El mito de la Super Woman

Hace unos días se volvió viral un video en que un profesor estadounidense de Ciencias Políticas y Diplomacia era interrumpido por su hija y su hijo pequeño mientras daba una entrevista en directo desde su casa a la BBC.

Hay que ver la situación en que se encuentra este profesor cuando ve entrar detrás de sí, en un plano perfecto que parece dispuesto para la ocasión, a su hija con toda la gracia que suelen tener las niñas a esa edad, seguida por su hermanito pequeño arrastrándose en una andadera… Esta imagen tan caricaturesca se vuelve aún más graciosa (para los espectadores, claro está) cuando detrás de los niños entra una mujer muy agobiada intentado sacarlo de la habitación y cerrar la puerta sin ser captada por la cámara…

Luego de que el video se volvió viral empezaron a surgir comentarios que criticaban la actitud del profesor con sus hijos y una discusión sobre la identidad y el agobio de la pobre mujer, que muchos asumieron se trataba de la niñera por ser una mujer asiática. A raíz del asunto se ha generado gran cantidad de memes y videos parodiando la situación, además de la polémica.

Por ejemplo, El País señalaba que la escritora estadounidense y feminista Roxanne Gay había escrito en un tuit muy compartido “algunos de ustedes deberían reflexionar seriamente por qué asumen que la madre es la niñera”, refiriéndose a esta mujer que aparece en el video. La crítica pasó a centrarse entonces en la xenofobia implícita en estas asunciones. Y es en este punto precisamente en el que me quiero detener, porque la discusión se volvió un tema racial pero no precisamente de género.

Es decir, para la mayoría de la gente no estuvo bien que se asumiera que la mujer era la niñera; pero que la madre sea la que se ocupe de todo el cuidado de los niños, mientras su esposo trabaja y da una importante entrevista a la BBC es algo totalmente lógico y natural. Mi impresión es que mientras las personas asumieron que se trataba de una niñera era una “pobre mujer agobiada”, en el momento que se supo que en realidad era la esposa del profesor y la madre de los niños se acabó el tema, nadie se atrevió a cuestionar nada más.

Es cierto, se trata de un tema de raza, género y clase social; pero está claro que los roles de género en la familia aún no son muy discutidos por la mayoría, en particular el trabajo doméstico (no remunerado), que generalmente asumen las mujeres en el hogar.

Tanto es así que luego surgió una parodia (y que a su vez, también se volvió viral) en la que es una mujer (madre y esposa) la que se encuentra en la situación de Robert Kelly, al perfecto estilo de la Super Woman, super mamá o supermujer, resolviendo sobre la marcha la misma escena en que interrumpen sus hijos, y haciendo mil cosas más, inclusive atender a un esposo totalmente inútil, que ni siquiera es capaz de encontrar sus calcetines. El video enaltece así el poder de las mujeres de hacer muchas cosas a la vez (multitask), supuesta capacidad innata superior del cerebro femenino.

 

Entiendo que sea complicado medir la producción de los servicios domésticos no pagados para así poder hacer visible la contribución de las mujeres (y de los hombres) al sistema económico. Esta visibilización empieza además por hacer conciencia en oportunidades como esta, de que las mujeres no tenemos por qué ser las supermujeres del hogar, no está bien que exista este tipo de desequilibrio en la repartición de tareas que deberían ser compartidas por todos los miembros de la familia; no es cierto que una persona puede dar el 100% ni el mismo rendimiento si está en una cosa o en varias a la vez… como tampoco es cierto que ellos no son capaces de hacerse cargo del mantenimiento de la vida diaria.

Si les resulta curioso, aquí les dejo un enlace a un artículo de El País que hace una crónica y cuenta algunos otros detalles del capítulo que le ha tocado a esta familia. Inclusive han vuelto a ser entrevistados por la BBC para hablar de todo el asunto y darle la oportunidad al profesor Robert  Kelly de presentar formalmente a su familia: su esposa y sus dos hijos.

