Saudi Arabia and employing women

 

When we are talking about the labor market and the employment of the woman we must mention countries where discrimination is much more radical as in our countries. I chose Saudi Arabia and a radical new step about the employment of woman.

In 2010 so only 2 years ago the huge supermarket chain employed 16 women as a cashier in Saudi Arabia where the segregation of woman and man are really strict. Panda supermarket chain employed 16 woman as a cashier in the town called Jeddah which is next to the Red Sea. Tariq Ismail, the chain’s spokesman said the women are much more diligent than men. If they receive the license of Ministry of Labor, the kingdom of Vahhábita as well they will employ more women as cashiers.

Rosa is an upscale part of the town and in the shopping center where the cash desks operated by women are located there is a sign with: “for women and families”. The supermarket chain tactfully introduced the measure, given the sensitivity of the question. The person who analyses the role of men and women stay together, called Juszef Ahmed al-Sheikh, who is also a teacher at a university in Riyadh in a talk shows said that there must be a boycott against the Panda supermarket chain because of the female cashiers. By the way the supermarket chain operates about fifty stores in the kingdom.

The ladies in the cashier can not wear the chain’s uniform, they must wear the general clothes in the country must which is long and black called Aba (traditional Islamic women’s clothing) and they also need to wear a veil that covers their hair.

In the Saudi restaurants there are special section on women and children and on the other part only men may dine. In Saudi Arabia women can not travel, can not go get married also they mustn’t receive medical care without the permission of the men family members and they can’t drive a car. Arim Assad who is studying the university in Jeddah since 2008 started her campaign to ensure that women can work in lingerie shops. The measure would alleviate much of the consumer confusion, but so far it is without success.

Is it good to be women now?

Discrimination, running into giving birth to a kid, chance of failure, emancipation, general woman roles – career o family. These are only just few thoughts about when we are thinking of the employment of a woman.

Is it hard to stay on foot in the labor market as a woman in the 21st century?

I think it is good to be a woman in this time of period but only if we talk about the labor market of Europe and if we like the challenge what this career is holding for woman. Education now is more available so in the last few dozens of years woman could also enter to the leader positions in the labor market. We must say that we are talking about the labor market in Europe as in Africa and in Asia the situation is a bit different.

I have been in America in the last few years and I had the opportunity to see how it is the question of the discrimination works there. So I can make a short comprehension between USA and Hungary/ Europe.

We in the European Union with the equal opportunities policy we can be satisfied and with the public support, the only question that this long-term effective and sustainable. Not only Hungary but also in Europe significantly we are behind America and the American laws also if we compare the way of thinking of the people also their self-care skills.

In Hungary and in the European countries the social service still working incredibly well and people can count on the public care, which of course is good and humane thing, but on the other hand we (Hungarians or even if we talk about the Europeans) do not have the survival skills and the right management of the crisis as the American people. They primary not waiting for a help from their state, they have their own system and they behave more solidaric with others. Anyway woman can lose their femininity in the career fight. As in USA they have the chance to have a successful fight in the labor market for the leading positions.

If a woman really wants something she will achieve it. But we also should think about the politics. Why we can’t see so many women in the politics? Isn’t this strange? What can be the reason for this?

On the other hand why there are so many careers where we can’t find man? For example the teachers nowadays mostly woman. In USA they started to fill up the gaps of the free places with woman even in the engineering positions which would be really strange if that would happen in European countries.

So we should look around in the world a bit more to see the improving tendencies of the labor market. What do you think about these questions? What tendencies you have in your country?

Invisibilidad femenina

Concepción Arenal

Anne Krueger

  Marjorie Grice Hutchinson

  Graciela Chichilnisky

 

  Irma Adelman

Seguramente al mirar estas fotografías, aun habiendo escrito al lado el nombre de cada una de las mujeres que aparecen en ellas, la mayoría de las personas no sabríamos decir quiénes son, ni a qué han dedicado sus vidas, ni siquiera si han sido importantes sus trabajos o estudios en cualquier ámbito. Si nos preguntaran por alguna de ellas o simplemente nos pidieran que dijéramos el nombre de mujeres científicas, filósofas, astrónomas… seguramente no se nos vendrían muchos nombres a la cabeza, sin embargo la lista de nombres seguro que aumenta cuando se trata de hombres.

Estas mujeres son importantes economistas que han dedicado sus vidas a estudiar y trabajar en esta área. ¿Y cuál es  el motivo por el que nos resultan desconocidas?, pues el mismo motivo por el cual nos son desconocidas otras mujeres muy importantes en otras áreas de conocimiento, su invisibilidad que todavía hoy perdura; por ejemplo, a mí me ha costado trabajo encontrar las fotografías de algunas de ellas. He elegido a mujeres economistas porque es el tema que aquí nos atañe pero podría haber puesto una gran lista de fotografías de mujeres con carreras muy importantes en otras muchas áreas.

