Las trabajadoras de servicio doméstico en Argentina.

Las prácticas sociales cotidianas están delimitadas por el modo de distribución dentro del mercado de trabajo, en el cual entran en juego los trabajos de reproducción social no remunerados. Sumándole a esto, la división entre hombres y mujeres constituye el núcleo central de la diferencia de género dentro del sistema económico. Además, la ausencia de un intercambio mercantil en el caso del trabajo dentro del hogar, ha determinado la invisibilidad de una contribución fundamental a la riqueza social, pero también ha permitido ocultar una parte significativa de los costes de producción.

Con el mismo sentido que otorga a su publicación Maria Eugenia Gómez Luna, sobre la importancia de dimensionar  y visibilizar el trabajo doméstico no pago,  su contribución al nivel de consumo y al bienestar de la población, considero interesante poder acercar a través  de este blog, la realidad de Argentina sobre dichas cuestiones.

Para ello citare un artículo publicado por Shokida Natsumi durante 2020, en la organización Economía Femini(s)ta. Mediante el cual expone y simplifica los datos obtenidos en la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, en este caso referidas al 2do trimestre de 2019. Esta encuesta releva características demográficas, sociales, económicas, con especial atención a las formas de participación en el mercado laboral, entre hogares y personas de 31 aglomerados urbanos.

Las trabajadoras que realizan tareas domésticas y de cuidado en hogares particulares representan un 17% dentro del total de ocupadas mujeres. Esto significa que una de cada 6 ocupadas en Argentina trabaja en este sector de la economía. Al mismo tiempo, estas más de 900.000 trabajadoras representan un 22% dentro del total de ocupadas-asalariadas. O sea que dentro de las mujeres que trabajan en relación de dependencia, 1 de cada 5 tiene como ocupación principal el trabajo en hogares particulares.

Si bien el artículo utiliza diferentes secciones a tener en cuenta (sexo, edad, lugar de nacimiento, educación, intensidad del trabajo, ingresos, hogares, otras ramas de ocupación) en lo personal me resultó muy alarmante los datos en relación a los Derechos laborales de las trabajadoras de servicio doméstico. En él se especifica, que dentro del conjunto de personas asalariadas, un 34,5% no se encuentran registradas en la seguridad social. Esta tasa asciende al 36,1% cuando hablamos de las asalariadas mujeres, pero también puede observarse que la problemática es particularmente incisiva entre las trabajadoras domésticas: un 73,5% de ellas no percibe descuento jubilatorio. Asociado a esto, un 69,2% de estas trabajadoras no cuenta con vacaciones pagas, un 68,1% no percibe aguinaldos, un 72,2% no percibe el pago en caso de enfermedad, y un 72,6% no cuenta con cobertura de salud mediante obra social.

Estos valores nos permiten seguir pensando el lugar y la importancia que se lo otorga a las personas trabajadoras, principalmente a las mujeres que realizan trabajos domésticos. Incrementando la brecha de desigualdades, y abusando de mujeres, que si bien reciben dinero por su trabajo, éste no se realiza en condiciones humanamente dignas ni se cumplen los derechos sociales promulgados. Esto repetido a lo largo de los años, lleva a un malestar social cargado de estereotipos heteropatriarcales  que desvalorizan, segregan y desprestigian la importancia del trabajo en los cuidados de las demás personas.

Pero en mediante el arduo trabajo que se realiza desde la perspectiva feminista, que busca corromper con todos estos mandatos sociales impuesto por el capitalismo, dando cuenta que “las mujeres no son secundarias y dependientes, sino personas activas, actoras de su propia historia, creadoras de culturas y valores del trabajo distintos a los del modelo masculino”p.261 (Varela, 2019).

Ser conscientes del impacto que generan las políticas sociales y el sistema económico neoliberal desde una perspectiva de género, nos exige la responsabilidad de pensar constantemente en nuevas estrategias de participación política en torno a la igualdad de oportunidades, que prioricen bienestar de seres humanos por sobre el crecimiento económico.  Entendiendo como aspecto esencial que los cuidados y el bienestar humano, no son producto ni una obligación sólo de las mujeres, sino que es una cuestión social que nos implica en conjunto.

Referencias:

Picchio, A. (2001). UN ENFOQUE MACROECONÓMICO «AMPLIADO» DE LAS CONDICIONES DE VIDA, p. 1-31.

Gómez Luna, M. (2001). CUENTA SATELITE DE LOS HOGARES. VALORACIÓN DEL TRABAJO DOMESTICO NO PAGADO. EL CASO DE MÉXICO, p.1-19.

Varela, N. (2019). Feminismo para principiantes. Barcelona: Penguin Random House.

Shokida, Natsumi S. (2020). Las trabajadoras de servicio doméstico en Argentina. 2do trimestre de 2019. Economía Femini(s)ta. Recuperado de https://ecofeminita.github.io/EcoFemiData/informe_servicio_domestico/trim_2019_02/informe.nb.html

En búsquedas de una economía humanamente sostenible.

El artículo elegido para el bloque 1, corresponde a la Revista Economistas sin Fronteras (EsF) nº 37, publicado en la primavera 2020. La misma se caracteriza por ser una Organización No Gubernamental de Desarrollo (ONGD), fundada en 1997 en el ámbito universitario, que busca poder teorizar sobre otro modelo de desarrollo posible, ubicando a la economía al servicio del ser humano y no, millones de personas al servicio de la economía, como sucede actualmente.

