LA SEGREGACIÓN LABORAL POR RAZÓN DE GÉNERO

La segregación en el mercado de trabajo hace referencia a la representación de hombres y mujeres en las diferentes ocupaciones: trabajan en sectores distintos y ocupan cargos diferentes. Las mujeres sistemáticamente se encuentran concentradas en aquellas ocupaciones marcadas por una mayor inestabilidad, menor salario y menor reconocimiento.

La segregación laboral se manifiesta de dos maneras diferentes: segregación horizontal  y segregación vertical. La segregación horizontal significa que las mujeres se concentran en ciertos sectores de actividad y en ciertas ocupaciones, y la segregación vertical supone el reparto desigual de hombres y mujeres en la escala jerárquica, concentrándose los empleos femeninos en las escalas inferiores.

Una forma clara de evidenciar esta realidad es el estudio de los datos estadísticos que tenemos a nuestra disposición. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en 2016, del total de ocupados en España, 10.000.800 fueron hombres y 8.340.800 fueron mujeres.

Sin título

En términos absolutos, la ocupación mayoritaria para las mujeres es la de trabajadoras de los servicios de restauración, personales, protección y vendedoras, que emplea 2.470.400 mujeres. Para los hombres, la principal ocupación es la de artesanos y trabajadores cualificados de las industrias manufactureras y la construcción, con 1.903.800 hombres empleados.

Hay que destacar la proporción de mujeres en algunas de las ocupaciones, por ejemplo, las empleadas contables, administrativas y otras empleadas de oficina suponen un 66%, y las que ocupan puestos en ocupaciones elementales, es decir, trabajadoras no cualificadas, suponen casi un 60%.

Con respecto a las ocupaciones donde las mujeres no tienen mucha o casi ninguna representación son las siguientes: trabajadoras cualificadas en el sector agrícola, ganadero, forestal y pesquero (18,91%), artesanas y trabajadoras cualificadas de las industrias manufactureras y la construcción (7,69%), operadoras de instalaciones y maquinaria y montadoras (12,69%), y por último, las empleadas en ocupaciones militares (8,88%).

He de hacer una especial mención a las directoras y gerentes, ya que, aunque cada año aumentan su número, siguen siendo muy pocas con respecto a los hombres. En 2016 fueron 234.000 mujeres las que ocupaban estos puestos, suponiendo un 31,19% respecto a los hombres.

El motivo que explica la desigualdad de género en las empresas o en la política, es el llamado “techo de cristal”, el cual es una metáfora para referirse a la existencia de barreras invisibles que encuentran las mujeres a la hora de abrirse paso en su carrera profesional e ir progresando hacia puestos de mayor responsabilidad. A esto añadimos otra barrera como la falta de visibilidad femenina, ya que provoca muchos prejuicios sobre las capacidades de las mujeres para acceder a esos puestos de responsabilidad o recibir galardones por su trabajo.

Por otro lado, la infravaloración tradicional del trabajo de las mujeres hace que éstas necesiten de más esfuerzo para estar igual de legitimadas, llegando a estar en muchas ocasiones sobrecualificadas para los puestos que desempeñan.

Todo esto perjudica de forma importante a las mujeres, ya que reduce sus oportunidades y genera diferencias de ingresos con respecto a los hombres (brecha salarial). Además, disminuye la condición social y económica de las mujeres, con consecuencias negativas en el ámbito de la educación y de la formación profesional. Así, se perpetúan las desigualdades entre mujeres y hombres de una generación a otra, y es importante tener en cuenta que no desparecen por sí solas.

 

¿Son reales las desigualdades de género en el mercado laboral?

 

La nueva conceptualización del trabajo introducida en los años 80, diferenciando trabajo reproductivo y trabajo productivo no ha tenido una correlación en la sociedad a nivel de derechos laborales y protección social, ya que el trabajo reproductivo sigue siendo feminizado y no remunerado y el trabajo productivo es equivalente al empleo remunerado y reconocido socialmente. Esto hace que se valoren de manera desigual los trabajos realizados por hombres y mujeres y que se produzca una desigualdad en el empleo a nivel laboral (contratos parciales) y salarial (brecha salarial: diferente remuneración por igual trabajo realizado).