 

Ámbitos de poder: masculino y femenino

Poco a poco las mujeres vamos conquistando ámbitos de poder en el trabajo, en la política, en la vida pública en general. Pero queda un largo trayecto; el poder judicial, el poder económico, las cúpulas del poder en definitiva (y a veces las bases mismas) siguen siendo ámbito casi exclusivamente – a veces sin casi- exclusivamente masculinos.

JuecesPoder económico

Si esos ámbitos de poder decisorios en la sociedad son masculinos, no sé porqué nos extrañamos de que áun existan desigualdades injustas tan sangrantes como las que aparecen en cuanto nos ponemos las gafas de género.

El reflejo en la esfera laboral es concluyente: las mujeres cobramos un 24% menos que los hombres, la masa salarial de las mujeres de hoy es la misma que la de los hombres en el año 1980, el 70% del empleo precario es de mujeres, solo el 3% de los hombres solicitan la reducción de jornada para cuidados, el resto somos mujeres. Hay 1,6 mill menos de trabajadoras mujeres que hombres. Creo que el término Dividendo patriarcal está bien justificado en esta y en otras materias. file:///Users/fatima/Desktop/El%20Dividendo%20Patriarcal%20–%20salud%20comunitaria.webarchive

Solo hay lugares donde hay más trabajadoras mujeres que hombres, en cuidados. En todas las profesiones donde los cuidados son lo esencial: la sanidad, la docencia, la dependencia…. Bueno y en el voluntariado y el asociacionismo. Pero son justo contingentes cada vez más amenazados con el desprestigio, la falta de financiación, la amenaza de no ser “sostenibles”…¿Es insostenible el cuidado de la vida, de su desarrollo, de la convivencia pacífica? Si es así, desde luego hablamos del Fin de la Historia.¿No lo ves?

¿Cómo se les ocurre viajar solas?

Sí, han leído bien, ese es el título de la noticia tan impactante (por ofrecerle algún calificativo) que acabo de leer en el periódico EL PAÍS.

Una periodista de dicho periódico relata un intento de secuestro en la costa de México y como la reacción que obtuvieron de las personas que allí se encontraban fue criticar que estuviesen dos chicas solas (como si ellas buscaran dicha situación).

Dos chicas inofensivas, que intentaban pasar unos días en la costa de México sienten como alguien a entrado en su cabaña, es por ello que salen a pedir ayuda y no saben que la pesadilla de aquella noche acaba de comenzar para ellas.

A continuación les facilito el enlace para que seáis testigos en primera persona del relato que cuenta la periodista, relato que te transporta a aquel día y que hace que al leerlo sientas un poco de sufrimiento del que sintieron estas chicas aquella noche.

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/08/mexico/1488997754_192558.html

Para concluir con esta entrada me gustaría realizar una reflexión, ¿cómo puede seguir existiendo esta mentalidad tan machista? ¿vamos avanzando y trabajando en la línea correcta o por el contrario nos estamos equivocando en algunos aspectos?

 

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER #8deMarzo

Como sabemos, hoy 8 de Marzo, se conmemora el día Internacional de la Mujer. Aprovechando este día, quiero dejar una pequeña entrada para celebrar el mismo con el objetivo de mostrar la importancia de seguir luchando por nuestros derechos.

A continuación os dejo un artículo publicado por “El País Internacional” dedicado a 13 mujeres pioneras que allanaron el camino para poder llegar hasta donde hoy estamos.

En el siguiente enlace os dejo la noticia: http://elpais.com/elpais/2017/03/08/actualidad/1488927709_195706.html

Y me despido con una imagen dedicada a todas nosotras. ¡QUÉ VIVAN LAS MUJERES!

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El Estado del Bienestar

Es una aportación al mundo que ha hecho Europa, probablemente al calor del ejemplo de la Unión Soviética y el bloque comunista en general. No es por quitar mérito a Europa, al fin y al cabo la sociedad basada en el libre mercado requiere una interdependencia personal (Amartya Sen) propia de la misma naturaleza humana gregaria y del deseo de paz que favoreció el surgimiento del Estado del Bienestar. El sistema se basa en que las Instituciones estatales se ocupen de los Servicios Públicos como la Educación, la Sanidad, la Dependencia, las pensiones, los Servicios Sociales, etc. Por supuesto suponen una redistribución de la riqueza de un pueblo pues  los Servicios se pagan con impuestos que si están bien distribuidos redirigen la riqueza de los más ricos hacia los Serviciós Públicos especialmente.

