Mujeres del siglo XXI

Aunque hayan pasado unos años de este artículo, sigue en pleno vigor, sigue siendo una realidad actual, las mujeres del siglo XXI han conseguido mucho, pero han ganado en estrés por la falta de tiempo para responder a todas las facetas de su vida a las que se ha abierto paso; la laboral, familiar, personal… En este artículo podemos leer algunos testimonios de mujeres conocidas que han dado su opinión sobre el tema.

 

MONTSE JOLIS

12 de septiembre de 2007

La mujer del siglo XXI tiene ante sí más posibilidades que nunca. No hace tanto tiempo –y parece una eternidad– pasaba de depender del padre al marido, eran muy pocas las que accedían a carreras universitarias y la inmensa mayoría dejaba de trabajar en cuanto se casaba. Nuestras madres más mayores necesitaban el permiso del marido para abrir una cuenta corriente, salir al extranjero o sacarse el carnet de conducir. Todo eso ya es historia. Ahora, tenemos estudios y decidimos solitas cuál será nuestra profesión, si viviremos o no en pareja, si tendremos hijos y hasta nos divertimos más… Llevamos años ganándonos a pulso que se nos respete como personas y se nos valore como profesionales. El feminismo quizá no esté de moda, pero ha sido una muy eficaz e imprescindible herramienta de avance. Ahora bien, una vez conseguidos esos derechos que ya nadie discute, ¿qué tal nos va en la vida cotidiana? El discurso años sesenta acerca de la realización de la mujer, ¿es cierto o es una milonga? Hemos querido conocer de primera mano qué piensan las mujeres de hoy sobre este asunto: jóvenes empresarias, mileuristas, estudiantes, ejecutivas…
Cambio positivo
Para Sara Moreno, profesora adjunta de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en sociología de género y vida cotidiana, en las dos últimas generaciones –hablamos de los años cincuenta y los setenta– «ha habido un cambio positivo.
Vivimos mejor pero todavía no podemos hablar de igualdad real hombre-mujer. Hemos puesto todos nuestros esfuerzos en lograrla en el ámbito público, pero nos hemos olvidado de la esfera privada. Elegimos lo que queremos, somos mejores estudiantes, entramos en el mercado de trabajo, pero cuando vamos a vivir en pareja empiezan los problemas».
«Con la convivencia –comenta– el hombre, de repente, se olvida de la igualdad y repite los comportamientos que ha visto en su familia: el padre trabaja y la madre se ocupa de la casa y los hijos. Al principio, cuando la carga doméstica no es muy grande, aún pasa, pero en cuanto llegan los hijos, se destapa el conflicto.»
Vicky Martín Berrocal, 34 años, separada y madre de una niña, corrobora las palabras de la socióloga: «Es que parece que por el hecho de ser mujer, ya te tienes que ocupar de la casa, de los niños y de los mayores… En cuanto sabes que estás embarazada, ya te empiezas a sacrificar: dejo de fumar, de beber una copita, de salir… El padre de mi hija –el torero Manuel Díaz– es un excelente padre, y se preocupa si la niña está enferma, pero la que se pasa la noche sin dormir, la lleva al médico y se ocupa de todo soy yo. Mi prioridad es mi hija y su educación, y para eso necesitas tiempo. El sentimiento de culpabilidad que arrastramos las mujeres no lo arrastra ningún hombre. Vamos, todavía no he oído a ninguno decir: “Me siento culpable porque trabajo doce horas al día y llego a casa cuando mi hija duerme”.»
Montse Ribé vive en pareja con David Martí, con el cual también comparte días y horas de trabajo en el taller DDT de efectos especiales. Ambos ganaron el Oscar al mejor maquillaje por El laberinto del fauno. «David y yo lo compartimos todo, incluso las tareas domésticas.
Mientras él cocina, yo hago otras cosas. Ninguno de los chicos que conozco, amigos y familiares, es machista: en eso hemos avanzado mucho. Pero, generalizando, sí que parece que las mujeres tenemos asumido que los temas de familia son cosa nuestra. No sé qué pasará en mi caso el día que decida tener hijos.»
Y tú, ¿a qué renuncias?
Acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones es todavía difícil. Si, inicialmente, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, lo cierto es que no siempre ocurre así. Y ser joven y mujer es un factor doble de discriminación.
María José Bertrán, 23 años, es licenciada en Publicidad y RRPP, y ha hecho un máster en Industria Musical. Trabaja en el departamento de promoción de una multinacional discográfica y su sueldo no llega a los mil euros al mes. Se lamenta de que «las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo y muy pocas acceden a puestos de responsabilidad ». Vicky se indigna: «Es que tenemos que ser buenas en todo; buena madre, buena esposa, buena profesional… Es un sobreesfuerzo que agota.»
Natalia Puiggros, directora de la agencia de RRPP Comunications by Le Mod, interviene: «Las empresas están pensadas en clave masculina y somos nosotras las que nos tenemos que adaptar para conciliarlo con nuestra vida privada.» La periodista Alejandra Alloza, que nació en Barcelona pero por cuestiones laborales tuvo que irse a vivir a Madrid, también es de la misma opinión: «Yo no tengo hijos, pero tengo padres. No es fácil organizar tu trabajo cuando tienes que estar viajando a menudo para ver a tu familia.»
Beatriz García-Valdecasas está opositando para fiscal: «Si apruebo, sé que tendré un sueldo digno y podré, en el futuro, conciliar vida laboral y familia. Y como funcionaria podré hacer media jornada si quiero.» De momento, «vivo encerrada estudiando, y el día libre que tengo a la semana lo aprovecho para ver a mis amigos o dormir. Mis padres me dan una asignación semanal, pero a veces me da palo eso de tener 25 años y pedirles dinero, así que procuro gastar lo mínimo».
Autoexigencia y estrés
Nuestras madres no tuvieron tanto donde elegir, pero las estadísticas dicen que ahora tomamos más ansiolíticos y antidepresivos que ellas. ¿Nos perdemos en el intento de ser perfectas? Según nuestra socióloga, «el nivel de responsabilidad que se exige a la mujer es muy superior al que se exige al hombre. Ver el currículo de una consejera-delegada de una empresa impresiona mucho más que el de un hombre en el mismo cargo». Y luego están los hijos: «El buen padre basta que dedique el sábado a los niños y los lleve al parque; la buena madre tiene que estar pendiente de ellos las 24 horas y, si no puede, preocuparse de que alguien se ocupe de ellos.» Y después están los padres.
«Somos la generación sándwich, mujeres con hijos y padres mayores. Para llegar a todo nos olvidamos de nosotras.» Vicky comenta que «a mi abuela jamás la vi estresada, eso es verdad, y mira que tenía problemas. En su día a día, llevaba una vida muy normal: su compra, su marido, sus hijos… En cambio, nosotras trabajamos en casa y fuera. Nos dejamos la salud. Yo tuve una crisis de angustia en un avión y me tuvieron que dar un tranquilizante. El ritmo que llevamos es de auténtica locura, porque sales de casa y estás pensando en lo que has dejado organizado, y que tu hija está en el colegio y que no te vayan a llamar porque haya pasado algo… Ellos se pueden ir a tomar una cerveza con los compañeros de trabajo, nosotras, no».
Natalia piensa que «el nivel de autoexigencia en la mujer es tan alto que nos agobiamos». Ella solo contrata a mujeres en su empresa «porque tenemos una gran capacidad de trabajo, no sé si por nuestra carga de responsabilidad histórica».
Alejandra lo tiene claro: «Cada una tiene que buscar su propia fórmula para encontrar el equilibrio, porque el patrón estándar nos está haciendo papilla. El éxito está sobrevalorado, y no alcanzarlo nos angustia.» La socióloga Sara Moreno explica que la mujer acostumbra a relativizar la falta de éxito profesional: «Al final, suele desviar sus intereses hacia otros ámbitos, sobre todo, el de la maternidad. Muchas veces, ser madre tapa la frustración y sirve de cojín para paliar esa falta de éxito en nuestras aspiraciones laborales.»

