¿CUÁNTO VALE EL TIEMPO DE LOS CUIDADOS?

Que el tiempo juega un papel muy importante
Y nos lo están quitando por todas partes

Tiempo

No se puede construir ná, ná de ná, ná
Tiempo, pa volver a casa tú quieres tiempo
Pa encontrar la calma necesitas tiempo
Pa tomar tus decisiones, tiempo
Pa tocarte los cojones, tiempo
Pa pasarlo con tus hijos, tiempo
Pa fumarte un cigarrito, tiempo
Pa perder el tiempo, tiempo
Pa disfrutar el momento, tiempo
Pa coger un autobús, tiempo
Pa decirle al jefe quiero tiempo
Pa mirar al cielo quiero tiempo
Pa escuchar las canciones tomate tu tiempo
Pa currar yo mido siempre el tiempo
Pa disfrutar quiero que sobre el tiempo
Yo pa coger olitas quiero tiempo

Canción: Tiempo de Bebe y Carlos Jean

Este texto con el que inicio esta entrada en el blog, forma parte de la letra de una canción de Bebe y Carlos Jean. Cuando la oí por primera vez, me llegó muy adentro porque es algo que el ser humano anhela, tener tiempo, tiempo para hacer más cosas además de producir, de trabajar,… y sin embargo pasamos la mayoría de nuestro tiempo dedicándolo al trabajo, el trabajo lo centraliza todo, pero no cualquier trabajo, hablamos del trabajo remunerado,  el trabajo que te da un lugar y estatus en la sociedad y que acaba dominando nuestra vida.  Pero ¿qué pasa con otro tipo de trabajos que no se ven, un trabajo que realizan, en una mayoría que abruma, las mujeres?, ¿qué pasa con el trabajo de los cuidados? Un trabajo no remunerado que ocupa mucho tiempo, que ha sido desempeñado tradicional e históricamente por las mujeres y que parece que a ojos de la sociedad y del sistema productivo y económico de un país tiene menos valor, que no ha de ser remunerado porque es el trabajo que se hace desde el cariño, desde el amor. Y eso que llamamos amor, es lo que desde la economía feminista, en palabras de Silvia Federici,  se llama trabajo no remunerado,   el que se hace sin el objetivo de maximizar beneficios económicos y que siempre ha estado reservado a las mujeres y no se incluye en las estadísticas, no se ve.  Hablamos de cuidar, cuidar de los hijos, de nuestros mayores dependientes, de familiares con alguna discapacidad, de realizar las tareas domésticas que históricamente hemos llevado a cabo, limpiar, cocinar,…etc. este tipo de trabajo no se considera productivo, y no parece generar bienes tangibles, sin embargo, según datos del grupo de trabajo de Igualdad de Género de la Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales de Europa (CALRE),  este tipo de trabajo invisible, desempeñado por las mujeres supone el 55% del PIB en España. Guau, esto es un dato del pasado año, un dato que duele, por el poco o casi ningún reconocimiento que tiene, y sobre todo por el impacto que para las mujeres sí que tiene. Y estos datos, ¿qué difusión han tenido? ¿En qué espacios políticos se han tomado en cuenta? ¿Y cómo se hablado en los medios de esto? De la misma manera que se trata, de manera invisible y sin darle la relevancia que tiene.  Parece entonces que los cuidados sí que tienen un impacto monetario en nuestro sistema económico y un peso importante pero que aún la sociedad bajo la visión patriarcal del modelo económico productivo, un modelo Homo Economicus, sigue mirando hacia otro lado, poniendo parches que lo único que hacen es mantener y reforzar las desigualdades entre hombres y mujeres en el terreno laboral y de los cuidados.

Me quedo con las palabras de la presidenta de la Asamblea Regional de Murcia y coordinadora del grupo, Rosa Peñalver, acerca de la presentación de estos datos, que decía que son un “disparate”, que este trabajo “invisible”, del que las mujeres suponen el 75% del total, “no tenga valor monetario ni se traduzca en precio”, además de no recoger “el impacto negativo” que tiene sobre la mujer en su salud y economía.

Ya que esto hace que las mujeres tengan mayores dificultades de acceso al mercado laboral con el consecuente riesgo de exclusión social que presentan, sin tiempos de cotización, sin una renta con la que poder subsistir digna y merecidamente, porque sí, llevan toda la vida trabajando y aportando a la sociedad unos bienes que SÍ son fuente de riqueza y lo más importante, sostienen la vida. Os dejo para terminar este pequeño vídeo de Mercedes D´Alessandro sobre economía feminista, modo de reflexión final, que refleja la necesidad de dar visibilidad y valor a los cuidados.

Video de Mercedes D´ Alessandro: https://www.youtube.com/watch?time_continue=385&v=sTxA4tGk2to

Fuentes:

Canción Bebe y Carlos Jean: https://www.youtube.com/watch?v=PyS8dt7TX6I

https://www.eleconomista.es/politica/noticias/9434946/10/18/El-trabajo-no-remunerado-de-cuidados-supone-el-55-del-PIB-de-Espana.html

https://www.elmundo.es/nosotras/2018/03/23/5ab4c4a546163fca4f8b4606.html

http://www.ine.es/prodyser/myhue17/bloc-3d.html

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LA VIDA MÁS PRECARIA Y DESIGUAL DE LAS MUJERES: EL CONTRATO PARCIAL

El 75% de los puestos bajo la modalidad de contrato parcial son desarrollados por mujeres y una de las consecuencias negativas que tiene para ellas es que las lleva a tener una vida más precaria con sueldos y pensiones más bajas, con jubilaciones que suponen la mitad de la de los hombres. Al hilo de este hecho incuestionable, el Tribunal Constitucional (TC) se ha pronunciado este mes de julio con una sentencia muy positiva que espero marque camino hacia romper esa desigualdad tan marcada para las mujeres en el cómputo de la cotización que hasta ahora se hacía para la jubilación que las dejaba en una situación muy precaria. Os dejo la noticia que me resulta un hito importante para avanzar en este camino:

Corrigen la desigualdad al calcular la pensión del trabajo a tiempo parcial

El Tribunal Constitucional (TC)  declara nula la desigualdad que existe a la hora de calcular la pensión de jubilación en el trabajo a tiempo parcial, al considerarlo “discriminatorio para la mujer”, que ocupa el 75% de estos puestos.

La sentencia dice que la actual regulación de la cotización del contrato a tiempo parcial para cobrar la pensión es “inconstitucional, nula y discriminatoria” con las y los trabajadores y, particularmente, con las mujeres,  ya que son  el 75%  de las personas que realizan trabajos a tiempo parcial.