Citando a Marta de la Cuesta González (2020), en el texto “LA ECONOMÍA CIRCULAR: UNA OPCIÓN INTELIGENTE”, podemos vislumbrar de manera práctica y sintetizada, las bases indispensable sobre las que se posiciona la economía circular, como ser las diez R’s (rechazar, repensar, reducir, reutilizar, reparar, renovar, remanufacturar, reelaborar, reciclar y revalorizar). Desterrando, de éste modo, el sistema económico actual, no sostenible y lineal que se fundamenta en producir, consumir y tirar, es decir, que prioriza el crecimiento económico permanente fomentando un consumo constante y teniendo como consecuencia, el deterioro del medio ambiente. A su vez, esto lleva a que nos paramos frente al mundo considerando que todo circula alrededor del “Hombre”, creando una clara diferenciación en el proceso de individualización: generando en los hombres una individualidad dependiente, y en las mujeres una identidad femenina relacional.

Si bien son muchas las barreras que se presentan a la hora de corromper la economía Neoclásica, y con ella la idea de homo economicus instalada, es necesario reforzar los planteamientos desde la sostenibilidad de la vida humana. El cual no debe ser simplificado, solo al plano del cuidado del medio ambiente, porque dentro de este concepto también se pone en juego lo social.

Para poder alcanzar la idea de Cristina Carrasco (2009) sobre el concepto de sostenibilidad de la vida humana, como referenciamos anteriormente, debemos ir más allá del cuidado del medio ambiente, ya que la misma explicita que es un proceso que requiere de recursos materiales pero también de contextos y relaciones de cuidado y afecto. Define al respecto:

proceso histórico de reproducción social, un proceso complejo, dinámico y multidimensional de satisfacción de necesidades en continua adaptación de las identidades individuales y las relaciones sociales, un proceso que debe ser continuamente reconstruido, que requiere de recursos materiales pero también de contextos y relaciones de cuidado y afecto, proporcionados éstos en gran medida por el trabajo no remunerado realizado en los hogares (p.182).

Estas nuevas lecturas realizadas, me permitieron comprender la necesidad de poder entablar un diálogo fluido en post de una inter-eco-dependencia; y para ella necesitamos que la economía circular vaya de la mano de los planteamientos de la economía feminista.

Desde mi punto de vista, considero necesario que las herramientas y estrategias concretas que se están desarrollando (como el proyecto LIFE) y las futuras a concretar, desde la economía circular, tengan presente la perspectiva de género. Ya que también, a través de este sistema que se está implementando en algunos sectores de Europa se puede caer en la lógica de los estereotipos heteropatriarcales impuestos durante tantos años. Debemos tener en cuenta no solo el tratamiento de materiales, productos y servicios, sino también el impacto de los mismos en la sociedad. Analizando en qué proyectos se decide invertir, que sectores de la población beneficia, cómo se realizan sus campañas publicitarias, que tipo de calidad de vida se está otorgando, etc. Por tal motivo, debemos estar alertas, porque para la transformación de las políticas de gestión ambiental necesitamos también, una plena consciencia de vínculos humanos saludables.

Referencias:

de la Cuesta González, M. (2020) La economía circular: una opción inteligente. Revista Economistas sin Fronteras (EsF) n.º 37, p.4-6. Recuperado en https://ecosfron.org/wp-content/uploads/2020/03/Dossieres-EsF-37-La-Econom%C3%ADa-Circular.pdf

Carrasco, Cristina (2009). Mujeres, sostenibilidad y deuda social, en Revista de Educación, número extraordinario. Barcelona, pp. 169-191.

Nelson, Julie (1995). Feminismo y Economía Publicado. Journal of Economic Perspectives, Vol.  9, Nro. 2,  American Economic Association.

Carrasco, Cristina (2001). La sostenibilidad de la vida humana: ¿un asunto de mujeres?.  Revista “Mientras Tanto”, Nº 82,  Icaria Editorial, Barcelona, p.1-27.

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El trabajo artístico invisible

…la «medición del mundo» representa una organización, representación e interpretación desde la perspectiva del o de la que mide (o tiene el poder para hacerlo); primero, porque elige lo que quiere medir, segundo, porque decide desde dónde va a medir y, tercero, porque elige el instrumento de medida. (Cristina Carrasco y Maribel Mayordomo, 2000: 101)

Las identidades nuevas, producidas por  los análisis económicos de indicadores estadísticos, marcan lo que antes era invisible para la visión total, patriarcal, las llamando las como trabajo invisible de las mujeres,  trabajo no remunerado, etc.  ¿Pero puedan las estadísticas modernas reflejar los detalles de las relaciones laborales modernas? ¿Están las estadísticas realmente avanzadas de un modelo teórico de representación de lo, que está sucediendo con el mercado laboral y el empleo en la realidad? ¿O todavía está explicando la relación laboral de un mundo masculino ideal, en el que el empleo está determinado por un contrato del trabajo y una jornada laboral de 8 horas con almuerzo? Por supuesto, las estadísticas modernas son distintas de las estadísticas que expresan una economía patriarcal excepcional. La inclusión de la categoría como el género en el análisis de datos ya abre un área amplia para que pensemos sobre, cómo funciona el mercado laboral. 

Gracias a las investigaciónes economicas de las estadísticas modernas, cuestiones importantes como el trabajo femenino no remunerado, el trabajo reproductivo, etc., deberían y ya se han planteado. Las estadísticas también demuestran la participación desigual de las mujeres y los hombres en el mercado laboral en relación con el aspecto profesional. La participación de las mujeres en el campo del arte y la cultura es prevalece. Lo puede ser, que esto se deba al hecho de que se trata de un trabajo duro.