http://www.woman.es/celebrities/protagonistas/mujeres-del-siglo-xxi

Mujer y capitalismo: de la opresión a la liberación.

El origen de la opresión de las mujeres

Los marxistas revolucionarios se diferencian de todas las demás personas que defienden la liberación de las mujeres en un aspecto importante. Nosotros no creemos que la opresión de las mujeres sea algo que ha existido siempre, ya sea por causa de diferencias biológicas entre los sexos o por algo inherente a la mente masculina.1

Sostenemos que la opresión de las mujeres surgió en un punto particular de la historia, en el momento en que la sociedad comenzó a estar dividida en clases.2

En todas las sociedades de clases las mujeres están oprimidas; la evidencia sugiere que al menos en algunas sociedades pre-clasistas no existía tal opresión.

La razón por la que la opresión de las mujeres comienza con la división de la sociedad en clases es bastante simple. Las divisiones comenzaron una vez el avance de las fuerzas productivas permitió a los seres humanos producir un excedente superior a lo que era necesario para la subsistencia del conjunto de la sociedad. Este excedente no era suficiente para que todos pudieran vivir por encima del nivel de subsistencia, pero era suficiente para que algunos lo hicieran. Se hizo entonces posible un desarrollo adicional de las fuerzas productivas y con ello el crecimiento de la división entre una clase explotadora y una clase explotada.

Con el aumento del excedente llegó una creciente división del trabajo. Aquéllos que ocupaban ciertas posiciones en esta división del trabajo se convirtieron en los controladores del excedente, la primera clase explotadora.

