso y al Senado, es llegar a las organizaciones políticas. Es bochornoso que en la actualidad, inmersos en un estado de derechos, libertades y bienestar, los ciudadanos aún tengamos que luchar por “soluciones para avanzar hacia la recuperación económica real, un reparto justo de los esfuerzos y devolver a la ciudadanía a la posición que les corresponde en bienestar, igualdad entre hombres y mujeres, justicia social y empleo, tras años de sacrificios”.

En 2008 España entró en una crisis económica de tal envergadura que acarreó a su vez una crisis política y social. La situación de la población activa llegó a unos límites tal, que muchos pasaron a ser desempleados y otros empeoraron considerablemente sus condiciones laborales, teniendo que pluriemplearse para lograr un salario para subsistir.

A pesar que con los años la situación ha ido mejorando, las condiciones de la población activa siguen siendo precaria ya que continúan abiertas grandes brechas que la crisis dejó en el país pasando a ser estructurales de nuestro sistema económico. Entre ella podemos señalar: condiciones laborales desiguales, empobrecimiento, deterioro de los servicios públicos…

Todo ello se acentúa en el caso de las mujeres que además de enfrentarse a ese desastroso mercado de trabajo, también tienen que luchar por desterrar todas las situaciones de desigualdad, discriminación en el empleo y la brecha salarial.

España es el tercer país del mundo con mayor tasa de desempleo en 2019 con un 14%, estando solo con unos peores datos Grecia (18,5%) y Sudáfrica (27,1%).

Si el panorama general lo analizamos por sexo, la situación no es otra que la esperable viendo la realidad que viven nuestras mujeres, y es un 12,3% de población masculina y un 16% de población femenina los que se encuentran en situación de desempleo.

La realidad es aún peor si vemos el desempleo juvenil, ya que a pesar de ser la generación más preparada, el 33,5% de nuestros jóvenes se encuentran en situación de desempleo a pesar tener deseos de trabajar. Existiendo y haciéndose visible también las diferencias por sexo siendo el dato para hombre 31,3% y para mujeres 36,5%.

La conciliación de la vida laboral y familiar continúa siendo un mero anhelo, en un país con unos horarios completamente incompatibles y con una mentalidad en cuanto a los cuidados que deja mucho que desear en aquellas personas poderosas que, siendo políticamente correctas, levantan la bandera de la igualdad.

Referencias:

Huelva Información. (s.f.). (2019, marzo 30). “Igualdad+Dignidad Laboral”, lema de CSIF para el 1º de Mayo. Huelva Información. Recuperado 1 mayo 2019, de https://www.huelvainformacion.es/huelva/IgualdadDignidad-Laboral-lema-CSIF-Mayo_0_1350465228.html

Desempleo. (s.f.). Recuperado 1 mayo 2019, de https://datosmacro.expansion.com/paro

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Directiva y lesbiana: así rompieron ellas el doble techo de cristal

He querido compartir esta noticia por la poca visibilidad que tiene el colectivo LGTBI y el doble techo de cristal que tanto afecta a mujeres lesbianas en altos cargos.

Que casi ninguna mujer lesbiana sepa que el 26 de abril es el Día de la visibilidad lésbica es la muestra de que, aunque menos, en España también queda camino por recorrer.

Se da la paradoja de que en España, que tiene una de las legislaciones más avanzadas en cuanto a derechos LGBTI del mundo, las multinacionales extranjeras cuentan con menos políticas de integración. Marta Fernández, cuenta cómo las empresas españolas trabajan mucho el tema fuera, pero en España dejan mucho que desear. Por eso, en 2014 fundó la red profesional LesWorking, que facilita la salida del armario de las mujeres en el entorno laboral. Esta mujer también es codirectora general de la Red Empresarial por la Diversidad y la Inclusión LGBTI (REDI).

Tras escuchar el testimonio de esta empresaria, por no llamarla “guerrera”, te das cuenta que España es un país de buenas intenciones pero, se queda sólo en eso y en el “vacile” de su legislación, dejando de lado en la práctica a las personas que pertenecen a este colectivo.

En esta amplia investigación se preguntó, además, a los trabajadores LGBTI estadounidenses por su situación y la respuesta fue abrumadora: El 41% de los empleados y el 72% de los directivos siguen dentro del armario. Estos datos, suponen, que un/a trabajador/a esconda su orientación sexual, un 10% menos productivo/a para la empresa.

Muchas mujeres viven hoy día presionadas por las exigencias del trabajo, y ello juega un papel crucial a la hora de si salir del armario o no, ya que temen que hacerlo público pueda afectar a su cargo, al rechazo por homofobia de clientes o compañeros/as o simplemente perder su puesto de trabajo. Muchas mujeres lesbianas, cuando cambian de empresa suelen esconder su orientación sexual por lo mencionado anteriormente y así sucesivamente por cada nuevo puesto de trabajo.  Otro aspecto muy común es no abrirse del todo con los compañeros/as, escondiendo su orientación sexual con palabras neutrales cómo pareja.

