Buenas o malas madres: un problema de salud pública, un problema de sostenibilidad

Antes

 

Es evidente que hay buenas madres y menos buenas, lo mismo que hay buenas y malas personas. Pero nuestra libertad viene limitada por nuestro entorno, nuestras vivencias, nuestra educación, las habilidades aprendidas o no, nuestros depósitos afectivos y emocionales recibidos durante la infancia. La responsabilidad individual existe, pero los condicionamientos a veces son casi insuperables.

Hoy he conocido una mujer cuya familia es objeto de atención especial en los Servicios Sociales. Ella es hija de una mujer prostituida, no existió un padre para ella, cuidó de sus hermanos pequeños como una niña esclava y estuvo envuelta en la violencia y el odio. Nadie le enseño a querer y mucho menos habilidades sociales para una relación de convivencia afectiva satisfactoria para ella y su entorno. Probablemente, huyendo de esa pesadilla, se casó muy joven y tuvo tres hijos. Pero como era fácilmente esperable el esposo era  un hombre maltratador, tan violento que está actualmente en la cárcel. Ahora tiene una nueva pareja, un hombre salido igualmente de una familia violenta que se precia que él no lo es. Y es cierto, no lo es con con los otros, tiene más habilidades sociales que ella, pero es drogadicto. Cuando está limpio es un buen padre para la nueva hija pequeña que tienen en común y también para los otros niños, pero eso no ocurre siempre. En ese contexto ¿puede extrañarnos que ese hogar sea un lugar de violencia? ¿Puede sorprendernos que la pobreza y la infelicidad  originen una creen patología familiar grave?

Tiene miedo de ir a trabajar y que sus hijos se lesionen irremediablemente entre ellos, pero también necesita, como el comer, un espacio personal, incluso dentro de un trabajo.

Toda la familia gira en torno a una mujer violenta, infinitamente infeliz, desbordada por una carga que nunca ha sabido manejar, incapaz de dar a sus hijos el afecto que no recibió, imposibilitada para socializarles en valores que ella nunca ha aprendido, consciente de su fracaso. Y sin embargo es fuerte, es inteligente, tiene un gran potencial, merece la pena todo el esfuerzo necesario para que tenga alguna ocasión de ser feliz como la tiene todo ser humano. Pero es más, es un problema de salud pública, porque si no la sanamos a ella, sus hijos seguirán perpetuando el circulo de violencia, infelicidad y riesgo para la sociedad. Una sociedad así no es viable y este  caso no único, ni siquiera infrecuente.

Es un caso extremo, lo sé. Sin embargo los hijos semi-abandonados, sin nadie que les ponga límites o tenga tiempo para proporcionarles afecto es de una frecuencia alarmante y el resultado es violencia, desafecto, infelicidad, patología.

A veces me pregunto: ¿antes de la emancipación de la mujer, no se adiestraba mejor a las mujeres para socializar a sus hijos? ¿Para ser buenas madres? Creo que en las familias extensas al menos existía un reparto de tareas y un acompañamiento que hacía más fácil la vida de todos y de las mujeres en particular. Pero claro el mercado laboral necesita movilidad y las familias hace tiempo que son nucleares, cuando no monoparentales.

Madres rebeldes.pngCreo que las feministas somos conscientes de lo que se nos ha tratado de vender: ser una mujer es ser una buena madre y esposa. O sea ser una trabajadora  esclava que produce trabajadores/consumidores. La emancipación de la mujer, sin que la sociedad haya provisto los mecanismos necesarios para mantener los cuidados de vida: higiene, nutrición, afecto ha producido una crisis de cuidados que crea violencia y patología. Los hombres apenas han evolucionado en la corresponsabilidad de las tareas domésticas y los cuidados y el individualismo creciente aboca claramente a un mundo inviable.

Por supuesto la solución no es volver a encerrar a las mujeres en su casa, pero si que la comunidad se haga consciente de que lo doméstico es política y que es un problema de toda la sociedad. Que la infelicidad, la falta de afecto y cuidados supone un grave problema de salud pública. Que ya es hora de que el mercado no marque el desarrollo para seres humBolsa de la compra.pnganos  con espíritus frágiles muy necesitados de apoyos. De lo contrario nuestra sociedad es cada vez más insostenible. No es un problema de productividad es un
problema de afectos, de cuidados de vida.