En este momento, las diferencias biológicas entre hombres y mujeres tomaron una importancia que nunca habían tenido antes. Con la carga del cuidado de los hijos, las mujeres tendían a ser encauzadas hacia ciertos papeles productivos y quedaban fuera de otros, fuera de aquéllos que proporcionaban el acceso al excedente. Así, por ejemplo, cuando las sociedades pasaron del cultivo con azada, que puede ser realizado por mujeres a pesar de la carga del embarazo, al uso de pesados arados o a la crianza de ganado, se tendió a desplazar a las mujeres de los trabajos productivos clave y el excedente pasó a ser controlado por hombres.3

Allí donde se establecieron clases dominantes totalmente desarrolladas, los miembros femeninos de esta clase dominante tendían a jugar un papel subordinado, a ser tratadas virtualmente como posesiones de los dirigentes masculinos. Y exactamente la misma situación se impuso entre campesinos independientes y entre las familias artesanas: un hombre, el patriarca, controlaba la relación de la familia con el mundo exterior, y su mujer estaba tan subordinada a él como lo estaban los niños y sirvientes (la excepción confirma la regla: si una viuda tomaba el lugar de su esposo muerto, dominaba a todos los hombres y mujeres de la familia4; allí donde se crearon situaciones en las que el papel productivo jugado por las mujeres tendía a producir un excedente vendible, las mujeres tendían a desafiar ciertos aspectos de la familia patriarcal estereotipada).5

Así, en las sociedades precapitalistas, las mujeres de todas las clases estaban bajo la dominación de los hombres. Pero no de todos los hombres. Ciertos hombres estaban oprimidos también. Los esclavos masculinos de la antigüedad y los trabajadores masculinos de la familia patriarcal no tenían más libertad que las mujeres (incluso aunque algunos de los hombres de la familia patriarcal tuvieran esperanzas de escapar algún día de la servidumbre ocupando el lugar del patriarca.)

El desarrollo de las fuerzas productivas requiere determinadas relaciones de producción. La opresión de las mujeres es producto, en cada caso, de las relaciones entre estos dos factores. Esto tiene su base en la historia material de la sociedad.

Por supuesto, una vez las relaciones de producción condujeron a la opresión de las mujeres, se estableció su expresión ideológica. La inferioridad de las mujeres llegó a ser considerada como parte del orden natural de las cosas, y estaba respaldada por elaborados sistemas de pensamiento, rituales religiosos, promulgaciones legales, la mutilación del cuerpo femenino… Pero no puede comprenderse el origen de ninguna de estas cosas sin comprender sus orígenes en el desarrollo de las fuerzas y las relaciones de producción.

El capitalismo es la forma más revolucionaria de la sociedad de clases. Se apodera de las instituciones de las sociedades de clases previas y las reforma a su propia imagen. No se somete a sus jerarquías o a sus prejuicios. Más bien crea nueva jerarquías en oposición a las viejas, y transforma completamente los viejos prejuicios para usarlos en su interés por acumular.

Por lo tanto esto ocurre con todas las instituciones que se encuentran en el momento de su aparición (religiones organizadas, monarquías, castas hereditarias, sistemas de propiedad de la tierra, sistemas de pensamiento). El capitalismo da una alternativa clara a todo esto: o ser transformado en interés de la acumulación del capital o ser destruido.

El capitalismo no se mueve por el deseo de mantener a la familia (y con ella la opresión de las mujeres), más de lo que se mueve por la voluntad de propagar la religión, mantener las monarquías, fomentar pensamientos oscurantistas, etc. Tiene una sola fuerza impulsora: la explotación de los trabajadores para acumular. La familia, como la religión, la monarquía etc., es sólo de utilidad al capitalismo en tanto ayuda a su objetivo.

Por esto, la familia capitalista no es algo fijo, una entidad sin alteración. Como Marx y Engels apuntaron en el Manifiesto Comunista, el impulso de acumular significa una continua reforma de las instituciones que el capitalismo mismo ha creado:

La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado de esfuma; todo lo sagrado es profanado…

Dejo el enlace por aquí para una mayor información de l@s interesad@s:

Mujer y capitalismo

Rajoy: “Muchas mujeres deciden cuidar hijos porque quieren y no trabajan tanto como un hombre”

El presidente del Gobierno ha explicado que mientras la pensión media de un hombre en España es de unos 1.500 euros, la de la mujer es de 1.100 euros. “Hay muchas mujeres que deciden, porque quieren, cuidar a sus hijos y por tanto no trabajan durante tanto tiempo como lo puede hacer un hombre”, ha explicado. De ahí, que haya decidido aumentar en 2016 un 5% la pensión a las mujeres con dos hijos y un 10% para las que hayan tenido tres.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2461754/0/rajoy-mujeres/pensiones-bajas/cuidar-hijos/#xtor=AD-15&xts=467263

Escribo en negrita las palabras “porque quieren” para que reflexionéis vosotr@s mism@s sobre el tema.

No es cuestión de ideología política, no creo que un partido u otro te haga más o menos feminista, en cambio, es un problema social y cultural porque estoy segura de que ni el mismo Rajoy es consciente de lo que ha dicho realmente… Sin embargo, dirige el país y toma decisiones importantes sobre nuestra vida…

O sea, que la mujer al cuidar a sus hij@s no está trabajando por el mantenimiento del país y la sostenibilidad del mismo… y, además, decide cuidar a sus hijo@s porque quiere… mientras que el padre prefiere trabajar porque como ya alguien hace su parte del “otro trabajo” por él…

El señor Rajoy olvida que cuanto más trabaja el hombre fuera de casa más trabaja la mujer dentro de ella para complementar su falta… Y olvida que, sin el trabajo de ella, el hombre no podría trabajar tanto como quisiera, pues el trabajo asalariado no sería la única labor necesaria para su supervivencia y la de su familia.