Asegura la fundadora de LesWorking que las mujeres lesbianas están “como los gays hace 20 años”. “En la oficina encuentras hombres homosexuales que lo viven abiertamente, pero una lesbiana genera comentarios, chistes, cotilleos que están socialmente aceptados”, afirma, “no hay más que buscar ‘lesbiana’ en Google: los primeros resultados son siempre de porno para hombres heterosexuales”.

En este sentido, se crea el doble techo de cristal, mujer y lesbiana, suponiendo un freno añadido a su desarrollo profesional sumado con la maternidad. Según la experiencia de Eva Pérez Nanclares, CEO de S&P Legal, mientras las mujeres reaccionan con serenidad al saber que una compañera -o una jefa- es lesbiana, los hombres se ponen en guardia: “Nos ven como una amenaza”. “Hay una parte, supongo, que tiene que ver con el hecho de que por tu orientación sexual se sienten excluidos de ese sentimiento iniciático de que entre un hombre y una mujer tiene que haber atracción sexual”, explica, “y además en el entorno profesional muchos hombres te clasifican en esos términos. La lesbiana se sale de sus cánones y se produce un desajuste”.

Tenemos una gran meta, no nos podemos olvidar que unidas/os podemos cambiar el mundo, cambiar las formas tradicionales de socialización tanto en el trabajo como en la vida íntima, cambiar hacia una sociedad más justa, diversa, luchando contra los miedos infundados de sociedades patriarcales donde sus ideas están más que obsoletas.

Enlace:

https://www.elmundo.es/nosotras/2019/04/26/5cc18f7b21efa0b50e8b45c8.html

Objetivos de Desarrollo Sostenible. Objetivo 8: Trabajo decente y Crecimiento económico.

¿Qué son los objetivos de desarrollo sostenible?

Tal y como quedan definidos en la página web de Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) “son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad”. Se componen de 17 objetivos que se pusieron en marcha en enero de 2016, orientando las políticas y la financiación del Plan para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) durante los próximos 15 años.

Dichos objetivos conllevan un espíritu de colaboración y pragmatismo para elegir las mejores opciones con el fin de mejorar la vida, de manera sostenible, para las generaciones futuras. Proporcionan orientaciones y metas claras para su adopción por todos los países en conformidad con sus propias prioridades y los desafíos ambientales del mundo en general.

Objetivo 8: Trabajo decente y crecimiento económico

En esta publicación, centraremos nuestro análisis sobre el Objetivo 8 de los ODS, referente al “Trabajo Decente y el Crecimiento Económico”. Para ello, además de conocer en qué consiste el mismo, llevaremos a cabo un estudio con perspectiva de género, destacando aquellos aspectos en los que se tienen en cuenta las preocupaciones y desigualdades existentes por esta razón.

Así, el objetivo que nos ocupa tiene como finalidad “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.

En materia de género, podemos señalar algunos datos bastante relevantes:

  • Los hombres ganan un 12,5% más que las mujeres en 40 de los 45 países de los que se tienen datos.
  • La brecha salarial de género en todo el mundo se sitúa en el 23% y, si no se toman medidas, se necesitarán otros 68 años para lograr la igualdad salarial. La tasa de participación de la mujer en la población activa es del 63%, mientras que la de los hombres es del 94%.
  • A pesar de su creciente presencia en la vida pública, las mujeres se siguen haciendo cargo 2,6 veces más del cuidado de personas no remunerado y del trabajo doméstico que los hombres.
  • Según un estudio reciente de Harvard, la igualdad de género en la fuerza de trabajo podría agregar 28 billones de dólares a la economía global para 2025.

Para hacer frente a estas problemáticas, el Objetivo 8 se concreta en 12 metas que determinan los pasos a seguir, con idea de alcanzar la situación deseada. De todas ellas, las siguientes hacen referencia a la igualdad de género:

8.5. De aquí a 2030, lograr el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todas las mujeres y los hombres, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidad, así como la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor.

8.8. Proteger los derechos laborales y promover un entorno de trabajo seguro y sin riesgos para todos los trabajadores, incluidos los trabajadores migrantes, en particular las mujeres migrantes y las personas con empleos precarios.

Casos concretos en los que el objetivo se ve materializado

Para finalizar, se considera oportuno mostrar algunos casos concretos en los que se ha alcanzado este objetivo. Dichos casos adquieren un importante matiz didáctico, sirviéndonos de ejemplo sobre cómo pueden materializarse las metas anteriormente comentadas.

  • Construyendo igualdad en alturas

El pueblo de Siksa está ubicado en lo alto de la cordillera del Karakórum, en Pakistán. Aquí mayoría de las familias se dedica a la agricultura y la ganadería, actividades que dependen de las variaciones en el agua del deshielo proveniente de las montañas. Del mismo modo, el agua dulce más cercana está alejada, por lo que construir canales para llevarla hasta el pueblo es demasiado costoso.

Esta escasez de agua afecta profundamente a la vida de las mujeres, pues eran ellas quienes debían ir en su búsqueda. Todas las mañanas se levantaban temprano y salían de sus casas para buscar agua, tarea que les ocupaba toda la jornada. Por ello, además de la fatiga y el tiempo perdido, estas mujeres veían como les era imposible participar en la vida cultural del pueblo (protagonizada por los hombres).