Esto beneficia a toda la sociedad evidentemente, pero especialmente a las mujeres puesto que suponen una importante organización  (mas o menos desarrollada) estatal de cuidados habitualmente a cargo de las mujeres. En España entre el 70 y el 80% de los cuidados está a cargo de las mujeres. No cabe duda que si existen Centros de Día para ancianos o discapacitados, guarderías, escuelas, hospitales y Servicios Sociales desarrollados, la carga de trabajo de las mujeres se alivia en una medida importante. Se que es puro pragmatismo, puesto que la idea es que los hombres participen de los cuidados en la misma medida que las mujeres (no tienen ninguna tara física para lo contrario), pero al menos las mujeres adquieren más libertad para participar en la esfera productiva y de toma de decisiones.

Todo bien hasta ahora, pero el libre mercado no ha sido regulado y ha desembocado en  monopolios fraudulentos que dan un poder inmenso al poder económico y que condiciona la política. Se producen entonces las cínicas quejas de la falta de sostenibilidad de el Estado del Bienestar, un sofisma que lo único que supone es que los ricos no quieren que se redistribuya la riqueza (y esa tendencia se contagia también a las clases medias). Los Servicios se los pueden comprar ellos y no ven (con una ceguera descerebrada) que la salud pública, la educación pública, etc. no se puede comprar y que las desigualdades crean cada vez un mundo más violento e inestable que afecta a todos: ricos y pobres. Pero el egoismo cortoplacista no admite razones.

Y mientras la falta de regulación del mercado, produce crisis económicas en las que las primeras afectadas son las mujeres: son las primeras en ser despedidas o en tener empleos precarios, el desmantelamiento del Estado del Bienestar las sobrecarga de trabajo, asumiendo el cuidado de enfermos, discapacitados, ancianos, niños, además del sostenimiento habitual de la vida (Yayo Herrera). ¡Esa si que es una situación insostenible!

Machismo en el Parlamento Europeo.

La semana pasada, escuchando las noticias en uno de mis medios más habituales, pude tomar nota de una crónica con una tremenda carga machista. Un polémico eurodiputado polaco defendía en la Eurocámara la brecha salarial por la “inferioridad” femenina. 

Uno de los titulares con el que aparecía la noticia era el siguiente:

Un eurodiputado polaco: “Las mujeres deben ganar menos porque son más débiles y menos inteligentes”

El polémico eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, conocido por sus comentarios racistas, sexistas y antisemitas, ha defendido este miércoles en la Eurocámara que las mujeres deben ganar menos porque son inferiores a los hombres, un comentario que ha provocado un encontronazo con la parlamentaria socialista española Iratxe García.

Algunos de tantos comentarios que hizo este señor, y que más me llamaron la atención fueron los siguientes: “¿Sabe usted qué papel ocupaban las mujeres en las Olimpiadas griegas? La primera mujer, ya se lo digo yo, ocupó el puesto 800. ¿Sabe usted cuántas mujeres hay entre los primeros cien jugadores de ajedrez? Se lo diré: ninguna. Por supuesto que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”, dijo ante el pleno de la Eurocámara Korwin-Mikke, europarlamentario independiente desde 2014. La referencia a la ausencia de mujeres entre los mejores jugadores de ajedrez no es casual. Korwin-Mikke practica este deporte habitualmente, pero en su comentario omite la desproporción en el número de practicantes, solo una mujer por cada 14 hombres. La húngara Judit Polgar llegó a estar entre los 10 primeros del ranking mundial.

Pero todo esto no quedó así, ya que una eurodiputada del PSOE, salió en defensa de las mujeres y pidió la palabra de inmediato para contestarle. Ésta dio una respuesta clara y contundente, respondiendo que “hoy en día las mujeres pueden representar a los ciudadanos en igualdad de condiciones y del mismo modo reivindicó que estaba allí para defender a todas las mujeres europeas de personas (si se le puede llamar así) como este señor”.