La situación laboral de las mujeres en el actual contexto de crisis no varía en demasía de las últimas décadas, ya que en época de bonanza no se tradujo en una reducción de las desigualdades por razón de género. La actual crisis ha hecho más mella en las desigualdades de género con la reducción de los servicios públicos y de  protección social, por lo que han aumentado las desigualdades en el empleo, los derechos y el empobrecimiento de las mujeres.

La clave se halla en la consideración de las variables no económicas; la posición de inferioridad de las mujeres en el mercado laboral está causada por la estructura patriarcal de la sociedad y la posición subordinada de la mujer en aquélla y en la familia; en todas las sociedades, las responsabilidades familiares se atribuyen de modo casi exclusivo a las mujeres, mientras que el sostenimiento económico parece corresponder, básicamente, al hombre.

Los planteamientos feministas o de género resultan ciertamente útiles para explicar el fenómeno de la segregación ocupacional por razón de sexo, en la medida que evidencian la directa correspondencia existente entre los estereotipos femeninos más frecuentes, las supuestas habilidades que las mujeres poseen de acuerdo con tales estereotipos y las características esenciales de los trabajos considerados típicamente “femeninos”. Sin embargo no sólo los estereotipos femeninos poseen una virtualidad segregadora, sino que los masculinos también van a ser claves para determinar cuáles son las ocupaciones típicamente “masculinas”. En definitiva, para acabar con la segregaciónocupacional por razón de sexo es básico eliminar o cambiar tanto los estereotipos femeninos como los masculinos, al objeto tanto de integrar a los varones en los trabajos tradicionalmente “femeninos” como a las mujeres en los empleos comúnmente considerados “masculinos”.

Sin embargo, la segregación ocupacional de la mujer y los empleos habitualmente “femeninos” no sólo responden al estereotipo sexual femenino relativo a las “presuntas” habilidades o aptitudes femeninas, sino también a prejuicios –asimismo sexuales- basados en las “hipotéticas” preferencias de las mujeres en lo que se refiere al empleo (básicamente en su al parecer “innata”- inclinación por los trabajos “flexibles”). La responsabilidad, casi exclusiva, de las mujeres frente al trabajo doméstico y el cuidado de los hijos afecta, lógicamente, a los tipos de trabajos por ellas preferidos, reflejándose en un claro desplazamiento de las trabajadoras hacia la flexibilidad laboral en materia de tiempo de trabajo (horario /jornada flexible y trabajo a tiempo parcial), y por aquellos empleos en que haya facilidad de reingreso tras el abandono temporal. Dos posibles razones de por qué los trabajos “femeninos” tienden a ser “flexibles” serían: de un lado, porque lo son per se y por eso las mujeres los prefieren; de otro, porque tales trabajos se “feminizan” a causa de los estereotipos sexuales a los que he hecho referencia con anterioridad –con condiciones de trabajo flexibles que surgen como consecuencia del fenómeno de “feminización” de tales actividades-. Si bien es cierto que las responsabilidades familiares incrementan el interés de las mujeres por los empleos flexibles, el “etiquetado” de ciertas actividades como más adecuadas para las mujeres puede afectar a la oferta de empleo a ellas dirigida y, en consecuencia, a los trabajos a ellas accesibles. La realidad demuestra una gran relación entre lo estereotipado de un trabajo y los estereotipos femeninos a que aludí anteriormente; ello apoya la conclusión de que la flexibilidad y los salarios bajos asociados a muchos empleos típicamente “femeninos” son consecuencia, en gran medida, del hecho de que sean, precisamente, trabajos “femeninos”.

