El sostenimiento de la vida, esa función primaria tan (des)conocida para unos y para otras.

Encuadrada en el ámbito privado y externa al sistema económico, custodiada por la invisibilidad, marcada por la no remuneración y con tan poco reconocimiento. ¿Cómo hemos estado organizando a través de los tiempos todo lo que es y rodea algo tan fundamental como el sostener la vida de las personas? Tradicionalmente encontramos rápidamente la respuesta. No hace falta echar la vista mucho tiempo atrás y  mirar a nuestras madres o a nuestras abuelas, basta con fijarnos en nosotras mismas, mujeres muchas veces insertadas en el mundo laboral y sí remunerado, que no nos ha eximido de continuar gestionando, dirigiendo y realizando lo doméstico.

Aunque no quiero desechar las tareas puramente doméstica en cuanto a todo lo referente a limpieza y tareas diversas e infinitas que puedes encontrar en el mantenimiento del hogar (mi madre siempre dice que en una casa si quieres, siempre hay algo que hacer), hoy quiero centrarme en todo el trabajo que supone el satisfacer otro tipo de necesidades más allá incluso también de las biológicas. Quiero visibilizar las necesidades de relación y afecto que tienen todas las personas que componemos la familia, desde la ascendencia hasta la descencencia, y que siguen estando mayoritariamente cubiertas y satisfechas por la mujer bajo el mandato de género femenino que nos otorga este sistema patriarcal en el que vivimos.

               La persona se siente cuidada en este sentido desde el hogar, ya que es desde aquí desde donde se cubren (o no) sus necesidades de vinculación y apego, incidiendo principalmente en el sentimiento de sentirse amado/a. Todas las personas necesitamos sentirnos amadas, ya que esta seguridad de conexión con los demás facilitará nuestro bienestar emocional y en definitiva, contribuirá a crear personas equilibradas y emocionalmente estables, lo cual influye directamente en nuestra salud y nos aporta una calidad de vida más allá de lo material.

Este trabajo para terceros revierte directamente en la sociedad y la enriquece, puesto  que el satisfacer todos estos componentes subjetivos de las necesidades humanas  aporta la calidad para la vida en comunidad. Pero apuntemos en este momento como se encuentra fuera de la remuneración, y como además es considerado implícito en las tareas de cuidado y, por extensión indisoluble del rol desempeñado por la mujer.

Para mi entender, dos son las líneas que de forma  paralela deben incidir para llegar a una forma más igualitaria y en definitiva, más beneficiosa para todos/as en lo relacionado con   la gestión, organización y realización de las tareas necesarias para el sostenimiento de la vida.

Por un lado,  favorecer de una forma real y no sesgada la implantación de políticas de conciliación destinadas tanto a hombres como a mujeres; valga de mal ejemplo la ayuda de 100€ mensuales durante los tres primeros años de vida del bebe, y que se dirige a la “madre trabajadora”, entendida como tal, aquella que realiza una actividad remunerada en el mercado laboral. Políticas de este tipo continúan manteniendo implícitamente que el cuidado es función de la madre, sin cabida del padre, y además invisibilizando a otras madres por el hecho de no trabajar fuera de casa y de forma remunerada.  

La segunda línea pasa porque el hombre se incluya no solo en las tareas domésticas, sino que además tome conciencia acerca de que ellos también pueden y deben,  realizar un cambio hacia la corresponsabilidad del componente subjetivo de la sostenibilidad de la vida humana. A los hombres se les presenta por delante un apasionante camino para consolidarse como figuras presentes tanto en la crianza como en el cuidado, en colaboración con las mujeres, y para así abogar por la construcción de nuevas formas de familia y de pareja alejadas de los roles que tradicionalmente ha marcado el patriarcado.

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Acceso de la mujer al mercado laboral

En la Cumbre de Ministras europeas celebrada en Cádiz el presente mes, Nyamko Sabuni, responsable de Integración e Igualdad de Género de Suecia, señaló que:

El Producto Interior Bruto de los países europeos se podría incrementar del 15% al 45% si se aumentara la participación laboral de las mujeres. Para conseguirla ha señalado tres puntos básicos. Primero, aumentar los beneficios fiscales de su incorporación; segundo, el libre acceso a guarderías, y tercero, la participación de los hombres en el cuidado de niños y ancianos. 

http://www.elmundo.es/yodona/2010/02/03/actualidad/1265201823.html

Tenemos que tener en cuenta que no es un problema de las mujeres, no es un tema privado, sino que es un problema de hombres y mujeres y es un tema que preocupa a toda la sociedad y, por lo tanto, debe obtener una respuesta social, implicando a todos los agentes:

  • Estado, a través de la puesta en marcha de servicios públicos de cuidados, apoyando la iniciativa privada en el sector de servicios de ayuda y la creación de nuevas infraestructuras que faciliten la conciliación. Sensibilizar a las empresas a realizar Planes de Igualdad de Oportunidades e incentivarlas con acciones positivas para la contratación de mujeres, sobre todo en sectores masculinizados. Reforzar la coeducación para destruir los roles y estereotipos tradicionales que subsisten en la sociedad.
  • Empresas y Sindicatos, investigando y adoptando nuevas formas de organización del trabajo que permitan, tanto a mujeres como a hombres, conciliación laboral, familiar y personal, con el objetivo de garantizar una mejor calidad de vida.
  • Las mujeres y los hombres, a través de un cambio de mentalidad que permita avanzar en el reparto de las tareas domésticas y de cuidados, reconociéndolas y asumiéndolas como responsabilidad de todo el grupo familiar.

Si tenemos en cuenta los datos reales, nos encontramos:

  • No existen beneficios fiscales para facilitar la entrada al mercado laboral de las mujeres. Sería necesario diseñar acciones positivas para que las mujeres puedan acceder sin desventaja en el punto de partida.
  • La oferta de plazas en centros de educación infantil es deficiente ya que da cobertura a un 21, 17 %. No alcanzamos el 33 % recomendado por el Consejo de la Unión Europea. http://www.ugt.es/Mujer/informe_8_de_marzo_2009_UGT.pdf
  • El 63’55% de mujeres ocupadas realizan las labores del hogar frente al 16’31% de hombres, según el estudio “Mujeres y Hombres en España 2007”. http://www.ine.es/prodyser/pubweb/myh07/myh07.htm