CUIDADORAS


Históricamente las mujeres se han visto obligadas a asumir todas aquellas tareas que implicaban algún tipo de cuidado, como asistir  a la familia y al hogar, además de ocuparse de otras labores fuera de la casa. Hemos sido cuidadoras porque la sociedad patriarcal, de la que formábamos parte, sostenía que era lo único para lo que estábamos capacitadas, porque no estábamos dotadas con la inteligencia necesaria para desempeñar oficios más complejos, por ejemplo los  relacionados con la política o las artes.

Después de  los grandes cambios y transformaciones  que  ha sufrido el contexto social, actualmente las mujeres siguen siendo las cuidadoras, con  un porcentaje bastante más significativo (65% aproximadamente) que el de los hombres.

Las personas dependientes necesitan de unos determinados recursos para poder estar asistidos, pero normalmente estos no son proporcionados,  o al menos no en sus totalidad, por el Estado, por lo que es la familia, principalmente las mujeres que la componen, la que se encarga de suplir esta carencia.

Las cuidadoras se ven forzadas, en la mayoría de los casos, a abandonar el empleo o  a reducir la jornada laboral; en el caso de que esta situación de dependencia se haya producido después de haber podido acceder al mercado de trabajo, porque en ocasiones ni siquiera han tenido posibilidades de incorporarse.

Esta situación crea, generalmente, un empobrecimiento económico global de la familia, y, en  particular, de la cuidadora que puede verse obligada a tener que depender de otro miembro de la familia que la mantenga o de las políticas asistenciales. Impotencia, desesperación, frustración, angustia…son algunos de los sentimientos que sienten  estas personas al enfrentarse cada día a las circunstancias que las rodean.

A las dificultades  económicas tenemos que sumarles los problemas psicológicos, como el estrés o la ansiedad, y sociales, como la ausencia de redes,  que se derivan directamente de esta realidad.

Debemos ser conscientes de  que estamos privando a las cuidadoras de un derecho constitucional (artículo 9.2 de la Constitución Española), la igualdad de oportunidades.

A pesar de  todas las contrariedades que supone este “trabajo” la sociedad no lo valora suficiente incluso sabiendo que supone un gran ahorro en gasto social para las políticas públicas.

Martínez Román, María Asunción. La quiebra del principio de igualdad de oportunidades en las mujeres cuidadoras de personas con dependencia. Ábaco, revista de Culltura y Ciencias Sociales; nº 49-50

¿Mujer = Injusticia social?

Nos encontramos en un momento en el que aún se sigue pensando que las mujeres deben abandonar todos los aspectos de sus vidas para dedicarse por completo a sus hij@s y al hogar. Me gustaría resaltar la idea de sus hij@s ya que en la jerga popular parece que ést@s son solo de las madres y que los padres tan solo tienen la función de “fabricarlos” pero no de cuidarlos, prestarle atenciones,…

Lo que quiero reflejar aquí es un caso que me ocurrió no hace mucho tiempo. hablando con unas amigas de la idea de ser madre comentamos la idea de compatibilizar el cuidado de éstos con la función laboral. Una de mis amigas comentó que cuando fuese madre pediría excedencia en el trabajo para así poder disfrutar de sus hij@s y yo expuse las complicaciones de las excedencias y la importancia, a nivel emocional y psicológico, que supone el trabajo para una mujer ya que la hace libre, independiente,… La respuesta que ésta me dio es que yo iba a ser una mala madre y que no merecía el privilegio de desempeñar esa función.

Mi rostro cambió; quizás lo que más llamó mi atención fue que una persona de unos 30 años aproximadamente pensara de esa manera. Aún vivimos en una sociedad donde la mujer únicamente puede trabajar antes de casarse con el objetivo de ganar dinero para ayudar a su futuro marido en la construcción de la vivienda, una vez la mujer se casa queda completamente encargada del cuidado de cuantos compongan la familia (esposo, hij@s, padres, madres, abuelos,…)

Pensamos que vivimos en una sociedad muy avanzada pero la realidad es que solo avanzamos en el campo de la tecnología pero no en el campo emocional y espiritual. desempeñar una función laboral no tiene como único objetivo la parte económica sino también aporta cuantiosos beneficios a nivel emocional, por ello debemos “pelear” para que todos comprendan que las mujeres que tienen hij@s, cumplen sus semanas de baja por maternidad y vuelven a sus trabajos no están abandonando a sus hij@s. Existen buenas alternativas, como ludotecas, guarderías,… que nos permiten trabajar mientras cuidan a nuestr@s hij@s. Además, ¿por qué no se acogen a la excedencia los padres de estos niñ@s?