De la economía y el feminismo

<<Economía>>, palabra ampliamente utilizada, especialmente en la esfera política y en los medios de comunicación. La mayoría de las personas tenemos una cierta noción de lo que significa porque la economía nos afecta directamente, porque tiene que ver con lo que compramos y vendemos, con si el dinero nos alcanza o no, con muchas de las noticias que se publican a diario… Quizás conozcamos (en la teoría al menos) algunos conceptos básicos, sin embargo nos cuesta ver el cuadro completo.

Tratar de entender todo el funcionamiento del sistema es un ejercicio al que estamos poco acostumbrados en general, discernir el engranaje y la conexión entre cada una de las partes puede resultar complejo y sencillo a la vez, pero sobretodo es muy necesario e importante porque es la manera en que podemos empezar a poner en valor muchos aspectos a los que no prestamos atención y que suelen ser necesarios e importantes.

En este punto se me ocurre proponer que las personas deberíamos ser capaces de desarrollar una especie de conciencia económica, así como desarrollamos otras conciencias sobre nuestra realidad (conciencia feminista, conciencia ecológica…) Creo que así, un escándalo de la magnitud de los Papeles de Panamá no hubiera pasado tan desapercibido y con tan pocas repercusiones en la opinión pública, y del que, sin embargo, se han publicado gran cantidad de artículos, noticias y documentales.

Creo que entonces tampoco pasaría tan desapercibida la asociación entre Economía y desigualdad de género o las críticas y propuestas que desde el feminismo y otros movimientos sociales se hacen al sistema económico en el que vivimos. La Economía Feminista es uno de estos planteamientos que se hacen al margen de las corrientes dominantes sobre el tema.

¿Economía feminista? Si la economía… ¿no tenía que ver con todo y con todos por igual…?” Bueno, esta una de las reacciones con las que me he encontrado al comentar que estaba llevando este curso del Máster. Como en su mayoría no somos capaces de ver el panorama completo, es lógico que el vínculo entre Economía y Género resulte más que difuso al principio.

Resulta que si nos salimos de esa visión tan sesgada de la economía a la que estamos acostumbrados podemos empezar a ver más claramente todas las desigualdades de género que existen producto de un sistema económico planteado de una determinada manera y desde una determinada visión.

Otro ejemplo, a lo mejor un poco más conocido, de crítica al sistema económico son los movimientos ecologista de mujeres. También el ecofeminismo critica el capitalismo neoliberal que se apropia del medio ambiente y de las personas de manera mercantilista sin importar las consecuencias, en favor de la producción, la productividad y un supuesto crecimiento económico. Además, el ecofeminismo denuncia que suelen ser las mujeres las primeras y más afectadas por esta visión de la economía. Uno de sus principales objetivos en la lucha por políticas con perspectiva de género que garanticen el respeto a la vida.

A pesar de los múltiples retos que conlleva, considero que conocer un poco más de cómo funciona nuestra economía, hacer conciencia de todas las partes involucradas en el sistema y poner más atención a muchas de las iniciativas que se están intentado llevar a cabo para detener la inercia del sistema económico que nos posee, es un punto de partida imprescindible para la búsqueda de la igualdad. Es necesario que desarrollemos una auto-conciencia como especie humana, para plantear respuestas a los problemas ambientales y a las injusticias sociales que se dan en la actualidad. En el reconocimiento de nuestra propia vulnerabilidad podemos ser capaces de entender la necesidad de la participación de todos y todas; la aceptación y el respeto de nuestra diversidad, porque todos y todas somos parte de la cadena, y aunque nos pueda parecer poco, todos y todas podemos hacer algo.

El origen de la opresión de las mujeres según Simone de Beauvoir

 