En la actualidad, tras la intervención del PNUD (junto con otras organizaciones y empresas), hay suficiente agua para irrigar las plantaciones y llenar un tanque que puede llevar agua a tierras antes no cultivadas. Hoy cada hogar tiene un área más grande de tierra cultivable y, después de satisfacer sus propias necesidades, puede vender productos en el mercado. Las mujeres no tienen que caminar kilómetros para recolectar agua, y los niños y niñas pueden regresar a la escuela con el agua fresca y limpia que se les proporciona en la puerta de su casa.

  • Mujeres que emprenden entre amigas

La panadería Dost es un pequeño negocio que se abrió en la región del Kurdistán de Iraq en otoño de 2015. “Dost” significa “amigo” en kurdo, y se le dio este nombre porque la empresa es administrada por 10 amigas. Todas ellas son mujeres desplazadas por el Estado Islámico de Iraq y el ISIS, y ahora viven alrededor del campo de la Sharia, cerca de la ciudad de Dohuk.

Después de una ayuda inicial y la capacitación impartida por el PNUD, este grupo de amigas ahora dirigen la panadería solas, y ofrece sus productos a las personas de las comunidades desplazadas. Desde entonces, la empresa ha crecido y está generando oportunidades a otras mujeres para aprender valiosas habilidades y hacer trabajos importantes. Más de 126 familias se benefician directamente del proyecto.

Proyectos como estos ayudan a proporcionar empleo y trabajo decente, así como un sentido de dignidad a las personas que huyen de la guerra y la persecución. También ayudan a aliviar la presión sobre las comunidades locales causadas por la gran afluencia de personas desplazadas.

Muchas de las panaderas de Dost llevan las cicatrices físicas y mentales de la violencia que en algún momento amenazó sus vidas. Para ellas, volver a la normalidad requiere reconstruirse a través del trabajo y un sentido de propósito.

Enlaces:

View at Medium.com

https://stories.undp.org/independencia-economica-para-las-mujeres-yazidi

Crecimiento económico

Objetivos y metas de desarrollo sostenible

https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals/goal-8-decent-work-and-economic-growth.html

https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals.html

Inequidad de género desde la Psicología Ambiental

La “psicología ambiental” inicialmente estudiaba la interrelación entre las personas y los ambientes físicos reales que éstas ocupan. Sin embargo, conforme se avanzaba en el estudio de los ambientes desde un enfoque psicológico, se comenzó a entender la dificultad de aislar los ambientes físicos de los sociales, determinando como objeto de análisis el ambiente o entorno sociofísico. Estudiaba también la degradación del medio ambiente y la preocupación por la conservación de los recursos y del medio natural. Pero ya sean los ambientes naturales o construidos, lo cierto es que la psicología ambiental estudia “algo que la mayoría de las veces no se hace presente a la persona, a pesar de saber dónde se encuentra, tener la destreza de poder describirlo y deambular por el lugar” (Aragonés, 2000). Los psicólogos ambientales han comprobado que el ambiente afecta al comportamiento de las personas, aunque éstas no son conscientes de su influencia. 

La lucha por los ambientes naturales y la conservación de recursos plantea serios problemas. Uno de los problemas sociales que complica la resolución de conflictos ambientales son las inequidades sociales y de género, es decir, la inequidad en el disfrute de recursos naturales y el trato discriminatorio a mujeres, niños, personas sin recursos y miembros de minorías étnicas.

Es un hecho que en la mayoría de sociedades del mundo los hombres gozan de más privilegios, poder y prestigio que las mujeres. La inequidad entre sexos también repercute en una de las causas fundamentales del dilema ambiental, por ejemplo, en ciertos países el hecho de recaer en los hombres la decisión del número de hijos ha llevado al crecimiento exponencial en la población que ahora experimentamos. Según Engelman (2008), en los países en donde se permite que las mujeres participen en las decisiones sobre planificación familiar, éstas deciden tener dos hijos o menos, ya que, al intervenir más en la crianza, son conscientes de sus necesidades (y capacidades) personales y las de sus hijos. Con lo anterior generan lo que pocos gobiernos logran: un control poblacional en balance con los recursos naturales.

Otra implicación ecológica de la equidad de género es disminuir la brecha salarial de hombres y mujeres, ya que este factor constituye un poderoso incentivo para limitar el número de hijos que una familia decide tener. Las mujeres conforme aumentan su ingreso, deciden procrear menos hijos y esto se ve complementado por el hecho de que un incremento en el nivel de escolaridad de las mujeres se relaciona con un decremento en el número de hijos que deciden tener. En definitiva, facilitar las oportunidades educativas a las mujeres es la mejor política de planificación familiar y el mejor antídoto contra la sobrepoblación, que resulta una de las causas preeminentes del dilema ambiental y que, seguramente, la equidad de género contribuiría a abatirla.

Otro aspecto a destacar en materia de inequidad es la violencia y la explotación sexual, que empobrecen seriamente las expectativas de supervivencia de mujeres y de niñas. A nivel mundial las mujeres producen entre el sesenta y ochenta por ciento de la comida, sin embargo, sólo son dueñas del quince por ciento de la tierra. Por lo tanto, la inequidad de género contribuye a la inequidad económica: hay más mujeres pobres que hombres en esa condición y tal como lo plantean los expertos, una causa fundamental del deterioro ecológico es la inequidad en la distribución de recursos según el género.

