Ciudadanía, un concepto que redefinir

Al margen de algunos planteamientos feministas, en general las discusiones alrededor del concepto de ciudadanía se han concentrado en torno de cómo incorporar al otro/a, más que pensar en el conjunto de nosotros/as. En este sentido, se ha intentado que el concepto de ciudadanía masculino incluya también a las mujeres (cayendo en el dilema de Wollstonecraft), en algunos casos a los/as inmigrantes, y a las minorías sexuales, antes que intentar pensar otro concepto de ciudadanía, donde este tipo de barreras no sean imaginables, en definitiva, un concepto más incluyente. Pues bien, este es el reto que desde varios de los sectores feministas se intenta por superar.

Al mismo tiempo, hay que seguir haciendo hincapié para que los derechos reconocidos formalmente puedan ser ejercidos realmente. O sea, no sirve de nada que desde la ley se reconozca algo si después en la vida cotidiana no puede verse realizado.

Se puede decir también que el modelo de ciudadanía ha respondido siempre a lo productivo, en detrimento de lo reproductivo. En este sentido, tanto los derechos como las obligaciones a que hace referencia  el concepto de ciudadanía responden a la esfera pública, donde históricamente el hombre ha dominado ese espacio.  Por esto, los derechos que se han ido invocando para una ciudadanía plena son fundamentalmente el trabajo (y empleo remunerado) y el voto. No se ha luchado porque los hombres tengan el derecho a hacerse cargo del hogar y de los cuidados a niños, mayores y personas dependientes. Tímidamente, a partir de las luchas feministas, se está reconociendo el derecho de paternidad, reconocido ahora por la LO 03/2007.

Al mismo tiempo, es importante remarcar que la preocupación por la ciudadanía ha sido casi siempre dentro de los parámetros heterosexuales, y por esto mismo Judith  Butler habla de que “la regulación heterosexual de la sexualidad (la heterosexualidad o institucionalizada) es central para el funcionamiento de la economía política” (citada en Aránzazu Hernández Piñero, 2006).

Es difícil pensar en un concepto único, universalista de la categoría de ciudadano/a ya que en general se olvida la desigualdad existente entre las clases sociales, y fundamentalmente la desigualdad de poder entre las personas (entre otras desigualdades), por lo que por ejemplo una empleada de la industria textil y un empresario de la misma industria formalmente tienen los mismos derechos y obligaciones, aunque realmente haya una diferencia sideral de posibilidades en el acceso a diferentes cuestiones entre una y otro. Por esto mismo, el concepto debe ser redefinido constantemente, como plantea María Xosé Agra Romero en su artículo Ciudadanía. El debate feminista, teniendo en cuenta las diferencias de género, étnicas, etarias, de clase, de orientación sexual y culturales.

Teniendo en cuenta que la categoría ciudadano/a conlleva al mismo tiempo derechos y obligaciones, y después de las lecturas correspondientes, me sigue quedando una duda dando vueltas, ¿el concepto actual, une más, es más igualitario, en relación a las obligaciones o a los derechos?

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