Trabajo doméstico

Imagen extraída de: http://www.incae.edu/es/investigacion-y-conocimiento/blog-clm/wp-content/uploads/2012/02/forges_mujer1-1.jpg

El movimiento feminista a lo largo de la historia ha trabajado mucho para conseguir superar las desigualdades que hemos sufrido, y seguimos sufriendo en la actualidad, las mujeres en los  diferentes ámbitos  de la vida. Sin embargo, es en el trabajo doméstico donde se ha encontrado con las mayores dificultades.

Y es que hoy en día el trabajo doméstico sigue siendo un terreno atribuido exclusivamente a la mujer y al cual se le sigue sin  conceder el valor y la importancia que realmente tiene.

Durante toda la historia la mujer se ha dedicado a realizar las labores del trabajo doméstico, que incluye la crianza de los hijos, el cuidado de los enfermos y las personas mayores, las tareas del hogar… y un sinfín de tareas más por las cuales no recibe ningún beneficio material.

Poco a poco las mujeres nos hemos ido incorporando al mercado de trabajo, un terreno antes exclusivo del hombre, podemos tener un empleo con el que obtengamos a cambio un salario, un trabajo valorado. Sin embargo el hombre no se ha incorporado al trabajo doméstico, sigue realizando su trabajo remunerado y al llegar a casa, la cual se encuentra en perfectas condiciones, se sienta a descansar por el duro día que ha tenido.

¿Es esto igualdad? Bajo mi punto de vista no, y es que parece que a las mujeres nos crecen las desigualdades por todos lados. Cuando conseguimos entrar en el mercado laboral tal y como lo venían haciendo los hombres hasta ahora, resulta que nos encontramos con menores salarios, contratos precarios, imposibilidad de llegar a lo más alto… y además al llegar a casa tenemos que seguir trabajando.

Creo que es necesario que se le otorgue un valor a este trabajo que es tan importante o más que otros que si que están valorados. Todas y todos hemos visto a nuestras madres y a nuestras abuelas desviviéndose por tenernos a todos y a todas bien atendidos. Ellas han sido nuestras enfermeras, nuestras cocineras, nuestras confidentes, nuestro apoyo cuando hemos estado mal… pienso que todo esto merece un reconocimiento.

Antes el trabajo doméstico era una obligación..

 

Hoy en día hay debates en la sociedad si la mujer debe de estar en su casa al cuidado de su esposo e hijos o hijas o realizando su trabajo en la calle. Hace 50 años el trabajo en casa era una obligación para la mujer. Extraído de un libro sobre Economía del Hogar, de “Sección Femenina” de la Falange Española y de las JONS, editado en 1958, en el que se detalla cual debe ser la actitud de la mujer frente a su marido…

1. Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo; especialmente, su plato preferido. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero. Prepárate, retoca tu maquillaje, coloca una cinta en tu cabello; hazte un poco más interesante para él. Su duro día de trabajo quizá necesite de un poco de ánimo y uno de tus deberes es proporcionárselo.

2. Durante los días más fríos, deberías preparar y encender un fuego en la chimenea para que él se relaje frente a ella; después de todo, preocuparse por su comodidad te propocionará una satisfacción personal intensa.

3. Minimiza cualquier ruido. En el momento de su llegada, elimina zumbidos de lavadora y aspirador.

4. Salúdale con una cálida sonrisa y demuéstrale tu deseo por complacerle.

5. Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo, o que se acueste en la recámara.

6. Ten preparada una bebida fría o caliente para él.

7. Al final de la tarde, limpia la casa para que esté limpia de nuevo por la mañana.

8. Prevé las necesidades que tendrá a la hora del desayuno. El desayuno es vital para tu marido si debe enfrentarse al mundo exterior con talante positivo.

9. En cuanto respecto  a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así;no le presiones o estimules la intimidad.

10. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer.

11. Si tu marido te sugiere prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes.

12. Puedes entonces ajustar el despertador para levantarse un poco antes que él por la mañana, esto te permitirá tener lista una taza de té para cuando despierte.

Todo esto lo escribió Pilar Primo de Rivera, Presidenta de la Sección Femenina. La mujer que más daño ha hecho a las mujeres. Además, es el colmo de la incongruencia, porque decía a las mujeres que no se metieran en política, y ella se pasó más de 40 años en la política. Decía “tened muchos hijos e hijas” y ella no tuvo ninguno y decía que el matrimonio era el destino de la mujer y ella nunca se casó.