Este es sólo uno de sus tantos comentarios machistas, ya que todo ello no acaba ahí. Korwin-Mikke lamenta que las mujeres tengan derecho a votar porque tienen menos conocimientos de política que los hombres e incluso pone en duda las denuncias por violación. Un extenso historial de exabruptos que pone en pie de guerra a todas las mujeres, con el objetivo de luchar con tipos como este.

Este cruce de discusiones se produjo en el Parlamento Europeo mientras se llevaba a cabo un debate sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, donde me gustaría incluir como dato aprovechando este post, que es de un 16% de media europea y un 18,8% en España.

Desde mi punto de vista, este hecho debe tener consecuencias para este señor, puesto que no se pueden permitir estos tipos de comentarios en una institución como la Eurocámara, que tiene entre sus principios básicos la defensa de la igualdad, por encima de todo. No debemos dejar nunca de reivindicar nuestros derechos y pelear por la igualdad que debe existir en todos los sectores. Hoy en día hay que seguir luchando por esas mujeres que nos representan en el Parlamento Europeo y en muchos otros organismos, defendiendo por encima de todo la igualdad que tiene que existir entre hombres y mujeres.

 

Mujeres del siglo XXI

Aunque hayan pasado unos años de este artículo, sigue en pleno vigor, sigue siendo una realidad actual, las mujeres del siglo XXI han conseguido mucho, pero han ganado en estrés por la falta de tiempo para responder a todas las facetas de su vida a las que se ha abierto paso; la laboral, familiar, personal… En este artículo podemos leer algunos testimonios de mujeres conocidas que han dado su opinión sobre el tema.

 