     En El Segundo Sexo Simone de Beauvoir expone cómo Engels ofrece sólo una explicación superficial del origen de la opresión de las mujeres. En su libro El origen de la familia, éste describe la historia de la mujer desde la historia de los instrumentos, de forma que su posición social empeoró, en la Edad prehistórica de los Metales, con la creación de herramientas más pesadas que requerían mayor fuerza física. En la Edad de Piedra, a pesar de la existencia de una división sexual primitiva del trabajo, la mujer podía conciliar maternidad y crianza con el trabajo productivo del telar, la alfarería o el cuidado del huerto. Pero el descubrimiento del cobre, el estaño, el bronce y el hierro, sumó a la extensión de los dominios y la intensificación del trabajo sobre la tierra, la propiedad privada. Y con ella, la esclavitud y la opresión de la mujer. “Es la gran derrota histórica del sexo femenino”. Engels acepta la existencia de un matriarcado primitivo, anterior a la división sexual del trabajo y al advenimiento de la propiedad privada, en el que el trabajo doméstico garantiza la autoridad de la mujer en su casa. Pero con la separación radical entre trabajo productivo y trabajo doméstico, llega la familia patriarcal y la mujer, recluida en el hogar, realiza un trabajo insignificante frente al que realizan esclavos y varones. La opresión social de la mujer es consecuencia de su opresión económica. Y su liberación, así como la igualdad entre los dos sexos, llegará con la participación de las mujeres en “la industria pública”. Engels reduce por tanto el problema de la opresión de la mujer al de su capacidad de trabajo productivo, de forma que en las primeras sociedades sedentarias, era agente económico junto al varón, con una técnica compatible con su cuerpo y con la maternidad. Hecho que cambió con la aparición de los metales, que la expulsó de la economía y la recluyó en la “esclavitud doméstica”. Pero el maquinismo del mundo moderno y la ruptura de las resistencias del “antiguo paternalismo capitalista” la liberará y ya sólo habrá trabajadores iguales, pensaba Engels.

     Simone de Beauvoir rechaza la idea de que la propiedad privada haya traído de forma inevitable el sometimiento de la mujer. Ella lo explica por la concurrencia de tres factores: biológico, ontológico y cultural. Coincide con Engels en que la Era de los Metales fue una etapa crucial de la prehistoria para este fenómeno, pero no en el sentido apuntado por él. Olvida la tensión originaria en todo ser humano al dominio de lo otro. Y olvida el escenario del homo faber, que ya no teme la madre-naturaleza, sino que siente el poder de controlarla, y en el que la mujer acaba formando parte de esa alteridad, junto a la posesión y a la riqueza. El varón supo trascender su animalidad e imponer como valor arriesgar la vida. La mujer, que no participó en las expediciones guerreras, quedó atada a la inmanencia de la especie, condenada a repetir el trabajo reproductivo y doméstico y acabó por aceptar como superiores los valores del guerrero y su proyecto vital. “En la humanidad la superioridad no la tiene el sexo que engendra sino el que mata”.

Para la filósofa, el patriarcado se estableció definitivamente cuando los varones escribieron los Códigos: leyes y libros sagrados elevan a verdad universal la inferioridad de la mujer y el carácter natural y necesario de su opresión. Ni agente productivo, ni reproductivo, la mujer se convierte en objeto de cambio como esclava doméstica o receptáculo de semillas. Despojada también del poder de la procreación, propio del varón, se anuló cualquier papel activo en el relato de nuestra historia, un relato escrito por varones desde el enclave de la dominación patriarcal.

Con Simone de Beauvoir el factor cultural es crucial en la explicación del sometimiento de las mujeres. No es un hecho que derive del dato biológico, ni del ontológico, porque esa tendencia originaria a captarse en lo otro y al dominio está presente en ambos sexos. Se hace imprescindible una interpretación dentro del marco cultural. Y es importante este posicionamiento porque el pasado pudo haber sido de otra manera: la división del trabajo pudo haber sido amistosa, la mujer pudo ser vista como semejante y no como algo externo y el trabajo reproductivo pudo valorarse tanto o más que el productivo.

     La lectura de El Segundo Sexo, sigue siendo una fuente inagotable para desarrollos futuros, también para los trabajos de la economía feminista que pretende redefinir la disciplina y sacar a la luz esa parte de la realidad económica tan degradada e invisible como es el trabajo de los cuidados y con ella a la mujer, agente y hacedora.

El mito de la Super Woman

Hace unos días se volvió viral un video en que un profesor estadounidense de Ciencias Políticas y Diplomacia era interrumpido por su hija y su hijo pequeño mientras daba una entrevista en directo desde su casa a la BBC.