La delegación de las mujeres al ámbito privado del hogar hizo que el mundo de lo intelectual, entre otros, fuera un terreno exclusivamente masculino y en el cual las mujeres no tenían cabida. Sin embargo, su deseo de conocimiento superaba a las dificultades que se encontraban.

Algunas para poder estudiar tuvieron que llegar incluso a ir a clases disfrazadas de hombre ya que la entrada de la mujer en las universidades estaba restringida. La mayoría de ellas no han conseguido el reconocimiento que sus estudios e investigaciones merecían. En algunos casos quedaban en un segundo plano debido a la gran repercusión mediática que tenía su esposo, aun habiendo ella contribuido de manera importante e incluso imprescindible en los logros de éste.

Con esta entrada he querido arrojar un poco de luz sobre ellas y hacernos aún más conscientes de esta invisibilidad que las mujeres hemos sufrido y que aún hoy seguimos sufriendo.

 

 

Desigualdades de género en los mercados de trabajos

Buscando información sobre la desigualdad de género en el mercado laboral, me topé con un artículo muy interesante, escrito por Paqui Rivero, que intentaré describir a continuación. http://www.stes.es/comunicacion/clarion/clarion10/EC10_222324.pdf

La autora hacía énfasis en la necesidad de analizar lo que socialmente entendemos como trabajo. Además, insistía en la necesidad de comprender, en primer lugar, que el trabajo no sólo significa realizar una actividad remunerada que nos permita cubrir los costos necesarios para la supervivencia, sino que lo es aquello que usualmente damos por sentado, como natural y exclusivo de las mujeres: el cuido y el trabajo doméstico.

¿Cuál es el costo de este trabajo? ¿Qué pasaría con el orden social de la vida humana sin el trabajo que las mujeres realizan en el espacio privado? ¿Qué impacto tendría su ausencia o su contabilización en la economía de un país, de un hogar? Todas estas son preguntas que suscitan a la visibilización de una realidad unívoca: las mujeres son sujetos sociales que, aún sin reconocimiento formal, aportan a las economías de los países en los que viven.

Ciertamente, el mercado laboral ha incrementado a pasos gigantescos y las mujeres hemos entrado en él en condiciones cada vez más igualitarias en relación a nuestros homólogos masculinos. Sin embargo, la desigualdad en el reparto de empleos es muy notoria y generalmente cambia cuando aparecen los hijos e hijas.

La tasa de empleos de medio tiempo para las mujeres es más alta cuando debemos cuidar a algún miembro de la familia o hacernos cargo de las tareas del hogar. Así mismo, las mujeres que accedemos al trabajo asalariado sufrimos de una segregación ocupacional que tiene un doble carácter; la concentración en determinadas ramas profesionales (las áreas sociales fundamentalmente) y la concentración en los puestos más bajos de las empresas, por tanto, menos remunerados.

De tal manera que, aun cuando hoy en día las mujeres estudiamos en promedio más años que los hombres,  los diversos sectores laborales continúan contratando a más hombres que a mujeres en los puestos más remunerados, que evidentemente no son los trabajos sociales, sino aquellos vinculados con la empresa privada. Esto es debido principalmente a los gastos por maternidad a los que los empleadores están sujetos cuando las mujeres deciden tener un hijo/a; hijos/as que en última instancia serán la mano de obra que estas mismas empresas requerirán.

Esto también se ve reflejado en los salarios. La mujer suele percibir, en promedio, 30% menos que el hombre.  Esto sin mencionar la precariedad laboral en la que muchas son contratadas. Ciertamente el empleo precario no es una condición laboral que afecta exclusivamente a las mujeres, pero es innegable que son ellas las que bajo esta forma de empleo, se ven más expuestas al acoso sexual, siendo una problemática poco denunciada debido al miedo de perder el trabajo o ser sujeta a represalias.

Conscientes de que estas son problemáticas que expresan determinadas creencias y estereotipos de género, vinculadas con el papel histórico y social asignado a la mujer en la esfera privada y pública, toda la problemática descrita se centra en la función reproductiva de la mujer y en su rol maternal o en la maternidad propiamente dicha.

El que estas funciones de la vida social sean asignadas única y exclusivamente a las mujeres es parte fundamental del problema. Mientras las hijas e hijos, el cuido de los demás y el trabajo en el hogar no sean compartidos y los estados continúen haciéndose de la vista gorda al no crear los mecanismos y la infraestructura necesaria para el cuidado de las personas y la crianza de los hijos (guarderías, por ejemplo), las mujeres seguiremos ante la dificultad de separar la vida maternal de la vida laboral y de la vida personal de las mujeres. Problemas a los que, por esa misma construcción social, los hombres no se ven expuestos.