Es inconstitucional ya que no respeta el artículo 14 de la Constitución que   cita: “somos  iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

La pensión de una jornada completa

Para la pensión de jubilación se tiene en cuenta por un lado, la edad de jubilación y por otro la base reguladora de las personas que se va a jubilar. Este último indicador se calcula a partir de las bases de cotización, que suelen coincidir con el salario bruto, de los últimos 22 años de cotización. Una vez obtenida esa primera cifra, la Seguridad Social analiza los años cotizados para ver cuánto le corresponde al trabajador o trabajadora, cuantos más años cotizados mayor porcentaje y mayor pensión, partiendo de que si solo tiene 15 años él % será del 50 y va aumentado hasta el 100%.

Cálculo de la jubilación a tiempo parcial

A las personas que hubieran trabajado a tiempo parcial se les aplica un doble condicionante que el Constitucional ha considerado nulo y discriminatorio. Hasta ahora, a quien había prestado servicios a tiempo parcial se le aplicaba en el cálculo de la pensión una doble reducción: en la base reguladora de la pensión (cobran menos por estar a tiempo parcial por lo que al tomar sus bases de cotización ya se tiene en cuenta ese aspecto) y en el cálculo del periodo cotizado (se entendía que un año de trabajo de una trabajadora a tiempo parcial no era un año cotizado de cara a la jubilación).

Lo que la sentencia del Constitucional trata es esa segunda reducción. La reducción adicional de la base reguladora por el porcentaje derivado de un “coeficiente de parcialidad” que reduce el número efectivo de días cotizados que afecta predominantemente a las mujeres trabajadoras.

Existe una discriminación indirecta, A partir de ahora la forma de calcular no puede tener este doble condicionante. Ya que se ha eliminado el coeficiente que se emplea para la determinación de tiempo de cotización. Un año de trabajo supondrá un año cotizado y dará igual si estas a tiempo parcial o completo.

Sin carácter retroactivo

En lo práctico esta sentencia del TC no tiene carácter retroactivo, es decir, no afecta a quienes ya están cobrando una pensión tras haber cotizado a tiempo parcial, ni a quienes ya tienen reconocido el derecho y van a empezar a cobrarla próximamente. Tampoco a quienes trabajaron dos tercios de la jornada, porque con el coeficiente, ya tienen reconocido el día completo de cotización. O las personas que cobran pensiones por debajo de la renta mínima de la Seguridad social, al tener el comprometo de mínimo de pensiones.

No olvidemos que la sentencia del Constitucional se tiene que empezará a aplicar de manera inmediata, y la Seguridad Social anunció que modificará sus sistemas informáticos para empezar a pagar las pensiones a las personas jubiladas del tiempo parcial que se den de alta. Esta sentencia todavía es muy reciente, y si bien es cierto que la Seguridad Social ha anunciado que aplicará la sentencia de manera inmediata, todavía no tenemos la suficiente información de plazos y maneras en la que se llevará la modificación.

Fuente:

https://www.esk.eus/index.php/es/noticias/1060-corrigen-la-desigualdad-al-calcular-la-pension-del-trabajo-a-tiempo-parcial

UN POCO DE LUZ SOBRE LA ECONOMÍA FEMINISTA

“Si vamos a crear un mundo auténticamente diferente, nuestras relaciones deberán estar basadas en el sostenimiento y enriquecimiento de la vida, más que en la acumulación del capital”

Vandana Shiva (2010)

La economía feminista ha adquirido en los últimos años una relevancia cada vez mayor o al menos se ha hecho más visible. Aún sigue siendo una gran desconocida, asociándose popularmente a movimientos políticos o sociales de izquierdas, progresistas,  que luchan contra el sistema capitalista, y es posible que así sea, pero es mucho más, ha introducido un enfoque de género en la economía, unas nuevas gafas con las que mirarla y analizarla,  generando una crítica feroz a la economía ortodoxa marcada por la visión masculina tan alineada con el capitalismo neoliberal en el que priman la producción de capital y bienes individuales y la competitividad de mercados. Sin embargo en España, podemos decir que la economía feminista se centra en la economía del cuidado y la sostenibilidad de la vida o la reproducción social y esto hace que se profundicen y exploren muchas de las desigualdades que viven las mujeres en el mercado de trabajo y que se proyectan y tienen consecuencias  en su vida personal, social y familiar.

En este sentido, me gustaría referirme a los planteamientos que realizan las economistas referentes Amaia Pérez Orozco e Ingrid Agenjo, sobre la economía feminista cuando dicen que es “una teoría económica y es también acción”. En la revista Contexto (CTXT), realizan un análisis bastante completo sobre lo que significa este enfoque que recomiendo leer con un artículo al que titulan “Economía feminista: viva, abierta y subversiva”. Y es que cuando hablamos de economía automáticamente nos vienen a la mente conceptos como dinero, mercados, productividad, valor económico, trabajo remunerado, y ciertamente poder, mucho poder. Y el poder económico está diseñado y creado desde el modelo homos economicus, androcéntrico, sobre el que cada vez más mujeres feministas, activistas, están trabajando para provocar un cambio hacia nuevos modelos donde se puedan superar este sesgo androcéntrico y se pueda aplicar la perspectiva feminista en la comprensión de los fenómenos económicos poniendo en el centro el análisis de los procesos que sostienen la vida. Es un cambio de paradigma que da valor a los cuidados, a los afectos, visibilizando la necesidad de implicar a hombres y mujeres en un nuevo modelo de sociedad que no se mueva al son de los mercados económicos. Es tarea ardua y complicada, pienso que los hombres tienen que estar liderando también ese cambio cultural que implica, tener mucha más presencia y reivindicar poner en el centro de todo la vida y otras necesidades que son fundamentales atender para lograr el bienestar, los cuidados, los afectos, los vínculos sociales y de relación, que también forman parte de la economía.

Me gustaría reseñar a referentes activistas de la economía feminista que están liderando esa acción de la que hablábamos antes, desde distintos ámbitos y realidades económicas, tales como la editorial Maime,  el colectivo Lannas , feminista ilustrada, o Periféricas;  y, desde la Economía social y solidaria que se alinea con la feminista, entidades como Desmontando a la Pili, Pandora Mirabilia, Equipare, Píkara Magazine, entre otras. Todas estas y muchas más, trabajan de forma activista para sumar esos granos de arena necesarios para provocar el cambio y romper desigualdades de género. Y en este camino, sin duda,  la llamada revolución de los afectos se `presenta como el elemento diferenciador de la economía feminista y solidaria con respecto a la economía patriarcal y capitalista, que se refleja en lo que la economista Cristina Carrasco expone con mucha claridad: “un sistema humano, que esté primero por la vida, que cuide a su población, que no plantee diferencias ni desigualdades por ninguno de los ejes que existen, sistema de reciprocidades, de afectos,…”.