Hay que ver la situación en que se encuentra este profesor cuando ve entrar detrás de sí, en un plano perfecto que parece dispuesto para la ocasión, a su hija con toda la gracia que suelen tener las niñas a esa edad, seguida por su hermanito pequeño arrastrándose en una andadera… Esta imagen tan caricaturesca se vuelve aún más graciosa (para los espectadores, claro está) cuando detrás de los niños entra una mujer muy agobiada intentado sacarlo de la habitación y cerrar la puerta sin ser captada por la cámara…

Luego de que el video se volvió viral empezaron a surgir comentarios que criticaban la actitud del profesor con sus hijos y una discusión sobre la identidad y el agobio de la pobre mujer, que muchos asumieron se trataba de la niñera por ser una mujer asiática. A raíz del asunto se ha generado gran cantidad de memes y videos parodiando la situación, además de la polémica.

Por ejemplo, El País señalaba que la escritora estadounidense y feminista Roxanne Gay había escrito en un tuit muy compartido “algunos de ustedes deberían reflexionar seriamente por qué asumen que la madre es la niñera”, refiriéndose a esta mujer que aparece en el video. La crítica pasó a centrarse entonces en la xenofobia implícita en estas asunciones. Y es en este punto precisamente en el que me quiero detener, porque la discusión se volvió un tema racial pero no precisamente de género.

Es decir, para la mayoría de la gente no estuvo bien que se asumiera que la mujer era la niñera; pero que la madre sea la que se ocupe de todo el cuidado de los niños, mientras su esposo trabaja y da una importante entrevista a la BBC es algo totalmente lógico y natural. Mi impresión es que mientras las personas asumieron que se trataba de una niñera era una “pobre mujer agobiada”, en el momento que se supo que en realidad era la esposa del profesor y la madre de los niños se acabó el tema, nadie se atrevió a cuestionar nada más.

Es cierto, se trata de un tema de raza, género y clase social; pero está claro que los roles de género en la familia aún no son muy discutidos por la mayoría, en particular el trabajo doméstico (no remunerado), que generalmente asumen las mujeres en el hogar.

Tanto es así que luego surgió una parodia (y que a su vez, también se volvió viral) en la que es una mujer (madre y esposa) la que se encuentra en la situación de Robert Kelly, al perfecto estilo de la Super Woman, super mamá o supermujer, resolviendo sobre la marcha la misma escena en que interrumpen sus hijos, y haciendo mil cosas más, inclusive atender a un esposo totalmente inútil, que ni siquiera es capaz de encontrar sus calcetines. El video enaltece así el poder de las mujeres de hacer muchas cosas a la vez (multitask), supuesta capacidad innata superior del cerebro femenino.

 

Entiendo que sea complicado medir la producción de los servicios domésticos no pagados para así poder hacer visible la contribución de las mujeres (y de los hombres) al sistema económico. Esta visibilización empieza además por hacer conciencia en oportunidades como esta, de que las mujeres no tenemos por qué ser las supermujeres del hogar, no está bien que exista este tipo de desequilibrio en la repartición de tareas que deberían ser compartidas por todos los miembros de la familia; no es cierto que una persona puede dar el 100% ni el mismo rendimiento si está en una cosa o en varias a la vez… como tampoco es cierto que ellos no son capaces de hacerse cargo del mantenimiento de la vida diaria.

Si les resulta curioso, aquí les dejo un enlace a un artículo de El País que hace una crónica y cuenta algunos otros detalles del capítulo que le ha tocado a esta familia. Inclusive han vuelto a ser entrevistados por la BBC para hablar de todo el asunto y darle la oportunidad al profesor Robert  Kelly de presentar formalmente a su familia: su esposa y sus dos hijos.

 

Buenas o malas madres: un problema de salud pública, un problema de sostenibilidad

Antes

 

Es evidente que hay buenas madres y menos buenas, lo mismo que hay buenas y malas personas. Pero nuestra libertad viene limitada por nuestro entorno, nuestras vivencias, nuestra educación, las habilidades aprendidas o no, nuestros depósitos afectivos y emocionales recibidos durante la infancia. La responsabilidad individual existe, pero los condicionamientos a veces son casi insuperables.