Así, la visibilización del aporte que las mujeres hacemos desde el trabajo doméstico no remunerado es necesario, pero lo es también el cuestionar la función reproductiva y la maternidad como exclusivos de las mujeres. Todo lo descrito genera violencia y en ello destacamos la violencia económica, entendida como la imposibilidad o dificultad de no acceder a los recursos económicos más elementales en igualdad de condiciones, sin discriminación ni exclusión.

 

 

 

 

La penalización del aborto terapéutico en Nicaragua

El aborto terapéutico es un procedimiento médico que en Nicaragua se realizaba legalmente cuando la vida de una mujer se encontraba en riesgo, el feto o embrión presentaba daños irreversibles o el embarazo era fruto de una violación o incesto.

Nicaragua es uno de los pocos países en Latino América que prohíbe y sanciona el derecho de las mujeres al aborto terapéutico desde el año 2006. Antes de esa fecha era lícito,  justificado por razones médicas. http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=92236

En el mes de octubre del año 2006, apenas un mes antes de las elecciones nacionales presidenciales, la jerarquía de la iglesia católica y algunos grupos de la iglesia evangélica del país, comenzaron a hacer presión pública para la derogación de la figura del aborto terapéutico del Código Penal vigente.

Si bien es cierto que la figura jurídica del aborto en la legislación nicaragüense nunca estableció las circunstancias en las que se permitía ni tampoco reivindicaba el derecho de las mujeres a decidir plenamente sobre su sexualidad y sus cuerpos, sí disponía de un resquicio legal para salvaguardar la vida y la salud de las mujeres.

Los diversos mensajes pastorales de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), las campañas de la iglesia y los grupos denominados ProVida, que promulgan la sanción del aborto en todas sus formas, esgrimen un sinnúmero de argumentos de tipo ético y religioso, que reivindican el derecho a la vida, afirmando que la sanción del aborto es un mecanismo legal que evitará su práctica. Sin embargo, la derogación del aborto terapéutico ha afectado negativamente el acceso a la salud de las mujeres, especialmente de las más pobres, ante la negativa del personal médico de atender embarazos de riesgo por el temor a ser enjuiciados.

Con la derogación del aborto terapéutico se deja sin opciones a la mitad de la población del país y se pone en gravísimo riesgo la vida de mujeres cuyo embarazo es su principal riesgo, exponiéndolas a un conjunto de complicaciones sicológicas y biológicas al verse obligadas a recurrir a la realización de abortos inseguros, lo que ha incidido en el incremento de los índices de mortalidad materna en el país.

El proceso inconstitucional de restricción del aborto terapéutico visibilizó la existencia de una sociedad altamente conservadora, de una clase política poco consistente en términos ideológicos, oportunista y dispuesta a someterse a las ideas más atrasadas con tal de obtener votos y manipular la opinión pública a favor de sus propios intereses, poniendo el cuerpo de las mujeres al servicio de la opinión pública, de la iglesia y del gobierno.

En ese marco, el aborto ha sido utilizado como un mecanismo electorero de los grupos de poder que claramente violan el estado de derecho de una sociedad constitucionalmente laica, y de un país firmante de acuerdos y convenciones internacionales que abogan por la salud y los derechos de las mujeres.

La efervescencia de discursos políticos y religiosos sobre el aborto en estos contextos afecta el estado de derecho de un país empobrecido y de una sociedad civil fragmentada y excesivamente conservadora. La polarización que dichos discursos suscitan en la población influye en que ésta no logre posicionarse firmemente en contra de la penalización del aborto y en que la voz de las mujeres al respecto quede silenciada. Precisamente, las diversas posturas que existen sobre el tema en Nicaragua indican la fragilidad de una sociedad que no logra reafirmar su democracia al no cuestionar el estatus quo.

La anulación del aborto terapéutico como figura jurídica que salvaguarde la vida de la mujer en circunstancias especiales muestra, por un lado, la incapacidad del gobierno de actuar según derecho en temas que son única y exclusivamente competencia del estado, pero ante todo evidencia la discriminación sexista y misógina que permanece oculta en las valoraciones morales de los grupos conservadores de la iglesia católica y de los partidos políticos, al negar a las mujeres y a las niñas un tratamiento que solo ellas necesitan.