Fuentes:

https://ctxt.es/es/20180502/Politica/19356/eonomia-fiminista-heteropatriarcado-genero-cuidados-ecologia-capitalismo-amaia-perez-orozco.htm

Economía y Género

Me resulta muy interesante trasladar a este blog las aportaciones y trabajo realizado por la profesora Cristina Carrasco Bengoa. Recopilo aquí una entrevista concedida por la misma de especial interés en el tema que nos ocupa.

Cristina Carrasco cree que la economía es la disciplina más reacia a todos los cambios. Cristina Carrasco Bengoa se retira de la docencia, pero su trabajo como profesora de Teoría Económica de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona (UB) ha dejado importantes publicaciones y un gran trabajo de investigación en economía feminista. Su facultad, aparte de una asignatura optativa sobre Mujeres, trabajo y sociedad, participa en el máster de Estudios de Género y ha conseguido recientemente un Doctorado en el mismo campo. Asimismo, se están planteando cambios desde algunos departamentos para enseñar economía en base a perspectivas alternativas al capitalismo.

¿La economía feminista persigue la igualdad entre hombres y mujeres?

Lo que llamamos economía del género es la búsqueda de igualdad, pero lo diferenciamos de economía feminista, con la que vamos más allá. 

¿La búsqueda de la igualdad no es deseable en economía?

Es que la igualdad… ¿Qué quiere decir la igualdad? La igualdad no implica necesariamente un cambio de sistema. Además, cuando se habla de igualdad, aunque no se diga, se está planteando que las mujeres nos igualemos a los hombres en el mercado laboral. Mira los indicadores, siempre son: cuantas mujeres ahora participan en el mercado laboral, la brecha salarial, cuantas mujeres diputadas, cuantas mujeres técnicas de no sé qué, directivas… Yo nunca he visto indicadores de igualdad que digan cuantos hombres planchan las blusas de sus mujeres o cuantos hombres cuidan a su abuela que tiene alzhéimer. Estos no aparecen como indicadores de igualdad. 

Que las mujeres se igualen a los hombres, pero no al revés.

Si nos llegáramos a igualar, imaginémoslo así, a mí el sistema me sigue pareciendo expoliador, explotador, etc. Y a veces hay igualdad por abajo. Por ejemplo, antiguamente las chicas jóvenes hacían mucho trabajo en casa y los chicos no hacían nada, hoy creo que ninguno hace nada. Se han igualado. Y salen al mercado laboral y todos son precarios. Ellas y ellos. ¡Ah! ¡Iguales! ¿Iguales por dónde? Por abajo, la igualdad no me sirve. Pienso que hay que cambiar la perspectiva del mundo y hacer otro mundo mucho más equitativo para hombres y mujeres pero desde una perspectiva distinta, no puede ser dentro de este mismo modelo.

Y eso sin considerar la interseccionalidad. 

Hay muchos ejes de desigualdad. Imaginémonos que hombres y mujeres hagamos las mismas actividades con el mismo valor, que esto ya sería muy difícil en un sistema capitalista, pero que los niveles de clases sociales o de renta van a seguir existiendo. Es la esencia del sistema capitalista: unos tienen que explotar a otros… En el mundo que tenemos es imposible hacerse rico si no te has aprovechado del trabajo de alguien. Tú con tu propio trabajo puedes subsistir, te harás rico si te toca la lotería, pero si no quiere decir que estás explotando a alguien, directa o indirectamente. Esas desigualdades no se pueden eliminar porque se eliminaría el sistema. 

La economía feminista niega que las estadísticas económicas sean fieles a la realidad.

La economía sólo considera el tiempo dedicado al trabajo de mercado y que se cuantifica por horas desde la industrialización. Esto es lo que se recoge en las estadísticas y todo lo demás, lo que está fuera del mercado, para la economía no existe. Y por tanto, si no existe no se mide o recoge. 

Como el trabajo de cuidados. ¿Se trata de una serie de relaciones emocionales recíprocas?

En general, no es que hayan personas cuidadas y personas cuidadoras. Por supuesto que hay momentos en la vida, sobre todo el inicio y el final, donde las personas son muy dependientes de cuidados. Pero a lo largo de la vida todos somos interdependientes y requerimos cuidados: a veces más biológicos, a veces más emocionales. Todo esto que es fundamental directamente para la vida de las personas no se considera nunca.

¿Es posible medir este tipo de trabajo? 

Del trabajo de cuidados sí que hay una parte que puede ser medible, pero hay una gran parte que son aspectos subjetivos, de relación, de emociones, de afecto… No todo tiene una traducción en números. 

¿Por ello la economía feminista pide ampliar la visión? 

Hay economías heterodoxas, críticas, llámalas más marxistas o más keynesianas que no son la economía dominante, que trabajan otros temas como la pobreza o la desigualdad de la renta, pero que se mantienen en los márgenes del mercado. La única economía que rompe los márgenes del mercado es la economía ecológica, que incorpora toda la naturaleza. Y, por otra parte, la economía feminista, que incorpora todos los trabajos que caen fuera del mercado. Esta es una visión mucho más realista.

Más allá del homo economicus racional.

Por supuesto. El objetivo del homo economicus es la obtención de beneficio. La economía está pensada para que funcionemos más rápido: más velocidad, más productivos, más dinero, más beneficios ¿no? Yo siempre digo que si yo voy a lavar los platos con mi hijo y aprovechamos para tener una buena conversación ¿qué quiere decir ser más productivo? El objetivo era la conversación, no era lavar los platos más rápido.

Hallarnos ante estas cuestiones menos cuantificables nos abre un problema claro a la hora de buscar formas de medición que sirvan para comprender estos aspectos de forma rigurosa. ¿Existen indicadores para este tipo de trabajo? 

En una sociedad tan racional como la que tenemos todo lo que no se pueda convertir en número parece que no tuviera valor o rigor, lo cual es falso. Nosotros podemos tener algunos indicadores más cuantificables que son discutibles. Por ejemplo, las encuestas del uso del tiempo que nos dan el tiempo que dedicamos al hogar. Sin embargo, seguimos trabajando con números abstractos y vamos desplazando e intercambiando tiempos que no son iguales. Siempre digo que un indicador interesante, aunque más cualitativo, para comparar países sería interesante medir cómo el país cuida a su población. Nos daría elementos de más humanidad que el Producto Interior Bruto (PIB). 