Todo lo anterior nos lleva al ecofeminismo, esa corriente feminista que establece que existe una relación entre la opresión a las mujeres y la explotación irracional del ambiente, a las cuales subyace una visión patriarcal dominante: el hombre ha sido opresor tanto de la mujer como de la naturaleza. Se propone que el sistema no es homogéneo, sino que afecta de manera particular a las mujeres y se atribuyen responsabilidades a los grupos que monopolizan los recursos naturales y al auge de la economía capitalista. Por lo tanto, dado que existe una correlación entre inequidad social y de género y la degradación ecológica, de acuerdo con los postulados ecofeministas, resolver el dilema ambiental exige la eliminación de las desigualdades de género.

Fuentes:

Verdugo, V. C. (2010). Psicología de la sustentabilidad. Editorial Trillas Sa De C.

Roth, Eric. (2000). Psicología ambiental: interfase entre conducta y naturaleza. Revista Ciencia y Cultura, (8), 63-78. Recuperado de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2077-33232000000200007&lng=es&tlng=es.

https://psicologiaymente.com/social/ecofeminismo

“No pienses en un elefante”: la sostenibilidad de la vida y la economía feminista

Cuando pensamos en la palabra “economía” nos remitimos, de manera general, a determinados conceptos, como, por ejemplo, mercado financiero; capital; valor de cambio; juego de poder. En la gran mayoría de las veces, la connotación que le damos a la economía es negativa. Pero, al final, ¿es la economía “mala”? ¿Para combatir el capitalismo y la iniquidad que ese regenera tenemos que ser, precisamente, anti-capitalistas radicales? Quizá una posibilidad alternativa sea hablar de la sostenibilidad de la vida, rompiendo, así, con los binarismos a los cuales usualmente basamos nuestros argumentos. La economía feminista surge, pues, en esa búsqueda de una nueva perspectiva, la economía de género, proponiendo dos corrientes de revisión del modelo androcéntrico que se refleja en la economía tradicional, cuáles sean, la economía feminista de la conciliación y la economía feminista de la ruptura.

Cabe aquí señalar que la distinción entre lo económico/ lo no económico y la definición de lo que es (o no) considerado trabajo está lejos de ser neutral ante el género. Las dimensiones que se han erigido en económicas se han masculinizado, mientras que las no-económicas se conformaran mediante la identificación con los roles, espacios, intereses y características históricamente adscritos a las mujeres (Pérez Orozco, 2005, p.46).  

La economía feminista de la conciliación busca la diferenciación entre nosotras, las mujeres, y los hombres en el mercado y las tareas, no teniendo como enfoque el cuestionamiento del modelo ortodoxo. Tiene como objetivo discutir el trabajo doméstico no como una simple mejora “técnica” del análisis, sino una mejora de las posiciones de las mujeres, identificando la desigual adscripción del trabajo de mercado y doméstico entre los dos sexos (Pérez Orozco, 2005, p. 51). Puede, pues, ser relacionada al feminismo de la diferencia.

La economía feminista de la ruptura, a su vez, propugna cambios mucho más profundos, por medio del cuestionamiento de las bases mismas de los discursos androcéntricos, tanto en lo relativo a la epistemología, como a los conceptos y los métodos (Pérez Orozco, 2005, p. 45), pudiendo ser comparada al feminismo radical. Esa corriente considera que la estrategia, de la economía feminista de la conciliación, de integrar los cuidados del hogar y la reproducción en cuanto una nueva esfera de actividad económica implica problemas insuperables, puesto que el centro del análisis sigue siendo lo mercantil y que las esferas feminizadas no dejan de tener una importancia secundaria (Himmelweit, 1995, citado en Pérez Orozco, 2005, p. 54). Centra sus argumentos en el ya mencionado concepto de sostenibilidad de la vida, es decir, en los procesos de satisfacción de las necesidades (Carrasco, 2001, citado en Pérez Orosco, 2005, p. 54). Pero ¿cómo se miden, a final, esas necesidades? La reflexión sobre tal cuestión me hizo acordar de la pirámide de las necesidades de Maslow, que las define como: fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y de autorrealización.

Dicho eso, planteo algunas preguntas: ¿Todas(os) tenemos, mujeres y hombres, las mismas necesidades propuestas por la teoría de Maslow? ¿Todas(os) las valoramos de igual manera? Siendo multidimensionales, ¿son las necesidades siempre jerárquicas o pueden presentarse de otro modo? Una vez que son opuestos los conceptos de sostenibilidad de la vida/satisfacción de necesidades y lo de acumulación de capital/mercado, porque, paradójicamente, ¿la lógica de la sociedad sigue siendo “el tener” para “ser”?

Referencia

Pérez Orozco, Amaya. (2005). Economía del género y economía feminista ¿conciliación o ruptura?Revista venezolana de estudios de la mujer, vol. 10, nº 24, p 43- 64. Obtenido dehttps://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5855457


Si el día tiene 24 horas y necesito 25, ¿Qué tiempo puedo conciliar?