En Nicaragua se ha dado una amplia discusión sobre el tema entre las cúpulas intelectuales del país, sin embargo no se conoce con profundidad lo que piensan las mujeres que están fuera de estos grupos. Así, es necesario plantearse estrategias de incidencia e investigación que permitan conocer lo que las mujeres opinan sobre los temas que les afectan. Esa es la única manera de garantizar la legitimidad de cualquier política pública que les vincule y contribuir al reconocimiento de que la situación de las mujeres debe ser el primer indicador del estado de democracia de cualquier nación.

 

 

 

El cuerpo femenino: La maternidad y el trabajo no remunerado

Los cuerpos de las mujeres han sido y continúan siendo los principales rehenes de todos los sistemas de dominación, porque solo desde la reglamentación de los cuerpos en clave jerárquica es posible construir significados esencialistas que cumplen la función de legitimar todo tipo de discriminaciones

María Teresa Blandón

 A finales del 2011, el Programa Feminista La Corriente de Nicaragua publicó el estudio Los cuerpos del feminismo nicaragüenses.

http://es.scribd.com/doc/62552347/Los-Cuerpos-Del-Feminismo-Nicaraguense

Este estudio, certero y analítico, muestra hallazgos interesantes sobre la trayectoria de los feminismos nicaragüenses, sin embargo, yo deseo centrar la discusión en torno al recorrido teórico y analítico que sobre la concepción del cuerpo femenino hacen las investigadoras.

Así, deseo iniciar afirmando que el cuerpo es fuente de opresión, pero lo es también de emancipación . Sabemos que el género tiene una carga cultural, social y simbólica sobre la que, en la lógica del pensamiento binario y dicotómico, unos cuerpos importan más que otros. La maternidad, a partir de la cual el significado del cuerpo femenino cobra una inequívoca expresión, define como condición que se es mujer, solo sí y a condición de, una única manera posible, siendo madre.

Bajo este pensamiento, que no acepta nuevos referentes emancipatorios, el ser madre lo es y lo significa todo. Las mujeres existimos como extensión de esa realidad biológica, nunca fuera de ella. Bajo este pensamiento biologisista y naturalizador, el cuido a los demás, el trabajo doméstico y la crianza de los hijos son tareas propias de las mujeres y por tanto carecen de valor.

El planteamiento político y económico de las mujeres y feministas por la emancipación de la mujer ha girado siempre en torno al control y poder que actúa sobre esos cuerpos. Así, los cuerpos son una construcción social, regulados por el poder político, económico y religioso, que a la vez coexiste con el poder desde dentro, desde el deseo, el placer y la razón, que puede ser controlado, redefinido y problematizado por una misma, y así, desde esa postura, reclamar el derecho a la autonomía.

El feminismo reivindica la importancia política de liberar el placer como proyecto de emancipación del cuerpo femenino. Vivir nuestros cuerpos desde el placer nos hace apropiarnos de él; decidir sobre éste es alcanzarlo. Nadie puede hacerlo bajo la dominación de otros. Pensar desde el deseo, es transgredir el estatuto patriarcal de la maternidad, es concebirnos de una manera opuesta al discurso hegemónico, es re-plantearnos nuestra función política, económica y social como mujeres, en el término más amplio de la palabra, más que como madres.

Hoy por hoy, el debate plantea nuevas estrategias de lucha, ya no solo para que el trabajo doméstico y el cuido a los demás sea valorado en términos económicos, sino también para que las mujeres que están incorporadas al mercado laboral y que además son madres, puedan seguir teniendo el mismo poder en la esfera pública y profesional que sus compañeros hombres, padres de sus hijos e hijas.  Para que esto sea posible, es necesario democratizar la casa, de-construir la maternidad e incluir en nuestro lenguaje la labor e importancia de la paternidad, desde el término más amplio de la palabra, en el ámbito privado.

Paridad y participación política de las mujeres

Los movimientos de mujeres en el mundo se insertan en un marco político y social determinado. El feminismo sufragista marcó la pauta en esta lucha, nunca universal ni heterogénea, sino más bien diversa y fuertemente matizada por aspectos identitarios de clase, etnia y religión en la que, tal cual afirma la feminista afroamericana bell hooks, lo que se comparte no son las mismas formas de opresión, sino la lucha por acabar con ellas.

Hoy por hoy, la mayoría de países en el mundo contemplan como un derecho constitucional el sufragio en igualdad, no obstante, este mandato legislativo suele circunscribirse casi exclusivamente al derecho al voto, no así a la posibilidad de las mujeres de ser elegidas o de participar política y económicamente en la vida pública en condiciones de paridad. Tal cual afirma Judith Butler, “el ingreso de las mujeres a la vida pública no ha provocado una erosión de los roles de género como tales; más bien ha obligado a una redefinición del papel de la mujer en la sociedad en su conjunto, lo que, en lugar de eliminar sus responsabilidades de género tradicionales, las ha incrementado, mientras que las de los hombres han seguido siendo más o menos las mismas”.