Muchos aspectos del trabajo en el campo del arte y la cultura no se reflejan en datos estadísticos, porque es un trabajo sin días libres y, a menudo, se realiza  sin la normativa del descanso y turnos nocturnos. Las relaciones laborales del llamado sector creativo, que además de las relaciones laborales de los artistas incluyen los trabajos de curadores, críticos de arte, diseño, enseñanza experimental y muchas otras profesiones, no están definidas por los datos, ya que tienen contratos a corto plazo,  grants y donaciones o actividades completamente no remuneradas de grupos de autoorganización.

Hace unos años, en Madrid, en el edificio del antiguo Palacio de Comunicaciones, fue la exposición, llamada 24/7. CONECTADOS, que tuve la suerte de ver. Ella estuve repensando el trabajo de los/las artistas. La explicación de la curadora Luisa Espino contenía los números de las estadísticas de 2012, cuales Beatriz Colomina señala en su libro “The Century of the Bed”, que dice que el 80% de los jóvenes profesionales creativos en Nueva York trabajan desde la cama. En esta exposición, se presentaron obras de las/los autores famosos e incluidos en la cultura del arte mundial, así como las/los artistas de una generación más joven. Si el famoso trabajo de Martha Rosler a través de la semiótica de la cocina mostró trabajo femenino no remunerado en la cocina, el trabajo de la joven artista Begoña Olavarrieta G. de Granada es la tarjeta de presentación con contactos y una oferta para llamar las 24 horas del día, demuestra la violencia en la comunicación y definición de la vida cotidiana de una artista moderna. (https://www.centrocentro.org/exposicion/247-conectados) A pesar del ocupación plena y, a veces, del trabajo completamente no remunerado, los aspectos del grande sector de las trabajadores creativos, marcados por estadísticas como las relaciones laborales temporales o su ausencia, sigue siendo invisible para mayoría de las investigaciónes estadísticas. Los estudios económicos analíticos, que se ven obligados a confiar en datos estáticos, ya en la etapa inicial pierden su valor y no proporcionan información completa sobre el empleo. Este problema puede ser mucho más grave, cuando aparece en los programas sociales. Como Cristina Carrasco y Maribel Mayordomo notan:

Lo preocupante es que el prestar escasa o nula atención al trabajo no remunerado deja de ser un problema exclusivamente analítico y simbólico desde el momento en que los datos estadísticos sirven de base para la elaboración e implementación de programas sociales y políticas económicas, políticas que, en definitiva, resultarán inadecuadas para corregir las desigualdades sociales existentes entre mujeres y hombres.(Cristina Carrasco y Maribel Mayordomo, 2000: 104)

Referencias bibliográficas:

Cristina Carrasco y Maribel Mayordomo (2000): “Los modelos y estadísticas de empleo como construcción social: la encuesta de población activa y el sesgo de genero”, Política y Sociedad 34, Universidad de Barcelona, Madrid.

https://www.centrocentro.org/exposicion/247-conectados

La brecha de género en el empleo durante la crisis del Covid-19.

A escala global, la pandemia ha provocado la suspensión de miles de empleos y un incremento de las cifras de desempleo.

Según los datos del SEPE, el paro aumenta en el mes de marzo en 302.365 personas, un 9,3%, llegando a alcanzar cifras que no se producían desde 2007. El paro registrado se concentra principalmente entre los hombres (13,3%), jóvenes de 25 a 29 años (16%), extranjeros (10,1%) y sector de la construcción (22,9%).

El Observatorio de Igualdad y Empleo en el informe correspondiente al primer trimestre de este 2020, determina que la brecha de género en la tasa de paro de este primer trimestre es de 3,45 puntos, 0,13 puntos más que el pasado trimestre.

Si desagregamos los datos por sexos, observamos que la tasa de paro registrada en las mujeres fue del 16, 24% frente a un 12,79% en los hombres. En comparación con el trimestre anterior, las que más han incrementado su tasa de paro han sido las mujeres, un 0,69% más frente a un 0,56% en los hombres. Esta diferencia anuncia un incremento en la brecha de género en este primer trimestre del año.

En cuanto a la tasa de actividad, se ha registrado en este primer trimestre del 2020 una tasa de actividad del 63,63% en hombres frente a un 53,03% en mujeres, lo que genera una brecha de 10,61 puntos. Si comparamos estos datos con los del trimestre anterior, la tasa de actividad en hombres se redujo en un 0,61% frente a un 0,50% en mujeres. Esta diferencia, muestra un descenso en la brecha de género del 0,11%.

En relación a la afiliación a la Seguridad Social y según los datos referentes al último día de marzo, ésta ha anunciado que existen 18 445 436 personas afiliadas, estableciéndose una pérdida de 833 979 personas afiliadas.

La mayor caída se produce entre los hombres, con un 1,45% menos en el mes de marzo, entre los extranjeros con un 2,45% menos, en el sector de la construcción con un -3,09% y entre los asalariados con una disminución del 1,86%. No obstante, estos datos de afiliación no reflejan a todos los colectivos vulnerables, este es el caso de las mujeres, que históricamente tienen una baja presencia en el número de afiliadas a la Seguridad Social. La brecha de género se redujo en 2019, alcanzando a final de año 9 060 044 afiliadas. Ahora, como consecuencia del coronavirus, el deterioro de la afiliación masculina, está provocando una falsa convergencia por género en materia de afiliación, es decir, estamos ante unos datos coyunturales, fruto de la crisis sanitaria que nos ha tocado vivir y no determinados realmente por una reducción de la brecha de género. Cuando esta crisis desaparezca, deberían volver las mismas cifras que se venían dando.