Indicador que usted califica de androcéntrico. ¿Por qué motivo? 

Cuando hablamos de androcéntrico nos referimos a que están centrados en las actividades asignadas a la población masculina. El mundo del mercado laboral, del trabajo pagado, fue asignado a la población masculina. Y sigue siéndolo, porque el hecho de que las mujeres hayamos hecho un esfuerzo por integrarnos al mercado laboral no quiere decir que la población masculina y la sociedad en su conjunto lo tengan asimilado. Si nosotros tomamos indicadores del trabajo de mercado, los podemos llamar indicadores androcéntricos porque ilustran la actividad asignada por excelencia a los hombres.

En los planteamientos de la Economía Feminista, el binomio trabajo-tiempo tiene un papel fundamental. ¿Qué implica que las pautas socioculturales en la actualidad entiendan el tiempo en forma de horas de rentabilidad?

Este tiempo cuantificable se da a partir de la industrialización. Antes, en el área rural o campesina, no funcionaba así, funcionaba mucho más regido por los tiempos de la naturaleza. Cuando empieza la industrialización, empieza el tiempo reloj: “cronómetro”, “cuantificar”, “tiempo-dinero”, “el tiempo no se puede perder”, “el tiempo es oro”… etc.

¿Y se asocia el tiempo al beneficio económico?

Este tiempo, cada vez que la empresa puede, lo va exprimiendo más y saca de ahí un beneficio importante. Otro beneficio lo saca porque expolia el tiempo de las mujeres que trabajamos en casa, que en parte va a reproducir la fuerza de trabajo que después se va a la empresa a un precio muy barato. También hay un expolio de la naturaleza, porque la empresa no respeta los tiempos de reproducción de los recursos renovables. Esta economía capitalista está organizando y controlando los distintos tiempos.

¿Qué implicaría cambiar esta organización de los tiempos?

Primero que hay que cambiar las formas de producir, las formas de consumir, no hay que producir para el beneficio. No quiere decir que no vayas a obtener nada de beneficio porque tienes que vivir, pero has de obtenerlo respetando los tiempos de la naturaleza. Por tanto ya no podemos usar toda la energía que usamos. Y también hay que respetar los tiempos de cuidados. Los tiempos son un elemento clave hoy porque modificarlos ya es modificarlo toda una estructura desde la base.

Es decir, que el sistema capitalista interviene tanto en la esfera laboral, como en la pública y privada, por cuanto repercute en todos los tiempos.

Claro, es que yo incluso no diría que interviene, sino que es parte. La producción capitalista no podría vivir si no tuviera recursos naturales porque, en el fondo, y por eso los ecologistas no quieren usar la palabra producción, no producimos nada, lo único que hacemos es transformar la naturaleza, y en esa transformación destruimos. Con lo cual producir no producimos nada. Bienes, me refiero. Conocimiento o afecto vale, pero cosas tangibles no. Por tanto, sin recursos naturales la empresa no puede funcionar y sin fuerza de trabajo tampoco. Y la fuerza de trabajo se reproduce desde los hogares. Se trata de un sistema que utiliza la fuerza de trabajo y los recursos naturales para sus beneficios pero mantiene invisibles estos pilares para ocultar de dónde proceden las ganancias. 

Comentaba que la economía ecológica es la única que, junto con la feminista, se sale de los márgenes del mercado. ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian ambas perspectivas?

Rompen las fronteras e incorporan elementos que no pasan por el mercado. Elementos que no son cuantificables como los tiempos de cuidado, que no tienen precio ni queremos que lo tengan. En la economía ecológica los precios son políticos: el petróleo se mueve según se decide, en parte por el coste de extracción, porque el petróleo no se produce, está producido. Es decir, la empresa capitalista quiere ir cada vez más rápido pero los tiempos de la naturaleza son los que son. Tenemos muchos puntos en común y además somos los dos grandes fundamentos, los pilares del sistema capitalista. Por eso hablamos de la economía del Iceberg, son como los pilares ocultos, arriba aparece el mercado y el sistema financiero.

A pesar de ser los dos grandes pilares del sistema, no van de la mano…

Los puntos de desencuentro son, creo, la poca sensibilidad masculina todavía a todo lo que podríamos llamar la economía del cuidado. Yo creo que dentro de algún sector de la ecología ya está bastante asumido y sensibilizado pero hay sectores que normalmente todavía no lo consideran, lo consideran secundario, “primero es el planeta” y todas estas cosas. Y bueno, ahí estamos intentando los diálogos. Porque lo que está claro es que o nos ponemos todos de acuerdo los que estamos “contra”…

Los de abajo del iceberg.

Los de abajo del iceberg. Incluso todas estas nuevas formas, todo lo que son movimientos cooperativos o economía social y solidaria… Pero por ejemplo muchos de ellos no tienen en cuenta los tiempos de cuidado. Todo esto requiere debate, experiencias, y no son fáciles, ¿no?

Comenta que es muy complicado que un cambio de modelo se lleve a cabo desde las instituciones, porque estas no legislarían para autodestruirse. Pero también es complejo que la movilización ciudadana logre cambios profundos a largo plazo que vayan más allá de protestas puntuales que más tarde absorban y modifiquen las mismas instituciones. ¿Nos hallamos ante otro problema de compatibilizar distintos tiempos? 

Yo creo que el tema es tan complejo… porque claro, se trata de cambiar el sistema. Creo que cada generación va haciendo lo que puede. Siempre pienso que tenemos que tener claro hacia dónde vamos y buscar pequeñas acciones que nos encaminen hacia allí. Sabiendo que el camino nunca se sabe cuál es, porque a veces los movimientos cogen unas dinámicas que no te esperas.

¿Cuáles serían los elementos necesarios para llevar a cabo estos pequeños pasos?

Una sociedad organizada. Si realmente tenemos asimilado e interiorizado lo que plantea la economía feminista, esto nos hará actuar ahí donde estemos de una manera diferente. En la facultad, por ejemplo, hemos conseguido alguna asignatura. O cuando damos clase, no es que metamos un capítulo sobre economía feminista, sino que intentamos darle otra perspectiva a la economía que vamos a dar. La institución educativa tiene también un papel fundamental. Si realmente podemos ir cambiando nuestra concepción del mundo, esto después aunque sea sin querer lo vas transmitiendo y esta es una labor importante.