El modelo de la igualdad como diferencia es el que según la jurisprudencia de algunos países, entre ellos España, posibilita el establecimiento de cuotas para las mujeres en la legislación electoral, sin embargo este modelo suele entender las desigualdades como hechos de facto, que la ley formal no logra modificar. Si esto se asume tal cual, pareciera que la legislación y sus instrumentos jurídicos de poder buscan mantener el  “status quo” de quienes detentan el poder político, es decir: los hombres.

La asignación de cuotas ha sido una herramienta valiosa para obligar a  los partidos a la incorporación política de las mujeres, sin embargo no se ha logrado romper con las barreras culturales y estructurales que impiden o dificultan una mayor participación de las mujeres en las estructuras de poder. Quizás por ello la participación política de las mujeres se ha dado a base del trabajo voluntario y no remunerado en el ámbito comunitario y las ONG`s, espacios que les han permitido ser agentes de presión para el cambio de agendas políticas en los partidos y gobiernos.

La participación política de las mujeres como expresión democrática y ciudadana es posible solo si se contextualizan los espacios culturales y de género en los que existen. Esto permitiría la elaboración de estrategias políticas concretas, desde lo cotidiano en la vida diaria de las mujeres, hasta lo global, en el marco de las políticas públicas. Así, re-surge la necesidad de desprenderse de modelos tradicionales que circunscriben a la mujer y su partición política en un sistema jurídico de poder que reproduce el poder mismo desde una lógica patriarcal.

Aún cuando la inclusión paritaria y en igualdad de las mujeres en las esferas políticas y estructuras de poder siguen siendo una tarea pendiente, el que algunas pocas lo estén logrando es una estrategia que, en dependencia de la incidencia, los pactos y las alianzas en sororidad que con ellas ejerzan las “otras”, permitirá romper las barreras existentes y exigir a los partidos y espacios de poder la incorporación de demandas vinculantes y el respeto de las cuotas establecidas y pactadas.

MUJER GITANA Y MERCADO LABORAL

Buscando artículos relacionados con la vida laboral de la mujeres gitanas he encontrado este proyecto realizado por estos y estas profesionales: Ainhoa Flecha, Óscar Prieto, LÍdia Puigvert, Sandra Racionero y Mª del Mar Ramis que han colaborado juntos y juntas con la Universidad de Barcelona.

La situación de exclusión de la mujer gitana requiere de acciones específicas en diferentes ámbitos para garantizar el éxito de las iniciativas que se lleven a cabo, pues el origen de esta situación tiene múltiples causas. “Callí Butipén”, inscrito en el Plan Nacional de I+D+I, Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales e Instituto de la Mujer, es un proyecto de investigación que trata de contribuir a superar la situación de exclusión social en la que se encuentran un gran número de mujeres gitanas, a través de aportaciones científicas que complementen iniciativas y políticas dirigidas a su inclusión en el mercado laboral. El principal objetivo consiste en estudiar el trabajo de las mujeres gitanas dentro del ámbito de la economía sumergida, su contribución a la economía nacional y las posibilidades de acceso al mercado laboral reglado. Para ello, se parte de la hipótesis de que, a través de su experiencia laboral informal, las mujeres gitanas han desarrollado habilidades que resultan ser muy valiosas para su inclusión en la sociedad de la información. Los resultados servirán para la elaboración de propuestas de acción que fomenten la incorporación de la mujer gitana al mercado laboral formal, propuestas que, finalmente, serán recogidas en la guía “Mujer Gitana, iniciativa competitividad en el siglo XXI. Por la inclusión de la mujer gitana en el mercado laboral”.

Según datos de la Fundación Secretariado General Gitano, existen una serie de hechos derivados de la situación de exclusión social de la comunidad gitana que dificultan su plena inclusión en el mercado laboral formal, si bien el contexto actual se presenta favorable para que se produzcan importantes cambios. Así, por ejemplo:

–  La proporción de personas en situación de exclusión social es sensiblemente mayor entre las familias gitanas y, además, el 50% de las personas gitanas pobres lo están en situación de extrema pobreza o pobreza grave.

– Las tasas de subempleo o empleo sumergido son mucho mayores entre la población gitana que en el resto de la población española.

– Son muy pocas las personas gitanas que acceden al aprendizaje de una profesión.

– La mayoría de las personas gitanas se emplean por cuenta propia, en actividades económicas familiares, muchas de ellas  ejercidas informalmente, estando en un fuerte proceso de transformación y regulación (venta ambulante, temporerismo, recogida de residuos urbanos..).