Por otro lado, vemos como las mujeres, por estar empleadas y sobrerrepresentadas, sobre todo en los sectores productivos más afectados a medio plazo por la crisis (hostelería, turismo y comercio) y desarrollar en mayor medida empleos precarios y de baja remuneración (parciales, temporales y de salarios medio y bajo o sin dar de alta), son uno de los colectivos laborales con mayor riesgo en esta crisis.

Cómo bien plasma de forma gráfica la Organización Internacional del Trabajo en su InfoStorie a cerca de la brecha de género en el empleo, para que dicha brecha se cierre, es necesario tomar una serie de medidas como son: Lograr la igualdad de remuneración, frenar la segregación profesional, eliminar la discriminación, promover la conciliación de trabajo y familia, crear empleos de prestación de cuidados de calidad y protegerse frente a las crisis económicas.

Resulta por tanto evidente afirmar, que las mujeres es uno de los colectivos que más sufrirán las consecuencias económicas y sociales de esta crisis de 2020.

Los efectos de esta crisis, precisan de un abordaje integral, interseccional y con perspectiva de género que permita que las mujeres no nos quedemos atrás porque como dice una de las frases de Simeone de Beauvoir: “Bastará con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen. Estos derechos nunca son adquiridos. Deberéis permanecer alerta durante toda vuestra vida”.

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:

Llorente – Heras, R. (27 de abril de 2020). Retrato de los colectivos laborales más vulnerables en la crisis del coronavirus. El norte de Castilla. Recuperado de https://www.elnortedecastilla.es/sociedad/salud/retrato-colectivos-laborales-20200427095209-ntrc.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

Observatorio de Igualdad y Empleo, 2020. Informe Estadístico Brechas De Género 2020 (T1): Tasa De Paro Y Tasa De Actividad. Fondo Social Europeo. Recuperado de http://www.observatorioigualdadyempleo.es/downloads/empleo

Organización Internacional del Trabajo, 2018. La Brecha De Género En El Empleo: ¿Qué Frena El Avance De La Mujer? [infografía] Recuperado de https://www.ilo.org/infostories/es-ES/Stories/Employment/barriers-women#intro

La Economía Feminista como la sostenibilidad

La sostenibilidad es una palabra clave para la Economía Feminista. En un lado en este concepto se incluye lo, que desala resistir el progresismo, la ideología conservadora, neoliberal y androcéntrica. Por otro, la sostenibilidad de la vida se asegura a participación de las mujeres, es decir, inserción de ellas en la economía del trabajo doméstico y de cuidados. 

Desde mirada de la Economía Feminista no es solo imposible poner solución a problemas del mercado, considerado las sin atención con las experiencias de la vida particular. No es más posible representar los gráficos abstractos de procesos licitatorios producidos del capital virtual. Porque detrás de muchas acciones que parezcan hacerse sin participación humana, todavía está el trabajo de los dedos de una operadora.  A pesar todavía  invisibilidad de las mujeres en diversas profesiones del trabajo, hay invisibilidad más fuerte, lo del trabajo doméstico y de cuidados. Es imprescindible «resaltar la importancia del trabajo de las mujeres en el sostén de la vida, pero también para decir que cuidar y sostener la vida debería ser un tema social y no un asunto de mujeres.» (Laterra, 2018: 199) La importancia del trabajo de las mujeres en el sostén de la vida debería marcar su asistencia y visibilidad en el campo economico-social.

La sostenibilidad no tiene nada en común con el conservatismo. «La sostenibilidad de la vida no es una cosa estática, sino que es una idea en constante elaboración que guarda relación con los procesos conjuntos de producción y reproducción.»(Laterra, 2018: 199) Hay una diferencia seria entre la sostenibilidad y el exteriorización problemática del cuidado. Por eso, el cuidado puede ser una herramienta de opresión, abuso y colonización. 

Justamente desde el lado del cuidado que pueden monstrarse  rasgos conservadores de  distribución desigual de los recursos necesarios y la demostración de la superioridad. Al mismo tiempo la sostenibilidad se esfuerza por lograr relaciones iguales para todos/as. Su energía crítica se diriga a superar la desigualdad expresada. Su energía crítica se diriga a rendición la desigualdad expresada. Por lo tanto, la Economía Feminista se está asercado a sistemas más horizontales. Se acercan a tanto proyecto como Renta Basica, que se trata de resolver los problemas de desigualdad en la era del progreso tecnológico y el desempleo creciente.  El manifiesto feminista por la Renta Básica dice: «En el capitalismo, el trabajo no es un ámbito de emancipación, sino de explotación, y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada. Y, ¿ser explotadas para qué?» Recientemente, se ha visto claramente como las máquinas reemplazan la mano de obra, por ejemplo, en el sector de servicios. El incremento del número de contadores de autopago es bueno ejemplo por eso. Este progreso tecnológico solo aumentará. Ciertamente, en este cambio hay características positivas, pero el enfoque capitalista traslada el problema del número insuficiente de empleos para todos/as a la esfera de la presión psicológica sobre las personas para reducir los salarios. A partir del cual una persona viviendo en tales condiciones, experimenta constante estrés y frustración. No puede desarrollarse en áreas que son realmente interesantes para él/ella y profundizar el conocimiento que posee. Constantemente tiene que completar formularios de las aplicaciones y tomar cursos de capacitación avanzada para demostrar que él/ella es la misma persona en un millón que debería obtener este trabajo o realizar exactamente investigación, cuyo nombre las autoridades ya han elegido y puesto en una oferta. «Vivimos asfixiadas y con la angustia de no llegar a todo, de que nuestras vidas no sean sostenibles.» (la Renta Basica)

Referencias bibliográficas:

Laterra, Patricia. (2018). Conversaciones con Cristina Carrasco Bengoa, CEC Año 4, No 8, 197- 206.