Hoy he conocido una mujer cuya familia es objeto de atención especial en los Servicios Sociales. Ella es hija de una mujer prostituida, no existió un padre para ella, cuidó de sus hermanos pequeños como una niña esclava y estuvo envuelta en la violencia y el odio. Nadie le enseño a querer y mucho menos habilidades sociales para una relación de convivencia afectiva satisfactoria para ella y su entorno. Probablemente, huyendo de esa pesadilla, se casó muy joven y tuvo tres hijos. Pero como era fácilmente esperable el esposo era  un hombre maltratador, tan violento que está actualmente en la cárcel. Ahora tiene una nueva pareja, un hombre salido igualmente de una familia violenta que se precia que él no lo es. Y es cierto, no lo es con con los otros, tiene más habilidades sociales que ella, pero es drogadicto. Cuando está limpio es un buen padre para la nueva hija pequeña que tienen en común y también para los otros niños, pero eso no ocurre siempre. En ese contexto ¿puede extrañarnos que ese hogar sea un lugar de violencia? ¿Puede sorprendernos que la pobreza y la infelicidad  originen una creen patología familiar grave?

Tiene miedo de ir a trabajar y que sus hijos se lesionen irremediablemente entre ellos, pero también necesita, como el comer, un espacio personal, incluso dentro de un trabajo.

Toda la familia gira en torno a una mujer violenta, infinitamente infeliz, desbordada por una carga que nunca ha sabido manejar, incapaz de dar a sus hijos el afecto que no recibió, imposibilitada para socializarles en valores que ella nunca ha aprendido, consciente de su fracaso. Y sin embargo es fuerte, es inteligente, tiene un gran potencial, merece la pena todo el esfuerzo necesario para que tenga alguna ocasión de ser feliz como la tiene todo ser humano. Pero es más, es un problema de salud pública, porque si no la sanamos a ella, sus hijos seguirán perpetuando el circulo de violencia, infelicidad y riesgo para la sociedad. Una sociedad así no es viable y este  caso no único, ni siquiera infrecuente.

Es un caso extremo, lo sé. Sin embargo los hijos semi-abandonados, sin nadie que les ponga límites o tenga tiempo para proporcionarles afecto es de una frecuencia alarmante y el resultado es violencia, desafecto, infelicidad, patología.

A veces me pregunto: ¿antes de la emancipación de la mujer, no se adiestraba mejor a las mujeres para socializar a sus hijos? ¿Para ser buenas madres? Creo que en las familias extensas al menos existía un reparto de tareas y un acompañamiento que hacía más fácil la vida de todos y de las mujeres en particular. Pero claro el mercado laboral necesita movilidad y las familias hace tiempo que son nucleares, cuando no monoparentales.

Madres rebeldes.pngCreo que las feministas somos conscientes de lo que se nos ha tratado de vender: ser una mujer es ser una buena madre y esposa. O sea ser una trabajadora  esclava que produce trabajadores/consumidores. La emancipación de la mujer, sin que la sociedad haya provisto los mecanismos necesarios para mantener los cuidados de vida: higiene, nutrición, afecto ha producido una crisis de cuidados que crea violencia y patología. Los hombres apenas han evolucionado en la corresponsabilidad de las tareas domésticas y los cuidados y el individualismo creciente aboca claramente a un mundo inviable.

Por supuesto la solución no es volver a encerrar a las mujeres en su casa, pero si que la comunidad se haga consciente de que lo doméstico es política y que es un problema de toda la sociedad. Que la infelicidad, la falta de afecto y cuidados supone un grave problema de salud pública. Que ya es hora de que el mercado no marque el desarrollo para seres humBolsa de la compra.pnganos  con espíritus frágiles muy necesitados de apoyos. De lo contrario nuestra sociedad es cada vez más insostenible. No es un problema de productividad es un
problema de afectos, de cuidados de vida.

Ámbitos de poder: masculino y femenino

Poco a poco las mujeres vamos conquistando ámbitos de poder en el trabajo, en la política, en la vida pública en general. Pero queda un largo trayecto; el poder judicial, el poder económico, las cúpulas del poder en definitiva (y a veces las bases mismas) siguen siendo ámbito casi exclusivamente – a veces sin casi- exclusivamente masculinos.

JuecesPoder económico

Si esos ámbitos de poder decisorios en la sociedad son masculinos, no sé porqué nos extrañamos de que áun existan desigualdades injustas tan sangrantes como las que aparecen en cuanto nos ponemos las gafas de género.

