ODS 5: Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) u Objetivos Mundiales, son 17 objetivos que se pusieron en funcionamiento en 2016 y continuarán marcando la agenda política y económica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hasta 2030. 

El ODS número 5 tiene como finalidad erradicar cualquier tipo de discriminación que puedan sufrir mujeres y niñas, logro fundamental para garantizar el desarrollo sostenible. Las cifras a nivel mundial que demuestran que este objetivo es indispensable para el desarrollo sostenible son: 7 de cada 10 mujeres experimentarán violencia física, sexual o ambas a la vez a lo largo de sus vidas, actualmente existen 750 millones de mujeres y niñas que se casaron antes de los 18 años, solo el 20% de las personas propietarias de tierras son mujeres, por cada dólar que gana un hombre una mujer recibe 77 centavos por desempeñar la misma labor, en 2016 el 22,8% de las personas que conformaban los parlamentos nacionales eran mujeres y 2 de cada 3 países en vías de desarrollo ha logrado la paridad en la educación primaria. 

A continuación, desglosaré las metas e indicadores del ODS 5: 

La primera meta tiene como objetivo la eliminación de toda discriminación que pueda afectar a mujeres y niñas a nivel mundial, para alcanzarlo determinarán si existen marcos legales para hacer efectiva la promoción, la supervisión y el cumplimiento de la erradicación de la discriminación por razón de sexo. 

El segundo objetivo tiene como finalidad la eliminación total de la violencia contra las niñas y las mujeres de todo el mundo, tanto en el ámbito privado como en el público, además de acabar con cualquier tipo de explotación que puedan sufrir, como la sexual y la trata. Los indicadores medirán, por un lado, la proporción de niñas y mujeres a partir de 15 años que han sufrido violencia psicológica, sexual o física por parte de su ex pareja o su pareja actual en el plazo de un año, diferenciada por edad y forma de violencia. Por otra parte, la proporción de niñas y mujeres a partir de 15 años, que han sido víctimas de violencia sexual por alguien que no es ni ha sido su pareja, en el mismo plazo de tiempo que el indicador anterior, ahora desglosada por lugar del suceso y edad. 

La tercera meta quiere acabar con el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina y cualquier acto perjudicial para las niñas. Para ello sus indicadores medirán la proporción de mujeres entre 20 y 24 años que estaban casadas antes cumplir los 15 y los 18 años. También valorarán la cantidad de mujeres entre 15 y 49 años que han sufrido la ablación genital, desglosada por edad. 

El cuarto objetivo reconocerá el valor del trabajo doméstico y de cuidados y promoverá la corresponsabilidad. Para lograr el reparto equitativo de tareas y desarrollar políticas de protección social, medirán el tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados sin remuneración, teniendo en cuenta el sexo, la edad y la ubicación. 

Las metas quinta y sexta asegurarán que las mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones que los hombres a los puestos de liderazgo, teniendo en cuenta los escaños parlamentarios ocupados por mujeres y los puestos de dirección que ostentan. También medirán la proporción de mujeres que toman sus propias decisiones respecto a la salud sexual y reproductiva, plenamente conscientes e informadas, con el fin de asegurar el acceso universal a los derechos sexuales y reproductivos. 

El objetivo 5a quiere garantizar a las mujeres leyes que les otorguen derechos económicos y de control sobre las tierras, las herencias y los recursos naturales. Para ello se analizarán los marcos legales de los países para asegurar que garanticen la igualdad de derecho respecto a las propiedades y también se valorará la cantidad de mujeres propietarias de tierras agrícolas. La meta 5b pretende mejorar el acceso a las tecnologías de la comunicación, su indicador medirá el número de mujeres que poseen teléfono móvil, ya que la información proporciona empoderamiento. 

Por último, la meta 5c resume perfectamente lo que este ODS pretende lograr con sus objetivos e indicadores, es decir, el desarrollo de políticas que promuevan la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas. Era esencial que en los Objetivos de Desarrollo Sostenible figurará uno orientado a alcanzar la igualdad de género, las metas desglosadas lo demuestran, las mujeres siguen sufriendo violencia física, psicológica, sexual y económica en todos los territorios, razón por la cual la ONU tiene que hacer todo lo posible por lograr las metas de este objetivo de cara a 2030. 

Marco de indicadores mundiales para los Objetivos de Desarrollo Sostenible y metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Unstats.un.org. Recuperado de https://unstats.un.org/sdgs/indicators/Global%20Indicator%20Framework_A.RES.71.313%20Annex.Spanish.pdf 

Objetivos de Desarrollo Sostenible. UNDP. Recuperado de https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals/goal-5-gender-equality.html 

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La división sexual del trabajo.