¿Llegaremos a alguna parte a base de estos pequeños cambios?

La historia de la humanidad es muy complicada y el sistema que tenemos es muy poderoso. Por otra parte como está expoliando tanto la naturaleza está cavando su propia tumba, ¿no? No sé hasta dónde vamos a llegar o si llegará un momento en el que nos esclavicen a todos y sólo consuman unos pocos porque si no las energías no van a durar. Yo creo que tampoco nos tenemos que agobiar ni deprimirnos todos juntos.

¿A qué sistema deberíamos ir?

Yo creo que esto sí que es una tarea de todos y todas. Puedo plantear algunos principios: un sistema humano, que esté primero por la vida, que cuide a su población, que no plantee diferencias ni desigualdades por ninguno de los ejes que existen, sistema de reciprocidades, de afectos… ¿Cómo se organiza? Esto lo tenemos que ir viendo. Hay que ir haciendo y aprendiendo pero claro, con una serie de principios sobre la mesa.

https://www.eldiario.es/catalunya/economia/Cristina_Carrasco-igualdad-capitalismo-economia_feminista_0_541396500.html

Mercado laboral y género

Buscando un poco en prensa, acerca de últimas noticias relacionadas con este bloque me encuentro con esta, la cual me parece interesante compartir en este blog.

Los ministros de Trabajo de los países del G20 y otras naciones invitadas se comprometieron a corregir la brecha de género en el mundo laboral y ofrecer nuevas oportunidades a los trabajadores de mayor edad.

“Reconocemos la importancia de promover una sociedad con un envejecimiento activo que permita a todos participar en el mercado laboral sin discriminaciones”, dice la declaración conjunta difundida al final de la reunión de dos días que se desarrolló en la ciudad nipona de Matsuyama, en el suroeste del país.

La reunión ha formado parte de las ocho sesiones ministeriales sectoriales del G20 programadas para este año, bajo presidencia japonesa, y que tuvo su cumbre anual en junio en Osaka.

En la cita participaron ministros o representantes de naciones desarrolladas y en desarrollo del G20, así como de otros países invitados, como España y Chile.

“Una población que envejece traerá nuevas oportunidades de trabajo asociadas con la ‘economía plateada'”, dice la declaración final refiriéndose a la economía enfocada en la producción de productos y servicios para la tercera edad.

“Pero sin acciones apropiadas -agrega-, también puede provocar escasez de mano de obra y habilidades, así como un crecimiento económico más lento, pobreza y desigualdad en la vejez”.

La reunión, centrada en el tema del “futuro del trabajo”, insistió en la necesidad de ampliar las oportunidades de trabajo para los más mayores.

También destacaron las oportunidades que representa el cuidado de las personas de la tercera edad, pero hicieron un llamamiento para mejorar la calidad de los empleos en este sector, incluyendo los salarios, los horarios, la seguridad y los beneficios sociales.

Asimismo, resaltaron que aún debe “hacerse más” para reducir la brecha de género en el mundo laboral, un compromiso que fue reafirmado también durante la cumbre del G20 en Osaka.

Ya en 2014, el G20 se comprometió a reducir esa brecha de género en el mundo laboral en un 25 % hasta 2025, pero desde entonces se ha venido insistiendo en la necesidad de adoptar medidas adicionales para poder llegar a ese objetivo.

“Alentamos la necesidad de lograr un mayor equilibrio a la hora de compartir las labores domésticas, incluidos los permisos de trabajo entre los hombres por asuntos familiares”, agrega la declaración conjunta.

Al participar hoy en una de las sesiones de la reunión, Magdalena Valerio, ministra de Trabajo de España, país invitado permanente al G20, insistió en que “la igualdad de género debe ser uno de los pilares esenciales del futuro del trabajo”.

“Sin igualdad de género no habrá un futuro del trabajo justo e inclusivo. Ninguna sociedad, ningún país, podrá avanzar en el siglo XXI dejando atrás a las mujeres”, resaltó la titular de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social de España.

De acuerdo con una nota oficial del Ministerio de Trabajo de España, Valerio explicó que España se está centrando en reducir la brecha de género en salarios y pensiones, así como “la corresponsabilidad de mujeres y hombres en los cuidados y atención de la familia”.

Respecto al primer asunto, Valerio destacó, por ejemplo, que el actual gobierno español está obligando a las empresas a llevar un registro salarial que incluya los valores medios de los sueldos, desagregados por sexo.

También recordó que España ha incrementado “de forma más significativa las pensiones más bajas y las pensiones de viudedad, cuyas beneficiarias son mayoritariamente mujeres”.

https://www.eldiario.es/sociedad/ministra-espanola-fructifera-G20-laborales_0_937906472.html

https://www.efe.com/efe/espana/economia/valerio-asiste-a-la-reunion-de-ministros-trabajo-del-g20-en-japon/10003-4053129

POLÍTICAS DE IGUALDAD

PLANES DE IGUALDAD, ¿PAPEL MOJADO?

El Plan de Igualdad, tal y como lo se define en la Ley 3/2007  es “un conjunto ordenado de medidas adaptadas después de realizar un diagnóstico de situación, tendentes a alcanzar en la empresa la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres y a eliminar la discriminación por razón de sexo. Los planes de igualdad fijarán los concretos objetivos de igualdad a alcanzar, las estrategias y prácticas a adoptar para su consecución, así como el establecimiento de sistemas eficaces de seguimiento y evaluación de los objetivos fijados”

Esta misma Ley en su Título IV establece el derecho al trabajo en igualdad de oportunidades, y concretamente el artículo 45 Elaboración y aplicación de los planes de igualdad, recoge: “Las empresas están obligadas a respetar la igualdad de trato y de oportunidades en el ámbito laboral y, con esta finalidad, deberán adoptar medidas dirigidas a evitar cualquier tipo de discriminación laboral entre mujeres y hombres, medidas que deberán negociar, y en su caso acordar, con los representantes legales de los/as trabajadores/as en la forma que se determine en la legislación laboral.”