Esto era lo que le explicaban antes a las  chicas adolescentes en los colegios, que su futuro era estar en su casa al cuidado de su familia y que su marido sería el encargado de llevar el dinero a casa, y en la actualidad en los colegios a las adolescentes se les enseña que tienen que luchar para ser independientes y estudiar para tener un futuro, pero la sociedad 60 años después poco a poco creo que nos están obligando a las mujeres a volver a nuestras casas para encerrarnos y quitarnos nuestros derechos de libertad.

CONCILIACION DE LA VIDA, LABORAL, FAMILIAR Y PERSONAL

Para abordar este tema, me gustaría tomar como referencia una noticia de prensa actual, un análisis de impacto de la implementación de estas medidas por sexo, un estudio del INE (Instituto Nacional de Estadística) y un Estudio sobre la conciliación de la vida familiar y la vida laboral del Instituto de la Mujer, a través del Observatorio para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres
Noticia de prensa: USO, propone ampliar medidas de conciliación familiar a familias con personas mayores a su cargo
El presidente de AJUPE-USO Carlos Solas, ha propuesto esta mañana implementar medidas que faciliten la conciliación de la vida laboral y familiar para aquellas personas con mayores a su cargo. “¿Por qué a niños sí y a mayores no?”, se ha preguntado (http://www.20minutos.es/noticia/1049076/0/)
Conciliación de la vida familiar y laboral: las nuevas medidas
Desde la plena incorporación de la mujer al mercado laboral, el índice de nacimientos disminuyó en nuestro país de forma considerable. Una de las principales razones de este descenso fue la imposibilidad de compaginar trabajo y familia. Por eso, en los últimos años se han aprobado diferentes medidas sociales para facilitar la conciliación de la vida familiar y la profesional.( http://www.seg-social.es/prdi00/groups/public/documents/binario/097545.pdf)
Encuesta del INE: Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 http://www.ine.es/docutrab/empleotiempo/proyecto_eet09.pdf

Observatorio para la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres
Sobre la conciliación de la vida laboral y familiar, situación actual necesidades y demandas
http://www.educastur.princast.es/fp/hola/conciliacion/conciliacion_estudio_mayo05.pdf
De entre los datos visualizados el que más me ha llamado la atención es el abandono del trabajo por sexo, así pues por un tiempo prolongado, nos indica que las mujeres abandonan en un 28% y los hombres en un 12%, y en el caso del nacimiento de un hijo hablamos de los siguientes datos mujeres en un 42.6% y los hombres tan solo un 2.3 %.(Observatorio para la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres)
Y si hablamos de datos referentes al uso dedicado al hogar podemos ver que el tiempo medio de hombres es de 1 hora y 42 minutos, frente a las 4 horas y 2 minutos que dedican las mujeres.
Por lo que podemos extraer que desde la lucha de la igualdad de oportunidades y de trato ante hombres y mujeres hay que hacer una importante reflexión por parte de toda la ciudadanía y no solo de aquella que trabaja de manera directa, como indirecta al respecto de la consecución de este objetivo.
Siendo el papel de los agentes sociales en esta línea imprescindible para fomentar medidas que permitan igualar la oportunidad entre mujeres y hombre, así como igual de importante que en su puesta en práctica cuenten con la perspectiva de género.
Pero, me planteo una pregunta al respecto, ¿hay medidas realmente eficaces, para prevenir toda clase de discriminación tanto directa como indirecta en cuestión de género?
Las mujeres vienen luchando por la igualdad de oportunidades desde hace mucho tiempo, y frente a esto, hoy por hoy nos encontramos como son las mujeres quienes concilian a través de medidas como por ejemplo, la flexibilidad, la tele asistencia, las excedencias, etc y no nos damos cuenta de la esencia paternalista que esconden todas estas medidas en el fondo, pues se están adoptando en función de los roles de género, impuestos por el patriarcado en beneficio de los privilegios del genero masculino, haciendo que las mujeres sigan perpetuando los roles reproductivos sin perder las cargas y rsponsabilidades del trabajo productivo y económico que han conseguido con su emancipación y autonomía.
Por tanto, ¿podíamos hablar de una identidad biológica o una identidad construida? Pues no hay un sexo masculino y otro femenino, si no que hay uno masculino y otro en contraposición de este y de las características que el masculino manifiesta para él.
Tenemos unas medidas de igualdad de trato desde la neutralidad, pero en realidad son medidas de igualdad de trato desde la desigualdad estructural, en tanto que mujeres con perspectiva de genero no consigan tener cotas de representación en cada una de las estructuras socio-economicas de nuestras sociedades, no se conseguirán adoptar medidas efectivas que permitan conseguir como finalidad de la igualdad de oportunidades
En la actualidad, la mayoría de las mujeres que se encuentran regulando y adoptando una red que vertebra las pautas de acción y las medidas de acción positiva que permitan la consecución de medidas eficaces, en mi opinión, muchas veces lo que están haciendo es adoptar nuevamente los principios paternalistas de sus compañeros varones, y de esta manera seguiremos sin poder romper con la hegemonización masculina de nuestras sociedades.
Ante la actual situación de crisis financiera que estamos atravesando, ¿que está pasando con todo este tipo de medidas? y a nivel empresarial, ¿que sucede con los planes de igualdad? ¿Se realizan realmente y con efectividad y seguimiento? o ¿solo de plantean porque los obliga la ley? Son muchas las preguntas que me hago al respecto.
Lo que tenemos que tener claro es que tenemos que cambiar el actual discurso y seguir luchando por que las mujeres tengan un empoderamiento subjetivo que les lleve a un empoderamiento activo, en tanto que mujeres y hombres vean en su actividad la situación de desventaja social en la que se encuentra pues “lo que no se ve no se valora y no se trabaja”y “lo que se ve por el contario si se trabaja”
En definitiva debemos de hacer un análisis de género que nos permita ver la situación de desventaja estructural de mujeres con respecto a hombres, que nos permita la corresponsabilidad desde la distribución de cargas de responsabilidad entre los miembros computables de la unidad familiar y no solo en manos de las mujeres de la familia.