El reflejo en la esfera laboral es concluyente: las mujeres cobramos un 24% menos que los hombres, la masa salarial de las mujeres de hoy es la misma que la de los hombres en el año 1980, el 70% del empleo precario es de mujeres, solo el 3% de los hombres solicitan la reducción de jornada para cuidados, el resto somos mujeres. Hay 1,6 mill menos de trabajadoras mujeres que hombres. Creo que el término Dividendo patriarcal está bien justificado en esta y en otras materias. file:///Users/fatima/Desktop/El%20Dividendo%20Patriarcal%20–%20salud%20comunitaria.webarchive

Solo hay lugares donde hay más trabajadoras mujeres que hombres, en cuidados. En todas las profesiones donde los cuidados son lo esencial: la sanidad, la docencia, la dependencia…. Bueno y en el voluntariado y el asociacionismo. Pero son justo contingentes cada vez más amenazados con el desprestigio, la falta de financiación, la amenaza de no ser “sostenibles”…¿Es insostenible el cuidado de la vida, de su desarrollo, de la convivencia pacífica? Si es así, desde luego hablamos del Fin de la Historia.¿No lo ves?

¿Cómo se les ocurre viajar solas?

Sí, han leído bien, ese es el título de la noticia tan impactante (por ofrecerle algún calificativo) que acabo de leer en el periódico EL PAÍS.

Una periodista de dicho periódico relata un intento de secuestro en la costa de México y como la reacción que obtuvieron de las personas que allí se encontraban fue criticar que estuviesen dos chicas solas (como si ellas buscaran dicha situación).

Dos chicas inofensivas, que intentaban pasar unos días en la costa de México sienten como alguien a entrado en su cabaña, es por ello que salen a pedir ayuda y no saben que la pesadilla de aquella noche acaba de comenzar para ellas.

A continuación les facilito el enlace para que seáis testigos en primera persona del relato que cuenta la periodista, relato que te transporta a aquel día y que hace que al leerlo sientas un poco de sufrimiento del que sintieron estas chicas aquella noche.

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/08/mexico/1488997754_192558.html

Para concluir con esta entrada me gustaría realizar una reflexión, ¿cómo puede seguir existiendo esta mentalidad tan machista? ¿vamos avanzando y trabajando en la línea correcta o por el contrario nos estamos equivocando en algunos aspectos?

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER #8deMarzo

Como sabemos, hoy 8 de Marzo, se conmemora el día Internacional de la Mujer. Aprovechando este día, quiero dejar una pequeña entrada para celebrar el mismo con el objetivo de mostrar la importancia de seguir luchando por nuestros derechos.

A continuación os dejo un artículo publicado por “El País Internacional” dedicado a 13 mujeres pioneras que allanaron el camino para poder llegar hasta donde hoy estamos.

En el siguiente enlace os dejo la noticia: http://elpais.com/elpais/2017/03/08/actualidad/1488927709_195706.html

Y me despido con una imagen dedicada a todas nosotras. ¡QUÉ VIVAN LAS MUJERES!

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El Estado del Bienestar

Es una aportación al mundo que ha hecho Europa, probablemente al calor del ejemplo de la Unión Soviética y el bloque comunista en general. No es por quitar mérito a Europa, al fin y al cabo la sociedad basada en el libre mercado requiere una interdependencia personal (Amartya Sen) propia de la misma naturaleza humana gregaria y del deseo de paz que favoreció el surgimiento del Estado del Bienestar. El sistema se basa en que las Instituciones estatales se ocupen de los Servicios Públicos como la Educación, la Sanidad, la Dependencia, las pensiones, los Servicios Sociales, etc. Por supuesto suponen una redistribución de la riqueza de un pueblo pues  los Servicios se pagan con impuestos que si están bien distribuidos redirigen la riqueza de los más ricos hacia los Serviciós Públicos especialmente.

Esto beneficia a toda la sociedad evidentemente, pero especialmente a las mujeres puesto que suponen una importante organización  (mas o menos desarrollada) estatal de cuidados habitualmente a cargo de las mujeres. En España entre el 70 y el 80% de los cuidados está a cargo de las mujeres. No cabe duda que si existen Centros de Día para ancianos o discapacitados, guarderías, escuelas, hospitales y Servicios Sociales desarrollados, la carga de trabajo de las mujeres se alivia en una medida importante. Se que es puro pragmatismo, puesto que la idea es que los hombres participen de los cuidados en la misma medida que las mujeres (no tienen ninguna tara física para lo contrario), pero al menos las mujeres adquieren más libertad para participar en la esfera productiva y de toma de decisiones.