¿Es el contexto social un facilitador o un obstaculizador de la conciliación? La difícil coyuntura socioeconómica, por un lado,  y el aumento de las desigualdades de género en el mercado laboral, por otro, sitúan a la conciliación como el imposible de los mortales. Sin descartar que en un punto intermedio de este abanico de dificultades, colocaríamos la precariedad e inestabilidad en el mercado laboral (Borrás, Torns, Moreno, 2007)

Como hizo Borrás, Torns y Moreno en su artículo “Las políticas de conciliación: políticas laborales versus políticas de tiempo” en 2007, podríamos distinguir tres perspectivas si vamos a considerar que el verbo conciliar se convierte en una problemática social, individual o laboral.

En una dimensión social hay que tener en cuenta las transformaciones que han acaecido en los últimos años: mayor envejecimiento poblacional e incorporación de la mujer al mercado de trabajo, entre las más significativas. Habría que tener en cuenta el tipo de contrato que nos ofrecen, claro.

En el terreno individual juega un papel fundamental la gestión que le damos a nuestro tiempo, como si no supiésemos gestionarlo, y viniera el capitalismo patriarcal a decirnos como hacerlo.

Y en lo laboral, habría que negociar qué tipo de convenios estamos dispuestas a negociar, salario a cobrar y horarios. Porque somos las reinas de la jornada parcial. Sí, sí. En comparación con el sexo masculino, estamos dispuestas a aceptar contratos parciales, por lo que nos limita nuestra presencia en el ámbito productivo. ¿Y dónde empleamos ese tiempo? ¿En el ocio? ERROR. Lo invertimos en el ámbito reproductor, en ese donde cuidamos a nuestras/os hijas/os y/o personas mayores, hacemos la compra, vamos a pagar los recibos de luz, agua y gas; limpiamos nuestro amoroso hogar, ponemos lavadoras y las tendemos, hacemos la comida para la familia donde también se apunta el “cuñao”… y un sinfín de tareas que como dice mi madre “en esta casa nunca se termina”. Pero es que las mujeres españolas no aceptamos voluntariamente la jornada parcial, si nos comparamos con las europeas (Torns, 2005), entonces… ¿Si no la aceptamos voluntariamente quién nos la impone? Pues sí, el sistema heteropatriarcal, que nos enseña desde niñas que debemos ocupar nuestro espacio privado y que calladitas estamos más guapas. Y sí cobramos una media de 6000 euros menos que los hombres (INE, 2019), pues te callas también. Y si tenemos contratos más precarios y con peores posibilidades de desarrollo a nivel profesional (Torns, 2004), pues calladita y bien sentada.

Después nos preguntarán, como de costumbre pasa cuando se va acercando nuestros 30 años, por qué no somos madre. Según la Encuesta Nacional de Fecundidad del Instituto Nacional de Estadística, que no se realizaba en España desde hace 20 años, casi el 80% de mujeres de 25 a 29 años no tienen hijas/os. Además, entre ser madre o estudiar, nos decantamos por esta última, retrasando nuestra edad a la maternidad conforme mayor nivel educativo tenemos. Aquellas mujeres que deciden no ser madres, ocupan mayores tasas de actividad en el mercado laboral.

Conciliación de la vida familiar, laboral y de ocio, razones económicas y/o laborales, no tener pareja y no querer simplemente ser madres, son los principales motivos para no pretender tener hijas/os en un futuro próximo.

Mujeres, el instinto maternal es una construcción social que se ha inventado el patriarcado para hacernos creer que si no llegamos a ser madres, somos unas fracasadas.

Estudien, trabajen y coloquen su vida en el centro de todo.

Referencias bibliográficas

Borrás, V., Torns, T. & Moreno, S. (2007). Las políticas de conciliación: políticas laborales versus políticas de tiempo. Papers 83, págs. 83-96.

INE (2019). Encuesta de Fecundidad 2018. Madrid: Instituto Nacional de Estadística.

TORNS, Teresa. (2005) «De la imposible conciliación a los permanentes malos arreglos». Cuadernos de Relaciones Laborales, 23, núm. 1. Págs. 15-33.

El origen de la desigualdad radica en la economía de los cuidados

Las mejores condiciones de vida, los avances en investigación y medicina o la mayor cobertura  sanitaria han contribuido a un aumento de la esperanza de vida, en nuestra sociedad. Esta mayor longevidad supone, inevitablemente, un incremento del gasto en servicios sociales, pero también un crecimiento de los cuidados informales, es decir, aquellos que son prestados a las personas dependientes por familiares y no profesionales.

Cuantificando el trabajo de los cuidados, podemos observar que los remunerados constituyen un pequeño apéndice en el sistema público. Esto se debe a que la sociedad sigue apoyándose, mayoritariamente, en los cuidados informales (protagonizados por la mujer). Así, según el estudio “An estimation of the value of informal care to dependent people in Spain” el número total de horas dedicadas por personas cuidadoras no profesionales asciende a 4.193 millones, con un valor estimado de entre 23.065 y 50.160 millones de euros. Estas cantidades suponen entre el 2,1% y el 4,6% del PIB nacional; muy por encima de los recursos que invierte España en su sistema de atención a la dependencia (por debajo del 1% del PIB).