tarea civilizadora ¿ tarea de mujer?

Tarea civilizadora: ¿tarea de la mujer?

 

Ir al trabajo, cuidar a la familia, hacer a la compra, llevar los/as niños/as al colegio, visitar a unos familiares, llamar al fontanero, comprar el regalo de cumpleaños, llevar a los/as niños/as al cumpleaños, cita con el/la dentista… y así mil tareas más que puede llegar a realizar una mujer de forma diaria. Las mujeres se han ido incorporando y demostrando su valía en el mercado laboral pero sin abandonar y casi sin compartir las responsabilidades domésticas que van más allá que la limpieza.

Las tareas de cuidado, físico y mental, de la familia suponen una obligación, tenemos que asegurar que nuestros hijos/as sean la ciudadanía del mañana. Si a los nuevos seres no se cuidaran, la especie humana se extinguiría, no somos capaces de sobrevivir sin ayuda hasta pasados bastantes años, a diferencia de otras especies animales es necesario que se nos alimente, se nos socialice, se vele por nuestro bienestar. Todo ello ha sido realizado tradicionalmente por la mujer sin que por ello haya recibido ningún reconocimiento, el trabajo que la sociedad ha valorado es que relacionamos con  las actividades mercantiles, aquellos que están dentro del mercado laboral y tienen una remuneración. El trabajo doméstico es muy diferente al mercantil, su objetivo es el cuidado y bienestar no los beneficios, pero las actividades mercantiles no podrían existir sin este trabajo que crea las condiciones necesarias para adquirir, entre otras cosas, el capital humano. (Malabaristas de la vida, varias autoras. Icaria 2003)

Esta situación ha sido posible durante largos períodos de tiempo por varias razones:

–          ideología patriarcal, que defendía la naturaleza humana de las mujeres para trabajo reproductivo y ensalzaba las capacidades intelectuales de los hombres para el trabajo público.

–          Económica, para que el hombre realice su trabajo fuera del hogar es necesario que alguien permanezca en el asegurando así sus necesidades para la supervivencia y perpetuación de la especie.

La problemática  aparece cuando la mujer conquista el mercado laboral y se comienza a debatir sobre la conciliación familia- empleo. No es posible que las mujeres adopten el modelo de uso de tiempo masculino, en el cual no hay conciliación, hay tiempo dedicado al trabajo y tiempo de disfrute de la familia, no se contempla tiempo para las tareas domésticas y tampoco es posible abandonar las funciones de cuidado básicas para la subsistencia, surge entonces la pregunta: ¿ cómo lo conseguimos?