MONTSE JOLIS

12 de septiembre de 2007

La mujer del siglo XXI tiene ante sí más posibilidades que nunca. No hace tanto tiempo –y parece una eternidad– pasaba de depender del padre al marido, eran muy pocas las que accedían a carreras universitarias y la inmensa mayoría dejaba de trabajar en cuanto se casaba. Nuestras madres más mayores necesitaban el permiso del marido para abrir una cuenta corriente, salir al extranjero o sacarse el carnet de conducir. Todo eso ya es historia. Ahora, tenemos estudios y decidimos solitas cuál será nuestra profesión, si viviremos o no en pareja, si tendremos hijos y hasta nos divertimos más… Llevamos años ganándonos a pulso que se nos respete como personas y se nos valore como profesionales. El feminismo quizá no esté de moda, pero ha sido una muy eficaz e imprescindible herramienta de avance. Ahora bien, una vez conseguidos esos derechos que ya nadie discute, ¿qué tal nos va en la vida cotidiana? El discurso años sesenta acerca de la realización de la mujer, ¿es cierto o es una milonga? Hemos querido conocer de primera mano qué piensan las mujeres de hoy sobre este asunto: jóvenes empresarias, mileuristas, estudiantes, ejecutivas…
Cambio positivo
Para Sara Moreno, profesora adjunta de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en sociología de género y vida cotidiana, en las dos últimas generaciones –hablamos de los años cincuenta y los setenta– «ha habido un cambio positivo.
Vivimos mejor pero todavía no podemos hablar de igualdad real hombre-mujer. Hemos puesto todos nuestros esfuerzos en lograrla en el ámbito público, pero nos hemos olvidado de la esfera privada. Elegimos lo que queremos, somos mejores estudiantes, entramos en el mercado de trabajo, pero cuando vamos a vivir en pareja empiezan los problemas».
«Con la convivencia –comenta– el hombre, de repente, se olvida de la igualdad y repite los comportamientos que ha visto en su familia: el padre trabaja y la madre se ocupa de la casa y los hijos. Al principio, cuando la carga doméstica no es muy grande, aún pasa, pero en cuanto llegan los hijos, se destapa el conflicto.»
Vicky Martín Berrocal, 34 años, separada y madre de una niña, corrobora las palabras de la socióloga: «Es que parece que por el hecho de ser mujer, ya te tienes que ocupar de la casa, de los niños y de los mayores… En cuanto sabes que estás embarazada, ya te empiezas a sacrificar: dejo de fumar, de beber una copita, de salir… El padre de mi hija –el torero Manuel Díaz– es un excelente padre, y se preocupa si la niña está enferma, pero la que se pasa la noche sin dormir, la lleva al médico y se ocupa de todo soy yo. Mi prioridad es mi hija y su educación, y para eso necesitas tiempo. El sentimiento de culpabilidad que arrastramos las mujeres no lo arrastra ningún hombre. Vamos, todavía no he oído a ninguno decir: “Me siento culpable porque trabajo doce horas al día y llego a casa cuando mi hija duerme”.»
Montse Ribé vive en pareja con David Martí, con el cual también comparte días y horas de trabajo en el taller DDT de efectos especiales. Ambos ganaron el Oscar al mejor maquillaje por El laberinto del fauno. «David y yo lo compartimos todo, incluso las tareas domésticas.
Mientras él cocina, yo hago otras cosas. Ninguno de los chicos que conozco, amigos y familiares, es machista: en eso hemos avanzado mucho. Pero, generalizando, sí que parece que las mujeres tenemos asumido que los temas de familia son cosa nuestra. No sé qué pasará en mi caso el día que decida tener hijos.»
Y tú, ¿a qué renuncias?
Acceder al mercado laboral en igualdad de condiciones es todavía difícil. Si, inicialmente, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, lo cierto es que no siempre ocurre así. Y ser joven y mujer es un factor doble de discriminación.
María José Bertrán, 23 años, es licenciada en Publicidad y RRPP, y ha hecho un máster en Industria Musical. Trabaja en el departamento de promoción de una multinacional discográfica y su sueldo no llega a los mil euros al mes. Se lamenta de que «las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo y muy pocas acceden a puestos de responsabilidad ». Vicky se indigna: «Es que tenemos que ser buenas en todo; buena madre, buena esposa, buena profesional… Es un sobreesfuerzo que agota.»
Natalia Puiggros, directora de la agencia de RRPP Comunications by Le Mod, interviene: «Las empresas están pensadas en clave masculina y somos nosotras las que nos tenemos que adaptar para conciliarlo con nuestra vida privada.» La periodista Alejandra Alloza, que nació en Barcelona pero por cuestiones laborales tuvo que irse a vivir a Madrid, también es de la misma opinión: «Yo no tengo hijos, pero tengo padres. No es fácil organizar tu trabajo cuando tienes que estar viajando a menudo para ver a tu familia.»
Beatriz García-Valdecasas está opositando para fiscal: «Si apruebo, sé que tendré un sueldo digno y podré, en el futuro, conciliar vida laboral y familia. Y como funcionaria podré hacer media jornada si quiero.» De momento, «vivo encerrada estudiando, y el día libre que tengo a la semana lo aprovecho para ver a mis amigos o dormir. Mis padres me dan una asignación semanal, pero a veces me da palo eso de tener 25 años y pedirles dinero, así que procuro gastar lo mínimo».
Autoexigencia y estrés
Nuestras madres no tuvieron tanto donde elegir, pero las estadísticas dicen que ahora tomamos más ansiolíticos y antidepresivos que ellas. ¿Nos perdemos en el intento de ser perfectas? Según nuestra socióloga, «el nivel de responsabilidad que se exige a la mujer es muy superior al que se exige al hombre. Ver el currículo de una consejera-delegada de una empresa impresiona mucho más que el de un hombre en el mismo cargo». Y luego están los hijos: «El buen padre basta que dedique el sábado a los niños y los lleve al parque; la buena madre tiene que estar pendiente de ellos las 24 horas y, si no puede, preocuparse de que alguien se ocupe de ellos.» Y después están los padres.
«Somos la generación sándwich, mujeres con hijos y padres mayores. Para llegar a todo nos olvidamos de nosotras.» Vicky comenta que «a mi abuela jamás la vi estresada, eso es verdad, y mira que tenía problemas. En su día a día, llevaba una vida muy normal: su compra, su marido, sus hijos… En cambio, nosotras trabajamos en casa y fuera. Nos dejamos la salud. Yo tuve una crisis de angustia en un avión y me tuvieron que dar un tranquilizante. El ritmo que llevamos es de auténtica locura, porque sales de casa y estás pensando en lo que has dejado organizado, y que tu hija está en el colegio y que no te vayan a llamar porque haya pasado algo… Ellos se pueden ir a tomar una cerveza con los compañeros de trabajo, nosotras, no».
Natalia piensa que «el nivel de autoexigencia en la mujer es tan alto que nos agobiamos». Ella solo contrata a mujeres en su empresa «porque tenemos una gran capacidad de trabajo, no sé si por nuestra carga de responsabilidad histórica».
Alejandra lo tiene claro: «Cada una tiene que buscar su propia fórmula para encontrar el equilibrio, porque el patrón estándar nos está haciendo papilla. El éxito está sobrevalorado, y no alcanzarlo nos angustia.» La socióloga Sara Moreno explica que la mujer acostumbra a relativizar la falta de éxito profesional: «Al final, suele desviar sus intereses hacia otros ámbitos, sobre todo, el de la maternidad. Muchas veces, ser madre tapa la frustración y sirve de cojín para paliar esa falta de éxito en nuestras aspiraciones laborales.»