En la medida que existen fuertes y extendidos estereotipos sexuales que afectan, no sólo a las “presuntas” aptitudes y preferencias de los trabajadores y trabajadoras, sino a la misma conformación de los empleos y de sus “presuntas” características, la mayoría de hombres (y, sobre todo, las mujeres) son confinados en empleos “etiquetados” como “masculinos” o “femeninos”, respectivamente.

Las explicaciones a tal fenómeno son diversas, y parten de puntos de vista diferentes; en primer lugar, la diferenciade capital humano entre mujeres y hombres (las mujeres están menos cualificadas que los hombres para realizar ciertos trabajos, tanto por su menor educación como por su inferior experiencia profesional); en segundo lugar, la segmentación del mercado laboral que reduce los salarios en los empleos típicamente “femeninos” a causa de la saturación de mano de obra femenina en ellos; en tercer lugar, y desde una perspectiva feminista o de género, se pone de manifiesto la gran similitud entre las aptitudes y preferencias de hombres y mujeres individualmente considerados, localizando las razones subyacentes para la segregación tanto dentro como fuera del mercado de trabajo. Desde la perspectiva feminista se explica por qué en todo el mundo los principales empleos ocupados por mujeres no hacen más que alimentar los típicos estereotipos femeninos (habilidad para el trabajo asistencial, destreza en las tareas manuales, falta de fuerza física, actitud más sumisa, preferencia por empleos asimilados al trabajo doméstico, etc.) aplicados a las trabajadoras.

A través de esta perspectiva se explica, asimismo, por qué el trabajo a tiempo parcial y los horarios flexibles se asocian a muchos trabajos “femeninos” más como efecto de la consideración como “femeninos” de tales trabajos que como consecuencia de una necesidad real de flexibilidad en los mismos. Igualmente, se explica la razón de que, a pesar de las elevadas tasas de desempleo, en los países industrializados relativamente pocos hombres están dispuestos a acceder a profesiones tradicionalmente etiquetadas como “femeninas”. Las exigencias de la economía global y la creciente competitividad en todo el mundo son factores que fuerzan a las distintas economías nacionales a hacer un uso eficiente de sus recursos. La segregación sexual en el empleo es un fenómeno con gravísimas implicaciones sociales, culturales y humanas, pero tampoco debe obviarse su reflejo en la economía general, por cuanto ocasiona graves distorsiones en el mercado laboral, y un derroche de recursos humanos  que no hacen sino incrementar la ineficiencia del sistema hasta cotas insostenibles. Los estereotipos masculinos y femeninos, generalizados, poseen importantes implicaciones en lo que al desarrollo y competitividad de las economías se refiere y, por tanto, en lo que afecta a su eficiencia.

Estrés de la mujer trabajadora

Image

El trabajo es esencial para sentirnos realizadas y realizados, poder contar con unos ingresos que nos hagan independientes, fomentar nuestra autoestima, conseguir un mayor status, obtener más relaciones sociales,… Todo esto nos otorga una sensación de éxito en nuestras vidas.

A pesar de todas estas sensaciones positivas de las que nos rodeamos, también nos invaden otras emociones tensas e ingratas bien debido a un sueldo reducido, horas extras no remuneradas,… llegando a crear el estrés.

Esta situación estresante es muy común en las mujeres que trabajan fuera de casa, ya que llevan una doble carga (el trabajo fuera del hogar, y las tareas domésticas como la cocina, la limpieza, el cuidado de los niños y niñas, de su pareja,…).

Las que nos permiten en la mayoría de las ocasiones poder realizar este trabajo fuera de casa con mayor desahogo son las abuelas, que aunque lo hagan muy agradecidas, demuestra cómo es un trabajo del que nunca se jubila una mujer.

Para poder llevar una vida más saludable es importante tomarse en serio, para ello tendríamos que:

  • Dedicarnos más tiempo a nosotras mismas
  • Dedicar parte de nuestro día a técnicas de relajación
  • Llevar una dieta sana
  • Hacer ejercicio
  • No llevar el trabajo a casa
  • Relacionarnos con las amistades

Es importante tener en cuenta que para poder agradar a los demás tenemos que empezar por agradarnos a nosotras mismas.