En el trabajo ocurre lo mismo que en el poder, no solo tiene importancia el desempeño y la autoridad, es vital el sexo de quien lo ostente. Si los hombres desarrollaran las actividades asignadas históricamente a las mujeres, estas serían consideradas de una forma muy distinta, ganarían en distinción y prestigio, el sexo es determinante en la relevancia que se le confiere a cualquier actividad profesional o cotidiana. 

Lo “femenino” no posee ninguna característica o cualidad particular intrínseca que lo haga diferente o inferior, lo único que lo convierte en secundario y lo sitúa en un segundo plano es la infravaloración automática que sufre cuando se le otorga a cualquier actividad u oficio el adjetivo “femenino”, hace que directamente se desprestigie por el simple hecho de vincularse a la mujer. 

Una muestra de la devaluación a la que se enfrenta cualquier oficio cuando se le asigna el calificativo de “femenino” es la variación que sufren algunas profesiones dependiendo del sexo al que se refieran, como cocinera y chef o modista y diseñador de moda. Puede parecer un asunto baladí, pero no es más que otra prueba de lo que consigue el sistema patriarcal con todo lo referente a las mujeres, incluyendo la desigual valorización del mismo trabajo dependiendo del sexo que lo realice, esto deriva en una remuneración igualmente desigual y diferenciada. 

Durante siglos la economía ha ignorado la infravaloración del trabajo “femenino”, dando por hecho que era trabajo exclusivamente el empleo o trabajo remunerado, obviando así el trabajo doméstico y de cuidados y lo que este representa. Es decir, la división sexual del trabajo y que históricamente la mujer haya sido relegada al ámbito privado y doméstico derivó, en primer lugar, en la negación de acceso al mercado laboral y posteriormente, en la obstaculización para lograr condiciones igualitarias de salario y nivel de riqueza con los hombres. 

La consideración que defendía que el trabajo era solo aquel que recibía una remuneración hizo que las mujeres asumieran como válido que el valor lo merecían aquellos que desempeñaban profesiones y labores consideradas socialmente importantes o lo que es lo mismo las actividades realizadas fuera del hogar y por las cuales se recibía un salario. Fueron las economistas y antropólogas feministas las que reconocieron y revelaron la verdad. 

En las dificultades para acceder al mercado laboral, para mantener la continuidad de la mujer en el mismo y la desigualdad salarial, se fundamenta la feminización de la pobreza, además cuando alcanzan un empleo se enfrentan a la segregación vertical y horizontal. La segregación vertical consiste en la concentración de las mujeres en puestos de trabajo menos cualificados y peor remunerados. Por otra parte, la segregación horizontal, estrechamente relacionada con la división sexual del trabajo, se define como la concentración de mujeres y varones en diferentes tipos y niveles de empleo, se segregan por sexo las ocupaciones laborales. 

La economía feminista se ha comprometido con dar visibilidad a lo mantenido en la sombra por el discurso económico hegemónico, que a lo largo de la historia ha ocultado el sostén del sistema laboral, el trabajo de cuidados. La división sexual del trabajo, el empleo y las labores ha perjudicado y continúa perjudicando a la mujer, creando una desigualdad en el reparto de tareas y dando lugar a la segregación, la brecha salarial y el techo de cristal. Razones por las que las economistas feministas se han propuesto enfrentar, desenmascarar y subvertir el discurso económico tradicional, poniendo en el centro la vida y la sostenibilidad, exigiendo mejores condiciones laborales para las mujeres, visibilizando lo fundamental y otorgando  la relevancia que merecen al trabajo de cuidados y a los oficios devaluados por asociarse a lo “femenino”. 

Abasolo, Olga y Montero, Justa. Guía didáctica de ciudadanía con perspectiva de género. Madrid: Fuhem Ecosocial. 

Valero Rey, Ana. Segregación horizontal y vertical. Aula Fácil. Recuperado de https://www.aulafacil.com/cursos/genero/desigualdad-laboral-causas-y-soluciones/segregacion-horizontal-y-vertical-l36300 

Varela, Nuria. (2013). Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B.  

La desigualdad de género en el mercado artístico

La desigualdad de género y la brecha salarial se manifiestan en el mercado del arte, existen pocos datos al respecto, pero la diferencia entre la presencia, la venta y la valorización de las obras artísticas de mujeres y hombres es notoria. 

Una de las mayores posibilidades que tienen las artistas para alcanzar notoriedad, dar visibilidad a su obra y conseguir ventas, es participar en las numerosas ferias de arte contemporáneo que se celebran temporalmente en diversos lugares. Una de las más importantes es ARCO Madrid, según MAV, organización Mujeres en las Artes Visuales, en 2018 las 3 exposiciones comisariadas por dicha feria estuvieron gestionadas por primera vez exclusivamente por mujeres, aun así, solo el 25% de las obras expuestas en ellas pertenecían a mujeres y tan solo el 5% a artistas españolas. Otro dato destacable es que el 21,1% del comité ejecutivo de la feria era femenino, del mismo modo ocurre con los puestos de dirección de museos y colecciones museísticas, según datos del Ministerio de Cultura el 62% de los cargos están ostentados por hombres, mientras que el 53,4% del personal que trabaja en estas instituciones son mujeres, 6 de cada 10 pertenece al equipo técnico y de administración. 