Todo bien hasta ahora, pero el libre mercado no ha sido regulado y ha desembocado en  monopolios fraudulentos que dan un poder inmenso al poder económico y que condiciona la política. Se producen entonces las cínicas quejas de la falta de sostenibilidad de el Estado del Bienestar, un sofisma que lo único que supone es que los ricos no quieren que se redistribuya la riqueza (y esa tendencia se contagia también a las clases medias). Los Servicios se los pueden comprar ellos y no ven (con una ceguera descerebrada) que la salud pública, la educación pública, etc. no se puede comprar y que las desigualdades crean cada vez un mundo más violento e inestable que afecta a todos: ricos y pobres. Pero el egoismo cortoplacista no admite razones.

Y mientras la falta de regulación del mercado, produce crisis económicas en las que las primeras afectadas son las mujeres: son las primeras en ser despedidas o en tener empleos precarios, el desmantelamiento del Estado del Bienestar las sobrecarga de trabajo, asumiendo el cuidado de enfermos, discapacitados, ancianos, niños, además del sostenimiento habitual de la vida (Yayo Herrera). ¡Esa si que es una situación insostenible!

Machismo en el Parlamento Europeo.

La semana pasada, escuchando las noticias en uno de mis medios más habituales, pude tomar nota de una crónica con una tremenda carga machista. Un polémico eurodiputado polaco defendía en la Eurocámara la brecha salarial por la “inferioridad” femenina. 

Uno de los titulares con el que aparecía la noticia era el siguiente:

Un eurodiputado polaco: “Las mujeres deben ganar menos porque son más débiles y menos inteligentes”

El polémico eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, conocido por sus comentarios racistas, sexistas y antisemitas, ha defendido este miércoles en la Eurocámara que las mujeres deben ganar menos porque son inferiores a los hombres, un comentario que ha provocado un encontronazo con la parlamentaria socialista española Iratxe García.

Algunos de tantos comentarios que hizo este señor, y que más me llamaron la atención fueron los siguientes: “¿Sabe usted qué papel ocupaban las mujeres en las Olimpiadas griegas? La primera mujer, ya se lo digo yo, ocupó el puesto 800. ¿Sabe usted cuántas mujeres hay entre los primeros cien jugadores de ajedrez? Se lo diré: ninguna. Por supuesto que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”, dijo ante el pleno de la Eurocámara Korwin-Mikke, europarlamentario independiente desde 2014. La referencia a la ausencia de mujeres entre los mejores jugadores de ajedrez no es casual. Korwin-Mikke practica este deporte habitualmente, pero en su comentario omite la desproporción en el número de practicantes, solo una mujer por cada 14 hombres. La húngara Judit Polgar llegó a estar entre los 10 primeros del ranking mundial.

Pero todo esto no quedó así, ya que una eurodiputada del PSOE, salió en defensa de las mujeres y pidió la palabra de inmediato para contestarle. Ésta dio una respuesta clara y contundente, respondiendo que “hoy en día las mujeres pueden representar a los ciudadanos en igualdad de condiciones y del mismo modo reivindicó que estaba allí para defender a todas las mujeres europeas de personas (si se le puede llamar así) como este señor”.

Este es sólo uno de sus tantos comentarios machistas, ya que todo ello no acaba ahí. Korwin-Mikke lamenta que las mujeres tengan derecho a votar porque tienen menos conocimientos de política que los hombres e incluso pone en duda las denuncias por violación. Un extenso historial de exabruptos que pone en pie de guerra a todas las mujeres, con el objetivo de luchar con tipos como este.

Este cruce de discusiones se produjo en el Parlamento Europeo mientras se llevaba a cabo un debate sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, donde me gustaría incluir como dato aprovechando este post, que es de un 16% de media europea y un 18,8% en España.