A la cabeza…

Estamos acostumbrados a ser los primeros, los primeros en todo. ¿Pero en lo malo también? Pues sí, también estamos a la cabeza de lo malo. La red nos brinda mucha información, tanto de aquello que consideramos bueno, como de lo malo. De tal manera que España, nuestro país, junto con la vecina Italia, son los dos países donde las mujeres “dedican más tiempo extra con respecto a los hombres en las tareas domésticas”.

El estudio se ha hecho desde 1960 hasta el siglo XXI. Y ello nos hace reflexionar y pensar en todos los cambios que se han sucedido en nuestro país desde los años sesenta (época de dictadura franquista) hasta la más pura actualidad. Entonces, ¿no hemos evolucionado en este aspecto? Pues parece ser, según este estudio, que no; no hemos bien las tareas, o sí, las mujeres sí, los hombres (algunos) parece que siguen un poco rezagados. Podemos buscar millones de culpables, pero de nada vale si no ponemos orden en todo ello.

..png

Pues relacionado con esos “culpables”, hemos encontrado algo muy interesante: Inspección de Trabajo usará los centros de la mujer para detectar desigualdades de género (eldigital.es). Al parecer, como se deja patente en el citado diario,este protocolo pretende profundizar en la mejora de la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, sobre todo en el ámbito del empleo y de las relaciones laborales, así como generar igualdad de oportunidades en el acceso al empleo, a la formación y en las condiciones de trabajo, además de proteger frente al acoso sexual en el trabajo”. Nos parece una buena medida pues, antes de meter el dedo sobre la llaga nada más que con el objetivo de buscar culpables, se proponen algunas soluciones para detectar esas desigualdades. Además, “las partes firmantes se comprometen a profundizar en las causas de desigualdad sobre todo en el ámbito laboral, a fin de establecer medidas, acciones y campañas conjuntas”.

Otro aspecto relevante es el de Hillary Clinton, la candidata presidencial de los Estados Unidos. La pretensión de esta mujer es la de acabar con la desigualdad y discriminación de género. Si ella, mujer, consigue llegar a la presidencia, sería todo un hito pues se convertiría en la primera presidenta de Estados Unidos.

Pero parece ser que los estadounidenses no están del todo muy seguros de que se vayan a acabar esas desigualdades. De tal manera que un 62% de los encuestados por AP-NORC pronunció que “si Clinton es electa el nivel de discriminación en el país no descenderá, 35% creen que sí y 12% cree que aumentará”. En cuanto a los demócratas, estos piensan que “un 53% de ellos creen que la discriminación persistirá, 35% que disminuirá y 11% que se elevará si Clinton llega al poder. Los republicanos ven un panorama más gris: 73% cree que la discriminación seguirá igual si Clinton es presidenta, 14% que bajará y 11% que será mayor”.

En conclusión, hemos pretendido con nuestra pequeña aportación ofrecer un panorama acerca de las desigualdades de género partiendo, nuevamente, del tiempo dedicado por hombres y mujeres a las tareas domésticas y, a partir de ahí, enlazar con soluciones y curiosidades para poder ir zanjando poco a poco esas desigualdades de género que nos rodean.

 

Fuentes:

http://www.europapress.es/ciencia/laboratorio/noticia-mujeres-espanolas-encabezan-desigualdad-genero-hogar-20160906103930.html

http://eldiadigital.es/not/187814/inspeccion-de-trabajo-usara-los-centros-de-la-mujer-para-detectar-desigualdades-de-genero/

http://digitallpost.mx/destacado/hillary-acabara-con-la-discriminacion-de-la-mujer/

 

 

 

¿Cuestión de tiempo?

El trabajo doméstico, como sabemos, suele ser desempeñado, en su mayoría, por mujeres. Curioseando por la red, hemos encontrado una noticia acerca del servicio doméstico de la reina Isabel: quinientas mujeres, más unos cuantos hombres, que se encargan de limpiar y encerar cada salón, cada dormitorio, junto con los cientos de metros de largos corredores y escaleras, así como espejos.

Pero, tras esta pequeña anécdota, también nos hemos encontrado con un titular bastante llamativo: El trabajo doméstico sigue siendo cosa de mujeres. La OIT en uno de sus informes nos dice que esas tareas siguen siendo realizadas por las mujeres y las niñas. En los países subdesarrollados sabemos que es muy común que las niñas pasen a familias para que les realicen sus tareas domésticas, hasta el punto de que estas pasan a ser internas. ¿Qué pensamos acerca de ello? ¿Nos lo hemos preguntado seriamente?

 

2.png

https://www.google.es/search?q=ni%C3%B1as+trabajadoras&rlz=1C1GGGE_esES439ES439&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiR8vTcvP3OAhVIbhQKHUGGDPIQ_AUICCgB&biw=1440&bih=809#imgrc=hdbMZvTBzyFzUM%3A

En el mismo diario (laizquieradiario.com) se nos muestra que la OIT señaló que “las mujeres emplean diariamente 19 por ciento de su tiempo en tareas domésticas no remuneradas. Por su lado, los varones solo usan el 8 por ciento de su tiempo en las esas tareas”. Hoy mismo (7 de septiembre de 2016) Informativos Telecinco en su emisión del mediodía ha señalado la gran diferencia entre el tiempo que dedican las mujeres al trabajo doméstico con respecto al que dedican los hombres. Asimismo, es necesario señalar que con el paso de los tiempos el hombre se involucra más en las tareas domésticas, de tal manera que, poco a poco, vamos salvando esas distancias y eliminando esas brechas que desde siempre nos han acompañando y siguen haciéndolo actualmente.

