El origen de la opresión de las mujeres según Simone de Beauvoir

 

     En El Segundo Sexo Simone de Beauvoir expone cómo Engels ofrece sólo una explicación superficial del origen de la opresión de las mujeres. En su libro El origen de la familia, éste describe la historia de la mujer desde la historia de los instrumentos, de forma que su posición social empeoró, en la Edad prehistórica de los Metales, con la creación de herramientas más pesadas que requerían mayor fuerza física. En la Edad de Piedra, a pesar de la existencia de una división sexual primitiva del trabajo, la mujer podía conciliar maternidad y crianza con el trabajo productivo del telar, la alfarería o el cuidado del huerto. Pero el descubrimiento del cobre, el estaño, el bronce y el hierro, sumó a la extensión de los dominios y la intensificación del trabajo sobre la tierra, la propiedad privada. Y con ella, la esclavitud y la opresión de la mujer. “Es la gran derrota histórica del sexo femenino”. Engels acepta la existencia de un matriarcado primitivo, anterior a la división sexual del trabajo y al advenimiento de la propiedad privada, en el que el trabajo doméstico garantiza la autoridad de la mujer en su casa. Pero con la separación radical entre trabajo productivo y trabajo doméstico, llega la familia patriarcal y la mujer, recluida en el hogar, realiza un trabajo insignificante frente al que realizan esclavos y varones. La opresión social de la mujer es consecuencia de su opresión económica. Y su liberación, así como la igualdad entre los dos sexos, llegará con la participación de las mujeres en “la industria pública”. Engels reduce por tanto el problema de la opresión de la mujer al de su capacidad de trabajo productivo, de forma que en las primeras sociedades sedentarias, era agente económico junto al varón, con una técnica compatible con su cuerpo y con la maternidad. Hecho que cambió con la aparición de los metales, que la expulsó de la economía y la recluyó en la “esclavitud doméstica”. Pero el maquinismo del mundo moderno y la ruptura de las resistencias del “antiguo paternalismo capitalista” la liberará y ya sólo habrá trabajadores iguales, pensaba Engels.

     Simone de Beauvoir rechaza la idea de que la propiedad privada haya traído de forma inevitable el sometimiento de la mujer. Ella lo explica por la concurrencia de tres factores: biológico, ontológico y cultural. Coincide con Engels en que la Era de los Metales fue una etapa crucial de la prehistoria para este fenómeno, pero no en el sentido apuntado por él. Olvida la tensión originaria en todo ser humano al dominio de lo otro. Y olvida el escenario del homo faber, que ya no teme la madre-naturaleza, sino que siente el poder de controlarla, y en el que la mujer acaba formando parte de esa alteridad, junto a la posesión y a la riqueza. El varón supo trascender su animalidad e imponer como valor arriesgar la vida. La mujer, que no participó en las expediciones guerreras, quedó atada a la inmanencia de la especie, condenada a repetir el trabajo reproductivo y doméstico y acabó por aceptar como superiores los valores del guerrero y su proyecto vital. “En la humanidad la superioridad no la tiene el sexo que engendra sino el que mata”.

Para la filósofa, el patriarcado se estableció definitivamente cuando los varones escribieron los Códigos: leyes y libros sagrados elevan a verdad universal la inferioridad de la mujer y el carácter natural y necesario de su opresión. Ni agente productivo, ni reproductivo, la mujer se convierte en objeto de cambio como esclava doméstica o receptáculo de semillas. Despojada también del poder de la procreación, propio del varón, se anuló cualquier papel activo en el relato de nuestra historia, un relato escrito por varones desde el enclave de la dominación patriarcal.

Con Simone de Beauvoir el factor cultural es crucial en la explicación del sometimiento de las mujeres. No es un hecho que derive del dato biológico, ni del ontológico, porque esa tendencia originaria a captarse en lo otro y al dominio está presente en ambos sexos. Se hace imprescindible una interpretación dentro del marco cultural. Y es importante este posicionamiento porque el pasado pudo haber sido de otra manera: la división del trabajo pudo haber sido amistosa, la mujer pudo ser vista como semejante y no como algo externo y el trabajo reproductivo pudo valorarse tanto o más que el productivo.