http://www.woman.es/celebrities/protagonistas/mujeres-del-siglo-xxi

Mujer y capitalismo: de la opresión a la liberación.

El origen de la opresión de las mujeres

Los marxistas revolucionarios se diferencian de todas las demás personas que defienden la liberación de las mujeres en un aspecto importante. Nosotros no creemos que la opresión de las mujeres sea algo que ha existido siempre, ya sea por causa de diferencias biológicas entre los sexos o por algo inherente a la mente masculina.1

Sostenemos que la opresión de las mujeres surgió en un punto particular de la historia, en el momento en que la sociedad comenzó a estar dividida en clases.2

En todas las sociedades de clases las mujeres están oprimidas; la evidencia sugiere que al menos en algunas sociedades pre-clasistas no existía tal opresión.

La razón por la que la opresión de las mujeres comienza con la división de la sociedad en clases es bastante simple. Las divisiones comenzaron una vez el avance de las fuerzas productivas permitió a los seres humanos producir un excedente superior a lo que era necesario para la subsistencia del conjunto de la sociedad. Este excedente no era suficiente para que todos pudieran vivir por encima del nivel de subsistencia, pero era suficiente para que algunos lo hicieran. Se hizo entonces posible un desarrollo adicional de las fuerzas productivas y con ello el crecimiento de la división entre una clase explotadora y una clase explotada.

Con el aumento del excedente llegó una creciente división del trabajo. Aquéllos que ocupaban ciertas posiciones en esta división del trabajo se convirtieron en los controladores del excedente, la primera clase explotadora.

En este momento, las diferencias biológicas entre hombres y mujeres tomaron una importancia que nunca habían tenido antes. Con la carga del cuidado de los hijos, las mujeres tendían a ser encauzadas hacia ciertos papeles productivos y quedaban fuera de otros, fuera de aquéllos que proporcionaban el acceso al excedente. Así, por ejemplo, cuando las sociedades pasaron del cultivo con azada, que puede ser realizado por mujeres a pesar de la carga del embarazo, al uso de pesados arados o a la crianza de ganado, se tendió a desplazar a las mujeres de los trabajos productivos clave y el excedente pasó a ser controlado por hombres.3

Allí donde se establecieron clases dominantes totalmente desarrolladas, los miembros femeninos de esta clase dominante tendían a jugar un papel subordinado, a ser tratadas virtualmente como posesiones de los dirigentes masculinos. Y exactamente la misma situación se impuso entre campesinos independientes y entre las familias artesanas: un hombre, el patriarca, controlaba la relación de la familia con el mundo exterior, y su mujer estaba tan subordinada a él como lo estaban los niños y sirvientes (la excepción confirma la regla: si una viuda tomaba el lugar de su esposo muerto, dominaba a todos los hombres y mujeres de la familia4; allí donde se crearon situaciones en las que el papel productivo jugado por las mujeres tendía a producir un excedente vendible, las mujeres tendían a desafiar ciertos aspectos de la familia patriarcal estereotipada).5