El caso de Italia es bastante significativo y ha sido mostrado en los Informativos de Telecinco: existe una gran diferencia entre el tiempo que dedican los hombres con respecto al de las mujeres. Parece que, una vez más, Italia sigue siendo noticia en este aspecto de la diferencia tan abismal en lo que se refiere a las tareas domésticas. Otro país que nos llama también la atención es Argentina donde, según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo del INDEC, la participación total de los varones en el trabajo doméstico no remunerado es del 24 % y la de las mujeres ascendía al 76 %. Aquí también podemos observar cómo las mujeres ocupan un 26% más de la mitad con respecto al casi cuarto por ciento representado por los varones.

Nuestra sociedad está sumida en una creencia muy ancestral: las tareas domésticas son cosas de mujeres. Son muchas las veces que hemos oído esta expresión; e incluso otras como “ya se encarga la señora de la limpieza”, y otras por el estilo. ¿Por qué las mujeres? ¿Acaso los hombres no pueden dedicarse a las tareas domésticas como una mujer, de tal manera que se equipare el tiempo invertido en las mismas? Todas esas expresiones, hasta cierto punto machista, crean desigualdad. Con este término, desigualdad, nos referimos a que la mujeres que trabajan fuera del hogar también deben sumar a ese tiempo el otro dedicado a las tareas de la casa.

Solo desde una sociedad educada desde sus primero paso y fomentando siempre la igualdad, podremos lograr que el trabajo doméstico no sea cosa de mujeres- Las tareas domésticas podemos hacerlas todos, tanto hombre como mujeres.

Fuentes:

http://www.elmundo.es/loc/2016/09/03/57c9a445468aeb99558b45b5.html

http://www.laizquierdadiario.com/El-trabajo-domestico-sigue-siendo-cosa-de-mujeres

 

 

Constantemente lo mismo

Actualmente nos encontramos sin Gobierno desde hace ya algunos meses. Pues bien, en relación con esta problemática que nos ocupa hemos encontrado una noticia bastante interesante. La noticia está ligada a que el presidente Obama, una vez que ganó sus primeras elecciones, adoptó su primera medida: la Ley Ledbetter, “que toma su nombre de una mujer que estuvo cobrando durante 20 años menos que sus compañeros masculinos”. La Ley Ledbetter radica en que existe “ilegalidad de discriminar en el salario cuando se realizan las mismas funciones”.

Todo esto nos resulta maravilloso: una Ley que deroga la anterior y hace que todos cobremos lo mismos. ¿Pero se mantuvo esto así? Pues, lamentablemente, no. Ha ocurrido algo no muy llamativo en nuestra sociedad: Obama ha tenido que apelar a las empresas de Estados Unidos para que cumplan esta ley, “y diversas multinacionales se han comprometido a revisar las remuneraciones para igualarlas”.

Hoy día, en pleno siglo XXI, no debería suceder esto: todos somos iguales, las mujeres no somos inferiores a los hombres; todos debemos recibir el mismo salario por el trabajo realizado.

También vamos a anotar que existen diversos informes que lo justifican como, por ejemplo, los publicados por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), la OIT (Organización Internacional del Trabajo) o el World Economic Forum. En el primero destacamos que la población femenina cobra un 24% menos, a lo que se le suman más posibilidades de estar desempleadas. Por lo que respecta al segundo, se aportan datos relativos a cómo ha llegado el decremento de participación de la mujer en el mercado de trabajo en un 2,8%. Y, finalmente, el tercer informa acerca de que los países más igualitarios en cuestión de género son Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia, siendo la segunda de ellas, Noruega, la que ofrece más oportunidades económicas.

Destacamos el caso de nuestro país, de España. Lamentablemente nos encontramos en el puesto 25 en lo que a la desigualdad se refiere. Siguiendo con las cifras que atañen a nuestro país, reseñamos que el paro en nuestro país afecta especialmente a las mujeres; más del 51% lleva más de un año en paro. En el gráfico que mostramos a continuación, podemos observar cómo nuestro país está a la cabeza en lo que respecta al paro femenino de muy larga duración.

1

Todo ello supone un gran impacto para la economía de España, y aún más el paro se ceba con las mujeres. En el gráfico podemos analizar cómo España está a la cabeza en paro femenino de larga duración con más de ochocientas mil mujeres paradas. ¿Qué deben plantearse los Gobiernos? ¿Acaso las políticas de empleo no deben ser igualitarias para todos y todas? Si queremos profundizar un poco más en la cuestión, hemos encontrado otro gráfico que muestra la evolución de la tasa de paro. Una vez más, España a la cabeza (se incluye ahí el paro femenino como ya hemos analizado antes).