     La lectura de El Segundo Sexo, sigue siendo una fuente inagotable para desarrollos futuros, también para los trabajos de la economía feminista que pretende redefinir la disciplina y sacar a la luz esa parte de la realidad económica tan degradada e invisible como es el trabajo de los cuidados y con ella a la mujer, agente y hacedora.

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Un Comentario

  1. Me encanta Simone de Beauvoir, nació en París el 9 de enero de 1908 y murió el 14 de abril de 1986. Fue escritora, profesora y filosofa francesa. Escribió novelas, ensayos, biografías y monográficos sobre temas políticos, sociales y filosóficos, en defensa de los derechos humanos y femeninos. Su obra más conocida es “El Segundo Sexo” (1949). Fue su compañero filósofo y escritor Sartre, con el cual, mantuvo una relación muy abierta y liberal para el momento, y quién le propuso que diera más de sí misma en sus escritos, que se metiera en sus libros y que por ejemplo hablará de lo que suponía ser mujer. Consejos que ella reconoce con sus propias palabras, de los cuales surgió su libro. Aunque dudo mucho de sí escribirlo o no, no lo escribió como feminista y sin embargo muchas y muchos lo consideramos la cuna del feminismo moderno. Éste supuso el despertar de las mujeres para luchar por nuestros derechos y libertades, una lucha que había comenzado hace mucho tiempo, pero que estaba aún muy dormida. En lo que respecta a su vida sentimental creía en la libertad sexual y vivió todo tipo de experiencia en la vida. Rechazó la idea del matrimonio porque tenía claro que le supondría tenerle que dedicar menos tiempo a la escritura y lectura, cosa que le apasionaba.

    En conclusión pienso que De Beauvoir nos quiere explicar que el sistema patriarcal ha creado un producto denominado “Mujer”, el cual va hacerle la vida más fácil y va a crear más mano de obra, hombres con los que levantar el país.
    Todo el proceso de fabricación comienza en nuestra infancia y nuestros primeros momentos de ocio, porque el jugar es la mejor manera de educar, por eso todo empieza con los juguetes con los que una niña, que no un niño, debe de jugar: el carrito de la limpieza, la cocinita, el bebé, el carrito para llevarlo y todo lo que conlleva al cuidado de él. Las revistas, la religión, los anuncios, la formación profesional, todo las guía a lo que es lo apropiado y lo correcto según el sexo masculino para ellas, como el cuidado y limpieza del hogar, los niños y niñas, la enseñanza, la enfermería y poco más. Porque lo cierto era que las labores de la mujer eran muy asistenciales y fraternales, encasilladas en solo ciertos sectores y nunca en cargos altos donde requieran la toma de decisiones. Como dice Marjorieagosín en su poema “Adán le cambio el nombre ahora serás esclava de mi carne y sirvienta de mis huesos te llamarás mujer” (Nueva versión del paraíso).

    En definitiva, nos hacen ser mujeres y nos condicionan por ser biológicamente diferentes. Por ello, desde pequeñas, debemos de seguir por las veredas que nos ponen cual corderito que van a ser sacrificados, pero en nuestro caso para llegar a la meta o el producto final, OUT PUT, de sus fabricar: la mujer, el ángel del hogar, que se va a encargar de guardar su honra, debe cuidar de sus hijos e hijas, sus sirvientas, porque somos hembras. Nos definen como hembras, ¿pero qué es una hembra? Según Simone de Beauvoir en el “Segundo Sexo” es: la perra en celo que corretea por las calles, dejando tras de sí una estela de olores perversos; la mona se exhibe impúdicamente y se hurta con hipócrita coquetería; y las fieras más soberbias, la leona, la pantera y la tigra, se tienden servilmente bajo el abrazo imperial del macho. Inerte, impaciente, ladina, estúpida, insensible, lúbrica, feroz y humillada, el hombre proyecta en la mujer a todas las hembras a la vez. Y el hecho es que la mujer es una hembra. Hermosas palabras con las que nos explica por qué debemos de ser sometidas, domadas por el hombre, ya que nos consideran animales salvaje.


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