Como decimos, histórica y culturalmente, estos cuidados informales han sido atribuidos al espacio de lo privado y, concretamente, a la mujer: de hecho el perfil predominante de las personas cuidadoras es el de la mujer casada, de entre 40 y 59 años. De este modo, se trata de una labor oculta e invisible hasta hace poco, pero imprescindible para el desarrollo de la economía y la sociedad.

En el momento en que la mujer sale al mercado laboral y comienza a ocupar espacios profesionales, se observa que también debe seguir ocupándose de criar a los hijos y atender a los mayores. Aparece, por tanto, una clara desigualdad en la que se ha acomodado el sistema. En definitiva, podemos decir que el origen de la desigualdad radica en la economía de los cuidados.

Igualmente, cuando la mujer no puede ocuparse de las tareas de cuidados, al trabajar fuera de casa, se contrata a otra persona para desempeñar esta función. En la mayoría de los casos esta persona también es mujer, de mediana edad e inmigrante, con lo que nos encontramos ante un triple factor de desigualdad. De ahí la brecha salarial y que el trabajo de cuidadora esté muy precarizado.

Por otro lado, debemos poner también el foco en los problemas y cargas que sufren las personas cuidadoras como, por ejemplo, el tiempo o la complejidad de tareas. En concreto, 2 de cada 3 apuntan a problemas de salud por esta causa, 6 de cada 10 indican problemas en el ámbito laboral y 4 de cada 5 refieren problemas en el entorno sociofamiliar.

Ante esta situación, el hecho de que organizaciones internacionales como la OIT aporten datos a nivel mundial es muy importante. Así podemos comprender por qué las mujeres trabajan dos y tres veces más a tiempo parcial, ya que el resto del tiempo se dedican a los cuidados. Y todo esto está relacionado con la brecha salarial y las pensiones, pues se trata de un desfase que se va acumulando a lo largo de la vida.

Hay que romper este sistema acomodaticio, de modo que los cuidados no recaigan sobre el ámbito de las familias y que los gobiernos asuman esta situación como un problema de carácter social. Ahí entra el Estado del bienestar y la ley de la dependencia, pero claro, ¿hasta dónde llegan, cuáles son los recursos y cómo se puede hacer efectivo? Este es el gran desafío para que las familias, y sobre todo las mujeres, no sigan teniendo que sostener esta economía de los cuidados.

Enlaces:

https://byzness.elperiodico.com/es/noticias/economicos/20190425/cuidados-personas-dependientes-7423923

https://www.20minutos.es/noticia/3622018/0/comun-unidas-podemos-apuesta-por-economia-basada-cuidados-para-alcanzar-igualdad-trabajo/

https://www.diaridetarragona.com/economia/Dolors-Comas-Es-un-trabajo-invisible-que-economiza-y-ahorra-el-gasto-publico-20190429-0037.html

https://www.diaridetarragona.com/economia/Los-cuidados-informales-a-personas-dependientes-suponen-mas-del-2-del-PIB-20190429-0033.html

https://www.heraldo.es/noticias/economia/2019/04/21/el-corazon-de-la-desigualdad-radica-en-la-economia-de-los-cuidados-que-sigue-oculta-1310518.html

https://www.huffingtonpost.es/entry/podemos-propone-crear-una-vicepresidencia-de-feminismo-y-economia-de-los-cuidados_es_5ca74d65e4b047edf959020f

Una mujer que no tenga control sobre su cuerpo, no puede ser una mujer libre (Margaret Sanger)

“Carla era una niña estudiosa y responsable. Autoexigente. Puntual. Organizada, Cuadriculada. Y también quería estar delgada.

Ahora es una veinteañera muy guapa por dentro, aunque a veces se le olvide. También se quiere muy poco. Tiene un brillo especial en sus ojos. Siempre da las gracias, pide perdón y por favor. Tiene una sonrisa que transmite alegría, le dicen sus compañeras/os del trabajo, donde ahora se desarrolla profesionalmente. Pide cariño, ofreciéndolo. La quieren bonito, le dicen. Quiere crecer y que la vida no le asuste. Su primera visita al infierno del hambre fue con veinte años. Quizá episodios de anorexia, de atracones y finalmente de bulimia; y en ese dolor gratuito se mantiene. Ha sentido que la vida se le escapaba, en sus crisis y en sus vomitonas. No se pesa. No se mira al espejo. Consecuencias de la bulimia: amenorrea y anorgasmia en ocasiones. Dolor de estómago. Estreñimiento. Atracones. Ayunos. Deporte excesivo. Alejamiento social. Imagen propia distorsionada. Dismorfia corporal.

Determinados recuerdos le hacen revivir su película”.

Ya citaba Descartes en su Discurso del método de 1634 que El cuerpo es concebido como materia en bruto, completamente divorciado de cualquier cualidad racional: no sabe, no desea, no siente. El cuerpo es puramente una «colección de miembros» (Citado en Federici, 2010).

En esta sociedad patriarcal y capitalista nuestro cuerpo se ha convertido en instrumentos en los que el mundo se comunica con nosotras a través de ellos. En el siglo XXI, las mujeres también mueren de hambre. Anorexia y bulimia. Bulimia y anorexia: las nuevas enfermedades sociales de la cultura occidental (Gil, 2005).