2

En conclusión, espero que la información recopilada de las fuentes que mostramos más abajo nos ayude a reflexionar acerca de cómo, lamentablemente, el paro femenino en España es una constante junto con la amplia brecha en el salario, además del paro en general.

 

Fuentes:

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/genero-economia-trabajo-siempre_1075723.html

http://www.elespanol.com/economia/macroeconomia/20160904/152985137_0.html

El engaño de la conciliación

En la actualidad, las mujeres y hombres que han elegido asumir la responsabilidad de alternar la vida familiar con la laboral no lo están teniendo fácil. Las jornadas interminables de trabajo, los turnos y horarios de las empresas, los servicios deficientes para el cuidado de las personas dependientes, entre otros, son motivos importantes para que esa realidad laboral entre en grave conflicto con la conciliación.

Los datos revelan, a pesar de todo, que las mujeres siguen siendo quienes mayoritariamente asumen las tareas domésticas y de cuidado de los hijos/as y personas dependientes del entorno familiar.

Según datos del Instituto de la Mujer, en 2014 de las 31.435 excedencias cogidas por hijos/as ese año, 29.554 fueron pedidas por las mujeres, y sólo 1.881 fueron solicitadas por los hombres.

Actualmente, el permiso de maternidad en España es de 16 semanas (cuatro meses) y el de paternidad de 15 días (2 semanas). La baja maternal se encuentra entre las menores de Europa, además de estar muy alejada del permiso medio de la UE27 (algo más de seis meses). Habría también que destacar aquí, que debido a la falta de facilidades que en España las familias encuentran para conciliar la vida laboral con la familiar, está afectándose la cantidad de hijos/as que se desean tener.

Los estudios arrojan más datos. Según la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010, las mujeres dedican una media de 4 horas y 7 minutos a las tareas vinculadas con el hogar y los cuidados, mientras que los hombres destinan 1 hora y 54 minutos. Con el tiempo se han ido estrechando tales diferencias, pero como podemos comprobar, aún existe un desajuste significativo. Las mujeres son también las que menos tiempo tienen para las actividades de tiempo libre como es de esperar.

Estos resultados pudieran explicar los motivos por los que muchas mujeres deciden no buscar trabajo y quedarse en el hogar. Al finalizar el año 2013, 1.744.000 mujeres tomaron esta decisión, frente a 96.000 varones.

Por otro lado, la poca flexibilidad horaria de los trabajos, para poderlos conciliar con la vida familiar y personal, es aún insuficiente en Europa, algo que caracteriza a España,

uno de los países de la UE donde más difícil resulta esta conciliación, según el Informe de la Evolución de la Familia Europea en 2014.

Las políticas europeas que se han afanado en promover iniciativas que posibiliten la conciliación parecen ser también escasas, ejemplos como la Recomendación del Consejo Europeo (92/271/CEE) o la Cumbre de Barcelona, fijan objetivos específicos relativos al cuidado de los hijos/as.

O, como la normativa nacional para facilitar la Conciliación-Corresponsabilidad, fundamentada a partir de dos leyes, la Ley 39/1999 de 5 de noviembre para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras; y la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres.

De todo esto, se desprende, como hemos podido comprobar a través de las estadísticas, que seguimos necesitando nuevas medidas y políticas más eficientes y eficaces para el fomento de la Conciliación y Corresponsabilidad, dado que el escenario sigue reflejando desigualdades importantes con respecto al uso del tiempo familiar y laboral entre hombres y mujeres. No necesitamos más parches bienintencionados, que al fin y al cabo van dirigidos a darle algo de oxígeno a las mujeres para no terminarlas de ahogar, y después de este panorama, no es de extrañar que, volviendo al titular de la presentación, la conciliación sea un engaño para todos/as.

Desigualdades de Género: Brecha salarial

La diferencia salarial entre hombres y mujeres, también conocida como brecha salarial de género, es un reflejo de la discriminación y las desigualdades en el mercado laboral que afectan principalmente a las mujeres. Sus causas son complejas y están relacionadas entre sí. La Encuesta de Estructura Nacional que ha publicado el INE en junio del 2016 cifra en 13,3% la brecha salarial entre mujeres y hombres, eso sí, teniendo en cuenta la ganancia por hora, sin tener en cuenta otros pluses y remuneraciones extra que aumentaría sensiblemente la desigualdad.

Podríamos destacar entre esas causas:

Diferencias en el mercado laboral: segregación sexual

Los sectores que, tradicionalmente, han estado ocupados por mujeres suelen ser los que ofrecen salarios más bajos, condiciones más precarias y más problemas de conciliación laboral que aquellos donde predominan los hombres. Por ejemplo, como el sector sanitario, servicios y educación.

El hecho de que las mujeres soporten el peso del trabajo no remunerado del hogar y cuidado de los hijos/as hace que se vean obligadas, muchas de ellas, a escoger trabajos a tiempo parcial y de pocas horas, repercutiendo en sus bases de cotización y pensiones de manera negativa.

La escasa presencia de mujeres en puestos de responsabilidad y toma de decisiones

En 2013, las mujeres constituyeron solo el 17,8% de los miembros de las juntas directivas de las mayores empresas que cotizan en bolsa en el territorio de la UE, ocupando únicamente el 4,8% de los puestos de dirección de dichas juntas. Esta baja representación se repite en los ámbitos de la política y la economía.