No sólo seria necesario que el sector masculino asumiera sus responsabilidades con respecto a la familia, las organizaciones e instituciones sociales deben considerar que el cuidado de la vida es una responsabilidad social y política. Ello pasaría porque el objetivo de la sociedad fuera la vida humana y no el capital, los valores otorgados a aspectos inertes rivalizan con el valor otorgado a la vida de los seres humanos, gastamos más en defensa (6.868.197,31 millones de euros) que en educación y sanidad juntas (2.843.428,35 y 4.255.135,32 millones de euros respectivamente).                 (Ley 39/2010, de22 de diciembre ,de presupuestos del estadohttp://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-2010-19703,)

Otro paso obligatorio a dar es conceder a las tareas domésticas su valor real como funciones imprescindibles, es necesario realizar una adecuada conceptualización del término, no podemos definirla en comparación con el trabajo mercantil, como de decía antes, no persiguen el mismo objetivo, al no tener la misma naturaleza no son comparables. En el libro “Malabaristas de la vida”  se dedica todo un capítulo a este aspecto, resaltando la importancia que tiene nombrar la tarea de la mujer, describirla, valorarla. En su descripción observan que no sólo son tareas dedicadas al cuerpo y sus necesidades básicas físicas, incluye también crear relaciones afectivas y sociales y proteger a las personas, preparan las futuras generaciones para la sociedad, es por tanto, una tarea civilizadora.

Todo esto no es una utopía, Veronika Bennhold- Thomsen (1997) y su equipo de investigación demuestran, en el estudio sobre Juchitan, que es posible una sociedad con alto nivel de calidad de vida, al mismo tiempo que se respeta la naturaleza, se valora la maternidad y el trabajo encaminado a la satisfacción de las necesidades vitales.

Nosotros/as estamos muy lejos de conseguir todo eso (aspecto que no debe desmotivarnos), ejemplos como las sentencias  que se publicaron a principios de 1999 en el Tribunal superior de justicia del País vasco que revocaba la invalidez para el desempeño de la profesión de una empleada del hogar alegando que el trabajo desempeñado no requiere esfuerzos físicos y que las tareas que precisan de esfuerzo son de carácter leve y cuenta con ayuda de medios mecánicos. O la del juzgado de lo Social Nº 5 de Sevilla que denegó la invalidez de una trabajadora del hogar que, según el informe médico “está incapacitada para grandes sobrecargas y esfuerzos importantes con la mano derecha” alegando que hoy existen aparatos técnicos que simplifican las tareas. (Malabaristas de la vida, pp. 67).

 Podemos observar un menosprecio claro y explícito al trabajo realizado tradicionalmente por la mujer, invisibilizando los esfuerzos que suponen.

Tenemos mucho trabajo por delante y una pesada carga ideológica a las espaldas de la que debemos desprendernos, la adecuada valoración del trabajo doméstico debe pasar por hacer visible esa “mano invisible”  que hace posible la civilización de las generaciones nacientes y  tomar consciencia, desde diferentes ámbitos sociales, que si son varias las manos que realizan las tareas civilizadoras los resultados mejoran y las responsabilidades se comparten, estaríamos hablando entonces de una verdadera conciliación.

Luz Mª Cordeo Beas.

Bibliografía:

Malabaristas de la vida. Varias autoras. Editorial: Icaria, 2003.

Ley 39/2010, de22 de diciembre , de presupuestos del estado.

BINOMIO: Cuidado y Dependencia

Las necesidades de cuidados están íntimamente ligadas a la idea de dependencia. Satisfacer una necesidad requerida por una dependencia significa de hecho realizar cuidados. Ahora bien, detengámonos un momento en el concepto de dependencia. El concepto que habitualmente se utiliza guarda relación con niños y niñas o con personas ancianas o enfermas o con alguna minusvalía. Sin embargo, ésa es una versión muy restringida de dependencia, que se ha reducido a determinados grupos de población ya sea por razones de edad o de salud. No obstante, la dependencia humana –de mujeres y hombres– no es algo específico de determinados grupos de población, sino que es la representación de nuestra vulnerabilidad; es algo inherente a la condición humana, como el nacimiento y la muerte. Por tanto, es una característica intrínsecamente universal: todos y todas somos dependientes y necesitamos cuidados, aunque naturalmente con distintas características según el momento del ciclo vital. En algunas etapas de la vida, tenemos más dependencias biológicas; en otras, más emocionales; en otras, más económicas, etc. Así, incluso en períodos de la vida en que puede que no se requieran cuidados físicos o económicos, siempre se necesita la atención emocional, incluso en aquellos adultos sanos y felices y aparentemente autónomos (Kittay, 1999)

Como podemos observar, en el texto que he analizado de Kittay, no solo se habla de dependencia vinculada a colectivos a los que habitualmente se asocia, como la infancia, ancianidad,… sino que nos da una visión más allá de lo clásico, todos somos dependientes en algunos momentos de nuestra vida y todos necesitamos cuidados, por tanto, no nos podemos olvidar que como seres humanos somos vulnerables, antes estos dos conceptos: dependencia y cuidados.