De los datos comentados podría deducirse que el arte es una disciplina masculinizada, algo contradictorio cuando tenemos en cuenta que el 70% del alumnado de las escuelas de Bellas Artes es femenino, es decir, las artistas se enfrentan al techo de cristal cuando quieren alcanzar puestos de poder. Este hecho lo denuncia Idoia Fernández, presidenta del Consorcio General de Arte Contemporáneo, en el artículo publicado por la “Cadena Ser” declaró que el arte contemporáneo es un sector feminizado pero que cuando las artistas pretenden acceder a determinados cargos se encuentran con adversidades, ella defiende la concienciación como revulsivo de la situación, también las artistas Paloma Navares y Alicia Martín denuncian la desigualdad a la que se enfrentan y defienden la concienciación como medida de actuación ante tal discriminación. 

Isabel Durán, presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo, hace hincapié en la falta de apoyo que reciben las artistas ya que los puestos de poder de los centros de arte pertenecen a hombres. Cree en la necesidad de feminizar el mundo y añade que muchas de las mujeres que acceden a las directivas es porque renuncian a la maternidad, lo que ella considera que es irrenunciable. Mi punto de vista respecto a este aspecto es diferente, no creo que sea irrenunciable, sino que es una decisión personal de cada mujer el anteponer el ámbito profesional al familiar o decidir no ser madre, lo que sí considero es que deberían desarrollarse políticas de conciliación y corresponsabilidad efectivas para permitir a las mujeres que lo deseen ser madres y continuar con su actividad profesional sin perjudicarse en este último ámbito, lo considero oportuno en el arte y en todos los sectores laborales. 

La brecha salarial en el mercado del arte se traduce en que las obras realizadas por mujeres son vendidas por un precio inferior a las realizadas por hombres. Una investigación de la Fundación Antonio de Nebrija da visibilidad a la precariedad laboral de las artistas, ellas cotizan menos a la seguridad social, tienen más dependencia de terceras personas, mayor cantidad de hogares monoparentales, menor relación laboral con las galerías de arte y su salida más recurrente es la exposición en espacios alternativos, prueba de ello es que solo el 9,4% de las exposiciones individuales llevadas a cabo en los principales museos y centros artísticos entre 2003 y 2013 fueron de mujeres, como apunta MAV en “El Español”. 

Por los datos y las razones expuestas anteriormente ha sido redactado en el congreso el Estatuto Español del Artista, en el que se reivindica que la mujer sea atendida y visibilizada en el arte, ya que son un 51% de las personas dedicadas al oficio artístico, pero son minoría en el mercado. Un estudio realizado por la Tate londinense, Galería Nacional de arte británico, demuestra que tan solo 1 de cada 10 marchantes ponen atención en el equilibrio de género cuando adquieren y comercializan con obras de arte. También las galerías perpetúan la desigualdad apostando masivamente por artistas hombres. 

Para concluir debo reconocer que gracias a las reivindicaciones realizadas desde los años 70 por diversos colectivos feministas del mundo del arte, hemos avanzado y recuperado artistas olvidadas para contrarrestar la historia del arte patriarcal hegemónica. Las artistas tienen más oportunidades que en el pasado y asumen más el liderazgo, pero el desequilibrio aún persiste. No podemos permitir que en el siglo XXI una artista tenga que fallecer para convertirse en icono y su obra se revalorice. Las medidas para combatir la desigualdad son necesarias de manera urgente, el cambio de mentalidad, la promoción de las artistas, el incremento del valor de sus obras y la igualdad de oportunidades para acceder al mercado deben ser propuestas de presente.

DW. (18/04/2018). El mercado del arte también refleja la desigualdad de género. El Mostrador. Recuperado de https://m.elmostrador.cl/cultura/2018/04/18/el-mercado-del-arte-tambien-refleja-la-desigualdad-de-genero/ 

García, Raquel. (06/03/2018). La discriminación de las mujeres en el arte. Comunidad de Madrid: Cadena Ser. Recuperado de https://cadenaser.com/ser/2018/03/06/cultura/1520339682_563201.html 

H. Riaño, Peio. (18/11/2017). Ellas no pintan nada: otra foto para la historia del arte sin mujeres. El Español. Recuperado de https://www.elespanol.com/cultura/arte/20171117/262724614_0.html 

Pérez Ibáñez, Marta. (11/05/2018). Mujeres en el arte: ahora es el momento. El País. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2018/05/10/opinion/1525966213_054865.html