Tradiciones y roles de género

Los estereotipos y roles de género han marcado durante siglos el papel que las mujeres y hombres ocupan y deben representar en nuestra sociedad. Y siguen haciéndolo en la actualidad en la forma de, por ejemplo, elegir la carrera profesional o los procesos de selección de algunas empresas. Los valores tradicionales siguen influyendo en las tareas que se creen propias de una mujer o de un hombre. Por lo que podemos encontrarnos todavía con sectores o carreras feminizadas o predominantemente masculinas.

Acabar con la brecha salarial es una meta que se ha propuesto la UE desde hace mucho tiempo. Su compromiso parte de la firma del Tratado de Roma en 1957, y a día de hoy es uno de los objetivos prioritarios para la Estrategia Europa 2020, la estrategia de crecimiento de la UE para esta década. A pesar de los esfuerzo que ésta pueda llevar a cabo, posiblemente la solución a la brecha salarial entre hombres y mujeres se encuentre fundamentalmente en manos de los gobiernos nacionales y de los interlocutores sociales, en su compromiso y adopción de medidas para erradicarla. Aunque en España se ha recorrido un pequeño camino en este sentido, fruto de la aprobación de distintos planes de gobierno y medidas, como el I y II Plan de Igualdad entre mujeres  hombres para la AGE y sus organismos públicos; o el Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades 2014-16, en donde incluyen como uno de los objetivos a conseguir para alcanzar la Igualdad efectiva entre hombres y mujeres, combatir las diferencias salariales de género, todavía aparecen en las estadísticas datos que se quedan lejos de alcanzar esa realidad a corto plazo.

Crisis del Estado de Bienestar con perspectiva de género

…el Estado de bienestar quizás ha sido la mayor aportación de la civilización europea al mundo y sería muy triste si la misma Europa lo perdiera

Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998

“El modelo de Estado que realiza una redistribución de la renta con el objeto de garantizar la Igualdad de oportunidades y la extensión de los derechos sociales a toda la población, desarrollando políticas asistenciales reconocidas como derechos (…)”

Definición de: García Cotarelo, Mishra y Rodríguez Cabrero, 1989

A lo largo de estos años de la crisis económica mundial hemos sido protagonistas de un sin fin de medidas económicas austeras y recortes en los presupuestos públicos derivados de la misma, los cuáles han tenido consecuencias sangrantes en las bases de nuestros Estados de Bienestar Social. En nuestro país, el envejecimiento de la población, las altas tasas de desempleo, la reducción del gasto público en educación, salud y políticas para fomentar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres (conciliación y corresponsabilidad laboral y familiar, ayudas a la dependencia, guarderías, centros e infraestructuras para las personas dependientes, permisos de maternidad y paternidad, jornadas laborales flexibles…). Recortes en derechos sociales, en general, que han provocado que muchas de las familias españolas, hoy en día, se encuentren en situación de riesgo de exclusión social.

Desde hace décadas los economistas vienen advirtiendo de la dificultad de sostener un sistema socioeconómico tan caro, cuando otras voces se están alzando, en la actualidad, proclamando un cambio indispensable para garantizar las prestaciones sociales de una población que se está viendo muy afectada por la crisis.

Como en todo, dependerá del punto de visto con el que se mire. Aunque no creo que quepa la menor duda de que, es fundamental mantener el Estado de Bienestar Social y adaptarlo a los nuevos cambios que las nuevas circunstancias nos están requiriendo, sobre todo cuando se están dando pasos atrás en políticas que fomenten la Igualdad de Oportunidades, y las mujeres, como siempre, son de las principales afectadas en esta crisis.

Ya desde sus orígenes, el Estado de Bienestar, se construiría a partir de un modelo de ciudadanía basado en el concepto de trabajador- proveedor varón, siendo éste su máximo destinatario, con responsabilidades como “cabeza de familia” y con una esposa económicamente dependiente, encargada de las necesidades cotidianas y cuidadora de su hogar y prole. Con lo que para la construcción y mantenimiento de dicho Estado se configura esencial esa división sexual del trabajo (la mujer ocupará el espacio privado-reproductivo mientras que el varón el público-productivo) y la opresión de género (por etnia y clase) dada la posición de desventaja social en la que la mujer ha estado tradicionalmente. Todas ellas características del Estado de Bienestar Patriarcal, según Pateman, 2000.

Según dicho autor, “las políticas del estado de bienestar han asegurado, de diversos modos, que las esposas/mujeres provean de los servicios de bienestar en forma gratuita, disfrazados como parte de su responsabilidad en la esfera privada”. De esta idea se desprende, que el estado utilice y se aproveche del papel que ejercen muchas mujeres de trabajo reproductivo no remunerado, haciéndolas responsables aún de dicho papel.

Sí es cierto que, las mujeres han sido las principales beneficiarias del Estado de Bienestar, pero en la medida que por las desigualdades sociolaborales y situaciones de discriminación, que aún se producen en muchos ámbitos de la sociedad y que se han agravado con la crisis económica, las han situado siempre en situaciones desfavorecedoras y de precariedad, hasta situaciones extremas de riesgo de exclusión social. Además se están reforzando, con esto, los roles y responsabilidades familiares tradicionales asignados a las mujeres.