Así, en las sociedades precapitalistas, las mujeres de todas las clases estaban bajo la dominación de los hombres. Pero no de todos los hombres. Ciertos hombres estaban oprimidos también. Los esclavos masculinos de la antigüedad y los trabajadores masculinos de la familia patriarcal no tenían más libertad que las mujeres (incluso aunque algunos de los hombres de la familia patriarcal tuvieran esperanzas de escapar algún día de la servidumbre ocupando el lugar del patriarca.)

El desarrollo de las fuerzas productivas requiere determinadas relaciones de producción. La opresión de las mujeres es producto, en cada caso, de las relaciones entre estos dos factores. Esto tiene su base en la historia material de la sociedad.

Por supuesto, una vez las relaciones de producción condujeron a la opresión de las mujeres, se estableció su expresión ideológica. La inferioridad de las mujeres llegó a ser considerada como parte del orden natural de las cosas, y estaba respaldada por elaborados sistemas de pensamiento, rituales religiosos, promulgaciones legales, la mutilación del cuerpo femenino… Pero no puede comprenderse el origen de ninguna de estas cosas sin comprender sus orígenes en el desarrollo de las fuerzas y las relaciones de producción.

El capitalismo es la forma más revolucionaria de la sociedad de clases. Se apodera de las instituciones de las sociedades de clases previas y las reforma a su propia imagen. No se somete a sus jerarquías o a sus prejuicios. Más bien crea nueva jerarquías en oposición a las viejas, y transforma completamente los viejos prejuicios para usarlos en su interés por acumular.

Por lo tanto esto ocurre con todas las instituciones que se encuentran en el momento de su aparición (religiones organizadas, monarquías, castas hereditarias, sistemas de propiedad de la tierra, sistemas de pensamiento). El capitalismo da una alternativa clara a todo esto: o ser transformado en interés de la acumulación del capital o ser destruido.

El capitalismo no se mueve por el deseo de mantener a la familia (y con ella la opresión de las mujeres), más de lo que se mueve por la voluntad de propagar la religión, mantener las monarquías, fomentar pensamientos oscurantistas, etc. Tiene una sola fuerza impulsora: la explotación de los trabajadores para acumular. La familia, como la religión, la monarquía etc., es sólo de utilidad al capitalismo en tanto ayuda a su objetivo.

Por esto, la familia capitalista no es algo fijo, una entidad sin alteración. Como Marx y Engels apuntaron en el Manifiesto Comunista, el impulso de acumular significa una continua reforma de las instituciones que el capitalismo mismo ha creado:

La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado de esfuma; todo lo sagrado es profanado…

Dejo el enlace por aquí para una mayor información de l@s interesad@s:

Mujer y capitalismo

Rajoy: “Muchas mujeres deciden cuidar hijos porque quieren y no trabajan tanto como un hombre”

El presidente del Gobierno ha explicado que mientras la pensión media de un hombre en España es de unos 1.500 euros, la de la mujer es de 1.100 euros. “Hay muchas mujeres que deciden, porque quieren, cuidar a sus hijos y por tanto no trabajan durante tanto tiempo como lo puede hacer un hombre”, ha explicado. De ahí, que haya decidido aumentar en 2016 un 5% la pensión a las mujeres con dos hijos y un 10% para las que hayan tenido tres.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2461754/0/rajoy-mujeres/pensiones-bajas/cuidar-hijos/#xtor=AD-15&xts=467263

Escribo en negrita las palabras “porque quieren” para que reflexionéis vosotr@s mism@s sobre el tema.