Recursos y autonomía para todas: Un manifiesto feminista por la Renta Básica

¿Quién se encarga de la toma de decisiones? Cuestión de políticas de igualdad.

Imagen extraída de: CETR.net

La Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Plataforma de Acción de Beijing, o las medidas tomadas por las Naciones Unidas, han supuesto un eje transversal en el ámbito nacional y autonómico en cuanto a la participación de la mujer en la toma de decisiones se refiere, así como un avance y repercusión a la hora de promover leyes y actuaciones para fomentar la paridad de género en diversos ámbitos. Todo esto, se ve reflejado en la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de Mujeres y Hombres (LOIEMH) de la participación equilibrada de género en todos los ámbitos de la toma de decisiones, reconocida en el artículo 9.2. de la Constitución Española. En la exposición de motivos dice así:

(…) De la preocupación por el alcance de la igualdad efectiva en nuestra sociedad no podía quedar fuera el ámbito de la participación política, tanto en su nivel estatal como en los niveles autonómico y local, así como en su proyección de política internacional de cooperación para el desarrollo.

En esta Ley se ve reflejada la necesidad de la paridad de género en la participación ya que la presencia de personas de un mismo sexo no puede superar el 60 %, ni ser inferior del 40 %. Supone un progreso en cuanto a teoría se refiere, pero, ¿y en cuánto a la práctica? A raíz de la implantación de esta ley, se recogen algunos datos positivos con respecto a la participación de mujeres.  El informe relativo a las elecciones generales y locales que tuvieron lugar en el año 2011, refleja que el 47,4% de las listas electorales al Congreso de los Diputados correspondía a mujeres. Con respecto al Senado, también se recoge un porcentaje similar: 46,9%. En este ámbito, la ONU propuso un sistema de votos telemático, para que así las mujeres en período de embarazo o lactancia pudiesen participar. Esta iniciativa resulta muy original y empática, una manera de poner solución a lo que muchas veces juega en contra de las mujeres.

Otros datos que reflejan la supuesta eficacia y la correcta implantación de medidas de la LOIMH son los siguientes, producidos en el año 2015 y extraídos del Instituto de la Mujer (Mujeres en cifras):

  • Diputadas en Parlamentos Autonómicos: 44,6 %
  • Personas titulares en las conserjerías: 43,53 %
  • Presencia en gobiernos autonómicos: 21,05 %
  • Titulares de la embajada: 13,6 %

Estos dos últimos datos son excesivamente bajos, y la pregunta que debemos hacer es: ¿por qué? Casualmente ambas pertenecen al gobierno, uno al ámbito autonómico y otro internacional. Por lo tanto, hoy en día y a pesar de la implantación de una normativa que lucha por la paridad, aún hay mucho trabajo por hacer o, directamente, algo no se está cumpliendo.

A pesar de los numerosos avances, siguen existiendo innumerables obstáculos directos o indirectos a la mujer que hace que su participación sea relativamente menor que la de hombres en los trabajos relacionados con la toma de decisiones. Para superar los obstáculos que dificultan el cumplimiento del artículo 54 de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, e incrementar la presencia y participación de las mujeres en estos puestos, los Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad trabajan simultáneamente en la preparación de un protocolo que garantice y facilite su cumplimiento efectivo, que permita la participación equilibrada en los próximos años.

Por otra parte, en el caso de Andalucía, señala Saldaña (2019) que, donde tiene una mayor presencia la participación equilibrada de género es en el Estatuto de modificado por la Ley Orgánica 2/2007 de 19 de marzo, de reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía. En él, se añade con respecto a la igualdad de género la no discriminación frente a los derechos, así como la garantía de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en todos los ámbitos.

Cuidar la ejecución del principio de presencia ecuánime entre mujeres y hombres en el ámbito público, conforme a lo establecido por la LOIEMH, es el objetivo genérico que se busca tanto a nivel nacional, como autonómico y local, siendo aquí por tanto donde se ve la importancia de la transversalidad, la cooperación y la diversidad.

Bibliografía

Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), de 18 de diciembre de 1979.

Instituto de la mujer y para la igualdad de oportunidades. Mujeres en cifras. Recuperado de: http://www.inmujer.gob.es/MujerCifras/Home.htm

Mujeres, O.N.U. (1995). Declaración y plataforma de acción de Beijing. Recuperado de: http://www.unwomen.org/~/media/headquarters/attachments/sections/csw/bpa_s_final_web.pdf

Saldaña, Mari Nieves (2019). Limitaciones y déficits de la regulación del principio de participación equilibrada de mujeres y hombres en el marco jurídico español: propuestas para una futura reforma constitucional. Retos actuales para la erradicación de la desigualdad y la violencia de género (pp. 191-246). Ediciones Universidad de Salamanca.

El bienestar emocional: el eterno olvidado. Efecto burnout.