Desde luego, la vida humana y la actividad económica como parte de ella, no serían posibles sin el trabajo reproductivo no remunerado. Sin embargo, la dirección que está tomando la sociedad occidental es la de una sociedad más preocupada por mantener como epicentro los mercados que esta actividad vital humana. Mientras que la responsabilidad del bienestar social recae en manos del trabajo gratuito, invisible y no productivo en esos mercados.

En cualquier caso, esta situación será cada vez más insostenible con los cambios que se están dando en la sociedad, los recursos se agotan, las personas se cansan de vivir así. Por lo que quizás, y antes de que sea demasiado tarde, haya que replantearse la propia idea que se tiene del Estado de Bienestar, y dado que la mujer ocupa un papel tan importante para el sostenimiento del mismo, incorporar su visión en la economía y en la idea de sociedad. Darle un puesto más activo en la toma de decisiones, e incorporar en los presupuestos y políticas fiscales la perspectiva de género, para con todo ello, dar pasitos hacia delante y no hacia atrás en nuestros Estados de Bienestar.

PENSIONES Y POLÍTICAS DE RISA

 

En el año 2015, el Gobierno del Partido Popular decide aplicar una medida que, a mi parecer, es tan ridícula como de risa (reir por no llorar). Consistía en aumentar entre un 5 y un 15 % las pensiones a aquellas mujeres cuya jubilación comenzara en este año, el 2016, y hubieran tenido dos o más hijos/as. De esta manera una mujer con dos hijos le correspondería un complemento de un 5% en su pensión de jubilación; aquella con tres, un 10 %; y cuatro en adelante, un 15 %.

Esta noticia que acapara espacios de numerosos periódicos digitales me invita reflexionar sobre cómo la ínfima cantidad que se establece en la subida puede ayudar a alguien. Incluso puede interpretarse como una limosna de mal gusto. Una determinación que, más allá de preocuparse de la feminización de la pobreza, incita a pensar que es una cuestión para “quedar bien” ante los organismos internacionales, españoles y españolas feministas y alguna que otra posible votante que piensa que su nivel de vida va a aumentar considerablemente porque su presidente, Mariano Rajoy, se preocupa de ella. Nada más lejos de la realidad, sospecho que se están burlando de toda la ciudadanía y de las instituciones.

Alfonso Alonso, Ministro de Sanidad y Servicios Sociales e Igualdad entonces, lo califica como “como una apuesta por la maternidad y la natalidad”… pero resulta que no aumentan mis ganas de tener más descendencia después de su “regalo”, que no paga mi labor como madre, que no me soluciona mi subsistencia como jubilada.

No es el único planteamiento que me suscita. No puedo evitar preguntarme ¿acaso las mujeres que son madres de una sola criatura son menos madres? ¿No tienen derecho a que se le reconozca su labor? ¿No han tenido las mismas dificultades que las demás?

Una decisión que no parece tener otra pretensión que la de evitar el “tirón de orejas” de la Unión Europea por la acentuada brecha de género en las pensiones de nuestro país.

Una forma de no disimular que “aquel asunto de la igualdad de género” no les importa lo más mínimo y por supuesto se encuentran muy lejos de entenderla. Se puede deducir en las palabras de Rajoy, recogidas por Eldiario.es, “Muchas mujeres deciden cuidar hijos porque quieren y no trabajan tanto como un hombre”, pronunciadas el día después de que el Consejo de Ministros aprobara la subida. Tras esa afirmación machista y retrógrada poco más se puede añadir.

En este sistema de pensiones vitalicias y salarios desproporcionados en las más altas esferas del ámbito público y privado, provocando la polarización de las pensiones. Pensiones con las que apenas se puede vivir frente a pensiones de personas dedicadas a la política cuyo empleo no es más importante ni más digno, que cualquiera que podamos haber desempeñado nosotras. Un sistema donde la corrupción, la malversación de caudales públicos, la prevaricación, la financiación ilegal no se castiga si posees una determinada influencia económica o política y donde el tráfico de influencias es mucho más poderoso que la justicia y el poder judicial.

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS

 

 

http://www.diarioinformacion.com/economia/2016/01/02/pensiones-jubilacion-mujeres-o-hijos/1712477.html

 

http://www.eldiario.es/politica/politicos-presuntos-corrupcion-Baleares-Valencia_0_85741496.html

 

http://www.eldiario.es/politica/politicos-presuntos-corrupcion-Baleares-Valencia_0_85741496.html

 

http://www.eleconomista.es/economia/noticias/6712509/05/15/Rajoy-sube-la-pension-de-la-mujeres-con-hijos-a-diez-dias-de-las-elecciones.html

 

http://www.expansion.com/economia/2015/05/14/55543b7d22601d494a8b456b.html

 

https://www.youtube.com/watch?v=Vt8pqTfrzUo

 

http://www1.seg-social.es/ActivaInternet/Panorama/REV_034641?ssNotPrincipal=REV_034789