Desde mi punto de vista, este hecho debe tener consecuencias para este señor, puesto que no se pueden permitir estos tipos de comentarios en una institución como la Eurocámara, que tiene entre sus principios básicos la defensa de la igualdad, por encima de todo. No debemos dejar nunca de reivindicar nuestros derechos y pelear por la igualdad que debe existir en todos los sectores. Hoy en día hay que seguir luchando por esas mujeres que nos representan en el Parlamento Europeo y en muchos otros organismos, defendiendo por encima de todo la igualdad que tiene que existir entre hombres y mujeres.

 

Mujeres del siglo XXI

Aunque hayan pasado unos años de este artículo, sigue en pleno vigor, sigue siendo una realidad actual, las mujeres del siglo XXI han conseguido mucho, pero han ganado en estrés por la falta de tiempo para responder a todas las facetas de su vida a las que se ha abierto paso; la laboral, familiar, personal… En este artículo podemos leer algunos testimonios de mujeres conocidas que han dado su opinión sobre el tema.

 

MONTSE JOLIS

12 de septiembre de 2007

La mujer del siglo XXI tiene ante sí más posibilidades que nunca. No hace tanto tiempo –y parece una eternidad– pasaba de depender del padre al marido, eran muy pocas las que accedían a carreras universitarias y la inmensa mayoría dejaba de trabajar en cuanto se casaba. Nuestras madres más mayores necesitaban el permiso del marido para abrir una cuenta corriente, salir al extranjero o sacarse el carnet de conducir. Todo eso ya es historia. Ahora, tenemos estudios y decidimos solitas cuál será nuestra profesión, si viviremos o no en pareja, si tendremos hijos y hasta nos divertimos más… Llevamos años ganándonos a pulso que se nos respete como personas y se nos valore como profesionales. El feminismo quizá no esté de moda, pero ha sido una muy eficaz e imprescindible herramienta de avance. Ahora bien, una vez conseguidos esos derechos que ya nadie discute, ¿qué tal nos va en la vida cotidiana? El discurso años sesenta acerca de la realización de la mujer, ¿es cierto o es una milonga? Hemos querido conocer de primera mano qué piensan las mujeres de hoy sobre este asunto: jóvenes empresarias, mileuristas, estudiantes, ejecutivas…
Cambio positivo
Para Sara Moreno, profesora adjunta de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en sociología de género y vida cotidiana, en las dos últimas generaciones –hablamos de los años cincuenta y los setenta– «ha habido un cambio positivo.
Vivimos mejor pero todavía no podemos hablar de igualdad real hombre-mujer. Hemos puesto todos nuestros esfuerzos en lograrla en el ámbito público, pero nos hemos olvidado de la esfera privada. Elegimos lo que queremos, somos mejores estudiantes, entramos en el mercado de trabajo, pero cuando vamos a vivir en pareja empiezan los problemas».
«Con la convivencia –comenta– el hombre, de repente, se olvida de la igualdad y repite los comportamientos que ha visto en su familia: el padre trabaja y la madre se ocupa de la casa y los hijos. Al principio, cuando la carga doméstica no es muy grande, aún pasa, pero en cuanto llegan los hijos, se destapa el conflicto.»
Vicky Martín Berrocal, 34 años, separada y madre de una niña, corrobora las palabras de la socióloga: «Es que parece que por el hecho de ser mujer, ya te tienes que ocupar de la casa, de los niños y de los mayores… En cuanto sabes que estás embarazada, ya te empiezas a sacrificar: dejo de fumar, de beber una copita, de salir… El padre de mi hija –el torero Manuel Díaz– es un excelente padre, y se preocupa si la niña está enferma, pero la que se pasa la noche sin dormir, la lleva al médico y se ocupa de todo soy yo. Mi prioridad es mi hija y su educación, y para eso necesitas tiempo. El sentimiento de culpabilidad que arrastramos las mujeres no lo arrastra ningún hombre. Vamos, todavía no he oído a ninguno decir: “Me siento culpable porque trabajo doce horas al día y llego a casa cuando mi hija duerme”.»
Montse Ribé vive en pareja con David Martí, con el cual también comparte días y horas de trabajo en el taller DDT de efectos especiales. Ambos ganaron el Oscar al mejor maquillaje por El laberinto del fauno. «David y yo lo compartimos todo, incluso las tareas domésticas.
