DISCRIMINACIÓN LABORAL DE LA MUJER

En la siguiente aportación nos disponemos hablar sobre un problema de candente actualidad como es la discriminación de la mujer en el mercado laboral, y nos basaremos, entre otras cosas, en un artículo publicado en periódico digital Publico en marzo de 2014, el cual se titula “Ocho etapas de la discriminación laboral de las mujeres”.

Para comenzar queremos señalar que la discriminación de la mujer puede presentarse en distintas etapas de la vida laboral: en las búsquedas de empleo, en las entrevistas, en la selección, desempeño, promoción, retiro y/o despido; y puede ponerse de manifiesto en un trato desigual, injusto y menos favorable

Podemos hacer una distinción entre dos tipos de discriminación: Directa e indirecta:

  • Directa: Suponen un trato desfavorable hacia las mujeres. La prohibición de participar o acceder a un recurso por el hecho de ser mujer. Se expresa de forma clara y explícita, son más fáciles de detectar y por ello cada vez son menos frecuentes. Algunos ejemplos podrían ser el acoso sexual o el despido de una mujer por razón de embarazo.
  • Indirecta: Son menos visibles, más sutiles y difíciles de detectar. No se pueden detectar a través de actitudes y comportamientos, ya que aparentemente son neutros. Se detectan a través de los efectos desfavorables sobre las mujeres que ciertas actuaciones o mecanismos de intervención han producido[1].

Las principales consecuencias de la discriminación del sexo femenino en los mercados del trabajo son: contratación precaria y a tiempo parcial, desigualdad salarial, dificultades en la conciliación, desigualdad de prestaciones por desempleo, discriminación sexual o segregación de mercados, dificultades para acceder a los puestos elevados y desempleo e inactividad juvenil y más paro femenino.

En la actualidad son numerosas las noticias que podemos encontrar haciendo referencia a la existencia de una brecha salarial entre hombres y mujeres, aunque si bien es cierto que la mayoría de ella son publicadas con motivo de la celebración del Día de la Mujer, mientras que el resto del año son pocos los que se detienen a preocuparse por una situación de vital importancia como es esta.

Esta cuestión es la que más llama la atención y en realidad podemos decir que es resultado y consecuencia de muchas de las otras discriminaciones que se producen en el mercado de trabajo y que hemos mencionado anteriormente. Sostenemos esta idea porque las mujeres presentan peores condiciones en el mercado laboral,  pues sus contratos son indefinidos o jornada completa, y ello lleva consigo la  imposibilidad de promoción, exclusión de determinados complementos salariales, menos oportunidades de acceder a la formación, etc.; en definitiva, esta situación provoca la existencia de esa brecha salarial, y da lugar a otra serie de consecuencias como por ejemplo el hecho de que los mayores índices de pobreza sean para mujeres debido, entre otras cosas, a que sus prestaciones por desempleo son mucho menores que la de los hombres

En último lugar, también queremos hacer referencia a una idea que consideramos fundamental para lograr que la situación de la mujer cambie. Tras el estudio de los resultados del cuarto trimestre de 2014 de la EPA, hemos podido observar que el número de mujeres inactivas es mucho mayor que el de los hombres, y posiblemente eso sea debido a que la mujer no accede al mercado laboral por tener que atender las labores domésticas. Por ello, creemos fundamental atender esta cuestión, que también podemos considerar como un tipo de discriminación, pues de forma voluntario o involuntaria, la mujer sigue siendo relegada a los hogares en muchas ocasiones, y por ello, se trata de una situación que hay que invertir. Estamos convencidos de la necesidad de la incorporación de la mujer al mercado laboral, el sexo femenino debe pasar de ser población inactiva a activa, y mejor aún, empleada, pues su potencia de trabajo es muy grande y puede suponer grandes beneficios para la economía. También es cierto que hay que resaltar el enorme valor del trabajo de los hogares, el cual es necesario y sin él el sistema no sería posible, pero pensamos que éste debe ser asumido por hombres y mujeres de forma equitativa y no recaer solamente en el sector femenino.

PÁGINAS WEBS CONSULTADAS:

http://www.publico.es/actualidad/ocho-etapas-discriminacion-laboral-mujeres.html

http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0414.pdf

http://ec.europa.eu/justice/gender-equality/files/gender_pay_gap/140319_gpg_es.pdf

[1]http://www.juntadeandalucia.es/institutodelamujer/ugen/modulos/DiscriminacionLaboral/tipo_discri.html

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  1. Querida compañera, tu aportación me parece bastante interesante.
    A pesar de que la incorporación de la mujer al empleo sigue creciendo en todo el mundo, la desigualdad salarial, los contratos parciales y el desigual reparto de tareas son todavía un hándicap para alcanzar una situación de justicia laboral. En el mundo, las mujeres ostentan el 24% de los puestos de alta dirección, según datos de ONU Mujeres. En la Unión Europea, el 32% de las mujeres trabajan con un contrato a tiempo parcial, lo que supone un porcentaje cuatro veces superior a los hombres (8%). Las causas son: el cuidado de hijos, mayores o personas enfermas, sólo el 3% de las familias comparten igualitariamente las tareas domésticas, según la Encuesta de Usos del Tiempo. En España, las mujeres dedican de media tres horas más que los hombres a tareas relacionadas con el hogar y la familia.

    Las dificultades de las mujeres en el mundo laboral siguen siendo mayores que la de los hombres y los tipos de discriminación directa o indirecta, son un claro ejemplo.

  2. Querida Pal 91:

    Vaya por delante mi agradecimiento por tu aportación que me parece muy interesante y que incluye comentarios muy certeros. Yo quisiera comentar un aspecto de la cuestión que mencionas al final de tu artículo, y que me parece el más dramático de todos: el de las mujeres que deseando incorporarse al mercado de trabajo —y aprovecho para decir que profeso un gran respeto a las que se quedan en casa porque así lo desean, pero eso: que lo hacen voluntariamente—, han de permanecer recluidas en el hogar plenamente dedicadas a las tareas de cuidados porque no tienen otra opción; mujeres que, al no encontrar la colaboración necesaria en su entorno familiar y social, no se sienten con fuerzas para atenderlo todo y, siendo así, renuncian a su deseo y permanecen en casa. Porque si bien es verdad que podemos y debemos luchar con determinación contra la discriminación de la mujer en el mercado de trabajo en razón de su sexo —y haces una relación amplia de los distintos niveles o “estaciones de penitencia” que, al respecto, padecemos las mujeres—, no debemos perder de vista a este grupo de mujeres. Fijémonos bien en lo que digo: con ser lamentable que persistan diferencias de trato por razón de sexo dentro del mercado laboral, me parece más sangrante aún la discriminación de las mujeres que queriendo entrar en el sistema no pueden hacerlo porque las “circunstancias” no se lo permiten, mujeres que no tienen la “suerte” de ser discriminadas en el mercado laboral simplemente porque no están dentro de él.
    El problema es que como, por regla general, son mujeres de temperamento más calmado, sumiso, menos reivindicativo, nada conflictivas, guardianas del orden en la casa… su problemática no llega con la suficiente sonoridad a oídos de la gente y, en consecuencia, no parece que se las considere en igual medida en las políticas de género. No sé si es una falsa impresión por mi parte. Pero por si estoy en lo cierto, procede poner la misma intensidad de altavoz a este colectivo que la que utilizamos cuando defendemos los derechos de las mujeres “trabajadoras” (¡como si éstas otras a las que me refiero no lo fueran!).

    Lo dicho, gracias por tu aportación y un saludo.
    Paloma.


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