– En general, las políticas de empleo no se adaptan a las peculiaridades de la comunidad gitana.

–  Las principales actividades a las que se dedica la comunidad gitana son (en datos aproximados): entre un 50% y un 60% se dedican a la venta ambulante, la recogida de residuos sólidos urbanos y el temporerismo; entre un 10% y un 15% pertenecen al sector de la construcción y obras públicas; y entre un 5% y un 15% son anticuarios, comerciantes o realizan profesiones relacionadas con el mundo de las artes.

– No se reconoce el porcentaje de personas gitanas que sean profesionales.

Todo esto y más lo podréis leer en este proyecto el cual esta muy completo e interesante, y así haber si entre todos y todas podemos hacer que estas mujeres puedan introducirse en el mercado laboral.

http://www.uv.es/~jbeltran/ase/textos/flechaainhoa.pdf

MUJERES DE LA ABUNDANCIA.

En el 2007 mi querida amiga y colega Juana Valentina Nieto Moreno, escribió su tesis para optar por el grado de Máster en Estudios amazónicos, bajo el mismo nombre que encabeza este escrito.

 Ella, como el grupo de nuestras amigas antropólogas con quienes compartíamos la “angustia existencial” por entender un poco más sobre la experiencia de ser mujeres, el género y otras formas de desigualdad, quiso documentar la experiencia de mujeres en otra sociedad, sociedades, que desde nuestra formación académica, se habían catalogado como no occidentales.

Así, optando por un período de prácticas en la Universidad Nacional de Colombia, sede Leticia, viajó en el 2005 a la Amazonía colombiana y comenzó su trabajo de campo.

 No puedo detenerme a ubicar con todas las exactitudes geográficas e históricas el grupo de mujeres con quienes trabajó, ello excedería mi propósito. Rápidamente, puedo señalar que lo hizo con un grupo de mujeres y cuatros familias extensas que compartían algún grado de consaguineidad y por lo tanto emparentadas entre sí, quienes en ese entonces vivían en un lugar llamado Kilómetro 11, cerca a Leticia y que hacen parte de la comunidad indígena uitoto. En el cuadro de parentesco que aparece en el documento, se registran alrededor de 65 personas.

Poco a poco, a través de sus correos electrónicos y los encuentros virtuales que manteníamos Valen empezó a exponer sus ideas y el conocimiento que iba interiorizando frente a la gran pregunta. Una de sus primeras afirmaciones fue: “estoy cansada de trabajar, creo que nunca antes había trabajado tanto”. Claro ella se dedicó a acompañar la labor de la mujeres por  excelencia en la comunidad: su trabajo de campo se centró en las labores de la chagra, espacio donde las mujeres cultivan los productos que hacen parte de la dieta básica de ellas y sus familias.

De las primeras precisiones conceptuales que debo hacer, es que la manutención de la chagra es un trabajo casi en su totalidad femenino, son ellas quienes limpian y montan en la zona la siembra y quienes ademas se encargan de recoger, esto con la ayuda de la descendencia y algunos hombres. En este lugar, se siembran algunas plantas aromáticas, tubérculos, como la yuca o mandioca y árboles frutales. La tierra para la chagra, puede ser heredada vía materno o paterno filial, por las alianzas o por medio de préstamos de parientes amigas o uno que otro hombre soltero sin descendencia que tiene terrenos, pero no quien las trabaje.

Muchas de las tierras para las chagras quedan en lugares distante de las casas o malocas. Valentina relata que hay terrenos de 1 a 2 horas de camino que por quedar tan lejos no se han convertido en chagras. Esta precisón es importante ya que el ser dueña de un terreno no necesariamente hace que la mujer tenga una chagra y que una mujer que tenga chagra sea la dueña de un territorio.

En este punto me detengo, pues es este uno de los fenómenos que dinamiza las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres utitotos. En ese sentido, aunque como ya señalé, no todas las mujeres sean las dueñas de las tierras, son las dueñas del poder que les da el conocimiento y el trabajo en una o más chagras. Ya que es por este que se garantiza la alimentación básica para sus descendientes, cónyugues e incluso las madres y los padres de ellas.

¿…. y el género y la economía ?

En Colombia, como en la mayoría de lugares donde se hicieron trabajos de corte etnográfico, tal cual lo señalara Henrieta Moore, la producción documental, hecha por hombres en su mayoría, ignoró el papel de las mujeres. Una de las explicaciones para que así fuera tuvo que ver con que esas sociedades no occidentales estaban organizadas por grupos de parentesco y/o clanes, casi siempre liderados o encabezados por hombres. Por ello, no resulta extraño, las mujeres aparecían invisibilizadas, “relegadas” a los ámbitos domésticos y del cuidado.