Imagen extraída de: https://cieps.org.pa/la-vida-como-obstaculo/

Puesto que una imagen vale más que mil palabras, aquí comparto una donde podemos observar la verdadera realidad y la cantidad de obstáculos que se interponen durante la carrera profesional de las mujeres, a diferencia de la de los hombres. Suponiendo que es una carrera de atletismo, ¿os resulta equitativa? ¿se encuentran todos los participantes en igualdad de condiciones? Evidentemente, la respuesta es negativa. Cuando las/los atletas se disponen a realizar la carrera, todos/as los/las participantes se encuentran en igualdad de condiciones, ya sea con la misma cantidad de obstáculos o sin obstáculos de por medio, si no, resulta más que evidente de quién llegaría muchísimo antes a meta, realizando un esfuerzo físico y mental menor, así como sin ningún tipo de méritos por la carrera que ha realizado.

Así es, las mujeres, al mismo tiempo que desempeñan el trabajo productivo (remunerado), se ven con la carga de realizar lo que llamamos trabajo invisible que, además de no estar remunerado, no tener horarios, y no estar valorado socialmente, supone un obstáculo ya que requiere de innumerables horas y no entiende de cansancio. En una sociedad capitalista como la que vivimos, se otorga mayor importancia a la producción de bienes y servicios, que al propio bienestar emocional de las personas. En concreto, las mujeres de esta sociedad cuentan no solo con su jornada laboral en el mercado de trabajo, también cuenta con su segunda jornada, como es el mantenimiento y cuidado del hogar, y una tercera jornada como es, en algunos casos, el cuidado de sus hijos e hijas, o personas dependientes. En definitiva, además de ser una sobrecarga laboral, supone una sobrecarga emocional el simple hecho de ser mujer debido a la mentalidad machista y las actitudes que esta conlleva.

El burnout es un síndrome en el que la trabajadora o el trabajador experimenta fundamentalmente agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal (Maslach y Jackson, 1981). Según un estudio realizado por Juana Patlán (2013) sobre este efecto y de acuerdo con los resultados, afirma la identificación de diferencias significativas en relación al agotamiento con el género, mostrando que el personal femenino tiene un mayor agotamiento emocional en comparación con el del sexo femenino. Asimismo, relaciona sus conclusiones con los resultados obtenidos por Maslach (2009) y Gil Monte (2002), quienes confirman también que las mujeres presentan un mayor agotamiento emocional derivado en el cumplimiento de las demandas tanto del trabajo productivo como del trabajo del hogar. Igualmente, corroboran que, a consecuencia de la doble carga laboral con la que cuentan las mujeres, conformamos un grupo más vulnerable al burnout.

El problema principal que destaca Marisa Rebolledo es que: “El mismo salto que hemos dado las mujeres a la vida pública no lo han dado los hombres a la vida privada”. Es decir, las mujeres a lo largo de la historia hemos luchado para tener acceso al trabajo productivo, se consiguió y, una vez accedemos al mercado laboral, seguimos cargando con el trabajo reproductivo que, en realidad, debería ser un trabajo cooperativo realizado por ambos sexos. Indudablemente, los hombres no dieron ese salto y aún hoy la esfera privada sigue pesando a los hombros de las mujeres.

Entonces, ¿tiene solución este problema? Según algunos expertos, sí, aunque muy a largo plazo. Evidentemente no podemos cambiar de un día para otro la mentalidad machista en la que hemos crecido y donde actualmente vivimos, sobre todo porque favorece al pensamiento androcéntrico y a la mayoría de las personas, en su inmensa mayoría hombres, no les conviene cambiar la comodidad en la que viven. Sin embargo, sí que podemos transformar la realidad para llegar a la conciliación y corresponsabilidad familiar a través de la educación. Si educamos a los niños y niñas desde pequeños, no solo en la escuela, sino también en casa a repartir las tareas, mostrar una actitud feminista, que observen comportamientos igualitarios, tomaran la paridad de género como una normalidad, no como un trato de favor o de ayuda que realiza el hombre hacia la mujer. Como ya dijo Pitágoras: “educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.

Referencias bibliográficas:

CARRASCO, C. (2001): Hacia una nueva metodología para el estudio del tiempo de trabajo, recuperado de http://www.cepal.org/mujer/noticias/noticias/4/8274/carrasco.pdf

Patlán, Juana. (2013).  Efecto del burnout y la sobrecarga en la calidad de vida en el trabajo. Estudios Gerenciales. Volumen 29, Octubre-Diciembre 2013, págs.. 445-455. Recuperado de: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0123592314000813

Webgrafía:

CONCEPTUALIZAR ES POLITIZAR

Celia Amorós, la afamada pensadora ha popularizado su frase “conceptualizar es politizar”, lo cual implica “pasar de la anécdota a la categoría” para visibilizar un fenómeno, darle nombre, hacerlo presente en la realidad y así, poder trabajar sobre él (puede consultarse la siguiente liga donde en una conferencia lo explica ella misma mediante el ejemplo de la violencia ejercida hacia las mujeres: http://www.youtube.com/watch?v=v_xOnIGkTQ8).

El patriarcado es una creación histórica elaborada por hombres y mujeres en un proceso que tardó casi 2500 años en completarse.

Podríamos definir patriarcado como “Organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aún lejanos de un mismo linaje” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua, 1992:1549).

Tal y como recoge Gerda Lenner en su obra La creación del patriarcado, la primera forma de patriarcado apareció en el estado arcaico. La unidad básica de su organización era la familia patriarcal. Esto implicaba que, las funciones y actitudes que se consideraban adecuadas para casa sexo, venían indicadas por los valores, las costumbres y las leyes, así como con los roles sociales.