Además de lo mencionado anteriormente, el Título V de la Ley Orgánica está dedicado a la aplicación de la igualdad en el empleo público, y en su artículo 51 establece los criterios de actuación de las Administraciones públicas para aplicar el principio de igualdad: “Las Administraciones públicas, en el ámbito de sus respectivas competencias y en aplicación del principio de igualdad entre mujeres y hombres, deberán: a) Remover los obstáculos que impliquen la pervivencia de cualquier tipo de discriminación con el fin de ofrecer condiciones de igualdad efectiva entre mujeres y hombres en el acceso al empleo público y en el desarrollo de la carrera profesional. b) Facilitar la conciliación de la vida personal, familiar y laboral, sin menoscabo de la promoción profesional. c) Fomentar la formación en igualdad, tanto en el acceso al empleo público como a lo largo de la carrera profesional. d) Promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en los órganos de selección y valoración. e) Establecer medidas efectivas de actuación frente al acoso sexual y al acoso por razón de sexo. f) Establecer medidas efectivas para eliminar cualquier discriminación retributiva, directa o indirecta, por razón de sexo. g) Evaluar periódicamente la efectividad del principio de igualdad en sus respectivos ámbitos de actuación.

Atendiendo a esta normativa y la propia de la Comunidad Autónoma, así como la propia de la Universidad de Huelva,  ésta, la Universidad de Huelva, elabora el I Plan de Igualdad en el año 2011 con carácter bianual, del cual, como técnica de la Unidad para la Igualdad de Género formé parte de la comisión de elaboración del mismo.

El Plan resultó fruto del diagnóstico cuantitativo realizado el curso 2010/2011, y del trabajo de una comisión que pretendió establecer líneas generales de actuación, objetivos y acciones específicas así como indicadores para su valoración a lo largo de la implementación de estas medidas. No tenía un carácter definitivo, más bien todo lo contrario, su objetivo principal era seguir profundizando en el análisis de las situaciones que pudieran generar desigualdades en el ámbito de la comunidad universitaria y debatir y reflexionar sobre la efectividad de las medidas propuestas. Sus ámbitos fueron;

ÁMBITO 1: POLÍTICA UNIVERSITARIA DE IGUALDAD y REPRESENTATIVIDAD

ÁMBITO 2: IMPACTO Y RESPONSABILIDAD CON LA SOCIEDAD

ÁMBITO 3: COMUNICACIÓN, LENGUAJE E IMAGEN INSTITUCIONAL

ÁMBITO 4: CONTEXTO LABORAL (ACCESO, SELECCIÓN, PROMOCIÓN, DESARROLLO Y CLASIFICACIÓN PROFESIONAL Y RETRIBUCIONES)

ÁMBITO 5: POLÍTICA DE IGUALDAD EN INVESTIGACIÓN, INNOVACIÓN Y TRANSFERENCIA ÁMBITO 6: CORRESPONSABILIDAD Y CONCILIACIÓN ÁMBITO 7: ACOSO, ACTITUDES SEXISTAS Y PERCEPCIÓN DE LA DISCRIMINACIÓN

Ahora bien, y es dónde quiero hacer la reflexión, todo quedó en papel mojado. Si bien es cierto el Plan se publicó, se editó, se difundió, todo ese trabajo estaba hecho, pero se dejó en el tintero lo más importante, su seguimiento.

Lo que quiero decir con esto es que está demás todas las leyes que existan si no se hace cumplir y velar por las mismas. Tal y como dice una compañera en el blog, tenemos una cultura de aprovecharnos de las subvenciones que salgan para tapar parches pero nos limitamos a eso. En lo que a políticas de igualdad se refiere en términos legislativos, los actores sociales, deben creérselo y no es lo que verdaderamente pasa. En el caso expuesto, la Universidad de Huelva, Hablamos de un Plan que pasado ya por tres equipos de gobiernos diferentes traducido en años casi una década, y todo sigue igual.

Adjunto dejo el enlace donde se puede consultar el mismo:

http://www.uhu.es/sacu/igualdad/doc/plan_de_igualdad.pdf

Saludos.

El machismo literario y sus implicaciones en la economía de la cultura

La economía heteropatriarcal se ramifica hasta todas las esferas económicas y la cultura no se libra de ello. Esta semana se ha celebrado en la ciudad mexicana de Guadalajara la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, una iniciativa muy necesaria para ofrecer al mundo un espacio en el que dar a conocer las letras hispanoamericanas y a través de la cual la economía de la cultura puede difundirse y asentarse como parte de la industria, una industria en pro del conocimiento, la cultura y la difusión del patrimonio de una sociedad, país o lengua.

La noticia anterior, podría convertirse en algo positivo si no fuera por la polémica que a raíz de esta feria ha surgido en el panorama de las letras hispanoamericanas y es que, a pesar de ser el género femenino igual o más prolífico en la creación literaria en español, su presencia en la feria es prácticamente anecdótica. En esta edición participan trece hombres frente a sólo tres mujeres y al premio final han llegado cuatro hombres y una mujer, siendo los miembros del jurado cinco de los cuales únicamente hay una mujer. 

A raíz de los acontecimientos anteriores un elevado número de intelectuales relacionados con el mundo literario de las letras hispanoamericanas ha elaborado un manifiesto, titulado Contra el machismo literario, en el que se denuncia la abismal diferencia de género que existe en la cultura de América Latina. Desde Rosa Montero a Gabriela Wiener ponen el foco en el retraso y las consecuencias que acarrea para la industria de la cultura que se organicen actos de esta talla sin perspectiva de género y más aún en pleno proceso de reivindicación por la igualdad desde todos los sectores económicos, políticos y culturales a nivel mundial.

Algunos de los fragmentos más destacados de este texto son los siguientes:

Gracias a la lucha que desde hace mucho llevan a cabo las mujeres por sus derechos, por fin podemos descubrir a muchas escritoras que fueron borradas de la historia y del canon literario, denostadas, ninguneadas o silenciadas. Las mujeres escritoras han demostrado, además, por la calidad de sus obras, sus traducciones, su trabajo editorial y el reconocimiento que han adquirido en los últimos años, que la literatura escrita por mujeres es tan importante como la que escriben los hombres.”

“Las instituciones literarias siguen organizando y promoviendo espacios en los que la participación de mujeres aún es minoritaria o nula y, cuando se cuestiona, sus responsables recurren a una visión meritocrática falaz, en lugar de combatir desde dentro los privilegios masculinos –que los han llevado a cooptar los espacios por el simple hecho de ser autores hombres, buenos o malos– o de trabajar para ajustar esa desigualdad histórica que ha condenado a las mujeres a un lugar de subalternidad y silencio.

Como escritoras, escritores y personas vinculadas con el quehacer editorial, no podemos guardar silencio ni frente a la invisibilización de las autoras ni frente al acoso y abuso sexual que también son parte del statu quo de las letras, como ha revelado el reciente #MeTooEscritoresMéxicanos.”