En la sociedad patriarcal, donde el dominio era totalmente masculino, la mujer se ha dedicado a ejercer el papel de cuidadora, entre otros, invirtiendo su tiempo en cuidar a sus hijos, padres y maridos. Actualmente seguimos los mismos patrones de conducta, solo que ahora hay una mayor reincorporación de la mujer al mundo laboral y el papel de cuidadora sigue siendo intrínseco en ella. Debido a esta situación, el gobierno ha impuesto medidas para paliar la problemática que esto acarrea, como la falta de tiempo de las mujeres, que las obligan a elegir puestos de trabajo a media jornada, evitando así que adquieran un nivel laboral de mayor responsabilidad. Por tanto se han llevado a cabo una serie de ayudas y prestaciones sociales, que facilitan el trabajo de cuidadoras y trabajadoras a las mujeres que cumplen esos dos papeles.

En nuestra comunidad y otras comunidades, como consecuencia del aumento de la población anciana y a la situación social de la mujer, que he nombrado anteriormente, se crea una Ley con la finalidad de coordinar las políticas para el desarrollo en Andalucía, más concretamente la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de “Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia”, en la que está previsto que más de 200.000 personas, las más necesitadas (el 15% de los 1,3 millones de dependientes que hay), se beneficiarán de estas ayudas. Pretende ser universal y dará prioridad a la teleasistencia, la ayuda a domicilio y los centros de día, siendo excepcional el pago de un sueldo al cuidador familiar, una vez se haya dado de alta en la Seguridad Social, que en la mayoría de los casos este sueldo irá destinado a mujeres.

En mi opinión, hay que valorar el papel de la mujer ,en general, pero en este caso, como cuidadoras, algo que pertenece a ellas por definición, pero que con el paso del tiempo se ha convertido en una cuestión de todos, una cuestión social, pues todos vamos a ser dependientes y vamos a tener una serie de necesidades afectivas, de cuidado físico,… , por tanto hay que considerar este papel e invertir en él si queremos asegurarnos y tener una buena calidad de vida cuando lleguemos a esta etapa del ciclo vital.

¿Cuánto vale el trabajo de cuidados?

Cuando intentamos calcular en cifras, en euros cuánto vale el trabajo de cuidar a los hijos, a los padres o a cualquier otra persona dependiente o vulnerable que necesite apoyo, estamos incurriendo en un error.

Por una parte resulta imposible de calcular este maravilloso y digno trabajo. Habría que calcular según el día y por minutos lo que ganaría un chófer, un cocinero profesional, un camarero, un enfermero a domicilio, un psicologo, un maestro, un cuentacuentos etc. Además  hemos interiorizado que todos estas tareas tan diferentes y que requieren experiencia y cariño no tienen un gran valor porque no producen capital por sí mismas. También nos enseñan que impartir estos cuidados es inherente a las mujeres.

Caemos en dos errores al  intentar realizar este cálculo en cifras. Por una parte seguimos hablando de números, de dinero y utilizando así términos de una estructura económica que nos induce  a pensar en capital y rendimiento, en lo que valen las cosas por lo que se paga por ellas y al mismo tiempo caemos en el error al pensar que la mujer está mejor capacitada que el hombre para realizar estas múltiples tareas,

¿No sería mejor si aceptáramos que estos cuidados tienen un valor que va mucho más allá de lo que expresamos a través de los números?

Lo importante es predicar esta ética de cuidados a los hombres para que ellos también comiencen o sigan implicándose. Este cambio no sólo nos va a beneficiar a las mujeres. Los hombres recibirán así otro estatus social y un prestigio incalculable.

Trabajo reproductivo y acumulación capitalista

Por lo general la masificación del desempleo, extensión de la jornada de trabajo más allá de la necesaria sin el reconocimiento salarial de la misma, las prácticas de flexibilización laboral y la tecnología son fuentes de incremento de la plusvalía y consecuentemente de la acumulación capitalista; no obstante, el trabajo reproductivo constituye un factor importante de acumulación y de sostenimiento de la economía a pesar de que en la producción capitalista es un trabajo que no existe en el sentido que no entra a la esfera mercantil.