Las mujeres, sus capacidades, su trabajo y su sexualidad, se convirtieron en una mercancía, incluso antes de la creación de la civilización occidental. Intercambiaban a las mujeres en las tribus, este hecho fue provocado por el desarrollo de la agricultura durante el periodo neolítico.

El colectivo masculino poseía ciertos derechos sobre las mujeres, cosa que no ocurría en sentido contrario. Los hombres adquirían a las mujeres como un recurso, como si de una propiedad de tierra se tratase. El proceso era el siguiente: compraban o intercambiaban a las mujeres en beneficio de la familia, seguidamente las conquistarían o las comprarían como esclavas, entrando también en juego el uso y disfrute sexual y, sus descendientes, pasarían a ser propiedad de sus amos.

Podríamos decir que, el patriarcado invisibiliza a las mujeres. Les roba espacios y tiempos propios, les deniega toda responsabilidad que no esté relacionada con las acciones que él mismo considera que les “son propias por naturaleza”. Uno de los primeros ejemplos históricos lo encontramos en la Grecia clásica. Desde Aristóteles se define una noción de lo humano que se ha asentado como natural. Aristóteles define esta concepción como una opción particular para la existencia humana orientada por una voluntad de dominio expansivo sobre bases racistas y sexistas. Se ordena lo público y lo privado de la vida social, vinculando a la mujer a este último espacio, para supeditarla y olvidarla, para arrancarle cualquier conexión con la verdad, anexa siempre a principios abstractos y masculinos (Moreno, 1988: 16-24).

A la mujer se le priva del espacio, lo que me hace recrodar aa Virginia Woolf y los problemas que planteaba ante la falta de espacios: la mujer no dispone de una habitación propia donde crear, viajar y vivir sin ninguna tutela; carece de un espacio donde llevar a cabo el deseo humano de ser autónoma, en un mundo que le pertenece tanto como al hombre (Forrester, 1977: 69). Y es la propia Virginia Woolf la que en Tres guineas denuncia la discriminación que padece la mujer a todos los niveles. El patriarcado se nos muestra como una revelación absolutamente incuestionable, que alcanza a todos los espacios de la vida (Simón, 1999: 19), que subyuga y discrimina a las mujeres en todos los planos.

Esta es la razón de que el movimiento feminista haya puesto el acento de sus actuaciones en la construcción de alternativas y en la reivindicación crítica del papel realizado por las mujeres en la sociedad.

¿Aún queda mucho camino por recorrer?, ¿En qué punto nos encontramos?

REFERENCIAS:

Lenner, Gerda (1986): La creación del patriarcado, Pamplona: Katakrak.

PULEO, Alicia H., El feminismo radical de los setenta: Kate MILLETT.

Ranea Triviño, Beatriz. Feminismos. Antología de textos feministas para uso de la generaciones más jóvenes y las que no lo son tanto. Madrid: Catarata, 2019. 

La brecha de género en el empleo en España

En el reciente informe presentado por ClosinGap y elaborado por PwC, tiene como principal objetivo abordar las brechas de género en el mercado laboral español, visibilizando las barreras y desigualdades existentes en el mismo a través de un análisis tanto cualitativo como cuantitativo.

Son muchas las causas que inciden en la brecha de género en el empleo pero entre las principales destacan la incorporación tardía de la mujer en el mercado laboral, por lo que tiene repercusiones en la antigüedad, y por ende en las cotizaciones de la seguridad social lo que repercutirá a una edad más avanzada al percibir menores prestaciones, así como la interrupción laboral por embarazo y/o lactancia, donde la mujer detiene su carrera profesional, lo que impacta negativamente su trayectoria, condiciones laborales y su salario.

Igualmente las mayoría de las mujeres optan por un empleo de media jornada debido a falta de corresponsabilidad en los roles familiares y domésticos puesto que la responsabilidad de los cuidados de los hijos, mayores, y del hogar generalmente cae en manos de las mujeres, por lo cual tienen menos tiempo para realizar algún trabajo remunerado, e incluso menos tiempo para el ocio; de igual manera la brecha en educación que se abre a partir de los estereotipos de género respecto a la elección de ciertos carreras y profesiones consideradas para mujeres siendo estos los relacionadas con los cuidados que son a la vez los empleos menos reconocidos por la sociedad y por ende con menor remuneración económica, lo cual pone de manifiesto una brecha salarial.

Como se mencionó líneas más arriba, las mujeres españolas tienden a trabajar en su mayoría en jornadas parciales, para el año 2018 la brecha de género en relación al tipo de jornada laboral era de 17% es decir que por cada hombre que trabaja a tiempo parcial existe 3,5 mujeres en la misma situación, en porcentajes las mujeres trabajan un 28% menos horas en comparación de los hombres

En cuanto a la brecha existente respecto a la educación superior, en España la mayoría de las mujeres cuentan con estudios superiores en un porcentaje mayor al de los hombres, sin embargo a la hora de acceder a un empleo, la mayoría se encuentra sobre cualificada; igualmente la mayoría de los empleos con una mayor remuneración económica son los relacionados con la ciencia y tecnología, sectores que destacan por la ausencia de representación femenina. Igualmente en cuanto a las estadísticas se demuestra los obstáculos en cuanto al acceso de las mujeres a cargos directivos o de gerencia (Techo de Cristal).