Mientras él cocina, yo hago otras cosas. Ninguno de los chicos que conozco, amigos y familiares, es machista: en eso hemos avanzado mucho. Pero, generalizando, sí que parece que las mujeres tenemos asumido que los temas de familia son cosa nuestra. No sé qué pasará en mi caso el día que decida tener hijos.»
Y tú, ¿a qué renuncias?
Acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones es todavía difícil. Si, inicialmente, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, lo cierto es que no siempre ocurre así. Y ser joven y mujer es un factor doble de discriminación.
María José Bertrán, 23 años, es licenciada en Publicidad y RRPP, y ha hecho un máster en Industria Musical. Trabaja en el departamento de promoción de una multinacional discográfica y su sueldo no llega a los mil euros al mes. Se lamenta de que «las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo y muy pocas acceden a puestos de responsabilidad ». Vicky se indigna: «Es que tenemos que ser buenas en todo; buena madre, buena esposa, buena profesional… Es un sobreesfuerzo que agota.»
Natalia Puiggros, directora de la agencia de RRPP Comunications by Le Mod, interviene: «Las empresas están pensadas en clave masculina y somos nosotras las que nos tenemos que adaptar para conciliarlo con nuestra vida privada.» La periodista Alejandra Alloza, que nació en Barcelona pero por cuestiones laborales tuvo que irse a vivir a Madrid, también es de la misma opinión: «Yo no tengo hijos, pero tengo padres. No es fácil organizar tu trabajo cuando tienes que estar viajando a menudo para ver a tu familia.»
Beatriz García-Valdecasas está opositando para fiscal: «Si apruebo, sé que tendré un sueldo digno y podré, en el futuro, conciliar vida laboral y familia. Y como funcionaria podré hacer media jornada si quiero.» De momento, «vivo encerrada estudiando, y el día libre que tengo a la semana lo aprovecho para ver a mis amigos o dormir. Mis padres me dan una asignación semanal, pero a veces me da palo eso de tener 25 años y pedirles dinero, así que procuro gastar lo mínimo».
Autoexigencia y estrés
Nuestras madres no tuvieron tanto donde elegir, pero las estadísticas dicen que ahora tomamos más ansiolíticos y antidepresivos que ellas. ¿Nos perdemos en el intento de ser perfectas? Según nuestra socióloga, «el nivel de responsabilidad que se exige a la mujer es muy superior al que se exige al hombre. Ver el currículo de una consejera-delegada de una empresa impresiona mucho más que el de un hombre en el mismo cargo». Y luego están los hijos: «El buen padre basta que dedique el sábado a los niños y los lleve al parque; la buena madre tiene que estar pendiente de ellos las 24 horas y, si no puede, preocuparse de que alguien se ocupe de ellos.» Y después están los padres.
«Somos la generación sándwich, mujeres con hijos y padres mayores. Para llegar a todo nos olvidamos de nosotras.» Vicky comenta que «a mi abuela jamás la vi estresada, eso es verdad, y mira que tenía problemas. En su día a día, llevaba una vida muy normal: su compra, su marido, sus hijos… En cambio, nosotras trabajamos en casa y fuera. Nos dejamos la salud. Yo tuve una crisis de angustia en un avión y me tuvieron que dar un tranquilizante. El ritmo que llevamos es de auténtica locura, porque sales de casa y estás pensando en lo que has dejado organizado, y que tu hija está en el colegio y que no te vayan a llamar porque haya pasado algo… Ellos se pueden ir a tomar una cerveza con los compañeros de trabajo, nosotras, no».
Natalia piensa que «el nivel de autoexigencia en la mujer es tan alto que nos agobiamos». Ella solo contrata a mujeres en su empresa «porque tenemos una gran capacidad de trabajo, no sé si por nuestra carga de responsabilidad histórica».
Alejandra lo tiene claro: «Cada una tiene que buscar su propia fórmula para encontrar el equilibrio, porque el patrón estándar nos está haciendo papilla. El éxito está sobrevalorado, y no alcanzarlo nos angustia.» La socióloga Sara Moreno explica que la mujer acostumbra a relativizar la falta de éxito profesional: «Al final, suele desviar sus intereses hacia otros ámbitos, sobre todo, el de la maternidad. Muchas veces, ser madre tapa la frustración y sirve de cojín para paliar esa falta de éxito en nuestras aspiraciones laborales.»

http://www.woman.es/celebrities/protagonistas/mujeres-del-siglo-xxi