El primer premio del evento está dotado con una cantidad de 109.000 dólares y cuenta con patrocinadores como la propia Cátedra Vargas Llosa, la Universidad de Guadalajara, la entidad bancaria Santander o Acción Cultural Española y el tema principal gira en torno a la relación existente entre la literatura y la migración. Los finalistas tendrán la oportunidad de reflexionar, debatir y compartir opiniones sobre la capacidad de transformación que en la actualidad tiene la literatura en todos los fenómenos que durante las últimas décadas están surgiendo a nivel global. 

En base a todo lo desarrollado a lo largo de este artículo, resulta irónico cómo el sistema patriarcal se retuerce de forma abigarrada para encontrar fenómenos que rozan la ironía y ponen sobre la palestra situaciones como las que en estos días van a vivirse en la ciudad mexicana. El feminismo se representa pues como una forma de allanar el terreno a las mujeres en la capacidad de hacerse partícipes de fenómenos no sólo culturales como difusión, sino que la propia cultura es una forma de general economía e industria y es ahí también donde se hace necesario abrir campos y caminos profesionales para el desarrollo sociolaboral femenino.

¿Tienen género los cuidados?

Cuidar no es más natural para las mujeres, lo hacen por el privilegio de los hombres” Joan Tronto, politóloga feminista, aboga por erradicar el rol exclusivo del cuidado a las mujeres.

A lo largo de su vida, toda mujer escucha innumerables veces que la capacidad para el cuidado es una virtud del género femenino y el estigma de esta constante llega a sobrepasar hasta el punto de que las personas acaban creyéndoselo. Esta diatriba, a priori, puede permanecer en la estereotipación de la mujer en una parte sumamente importante de la vida: la atención a otras personas. 

La privación y la vulneración de los hombres respecto al deber y el derecho de participar en los cuidados, los lleva, en muchas ocasiones, a desaparecer dentro del ámbito de la asistencia humana, algo que conlleva también una fuerte e inevitable despersonalización de la misma, ligando su vida a la dicotomía empleo-salario y olvidando partes tan importantes de la condición humana como son el disfrute de la crianza de hijas e hijos, la atención a familiares o amigos en situación de dependencia, así como la pérdida de una relación cercana con las personas mayores de su entorno.

El quid de la cuestión obtiene respuesta en las teorías feministas sobre la economía y su relación con los cuidados y el trabajo femenino, añadiendo una perspectiva feminista y poniendo en la palestra social, política y económica. Se ha de partir de la base de la existencia de una desigualdad primitiva que contamina todas las estructuras de poder y que atañe a la totalidad de las esferas vitales, haciendo aún más mella en el ámbito sociolaboral.

Es por todo lo anterior por lo que se cae en el error de adjudicar a principios biológicos en lugar de a constructos culturales la capacidad o incapacidad femenina y masculina para poder ejercer de la mejor manera los cuidados a lo largo de la vida y son las estructuras creadas por el sistema patriarcal la que atribuye cada uno de los roles. Evidentemente es la cultura la que perfila y crea estos arquetipos y, por tanto, como la cultura está construida por cada rama que la compone (prejuicios, aprendizajes, modos de vida…) ésta viene a representar y condicionar las aspiraciones y discursos de una parte de la sociedad.

El patriarcado, el que construye la sociedad y por ende la cultura ha articulado un sistema de valores que generación tras generación ha ido transmitiendo tanto a través de un sistema verbal como no verbal que divide de forma binaria a la sociedad, atribuyendo una serie de labores, valores y atribuciones propias de hombres y de mujeres y son éstas las que condicionan la vida, el empleo y las capacidades de cada género. Dentro de esta dicotomía se incluye la idea de que los cuidados forman parte de la naturaleza de las mujeres, pero como se ha advertido con anterioridad, las mujeres no dedican más tiempo a los cuidados porque sea algo intrínseco a su naturaleza sino porque la cultural patriarcal le ha atribuido este rol.

Es importante destacar que uno de los problemas fundamentales estriba en el ideal de mujer que se ha elaborado desde el patriarcado y que, además, hace de la excepción a aquellas mujeres que han llegado a desempeñar labores, trabajos o posiciones que tradicionalmente estaban preestablecidos a ser ejercidos por el género masculino, pero esta situación dista mucho de alcanzar la igualdad en ningún sentido, menos en el aspecto laboral o económico.

Para cerrar todo este círculo, es sumamente importante recalcar la necesidad de la emancipación económica femenina si lo que se busca es realmente una sociedad igualitaria y feminista. Aspectos como la renta básica universal, el subsidio por cuidados o la dignificación y profesionalización de profesiones tales como las personas Técnicas en Atención a Personas en Situación de Dependencia o las Técnicas de Educación Infantil forman parte de contribuir al desarrollo de la labor de cuidados que, por una parte, mejore la situación sociolaboral de tantas mujeres y equiparen y hagan atractivos los cuidados para el sector masculino. Por otra parte es totalmente necesario combinar lo anterior con medidas que ayuden a la conciliación y la corresponsabilidad real, así como a un uso y disfrute paritario del tiempo de ocio, de ocupación y de trabajo.

Nuevos retos para le economía feminista

Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas“. Mary Wollstonecraft, filósofa y escritora inglesa del siglo XVIII.

Durante las últimas décadas el rol femenino respecto a la participación en la economía ha cambiado sustancialmente, en la actualidad las mujeres son agricultoras, trabajadoras en la industria, científicas, ingenieras, investigadoras o programadoras web y realizan numerosos trabajos que hace unos años no tenían ni siquiera un nombre en género femenino.

El trabajo femenino tiene una fuerza indiscutible en la economía mundial, desde la industria al sector primario, el trabajo doméstico, el sector servicios y las ventas, las trabajadoras migrantes o aquellos oficios no remunerados pero tan necesarios como aquellos relacionados con los cuidados. A pesar de lo anterior siguen existiendo tremendos hándicaps para poder desarrollar verdaderamente un mercado laboral feminista que asegura una igualdad real de acceso al empleo para todas las personas y sin que la condición género sea un impacto negativo en las mujeres.