Sin embargo, lo que entendimos con la tesis de Valen, es que más allá de los grupos de parentesco y clánicos que serían los que vendrían a organizar la vida social en esta comunidad, los grupos que son más funcionales son los de esas mujeres, y aunque se vieran como más informales también organizan la vida social, económica y productiva, del grupo.

 Si bien, todas las mujeres de la comunidad son parientes en algún grado, generalmente se organizan entre las que más cercanas no sólo para el trabajo en la chagra, sino también para otro tipo e trabajos que generan ingresos económicos. Aquí, aparecen actividades que son también lideradas por las mujeres, que aprovechan otro tipo de capacidades y de su gusto por otros quehaceres que van desde la fabricación de artesanías, tejidos y algunas vinculadas al trabajo asalariado, como ayudantes en las escuelas y trabajadoras del servicio doméstico en ciudades como Bogotá y Medellín, por citar algunas.

Las actividades que se realizan en la zona, la artesanía y el tejido, también son una práctica que convoca a un grupo de mujeres y es un espacio que se constituye como de intercambio de saberes generacionales y una socialización para las mas pequeñas que van aprendiendo sobre sus posibles labores futuras. Hay una división del trabajo entre ellas mismas ya que las competencias de cada una son diferentes, el asunto central es que todas salen ganando.

Quiero señalar que mi idea no es hacer una apología de las mujeres del once, pues como en todo grupo humano hay tensiones y rivalidades. Lo que me interesa es mostrar, cómo esta idea de ser mujer se narra a través de la fuerza, del aguante, del trabajo en sí que genera abundancia como constitutivo de su ser, así crecen, así viven, así crían a sus hijas. El hecho de que no falten los alimentos no sólo para su casa sino para sus parientes, que se pueda compartir en otros eventos de la comunidad como las mingas, es la verdadera prueba de autoridad. Para ellas la distribución es la que genera la autoridad, de ahí que las uitoto se las ingenian para obtener ingresos de todas sus actividades.

Tal como lo afirma el marido de una de las mujeres que entrevistó Valentina y que registró en su diario de campo:

Estamos conversando Walter, Kasia y yo, cuando llega a la puerta una señora a vender miel. Mientras Kasia se va a atender a la señora Walter me dice en voz baja:-Ella [Kasia] es mi banca, a mí de vez en cuando que me sale trabajo, pero ella con sus mochilas…A ella es que me toca pedirle prestado plata”.

Con esta reflexion me gustaría haber mostrado, una de las miles de experiencias de la experiencia de ser mujeres, en cierto contexto geográfico, en cierto momento histórico, no por ello quiero idealizar ni generalizar dentro de ellas mismas este hecho. Sólo señalar que no se puede establecer un único modelo posible e ideal de serlo, ni para ellas, ni para nosotras. De ahí la importancia de abordar esta diversidad, estudiarla, comprenderla, compartirla, visibilizarla con la plena convicción, de que otros mundos son posibles…

 Monica sembrando fuego

¿Quién tira la primera piedra?

Una mirada a los discursos y contenidos impregnados en las áreas del conocimiento como la historia, la literatura, la antropología, y la filosofía apuntan al dominio masculino y a la inferioridad de las mujeres[1]. El sistema patriarcal como orden y organización social.

Sus maneras sutiles de corroer, insertarse, reproducirse y perpetuarse en la estructura social adquieren disímiles expresiones. Cambiantes y dinámicas como lo son las épocas, las sociedades, los contextos, las vivencias, las culturas. Complejas, en la medida que atraviesan cada ciclo de nuestra vida, cada tiempo y espacio de nuestra existencia, la vida cotidiana misma.

La economía, por tanto, no es la excepción. La práctica, como mejor criterio de la verdad, apunta a sus fundamentos androcéntricos y patriarcales. No en vano han sido las luchas de los movimientos feministas por reivindicar y colocar a las mujeres en su justo lugar, como sujetos plenos de derechos, creadoras y transformadoras de la realidad social y económica. En este sentido, su derecho al empleo, a un salario justo, a la dignidad plena, a la independencia y autonomía se han perpetuado sobre relaciones asimétricas de poder y subordinación, manteniéndose  una evidente situación de desigualdad.

 ¿Y podría ser de una manera distinta en este mundo neoliberal, capitalista y globalizado?, dónde prevalece el mercado y el consumo sobre la satisfacciones humanas, esto es, la propia vida misma, ¿podría la economía y el mercado dejar espacios para alternativas inclusivas?, ¿que tengan en cuenta las evidentes situaciones de desventaja social, no sólo para las mujeres sino también, para otros grupos vulnerables?, ¿podrían ser posibles las alternativas que apuesten por la vida? La actualidad señala a una dirección opuesta.