La sociedad esclaviza a mujeres que quieren ser libres y que se sienten presas de la moda. Mercantiliza y cosifica sus cuerpos. En palabras de Nuria Varela (2008): “La sociedad busca, fomenta, mujeres perfectas y las niñas reciben esta presión, pero cuando llega la adolescencia se quiebran porque no son capaces de seguir las exigencias de su entorno”.

Existe un orden patriarcal en el que los cuerpos de las mujeres, su trabajo, su sexualidad y reproducción han sido situados bajo el control del Estado y transformados en recursos económicos (Federici, 2010).

El cuerpo es utilizado como recurso para el éxito social, incluso se utiliza para ganar dinero en la prostitución y/o también los vientres de alquiler, es decir, vendemos nuestro cuerpo al sistema capitalista. ¿Qué tiene de similar la prostitución y los vientres de alquiler? Convierten el cuerpo femenino en un cuerpo de libre acceso para que los demás disfruten de él (De Miguel, 2019).

Entonces Carla, ¿a quién vende su cuerpo? El neoliberalismo ha convertido a nuestros cuerpos en una mercancía que pretende ser vendida para sacarle el máximo rendimiento. Para tener el aspecto que al patriarcado le gusta, tendríamos que quitarnos muchas cosas: nos quitamos kilos, arrugas, canas… Los medios de comunicación de masas nos bombardean con un ideal de belleza basado en la delgadez, juventud y perfección, que ha dado lugar a una gran industria estética que nos vende un cuerpo delgado como único éxito social (Rodríguez, 2017).

Referencias bibliográficas

De Miguel, A (28 de abril de 2019). “Si un político defiende que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, debería demostrarlo prostituyéndose”. El diario. Recuperado de https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/politico-prostitucion-cualquier-demostrarlo-prostituyendose_0_893110956.html

FEDERICI, Silvia (2010): Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños. Madrid. (ed. Original inglés, 2004). Pág. 179-219

Gil-García, E. (2005). Anorexia y bulimia: discurso médicos y discursos de las mujeres diagnosticadas (Doctoral dissertation, Universidad de Granada).

Rodríguez, A. (2018). Trastornos de la conducta alimentaria: estudio de variables clínicas y propuesta de una tipología (Doctoral dissertation, Universidad Complutense de Madrid).

Varela, N. (2008). Feminismo para principiantes. Barcelona, España. Ediciones B, S. A.

Brecha de género en el sistema de pensiones español

Quisiera aprovechar este medio para compartir con vosotras una reciente noticia (25 de abril), publicada en el periódico El País (dejo el enlace al final de la publicación). En ella se informa sobre la brecha de género existente en el sistema de pensiones español.

Como sabemos, las mujeres interrumpen sus carreras laborales más frecuentemente y durante más tiempo que los hombres. Esto se debe a dos motivos principales:

  • Mayor prevalencia del desempleo de larga duración frente a los hombres (1,3 mujeres lo sufren por cada hombre).
  • Maternidad y crianza de hijos: la decisión de interrumpir la carrera laboral por estos motivos provoca pérdidas que superan la compensación del 5% por dos hijos, contemplada en la Ley 48/2015, de 29 de octubre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2016.

Estas interrupciones en las carreras laborales de las mujeres se traducen en mayor número e intensidad de las lagunas de cotización, lo que provoca que las carreras de cotización femeninas sean 4,5 años menores que las de los hombres.

De este modo, la desigualdad por cuestión de género, existente en el ámbito laboral, produce efectos negativos sobre la pensión de jubilación de las mujeres. Efectos que el propio sistema intenta contrarrestar mediante acciones positivas como las pensiones no contributivas (65,6% de las mismas recibidas por mujeres), la cobertura de lagunas de cotización para trabajadores asalariados, la compatibilidad de pensiones de jubilación y viudedad o la compensación por número de hijos. Sin embargo, estas medidas no son suficientes para mitigar la desigualdad.

Así, podemos afirmar que el sistema público de pensiones en España gasta menos en mujeres que en hombres (en 2018 las mujeres pensionistas recibieron casi 24.500 millones de euros menos que los hombres). De hecho, la pensión promedio de una mujer en 2018 es de 740,2 euros, frente a los 1.162,3 euros percibidos por el promedio de hombres pensionistas. La diferencia es de 422,2 euros, que se amplía a los 450,1 euros en el caso de las pensiones de jubilación.

Es importante que hablemos de esta brecha de género, pues la percepción de pensiones con menor dotación económica, por parte de las mujeres jubiladas, repercute sobre su capacidad de consumo y, por lo tanto, en su bienestar y en el del conjunto de la economía. Así, el impacto sobre la economía española se estima en 26.900 millones de euros (en términos de Valor Añadido Bruto), lo que representa el 2,2% del PIB de 2018. Igualmente, en cuanto a empleo, la menor capacidad de consumo de las mujeres pensionistas supuso la no creación de 414.600 puestos de trabajo (2,1% del total de ocupados en España en 2018). Y a todo ello, debemos añadir que la menor pensión de las mujeres implica una también menor recaudación fiscal por parte de la Agencia Tributaria (2.422 millones de uros menos ingresados en concepto de IRPF y 2.884 millones de euros en concepto de IVA).