La actual situación económica mundial, europea y española obliga a la necesidad de crear un entorno adecuado para conseguir llegar a una participación igualitaria y total en todas las esferas laborales. Entre estas medidas la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing que fue configurada y ratificada por los Estados miembros en 1995, comenzó a dar visibilidad a los problemas acarreados entre mujeres y economía como uno de sus puntos clave. Entre los puntos clave que los 189 gobiernos consensuaron en llevar a la práctica, pueden platearse los siguientes objetivos específicos que persiguen implementar el papel de las mujeres en el desarrollo de la economía mundial:

  • Eliminar todos los obstáculos que dificultan la participación activa de la mujer en todas las esferas de la vida pública y privada. Esto implica realizar políticas de corresponbilidad en el hogar, igualdad real en el acceso al trabajo y una tranformación del desarrollo sostenible basado en el principio de igualdad de mujeres y hombres.
  • Promover y proteger el pleno disfrute de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las mujeres a lo largo de su vida, entre ellos el derecho al trabajo, vivienda e independencia.
  • Reconocer y difundir que algunas mujeres enfrentan barreras especiales que obstaculizan su participación plena y en pie de igualdad en la sociedad, siendo al acceso a una economía digna y sostenible uno de los pilares y trabas de esta desigualdad.
  • Incluir el principio de la igualdad para todas las personas a través de un crecimiento económico amplio y sostenido en el contexto del desarrollo sostenible para sustentar el desarrollo social y la justicia social. 
  • Proveer de recursos financieros para fortalecer la capacidad de las instituciones nacionales, subregionales, regionales e internacionales para luchar por la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades.

Veinticinco años han pasado desde los compromisos y objetivos de esta cumbre de referencia, sin embargo, en la actualidad, los derechos económicos de la mujer siguen en boga de las teorías económicas feministas en especial aquellas que se relacionan con los derechos económicos femeninos, el fomento de una economía igualitaria y sostenible y, sobre todo, la desmesurada diferencia en cuanto a la pobreza y la falta de derechos en el trabajo de la tierra. El acceso a la educación es otro pilar fundamental como fuente de igualdad social, en especial a la formación secundaria y universitaria.

Por último se hace necesaria una renovación y actualización del compromiso, acordando políticas mundiales que vayan de la mano en cuanto a lo económico y social, asegurando un desarrollo sostenible e integrando nuevas corrientes que en la actualidad cobran auge entre las nuevas generaciones como el ecofeminismo y los movimientos verdes capitaneados por mujeres. La renovación y actualización de estos retos serán el brazo precursor de la igualdad de género en la esfera económica y ello dará sus frutos en el bienestar de la población mundial en comunidades y hogares, huyendo de la polarización norte-sur e integrando los aspectos positivos que supone el desarrollo de una economía global y mundial.

REPRODUCCIÓN: ESFERA PÚBLICA VS. ESFERA PRIVADA.

Como casi siempre, cuando pienso sobre un tema me hago preguntas como las siguientes: ¿qué ocurre con los hombres? ¿Por qué ellos no se dedican al cuidado al igual que las mujeres? ¿Por qué somos siempre las mujeres las que tenemos que asumir el rol de cuidadoras? ¿Por qué el sistema patriarcal nos sigue empujando al ámbito privado? ¿Por qué esa falta de corresponsabilidad entre la vida familiar y laboral? ¿Por qué sigue importando más el ámbito político que el privado que es donde estamos nosotras, las mujeres?

Las respuestas a todas estas preguntas, quizá, puedan resumirse en una única respuesta: vivimos en un mundo heteropatriarcal. El mundo está dirigido por y para hombres. Así hace referencia Friedan (1965) cuando nos habla de quiénes son los que se encargan de producir y dirigir las revistas destinadas a mujeres. Son hombres que hablan sobre mujeres y de asuntos que a nosotras nos conciernen desde su óptica masculina.

Somos la mitad de la población y continuamos siendo nosotras las que dejamos nuestro proyecto de vida propio para asumir el rol de cuidadoras sin que los hombres sean participe de ello.

La cuestión de que sean las mujeres las que dejemos nuestro proyecto de vida está íntimamente conectada con la idea de trascendencia de Beaouvoir (1969). Esta idea, hace referencia a aquello que nos libera de las cadenas de la naturaleza y esto es tener un proyecto de vida, la libertad. Así que cuando hablamos de transcendencia hacemos referencia a ascender de nuestra animalidad, a elevarnos por encima de la naturaleza, es decir, tener un proyecto de vida y no solo nacer, crecer, desarrollarnos y morir.

Por el contrario, siguiendo de nuevo a Beaouvoir (1969), la inmanencia se da en la naturaleza, vinculada a la esfera de lo privado, pues es nuestra capacidad de reproducción. Desde el sistema patriarcal se argumenta que las mujeres estamos ancladas a la inmanencia por nuestra capacidad de reproducción; por ello, no podemos trascender si  permanecemos ancladas a la inmanencia y solo alcanzamos la trascendencia a través de los hombres. Esto tiene que ver con el sistema dicotómico desigual en el que se conceptualiza el patriarcado:

ESFERA PÚBLICA: HOMBRE (ASPECTOS POSITIVOS) ESFERA PRIVADA: MUJER (ASPECTOS NEGATIVOS)
Sujeto Objeto
Cultura Naturaleza
Razón Emoción
Etc. Etc.

Por lo tanto, la inmanencia, nos ancla a las mujeres en lo doméstico y no nos permite alcanzar la libertad que se alcanza en lo público. No somos sujetos libres, somos objetos. Por ejemplo, nos suelen llamar la “señora de”, lo cual implica que pertenecemos a alguien como si de un objeto se tratase.

Hay que contextualizar que el libro de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, se publica en 1949, después de la Segunda Guerra Mundial cuando la mujer vuelve al ámbito doméstico otra vez, con electrodomésticos, sin proyecto de vida propio en la esfera de la inmanencia. Tal y como ocurre con las mujeres que describe Friedan en su obra, La mística de la feminidad.

Todo ello resulta indignante pero como señalaba Simone de Beaouvoir: “no se nace mujer, se llega a serlo”. Aquí, se empieza a entender que lo que llamamos mujer es una construcción social, pues el conjunto de la civilización elabora un producto que somos nosotras, las mujeres.

Por último, me gustaría saber qué opináis al respecto. ¿Creéis que las mujeres seguimos ancladas en el ámbito doméstico? ¿Cómo mejorar la conciliación laboral y familiar? Si tenéis alguna propuesta, idea, sugerencia, opinión, etc. Estaré encantada de leerla.

FUENTES:

Beauvoir, S. de (1969). El segundo sexo. (P. Palant, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Siglo Veinte (Trabajo original publicado en 1949)

Friedan, B. (1965). La mística de la feminidad. (C. Dampierre, Trad.) Barcelona, España: Sagitario, S.A. (Trabajo original publicado en 1963)