El trabajo reproductivo entendido como el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de las relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia (Picchio, 2001) aparte de que es fundamental para el sostenimiento de la vida y la reproducción de la fuerza de trabajo, contribuye a incrementar la masa de plusvalía. Así como también la carga del mismo no es igual para hombres y mujeres, éste es un trabajo desarrollada principalmente por las mujeres; en España, el 45,2% de las mujeres en calidad de inactividad se encuentran realizando labores del hogar, mientras que un sólo el 4,3% de los hombres se dedican a dichas labores.

A fin de entender cómo el trabajo reproductivo genera mayor acumulación, es necesario exponer que ésta se produce con el incrementito de la plusvalía, la cual constituye el valor del trabajo no reconocido a la persona trabajadora creado por encima del de valor de su fuerza de trabajo y de la cual se apropia el capitalista. Karl Marx plantea que le generación de la plusvalía no se da en la circulación de las mercancías, ya que el mercado no crea valor; por lo tanto la plusvalía se crea en la producción, al momento en que se combinan los medios de producción con la fuerza de trabajo; los medios de producción son mercancías ya creadas por lo que no cambian su magnitud de valor el cual se transmite íntegro al valor de las nuevas mercancías, por lo que permanece constante, por lo tanto la única mercancía capaz de generar valor es la fuerza de trabajo.

Sí partimos de que la fuerza de trabajo es la única mercancía capaz de generar valor y un remanente del cual se apropia el capitalista, dicha fuerza no se reproduce por sí sola, su reproducción recae en el trabajo reproductivo, ya que para poder desempeñarse en las empresas la población trabajadora necesita de los bienes y servicios que se generan en la esfera domestica y/o reproductiva, cuya producción no es remunerada, pero si es fundamental para que las y los trabajadores puedan asistir saludablemente a sus puestos de trabajo y ser más productivos.

Así la invisibilización del trabajo reproductivo reduce el valor de la fuerza de trabajo y por lo tanto permite una mayor acumulación de capital, como indicaba, para el capitalista este trabajo no existe (al no tener valor de cambio) y por lo tanto no es sujeto de remuneración, pero si permite contar con una fuerza de trabajo saludable y productiva, por lo que indudablemente sí genera valor. Si incorporásemos en el valor de la fuerza de trabajo remunerada el valor del trabajo invertido en el plano doméstico o reproductivo, el salario a percibir de las personas ubicada en la esfera productiva debería ser mucho mayor al salario percibido, sin embargo, esto no es así. (Gil de San Vicente, 2000).

Al no existir un mecanismo de reconocimiento del trabajo reproductivo, el valor que éste genera es expropiado por el capitalista; así para el sistema capitalista es favorable mantener silenciado la labor reproductiva desarrollada mayoritariamente por la mujeres, ya que al visibilizarla o remunerarla la tasa de ganancia y de acumulación del capital caería.

Adicionalmente, Gil de San Vicente plantea que las mujeres no solamente son oprimidas, explotadas por el capitalista (y los hombres) vía el no reconocimiento del trabajo reproductivo; también, existe opresión y/o violencia contra las mujeres cuando los procesos de acumulación capitalista conducen a eliminar muchos de los derechos y beneficios que la población trabajadora han ganado a través de la lucha sindical y organizada.

Pero el procesos de acumulación no sólo se beneficia de la invisibilización del trabajo reproductivo; también, la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina que se traduce en menores salarios en trabajos de igual valor contribuye significativamente a una mayor acumulación del capital. Así podría decirse que hombres y mujeres sufren de manera muy distinta la explotación capitalista, es más, las mujeres sufren de una doble explotación: la de la esfera reproductiva al no reconocerse el valor que ahí genera y en la esfera productiva al percibir menores salarios con respecto a los hombres por trabajos de igual valor.

Bibliografía
Gil de San Vicente, Iñaki (2000) Capitalismo y emancipación nacional y social de género. 1a edición electrónica en Internet por la Red Vasca Roja el 4/01/2001.
Picchio, Antonella (2001) Un enfoque macroeconómico ampliados de las condiciones de vida. Conferencia Inaugural de las Jornadas “Tiempos, trabajos y géneros”, febrero 2001. Universidad de Barcelona.

¿¿Expectativas sociales??