 La organización socio-económica nos hace reconocer claras distinciones. De lo contrario, ¿cómo explica la división que reproduce entre lo público y lo privado? Lo primero, exclusivo de los hombres, y por el otro, casi como opuestos irreconciliables, lo que “corresponde” a las mujeres. Para ellas: el hogar, las actividades domésticas, los cuidados, lo no remunerado, lo que no vale.

 Las actividades domésticas y de cuidados es uno de los temas más debatidos. Actividades que, culturalmente, se les ha asignado a las mujeres, con total exclusividad. Sobre ellas recae todo el peso del trabajo doméstico, los cuidados familiares y el hogar. En algunos casos, los hombres solo brindan una “ayuda puntual”, hecho que demuestra que “esa no es su obligación”, y que, lejos de creer que es un avance habría que seguir cuestionando los juicios de valor que los sostienen. Por lo visto, los valores que aún permanecen en las mentes masculinas y, también femeninas, siguen depositando en estas últimas todo el peso de la responsabilidad. La corresponsabilidad es un valor que aún no ha calado culturalmente, al menos, no se expresa en gran cantidad de los hogares.

 Me parece muy interesante un texto de L. Bonino (2007)[2] el cual hace referencia a los micromachimos, conductas violentas muy sutiles e imperceptibles reproducidas por los hombres en el hogar. El autor, muy de seguro con una excelente perspectiva de género, incluye en sus reflexiones elementos relativos al trabajo doméstico y los cuidados como formas de violencias contras las mujeres, por ejemplo, la no participación en lo doméstico, el aprovechamiento y abuso de la capacidad femenina de cuidado, la evitación de la reciprocidad en el cuidado, entre otros.

 Compartiendo esta idea, las mujeres no solo estamos bajo constante stress y sobrecargas, sino también, expuestas a una violencia cotidiana en los marcos del espacio doméstico. Peor aún, para las mujeres que trabajan fuera del ámbito del hogar, ellas llevan una doble jornada, una doble carga, una doble violencia.

 Si en el micro espacio del hogar hay una discriminación y subvaloración de las mujeres, ello es el reflejo de lo que ocurre a nivel social. Socialmente es invisibilizado, omitido, relegado, inferiorizado el trabajo doméstico. Es asumido en una dualidad irreconciliable. Por un lado,  el mercado, la remuneración, lo público y lo importante, y por otro, lo que está  fuera del mercado, lo que no se paga, lo privado, lo que no es valioso. Por tanto, a las mujeres no sólo se les exige una doble jornada, sino que tampoco se les paga por ello, no se les reconoce la importancia de su contribución, aún cuando, dichas actividades son fundamentales para asegurar la vida humana, un marco de relaciones afectivas, emocionales, de seguridad y pertenencia sin las cuales es imposible la subsistencia.

 Será necesaria una conciencia crítica de género que lleve de la mano, con ojos curiosos y manos ávidas para la acción, el camino transitado por la economía. Sin una mirada cuestionadora a las desigualdades inherentes al modelo patriarcal, su franca desventaja especialmente para las mujeres, será imposible una economía que apueste por la vida.

 En este sentido, resulta de extrema pertinencia política el surgimiento y avance de la Economía Feminista. Sus temas siguen abordando cuestiones elementales, y aún no resueltas para las mujeres, el cuestionamiento de su situación de opresión, la visibilización de sus aportes e incidencia en la economía, así como, la ruptura con estereotipos y dogmas de sujeción “naturalizadas”, también, en este ámbito.

 Este sigue siendo un terreno fértil de aportaciones, y de múltiples resistencias. El camino es arduo, y largo, según ha demostrado la historia, pero sin dudas, reclama las voces de las mujeres, de nuestras múltiples luchas. Si no continuamos pujando nosotras ¿entonces quiénes?[3]


[1] Ver Simone de Beauvoir. 1949. El segundo sexo. Los hechos y los mitos. (Vol. I). Buenos Aires, Argentina: Ediciones Siglo Veinte, 1972.

[2]Bonino Méndez, L. (2004). Masculinidad, salud y sistema sanitario. El caso de la violencia masculina En: Consue Ruiz Jarabo Quemada y Pilar Blanco Prieto, eds. La violencia contra las mujeres. Prevención y detección. Cómo promover desde los Servicios Sanitarios relaciones autónomas, solidarias y gozosas. España: Ediciones Díaz de Santos. p 83-102.

 [3] Los textos encomendados en la asignatura de “Desigualdades de género en los mercados de trabajo” constituyeron las provocaciones fundamentales para estas líneas.