Por otro lado, dado que las mujeres viven más años que los hombres pero con peor salud, deben llevar a cabo un esfuerzo para alargar su esperanza de vida en buena salud. Este esfuerzo (los cuidados en situación de dependencia) se estima en casi 20.000 euros al año, cuando se superan los 80 años de edad, lo que representa entre 2 y 3 veces el importe medio de su pensión. Es por ello por lo que las mujeres tienen mayor necesidad que los hombre de completar su pensión pública por jubilación con otros productos financieros, que les permita afrontar los mayores costes de cuidados, asociados a su longevidad.

Afortunadamente, en la actualidad la brecha de género en las pensiones se viene reduciendo. Esto se debe a que las mujeres se han incorporado masivamente al mercado de trabajo, consiguiendo aumentar sus vidas laborales considerablemente. No obstante, estas siguen siendo casi cinco años más cortas que las de los hombres, lo que provoca que las mujeres sigan generando una pensión menor que las de los hombres.

Enlace de la noticia: https://elpais.com/economia/2019/04/24/finanzas_a_las_9/1556117343_098254.html

El acoso laboral

Las mujeres de todas las partes del mundo, tienen algo en común, conocen o han sido victimas de acoso laboral en sus sitios de trabajo. Pero, antes que nada ¿Qué es el acoso laboral? Es el estrés en el trabajo que se debe al hostigamiento o intimidación continua, generalmente se da de manera psicológica, a través de actos hostiles que son cometido de manera sistemática y que pueden derivar en problemas de salud.

El acoso laboral afecta tanto a hombres como a mujeres, sin embargo, el porcentaje de hombres que sufrieron acoso laboral es de un 41.3% frente al 46.6% de las mujeres, como fue registrado en 2017.

El código penal español, ha tipificado el acoso laboral como un delito de torturas y contra la integridad moral, que legalmente se entiende por acoso laboral, pero, en la mayoría de los casos, es difícil de probar ante las autoridades competentes. Sin embargo, las trabajadoras y trabajadores continúan enfrentándose a la dificultad que supone acreditar la conducta de hostigamiento y el nexo causal entre la misma y su estado de salud; ambos son presupuestos básicos de los que depende el éxito o el fracaso de la demanda en el Juzgado.

En el caso de las mujeres, el acoso laboral, puede llegar a rayar el acoso sexual. Generalmente existen dos casos que merece la pena, tenerlos presentes en caso de que alguno se nos llegase a presentar.

  • El acoso sexual en su estado más puro que es cuando el empleador puede ofrecerle estabilidad laboral, a cambio de favores sexuales, que, de negarse, podrían acarrear con la perdida de su puesto de trabajo. Por lo tanto, la satisfacción sexual es el objetivo y el acoso es el medio para conseguirlo.
  • El acoso laboral con acoso sexual, el empleador no busca obtener favores sexuales sino que utiliza su sexualidad como un instrumento para controlarle, humillarle, intimidarle e incluso degradarle, configurando el famoso Mobbing. El objetivo aquí es el acoso laboral y la sexualidad es un medio para conseguirlo.

¿Qué es el Mobbing?

Es el trato hostil o vejatorio al que es sometida una persona en el ámbito laboral de forma sistemática, que provoca problemas psicológicos y profesionales. Por lo cual, se podría tratar un sinónimo del acoso laboral.

En este caso, el empleador, prefiere ejercer la violencia de género o acoso sexual ambiental, consiguiéndolo a través de observaciones, comportamientos sexistas, bromas de contenido erótico, sexual o pornográfico. El objetivo, no es conseguir sexo con la victima, sino crear un ambiente humillante y vejatorio que la afecte a un nivel psicológico.

El principal problema al que se enfrenta la mujer acosada es el de acreditar los hechos y conductas que constituyen el acoso, ya que uno de los rasgos característicos del acoso es que se lleva a cabo con la apariencia de una absoluta normalidad y sin prácticamente nunca dejar rastro por escrito.

La Sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo de 20 de noviembre de 2014 ha otorgado validez a la utilización de las grabaciones magnetofónicas y de las conversaciones de Whatsapp, al afirmar que las mismas no vulneran el derecho al secreto de las comunicaciones, siempre y cuando dichas pruebas sean utilizadas únicamente por la trabajadora acosada para defenderse en un procedimiento judicial. Por lo tanto, si existe algún mensaje por dicha aplicación, debería ser suficiente prueba para la veracidad del relato.

Lo cierto es que, la falta de garantías, la estimgatización y las consecuencias que puedan sufrir psicológicamente, son impedimentos a la hora de presentar las respectivas denuncias, al final, quienes fueron testigos de esos eventos, terminar por rehusarse en colaborar, ya que pueden, llegar a perder su sitio de trabajo.

Referencias

https://www.trabajando.es/contenido/noticia/1502707701/El-acoso-laboral-ha-crecido-exponencialmente-en-Espana-desde-el-inicio-de-la-crisis.html

http://www.elmobbing.com/legislacion-en-espana-mobbing-acoso-laboral

http://www.elmobbing.com/mobbing-acoso-laboral-acoso-sexual

https://www.universidadviu.es/trabajador-sufro-una-situacion-acoso-laboral/