Es esencial sentirse bien.

¿Para romper el techo de cristal?

Mujeres que actúan como hombres para lograr un ascenso

Las diferencias entre mujeres y hombres a nivel laboral siempre existieron: desde los cargos más altos, que en general son ocupados por los varones o la diferencia salarial, por uan cuestión de género más que por desempeño personal.

Por esta razón, para las mujeres, saber cuándo comportarse como ‘hombres’ en el trabajo puede repercutir en sus posibilidades de ser ascendidas. Es que un estudio explica que los cambios salariales y los ascensos pueden depender de la forma de actuar de uan chica en el trabajo, pero nadie parece saber en qué parte del espectro debe estar una mujer de negocios para encontrar el punto medio entre actuar como una dama y desenvolverse como un hombre.

En ocasiones necesitas ser más extrema, dependiendo de la situación. No es que las mujeres agresivas necesiten dar un paso atrás y actuar como damas, pero en ciertas situaciones necesitan adoptar esos comportamientos”, dice Olivia O’Neill, una profesora de la Facultad de Administración George Mason y autora de un estudio que está por publicarse en el Diario de Psicología Ocupacional y Organizacional.

“La clave es tener un repertorio expandido o una caja de herramientas de rasgos que puedas aplicar en situaciones profesionales”, dijo. “La gente se lleva la impresión errónea de que hay algo deseable con ser consistente en todos los contextos”, agregó la profesional.

http://www.planetaellas.com/2011/04/26/mujeres-que-actuan-como-hombres-para-lograr-un-ascenso/

Mientras buscaba algo interesante para la asignatura, me encontré con esto y la verdad me chocó bastante. Me surgieron muchas preguntas como por ejemplo ¿sólo los hombres están capacitados para ocupar los puestos más altos y con más responsabilidad en las empresas?  y por lo tanto, ¿tenemos las mujeres que actuar y comportarnos como ellos para poder llegar a lo más alto de nuestra carrera profesional?

Bajo mi punto de vista la respuesta es NO, las mujeres no tenemos que comportarnos como los hombres porque creo que así se hacen perpetuas las desigualdades entre ambos en el ámbito laboral. La realidad es que cada vez hay más mujeres mejor formadas y perfectamente capacitadas para ocupar puestos más altos de las empresas y que han luchado mucho para poder conseguirlo.

Película “En Tierra de Hombres”

Inspirada en una historia real, En Tierra de Hombres sigue el viaje de Josey por un camino que la conducirá más lejos de lo que nunca hubiera imaginado, inspirando a muchos otros, y acabando en el primer pleito masivo contra el acoso sexual. Creo que esta película es interesante, para que comprendáis como es la vida de un grupo de mujeres mineras que trabajan en un mundo de hombres y las consecuencias que les trae haber elegido esta profesión. A continuación podréis leer la sinopsis de la película.

Cuando fracasa su matrimonio, Josey Aimes  vuelve a su pueblo natal en el norte de Minnesota en busca de un buen trabajo. Madre soltera con dos niños a su cargo, busca trabajo en la fuente principal de empleo de la región-las minas de hierro.

Las minas proporcionan el sustento que ha sostenido a la comunidad durante generaciones. El trabajo es duro pero se paga bien y las amistades que se forman allí se extienden a la vida cotidiana, uniendo familias y vecinos en un hilo común.
Es una industria dominada por los hombres desde siempre, en un lugar poco acostumbrado a los cambios.

Animada por su vieja amiga Glory, una de las pocas mujeres mineras en el pueblo, Josey se une a aquellos trabajadores que perforan la roca para sacar el mineral en la cantera. Está mentalizada para el peligroso y duro trabajo pero no para aguantar el acoso que ella y las otras mineras sufren por parte de sus compañeros, lo cual es una prueba mucho más dura.