Respecto a la brecha salarial, en España, La brecha salarial en España en 2017 fue de un 21,9%, anual inferiores a las de los hombres, representando una diferencia anual de 5.784 € en el salario de las mujeres respecto al de los hombres. Igualmente esta brecha se amplía aún más, cuando se considera el empleo a tiempo parcial, En concreto, la diferencia salarial por hora entre género con jornada parcial es de 1,8 €, es decir, las mujeres cobran un 14,9% menos por hora que los hombres en las mismas condiciones.

Otra razón por la cual es conveniente, no solo para las mujeres sino también para toda la sociedad en general, el conseguir que estas brechas disminuyan, está en el hecho de que en el caso de que la tasa de empleo de la mujer se igualase a la de los hombres, el PIB español podría incrementarse en 201.913 millones de euros, lo que representa un 16,8% del PIB del año 2018. Este incremento vendría impulsado por la creación de empleo femenino (2,3 millones de puestos de trabajo para ser más exactos).

La reducción de estas brechas debería ser uno de los principales objetivos a conseguir, para ello se plantea la necesidad de conseguir una igualdad retributiva tanto a nivel público como privado, un acuerdo justo en cuanto a la conciliación familiar y laboral, que exista una igualdad en oportunidades tanto para los hombres como para las mujeres y por último la concientización de la sociedad en general, traducido en una mejora en la educación y la cultura, para así eliminar los estereotipos de género que limitan las opciones de las mujeres en el campo profesional y laboral.

Bibliografía:

Coste de oportunidad de la brecha de género en el empleo, Resumen Ejecutivo, Febrero 2020

Desigualdades en América Latina y el Caribe

De acuerdo al último informe publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) documento presentado en la XIV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, llevado a cabo en Chile en Enero pasado, conseguir la igualdad de género es de suma importancia para conseguir un avance en el desarrollo, considerando que la región tiene uno de los mayores índices de desigualdad y pobreza.

En este pequeño apartado solo haré referencia a la situación de desigualdad en el marco económico y laboral de las mujeres de acuerdo a este informe.

De acuerdo al documento presentado, la escasa diversificación productiva de los países de la región, así como la vulnerabilidad de sus economías frente a los factores externos, repercuten negativamente en la posibilidad de alcanzar la igualdad, ya que impiden el dinamismo del mercado laboral lo que se traduce en una distribución desigual de los beneficios del crecimiento económico.

En materia de autonomía económica, de acuerdo al informe, se reconoce que persiste como un reto superar la desigual distribución del trabajo no remunerado y de cuidados, lo que refuerza la necesidad de incrementar la corresponsabilidad entre hombres y mujeres.

En la región se observa una clara tendencia creciente a la sobrerrepresentación de las mujeres en los hogares en situación de pobreza que se refleja en el índice de feminidad de los hogares pobres y en extrema pobreza. Según las estadísticas el índice de feminidad de los hogares en situación de pobreza, (datos de 18 países) en 2017 se había incrementado hasta 113 mujeres por cada 100 hombres.

Además, el porcentaje de mujeres sin ingresos propios es superior al de hombres en la misma situación, puesto que el promedio ponderado de mujeres sin ingresos propios en América Latina es del 28,1%, en tanto que para los hombres en similar situación era del 13,2% (Datos del 2017). Esto quiere decir que cerca de un tercio de las mujeres de la región depende totalmente de otros para su subsistencia.

La situación socioeconómica de las mujeres en la región no se explica necesariamente por su nivel educativo, ya que este es en muchos casos superiores, sin embargo, esto no ha sido suficiente para superar las desigualdades de género al momento de acceder a puestos laborales bien remunerados.

El embarazo y la maternidad en niñas y adolescentes es otro de los obstáculos importantes para la autonomía de las mujeres. La raíz de este problema se encuentra, entre otros, en los patrones culturales que asocian a las mujeres con la maternidad; Esto además se relaciona con el abandono escolar, los matrimonios precoces y una temprana asignación de responsabilidades de cuidado.

La mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados de las mujeres se experimenta durante todo el ciclo de vida. De acuerdo a las encuestas realizadas por la CEPAL, un promedio del 70,2% de las mujeres de entre 20 y 59 años de edad presenta razones familiares (cuidado de niños y niñas o personas dependientes, trabajo doméstico o la prohibición por parte de miembros del hogar) como motivo principal para no buscar activamente o desempeñar un trabajo remunerado. Así, la desigual distribución de las responsabilidades de trabajo doméstico y de cuidados que recae mayoritariamente en las mujeres opera como una barrera a la participación y reproduce las desigualdades en el mercado laboral.

Las desigualdades del mercado laboral en cuanto a acceso, contrataciones, representación en la economía informal y monto de los salarios recibidos, entre otros factores de discriminación, se trasladan al sistema de pensiones, resultando determinantes para la exclusión de las mujeres de este beneficio.

Si bien es cierto que las políticas publicas por si solas no terminaran con las desigualdades, sin embargo para los países de esta región es un primer paso. La importancia de la intervención de los Estados con la creación de políticas públicas con perspectiva de género es necesaria para reducir las barreras que impiden la plena participación de las mujeres en la economía de los mismos, sin embargo, darle este el rol del Estado no ha sido fácil para los países de la región, ya que el reconocimiento de las desigualdades de género como asunto público aún no cuenta con un amplio consenso y legitimidad por parte de la sociedad. Por ello es de vital importancia la visibilización del trabajo de las mujeres y el reconocimiento de la existencia de desigualdades entre hombres y mujeres en todos los ámbitos, incluyendo al acceso al mercado laboral.

Bibliografía

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), La autonomía de las mujeres en escenarios económicos cambiantes (LC/CRM.14/3), Santiago, 2019.