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

Sabemos que el hecho de nacer con un determinado sexo nos condiciona automáticamente a vivir el resto de nuestras vidas bajo la asignación a un género determinado, masculino o femenino.

Mi crítica en este caso la quiero basar en la doble, triple, … o múltiple discriminación hacia la mujer. El hecho de hacer mujer nos asocia a lo privado, a los cuidados; el hombre, sin embargo, desde toda la historia ha sido el único considerado bueno para todo lo relacionado con el mundo exterior y relaciones públicas. Ya por ahí comenzamos con la discriminación, discriminación por obligar a la mitad de la humanidad a ser reclusa en su hogar. Pero no sólo a estar en la esfera privada, sino todo lo que ello conlleva. Cuidados tras cuidados, un no parar en todo el día, día tras día, y una dependencia económica del sustentador de la casa, una dependencia que despliega un enorme control y poder.

Poco a poco, las mujeres con luchas y uniendo esfuerzos han ido consiguiendo a través de reivindicaciones ir teniendo cabida en el ámbito público e ir saliendo de la esfera a ellas atribuida.

A pesar de ello hay colectivos (compuestos por hombre y mujeres) que son considerados inferiores, bien por sus cualidades físicas como personales. Me estoy refiriendo a personas con algún tipo de minusvalía y a personas homosexuales. Son personas mal vistas por la sociedad, personas que tienen que demostrar constantemente que a pesar de una minusvalía u orientación sexual con tan eficaces como otras cualquiera que responden a las expectativas de la sociedad.

Dicha presión es sufrida tanto por mujeres como por hombres, la sufren por el simple hecho de serlo. Si a ello añadimos ser “mujer”, para no variar, la sociedad sigue poniéndole trabas, y ahora le toca luchar contra más de una discriminación: Mujer + discapacidad / homosexualidad /…/ …

ESTADISTICAS, INVISIBILIDADES Y OTROS JUEGOS PERVERSOS.

El articulo de Carrasco y Mayordomo “Los modelos y estadísticas de empleo como construcción social: la encuesta de población activa y el sesgo de género”, me ha permitido incorporar y reafirmar, en mi discurso vital, argumentos que hasta ahora no había podido respaldar con la rigurosidad científica que se nos exige a las mujeres, sobre todo cuando hablamos de “lo no oficial”. Las autoras reconsideran el concepto de trabajo, pues señalan que a partir del siglo XX, dicho concepto, para los hombres no coincide necesariamente con el de las mujeres; o como el trabajo doméstico, realizado fundamentalmente por las mujeres, pasa a la esfera de la invisibilidad económica y del modelo productivo.

Si tomamos la EPA (Encuesta de Población Activa) como referente no sólo para conocer el mercado laboral, personas ocupadas, desempleadas, activas, etc, hemos de tener en cuenta que esta herramienta es mucho más que una fotografía más o menos real, porque es a partir de ésta de donde los poderes públicos diseñan sus estrategias de creación de empleo. Pero si en la EPA aparece que en España hay 10´5 millones de mujeres que “no trabajan” y que de éstas 5,2 millones se dedican al no trabajo de las “labores del hogar”, no parece que esa fotografía nos muestre toda la realidad. Sin embargo, un hombre dedicado al “no trabajo” está desempleado… Curioso cuanto menos…

También las autoras son muy clarificadoras en su exposición sobre los términos Empleo y Desempleo, y de cómo se juega con los conceptos, para determinar, dependiendo del género, que dichos términos fueron pensados para un modelo económico en el que se eliminó la parte del soporte vital, afectivo y de cuidados que realizan las mujeres, y que por supuesto, no está presente, pues no está monetarizado.

Las propuestas que ponen sobre la mesa pasan por rehacer las estadísticas, para que sean inclusivas, para que de ellas podamos extraer información más completa, sin tanto sesgo de género, sobre todo porque, a partir de ahí, se podrían diseñar políticas que intervinieran en la población de forma más completa.

Para mi, ha sido uno de los mejores artículos que he leido en mucho tiempo, y os invito a su lectura…

P.D.: he intentado encontrar una imagen de mujeres invisibles, y todo lo que me sale en google son mujeres de comic con una estetica tan machista, que me abstengo de insertar  imagen alguna que reproduzca el estereotipo de las peliculas (escritas por hombres, para hombres, ya sea comic, ficción o cualquier otra irealidad). Las mujeres invisibles son muchas, son otras, y están en nuestras casas haciendo una labor impresionante y muy poco valorada socialmente.