Son tiempos difíciles. Y lo último que quieren los mineros es tener que competir con mujeres para los pocos empleos que hay, mujeres que según ellos no deberían estar conduciendo camiones ni arrastrando piedras. Si éstas recién llegadas quieren trabajar en las minas, tendrán que aceptar las reglas que imponen los trabajadores veteranos, y no será fácil. O lo tomas o lo dejas.

Cuando Josey protesta contra el trato que ella y sus compañeras reciben, se encuentra una gran oposición. No solo los que mandan no quieren escuchar la verdad, tampoco otros miembros de la comunidad como sus padres y muchas de sus propias compañeras que tienen miedo de que haga que la situación vaya de mal en peor. Con el tiempo, hasta su amistad con Glory se pondrá a prueba y la difícil relación que mantiene con su padre, un veterano minero llegará a sus límites y sufrirá una gran persecución personal. Las consecuencias de la lucha de Josey para conseguir una vida mejor para sí misma y sus hijos afectarán a todos los aspectos de su vida, incluso las relaciones con su joven hija y su hijo adolescente. El chico, avergonzado por la notoriedad de su madre descubrirá duros detalles de su vida pasada, que ella nunca hubiera querido que se supieran.

A través de estos contratiempos, Josey encontrará el valor para luchar por lo que creé, a pesar de tener que hacerlo sola.

 

Discriminación contra las mujeres: Brecha Digital.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) son  parte de nuestra vida de una forma avasalladora, que a veces no concebimos la vida sin ella, sin un celular, sin internet, correo, en fin todo lo que parece ahorrarnos tiempo y acortar distancias.

Esta misma tecnología no es lo mismo para una mujer que para un hombre,  ya sea en la zona urbana o rural,  ni para un país u otro, todo depende del contexto cultural, social, político y no podía faltar del género. Para las mujeres el uso de las TIC´s, se ha vuelto parte de la discriminación por ser mujeres, el tener un acceso adecuado, una conexión y el recurso para  pagar dicha instalación y el computador, se hace necesario lograr una igualdad en el acceso a la información de forma democrática.

El uso y acceso que tienen las mujeres a las TIC´s, depende de su contexto no solo cultural ni económico, sino también familiar, si se ha crecido en una familia que aparte de contar con lo indispensable para el acceso a las TIC´s se motiva a que niñas y niños saquen el mayor provecho a la tecnología y se de uso cotidiano, potencian sus habilidades de forma equitativa e igualitaria.

La brecha digital entre hombres y mujeres, permite visualizar las diferencias de acceso a las TIC´s, y se refiere a las diferencias entre los individuos, hogares, empresas y áreas geográficas en los diferentes niveles socio-económicos con respecto a sus oportunidades de acceso a tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y su uso de Internet [1].

Existe una segunda brecha digital en lugares en que la brecha de acceso por género se va disminuyendo, que refleja las diferencias entre mujeres y hombres respecto a los usos y las habilidades de Internet y se constituye en barrera para la plena incorporación de las mujeres a la sociedad de la información[2].

Por lo que si depende del contexto cuando unas mujeres avanzan en el acceso, otras luchan por su uso adecuado, a las mujeres nos han interiorizado el miedo a las tecnologías, si a los hombres se les aplaude tener ciertas habilidades para su uso, a nosotras se nos señala como anormales por tenerlas.
Así que entre las muchas discriminaciones existentes, una más se le suma, la discriminación al acceso y al uso de las TIC´s por ser mujeres y no tener las capacidades necesarias para su utilización.

[1] OCDE (Organización para la cooperación y Desarrollo Económico). (Consultado el 30/04/11)

[2] CASTAÑO, Cecilia. 2009. La Segunda Brecha Digital. Madrid: Revista Española de Investigaciones Sociológicas. No. 125. Enero-Marzo 2009.