No es cuestión de ideología política, no creo que un partido u otro te haga más o menos feminista, en cambio, es un problema social y cultural porque estoy segura de que ni el mismo Rajoy es consciente de lo que ha dicho realmente… Sin embargo, dirige el país y toma decisiones importantes sobre nuestra vida…

O sea, que la mujer al cuidar a sus hij@s no está trabajando por el mantenimiento del país y la sostenibilidad del mismo… y, además, decide cuidar a sus hijo@s porque quiere… mientras que el padre prefiere trabajar porque como ya alguien hace su parte del “otro trabajo” por él…

El señor Rajoy olvida que cuanto más trabaja el hombre fuera de casa más trabaja la mujer dentro de ella para complementar su falta… Y olvida que, sin el trabajo de ella, el hombre no podría trabajar tanto como quisiera, pues el trabajo asalariado no sería la única labor necesaria para su supervivencia y la de su familia.

A la cabeza…

Estamos acostumbrados a ser los primeros, los primeros en todo. ¿Pero en lo malo también? Pues sí, también estamos a la cabeza de lo malo. La red nos brinda mucha información, tanto de aquello que consideramos bueno, como de lo malo. De tal manera que España, nuestro país, junto con la vecina Italia, son los dos países donde las mujeres “dedican más tiempo extra con respecto a los hombres en las tareas domésticas”.

El estudio se ha hecho desde 1960 hasta el siglo XXI. Y ello nos hace reflexionar y pensar en todos los cambios que se han sucedido en nuestro país desde los años sesenta (época de dictadura franquista) hasta la más pura actualidad. Entonces, ¿no hemos evolucionado en este aspecto? Pues parece ser, según este estudio, que no; no hemos bien las tareas, o sí, las mujeres sí, los hombres (algunos) parece que siguen un poco rezagados. Podemos buscar millones de culpables, pero de nada vale si no ponemos orden en todo ello.

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Pues relacionado con esos “culpables”, hemos encontrado algo muy interesante: Inspección de Trabajo usará los centros de la mujer para detectar desigualdades de género (eldigital.es). Al parecer, como se deja patente en el citado diario,este protocolo pretende profundizar en la mejora de la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, sobre todo en el ámbito del empleo y de las relaciones laborales, así como generar igualdad de oportunidades en el acceso al empleo, a la formación y en las condiciones de trabajo, además de proteger frente al acoso sexual en el trabajo”. Nos parece una buena medida pues, antes de meter el dedo sobre la llaga nada más que con el objetivo de buscar culpables, se proponen algunas soluciones para detectar esas desigualdades. Además, “las partes firmantes se comprometen a profundizar en las causas de desigualdad sobre todo en el ámbito laboral, a fin de establecer medidas, acciones y campañas conjuntas”.

Otro aspecto relevante es el de Hillary Clinton, la candidata presidencial de los Estados Unidos. La pretensión de esta mujer es la de acabar con la desigualdad y discriminación de género. Si ella, mujer, consigue llegar a la presidencia, sería todo un hito pues se convertiría en la primera presidenta de Estados Unidos.

Pero parece ser que los estadounidenses no están del todo muy seguros de que se vayan a acabar esas desigualdades. De tal manera que un 62% de los encuestados por AP-NORC pronunció que “si Clinton es electa el nivel de discriminación en el país no descenderá, 35% creen que sí y 12% cree que aumentará”. En cuanto a los demócratas, estos piensan que “un 53% de ellos creen que la discriminación persistirá, 35% que disminuirá y 11% que se elevará si Clinton llega al poder. Los republicanos ven un panorama más gris: 73% cree que la discriminación seguirá igual si Clinton es presidenta, 14% que bajará y 11% que será mayor”.

En conclusión, hemos pretendido con nuestra pequeña aportación ofrecer un panorama acerca de las desigualdades de género partiendo, nuevamente, del tiempo dedicado por hombres y mujeres a las tareas domésticas y, a partir de ahí, enlazar con soluciones y curiosidades para poder ir zanjando poco a poco esas desigualdades de género que nos rodean.

 

Fuentes:

http://www.europapress.es/ciencia/laboratorio/noticia-mujeres-espanolas-encabezan-desigualdad-genero-hogar-20160906103930.html

http://eldiadigital.es/not/187814/inspeccion-de-trabajo-usara-los-centros-de-la-mujer-para-detectar-desigualdades-de-genero/

http://digitallpost.mx/destacado/hillary-acabara-con-la-discriminacion-de-la-mujer/