Hay que ir más allá de la ley

 

A pesar de que las desigualdades retributivas entre hombres y mujeres tienen amparo legal desde 1957 en la constitución del primer tratado de la Unión Europea, donde  se declaraba el principio de igualdad retributiva, la situación permanece  en las mismas condiciones y legislativamente se sigue recogiendo este derecho actualmente en la nueva Ley de Economía Sostenible se reconoce el derecho a tener las mismas condiciones laborales y se recoge la necesidad de terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres.

 La diferencia salarial entre hombres y mujeres en España es de las más altas de  la UE y ello a pesar de que el artículo 14 de la Constitución Española prohíbe expresamente, entre otras la discriminación por razón de sexo. El artículo 35 consagra el derecho al trabajo y  a un salario suficiente para satisfacer sus necesidades sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo. Y el artículo 28 del Estatuto de los trabajadores se establece la obligación empresarial de pagar por la  prestación de un trabajo de igual valor la misma retribución

 , satisfecha directa o indirectamente, y cualquiera que sea la naturaleza de la misma sin que pueda producirse discriminación alguna por razón de sexo en ninguno de los elementos o condiciones de aquella.

 Es evidente que el ordenamiento jurídico es claro tenemos las normas pero las desigualdades siguen existiendo.

 Por otro lado, estamos en un sistema de relaciones laborales que tienden a la precariedad contratos temporales y sueldos bajos, este mercado laboral caracterizado por la temporalidad  y el incumplimiento reiterado de los derechos laborales de las mujeres reconocidos. Bajo este contexto se produce una entrada progresiva de la mujer al trabajo remunerado .Y así nos va

 por un lado seguimos con la carga de las  responsabilidades domésticas y añadimos las responsabilidades laborales , estamos en la era de la sobrecarga para mantener derechos  o para perder derechos, lo mires como lo mires la situación en momentos de crisis se nos plantea difícil porque la tendencia es perdida de derechos en general  y la que antes sale del mercado laboral es la mujer.

 Esto lo podemos aderezar con que  casi todos los hombres ayudan pero ninguno comparte aquí tenemos la doble tarea por un lado dentro y por otro fuera nos encontramos prejuicios a la hora de contratarnos, de promociona, de formarnos y por supuesto de cobrar.

¿¿Expectativas sociales??

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

MUJER Y ÁMBITOS PÚBLICOS

Es curioso como con respecto al mundo de la política a los ciudadanos pretenden hacernos ver que existe total igualdad entre hombres y mujeres. A través de los medios de comunicación podemos ver que muchas mujeres ocupan altos cargos, pero la ciudadanía sabe que la mujer sigue siendo una “mandada” por el hombre, dado que los puestos más altos siguen siendo ocupados por hombres. Es lo que se conoce como “techo de cristal” para las mujeres, se mueven por ese mundo pero no logra acceder a la cumbre, es decir, al poder y ello puede ser por un cúmulo de factores sociales y personales.

Puede ser que no exista demasiada exigencia hacia la mujer de tipo intelectual ni de conocimientos para acceder al mundo de la política, pero sí es verdad que tienen más presión social y personal las mujeres que los hombres.

Una mujer tiene que superar barreras sociales dado que no ha sido una posición femenina a lo largo de la historia de esta sociedad patriarcal y demostrar que a pesar de ser mujer hace lo mismo que un hombre, pero sería justo que se depositase sobre ella  la misma confianza que en un hombre.

Por otro lado también es posible encontrar la situación de que sea la propia mujer la que se pone esa barrera para llegar al puesto más alto. Dado que siempre la mujer ha sido la cuidadora principal de la familia y la casa el hecho de tener un alto cargo les supondría ocupar mucho tiempo del que necesitarían para su familia, y entonces renuncian a dicho puesto.

Además a todo lo dicho hay que añadir que lo que haga una mujer en su puesto va a estar siempre cuestionado y sometido a evaluación. Es decir, si sale mal se achacará al factor “es mujer”, cosa que no es común que se comente de un hombre.

Es importante la presencia de las mujeres en la vida política (al igual que en todos los ámbitos) puesto que aportan ideas desde una perspectiva diferente a la de un hombre y de ese modo considero que se podrían abordar los problemas desde las dos vertientes y llegar a una pronta solución saliendo ambos beneficiados. Pero para ello lo fundamental es ofrecer igualdad de oportunidades a la hora de la participación y tener en cuenta las opiniones.

A pesar de todo ello, se puede decir, entre comillas, que a nivel político la mujer ha avanzado mucho y casi no existe discriminación hacia ella, por lo que ha pasado de no haber ninguna mujer con cargo político a haber muchas que participan; pero si miramos porcentajes la discriminación y violencia en otros ámbitos de la vida siguen siendo muy elevados, sobre todo si al ámbito privado o doméstico nos referimos.

Por eso es necesaria la participación de tod@s, hombres y mujeres, para que en todos los ámbitos de la vida tengamos las mismas oportunidades, y la discriminación desaparezca por completo. La lucha sería totalmente diferente si no hubiera resistencia de una parte, pero ¿Cómo hacemos ver que somos iguales, y qué nuestra presencia, opiniones, sugerencias son tan importante como la de ellos?

En el siguiente artículo de Cecilia Castaño Collado, “Mujeres y poder político” se pueden encontrar algunas respuestas.

 http://www.democraciaparitaria.com/noticias_detalle.php?noticia=44

ESTADISTICAS, INVISIBILIDADES Y OTROS JUEGOS PERVERSOS.

El articulo de Carrasco y Mayordomo “Los modelos y estadísticas de empleo como construcción social: la encuesta de población activa y el sesgo de género”, me ha permitido incorporar y reafirmar, en mi discurso vital, argumentos que hasta ahora no había podido respaldar con la rigurosidad científica que se nos exige a las mujeres, sobre todo cuando hablamos de “lo no oficial”. Las autoras reconsideran el concepto de trabajo, pues señalan que a partir del siglo XX, dicho concepto, para los hombres no coincide necesariamente con el de las mujeres; o como el trabajo doméstico, realizado fundamentalmente por las mujeres, pasa a la esfera de la invisibilidad económica y del modelo productivo.

Si tomamos la EPA (Encuesta de Población Activa) como referente no sólo para conocer el mercado laboral, personas ocupadas, desempleadas, activas, etc, hemos de tener en cuenta que esta herramienta es mucho más que una fotografía más o menos real, porque es a partir de ésta de donde los poderes públicos diseñan sus estrategias de creación de empleo. Pero si en la EPA aparece que en España hay 10´5 millones de mujeres que “no trabajan” y que de éstas 5,2 millones se dedican al no trabajo de las “labores del hogar”, no parece que esa fotografía nos muestre toda la realidad. Sin embargo, un hombre dedicado al “no trabajo” está desempleado… Curioso cuanto menos…

También las autoras son muy clarificadoras en su exposición sobre los términos Empleo y Desempleo, y de cómo se juega con los conceptos, para determinar, dependiendo del género, que dichos términos fueron pensados para un modelo económico en el que se eliminó la parte del soporte vital, afectivo y de cuidados que realizan las mujeres, y que por supuesto, no está presente, pues no está monetarizado.

Las propuestas que ponen sobre la mesa pasan por rehacer las estadísticas, para que sean inclusivas, para que de ellas podamos extraer información más completa, sin tanto sesgo de género, sobre todo porque, a partir de ahí, se podrían diseñar políticas que intervinieran en la población de forma más completa.

Para mi, ha sido uno de los mejores artículos que he leido en mucho tiempo, y os invito a su lectura…

P.D.: he intentado encontrar una imagen de mujeres invisibles, y todo lo que me sale en google son mujeres de comic con una estetica tan machista, que me abstengo de insertar  imagen alguna que reproduzca el estereotipo de las peliculas (escritas por hombres, para hombres, ya sea comic, ficción o cualquier otra irealidad). Las mujeres invisibles son muchas, son otras, y están en nuestras casas haciendo una labor impresionante y muy poco valorada socialmente.